The Japanese House

The Japanese House –
Good At Falling

De la mano de George Daniel de The 1975 y situándose en las coordenadas de una nueva melancolía bailable, de vocoders, languidez pop y groove narcótico y electrónico, Amber Bain le da por fin debut en largo al proyecto The Japanese House con la producción adicional de BJ Burton y una tundra gélida como escenario principal.


Amber Bain era uno de los secretos a voces mejor guardados del Reino Unido. No porque se haya mantenido conscientemente justo al límite del radar, sino más bien por haber aguantado un tirón progresivo desde que debutara en 2015 con una serie de canciones que terminaron en el EP “Pools To Bathe In” hasta publicar su disco de debut. Más de tres años en los que ha seguido esa fórmula de gotear canciones que luego recogía en EPs bajo una misma línea estética, sobria y de gama cromática fría. En ellos circundaba unos principios musicales sólidos, entre el folk-pop de inspiración electrónica y sujeto a distorsiones y efectos vocales que podemos relacionar inmediatamente con Imogen Heap o con Bon Iver y un groove-pop upbeat pero melancólico que se ha enmarcado desde el principio en la órbita de The 1975. Llegó a dudarse en su momento, cuando Amber Bain mantenía su identidad al frente del proyecto The Japanese House a la sombra de la luz pública, de si no era una aventura paralela precisamente de la ‘boy band alternativa’ de Mánchester, y aunque no es el caso, sí resulta que Matt Healy y George Daniel fueron los productores de sus dos primeros EPs (“Pools To Bathe In” y “Clean”).

En la nueva ola de pop electrónico

Un refinamiento de su pátina electrónica, de tempo mucho más lento, mucho más narcótico, acoplado a una estructura más convencional y evitando cualquier salida de guión, cualquier ruido por encima de una mezcla de campo abierto, expansiva y espaciosa. En esa tundra gélida en la que Amber Bain se pierde en la portada de “Good At Falling” y que también transitan a su manera Daughter o The National. Y que conecta mucho con los sentimientos desolados de su autora.

Junto a ellos configuró las bases de su sonido, algo así como un bedroom pop sintético algo lánguido y con vocoder, mientras desarrollaba sus habilidades a la producción, y en el EP de 2016 (“Swim Against The Tide”) exploraba por su cuenta distintas posibilidades y daba con una faceta más brillante (“Face Like Thunder”) o incluso más tropical (“Good Side In”), demostrando definitivamente su fijación con las estructuras melódicas de Fleetwood Mac y otros herederos adelantados como HAIM.

En ese tiempo George Daniel, batería de The 1975, quedó como productor principal de The Japanese House, y quizá la influencia de este estilo en la banda mancuniana pueda haberse visto reflejado en su último disco, el sorprendente y destacable “A Brief Inquiry Into Online Relationships” (2018). Junto a él llegó el que fue el primer gran ‘éxito’ de The Japanese House, el EP de 2017 “Saw You in a Dream” que lideraba la canción del mismo nombre que a día de hoy se mantiene inalcanzable como su número 1 personal y que, de hecho, se ha reversionado en clave de balada acústica para cerrar “Good At Falling”, el disco debut de la de Birminghamshire, que edita Dirty Hit (el sello de The 1975).

Fotografía: Jim Mangan

Paso adelante en producción, paso atrás en calidez

Todo “Good At Falling” parece estar inspirado en los sentimientos de su autora durante los últimos años, sus relaciones fallidas y especialmente la que mantuvo recientemente con la también músico británica Marika Hackman. Al final, el disco está conceptualizado en torno al caos emocional asociado a toda una etapa de transición vital (no olvidemos que Bain tiene sólo veintitrés años), moviéndose en esa melancolía post-ruptura relacionada con la vieja idea de ‘llorar bailando’.

Para “Good At Falling”, The Japanese House y George Daniel han sumado a la ecuación a Brandon J Burton, quien ha trabajado con Bon Iver, James Blake, Low, Twin Shadow, Hippo Campus o Francis & The Lights, y se han embarcado en un viaje que les ha sacado de los Angelic Studios de Oxford para llevarles también a Bruselas y a la casa-estudio de Justin Vernon en las planicies de Fall Creek, Wisconsin, algo así como un sueño para una chica que empezó con “Still”, un portátil y un dormitorio en algún lugar de Londres. Y el resultado es lo que podría esperarse: una respuesta moderada al hype que lo anticipaba, tan moderada como puede ser la música misma de The Japanese House, y un perfeccionamiento quizá excesivamente frío.

