Kikagaku Moyo: «Las escenas indie y psicodélica son más cerradas de mente que la stoner»

En una cultura como la rockera, aún dominada por lo anglosajón, a menudo hay que mirar más allá para encontrar nuevas corrientes frescas y rompedoras. Desde el país del sol naciente vienen Kikagaku Moyo, profetas de la neopsicodelia lejos de su tierra y una de las bandas más geniales e innovadoras que uno se puede echar a la cara en 2019.



Charlar con un tipo como Go Kurosawa es una experiencia casi tan agradable y fluida como escucharle tocar en directo. Y eso son palabras mayores dado que, para un servidor, su banda, Kikagaku Moyo, es la que más le ha impresionado encima de un escenario. Simpático y humilde, Go es lo más parecido a un frontman con lo que cuenta que la troupé nipona. A raíz de su visita a España y de la publicación de su maravilloso último trabajo, conseguimos robarle un rato para hablar de su álbum, la psicodelia en Asia, las drogas, King Gizzard & The Lizard Wizard o su amor correspondido por la escena metalera. Y al igual que su música, inofensiva en la superficie pero impetuosa bajo ella, Go no duda en mojarse hasta el cuello y dejar algunas perlas en el camino.

Antes de nada, me gustaría hablar sobre el último disco que habéis sacado, “Masana Temples”. Siento que es un disco diferente, especialmente atmosférico e incluso krautrock.

Pienso que es distinto, pero, ¿en qué sentido? No sabemos, simplemente es diferente. Por un lado queríamos plasmar lo bueno que había sido el último año, y por otro siempre habíamos querido hacer esta especie de sonido dulce, amable al oído, no tan furioso como el tipo de material que habíamos hecho en el pasado. Algo cómodo tanto para el cuerpo como para la mente.

¿Cómo es vuestro proceso creativo? No sólo en este disco sino en general. ¿Tocáis todos juntos y vais improvisando, alguno aparece con un riff y a partir de ahí se desarrolla…?

Ahora es muy distinto, porque dos de nosotros vivimos en Europa, en Ámsterdam, y tres viven en Japón. Esto ha cambiado las cosas porque antes vivíamos todos juntos en una casa e improvisábamos, pero ahora no tenemos tiempo para hacerlo. Pero sigue estando bien.

Poca gente viaja tanto como una banda como la vuestra hoy en día. Eso se traduce en que podéis conocer en cierta forma a los distintos públicos según su reacción a vuestra música. ¿Notáis diferencias según el lugar?

En Europa no sabría decirte, porque a veces tocamos en la misma ciudad, pero en distintas salas y nos llevamos una sensación totalmente diferente. Por ejemplo, si tocamos en un sitio bonito y cultural es todo muy tranquilo y al año siguiente en la misma ciudad tocamos en un sitio autogestionado es completamente distinto. Así que es difícil de decir, pero hay diferencias entre japoneses y asiáticos en general y por ejemplo Occidente y Estados Unidos. Los americanos suelen estar más abiertos a liberarse, no les importa lo que la gente piense, así que, si les gusta, lo expresan. Quizá como en España.

«Personalmente nunca me he emocionado con las letras, sólo me importa el sonido»

¿En Asia el público es más reservado?

Sí, es más reservado, pero la gente mira mucho al resto. Así que cuando algunos se empiezan a volver locos, todo el mundo se vuelve loco.

Para nosotros, aquí en España, pese a que vivimos en un mundo globalizado, aún hay muy poco conocimiento sobre la escena asiática o el rock asiático, y una banda como la vuestra es todavía muy exótica. ¿Cómo veis vuestra propia escena en Japón? ¿Hay un crecimiento del rock psicodélico, y no sólo psicodélico?

No mucho, porque las escenas son totalmente diferentes y hay diferentes modas. En América y en Europa como que se comparten las mismas tendencias, en el sentido de que una banda se hace más grande y empieza a girar aquí y allí… Pero en Asia hay diferentes gustos y tendencias. Así que nuestra música no es realmente famosa en Japón o Asia.

¿Es posible que seáis más famosos aquí o en América que allí?

Sí, pero la verdad es que no nos importa. Porque seamos de Japón no significa que necesitemos hacernos famosos allí primero y después en el resto de países. Ahora ya podemos ir donde queramos.

¿Puede que Japón vaya adelantándose a las modas que luego llegan a Europa y América con unos años de retraso? ¿O viceversa?