Es eso lo que se respiraba en “Lilo”, el primer avance como tal de su debut. Un refinamiento de su pátina electrónica, de tempo mucho más lento, mucho más narcótico, acoplado a una estructura más convencional y evitando cualquier salida de guión, cualquier ruido por encima de una mezcla de campo abierto, expansiva y espaciosa. En esa tundra gélida en la que Amber Bain se pierde en la portada de “Good At Falling” y que también transitan a su manera Daughter o The National. Y que conecta mucho con los sentimientos desolados de su autora, quien confiesa a raíz de esta canción en la que lamenta resiliente cómo una relación se apaga suavemente como una flor termina su planeo sobre la superficie del agua (un tema recurrente en The Japanese House, por cierto) que ha aprendido a enamorarse y a desenamorarse: It is a reminder to me that I am good at falling in love and I can survive falling out of it. I’m good at falling”.

Good at falling

El resultado es lo que podría esperarse: una respuesta moderada al hype que lo anticipaba, tan moderada como puede ser la música misma de The Japanese House, y un perfeccionamiento quizá excesivamente frío.

Todo su debut parece estar inspirado en los sentimientos de su autora durante los últimos años, sus relaciones fallidas y especialmente la que mantuvo recientemente con la también músico británica Marika Hackman. A ella le dedica explícitamente “Marika Is Sleeping”, de hecho, un tema que confiesa haber compuesto mientras ella estaba enferma, imaginando los arreglos de cuerdas y produciendo el tema con un Mellotron para tratar de sonar como las canciones de las viejas películas de Disney. Pero su recuerdo está también en otros temas del disco, como la que puede ser su single bandera, “We Talk All The Time”. We don’t fuck anymore / But we talk all the time so it’s fine”, canta sobre una de las producciones más groovie del disco, confesando que Marika y ella siguen hablando aunque su relación haya abandonado el plano físico.

En esa melancolía post-ruptura se mueve todo “Good At Falling”, siempre fijo en torno a esa vieja idea de ‘llorar bailando’. Se refleja bien en temas como “Everybody Hates Me”, que pone sobre un piano a Bain pasando una temporada en el sofá de la casa que compartía con su ex pareja; “Worms”, sobre enfrentar el amor y el desamor, o “f a r a w a y”, una nana nostálgica con coros de Matt Healy. Más animados son los temas en los que Amber se deja llevar algo más por sus sentimientos y encuentra esa paz interior resiliente en el amor y en el desamor, como la dulcísima “Maybe You’re The Reason”, con melodía muy HAIM, o “Follow My Girl”, que hereda el sonido más tropical de sus EPs previos y se va más al territorio casi dream-pop de HAERTS.

Una tundra gélida para huir del caos emocional

En definitiva, The Japanese House hace de kamikaze contra sí misma y plantea su propia terapia de sanación emocional desde una consciente maniobra autodestructiva de la que finalmente emerge algo de luz, algo de esperanza, algo de vida. La idea de que después de la tormenta siempre llega la calma, de que de todo se aprende. De aprender a caer y a levantarse.

Pero al final todo el disco está conceptualizado en torno al caos emocional asociado a toda una etapa de transición vital (no olvidemos que Bain cuenta sólo con veintitrés años). De ese caos surgen las baterías dislocadas que abren el trabajo con “went to meet her”, una canción en la que también se trata otro de sus temas clave, la madurez de la amistad, narrando cómo Bain y una amiga fueron a visitar a otra amiga que había tenido en Ibiza un problema con un tío. En torno a la muerte de otra amiga de la infancia se construyen de hecho dos de las mejores canciones del disco, “You Seemed So Happy”, que tiene más que ver con los Fleetwood Mac más juerguistas y con la brillantez de The Smiths, y la intensa y progresivamente ampulosa “somethingfartoogoodtofeel”.

En definitiva y como representa “Wild”, The Japanese House hace de kamikaze contra sí misma y plantea su propia terapia de sanación emocional desde una consciente maniobra autodestructiva de la que finalmente emerge algo de luz, algo de esperanza, algo de vida. La idea de que después de la tormenta siempre llega la calma, de que de todo se aprende. De aprender a caer y a levantarse. “I’m good at falling”.

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