Antes había ese retraso, pero ahora está Internet. Japón ha vivido diferentes historias porque tenemos una industria musical grande, con su propia Historia detrás, y además la forma en la que los japoneses reciben información suele ser traducida, lo cual actúa de filtro. Pon que hay varias bandas grandes, como King Gizzard, o Pond, o Tame Impala, y ellos se quedan con una sola. Así que los japoneses, si lees nuestros medios de comunicación, tienen esta especie de filtro. Pero en otros países asiáticos, ya que su industria no es tan grande, la gente tiene que ir a buscar directamente, a Pitchfork o donde sea. Pienso en Indonesia, Taiwán, Tailandia… Son más ‘rápidos’ que los japoneses en ese sentido.

Mencionas a King Gizzard & The Lizard Wizard, con quienes tenéis una buena relación.

Sí, a raíz de girar con ellos el año pasado. Fue genial y, de hecho, acabamos de encontrarnos con ellos en California, en el Desert Daze.

¿Habéis planeado grabar algo juntos en el futuro, o hablado sobre ello?

No estoy seguro, no hemos hablado de ello. [Risas]

Fotografía: Promo

Quería preguntarte por el Stoner y el doom metal. A menudo os incluyen en festivales de este estilo, como el Roadburn el año pasado o el Desertfest este, y me resulta curioso porque vuestra música no es demasiado parecida a estos géneros. Sin embargo, se os ve muy cómodos en estos ambientes.

Sí, esto es porque yo crecí escuchando stoner, doom, sludge… y me gusta mucho ese tipo de música. La verdad es que ya no la escucho, pero lo hacía cuando era más joven y es como si estuviera en mis raíces. Me encantan esas bandas stoner.

¿O sea que es una decisión vuestra la de tocar con estas bandas, en estos festivales?

¡No, son ellos los que nos lo ofrecen! Pero es que el stoner y este tipo de escenas son realmente abiertas. Creo que la escena indie, o la psicodélica, son más cerradas de mente. Pero la stoner y la doom son más abiertas y están conectadas con la escena experimental, como también lo están con el black metal, el punk, el hardcore…

¿Cuál es el festival mejor montado, más chulo en el que habéis tocado?

En uno que tocamos llamado Palp Festival, en 2017, en Suiza, en lo alto de un monte alpino, a más de 2000 metros, con Brant Bjork [de Kyuss, NdA].

Con respecto a la instrumentación. Tocáis instrumentos muy diversos, algunos raros de ver hoy en día como el sitar. ¿Esto es a propósito, sentíais la necesidad de estos instrumentos, o fueron surgiendo de manera casual?

Yo nunca había tocado la batería antes de que empezáramos a tocar juntos, y de hecho ninguno de nosotros había estado en una banda antes. Así que queríamos tocar con gente que nunca hubiera tocado música, porque en Japón hay tantas bandas en las que todo el mundo es tan bueno técnicamente… Y a mí no me gustan mucho las bandas ‘buenas’. A mí me gustan las que no son tan buenas, pero se esfuerzan mucho, ese tipo de energía, más que las técnicas. Así que al principio, cuando empezamos, queríamos que se uniese cualquiera; la gente venía, se nos juntaba, improvisábamos y les ofrecíamos grabar. El que toca el sitar es mi hermano; cuando empezamos él estaba en la India, volvió y le ofrecimos tocar. Y dijo que sí.

Habéis usado algunos sampleos en castellano en vuestros primeros discos. ¿Por algo en concreto?

Oh, no son sampleos, es una amiga nuestra que antes cantaba con nosotros. Es de Venezuela, pero vive en Japón, en Tokio, y nunca había tocado música. Pero le gusta mucho y le dijimos: “Venga, va, simplemente di algo”.

No cantáis letras con significado real en vuestras canciones. ¿Echáis de menos a veces poder transmitir un mensaje directo?

Bueno, sí que podemos. Lo estoy haciendo ahora mismo. Es decir, puedo decir lo que quiero decir en una entrevista, pero no necesito hacerlo en canciones.

¿Preferís dejar que la gente decida lo que queréis expresar con vuestra música?

Así es. Porque la música es una buena manera de transmitir un mensaje, pero yo personalmente nunca me he emocionado con las letras, sólo me importa el sonido, así que lo preferimos así. En realidad tenemos una canción con letras en japonés, “Nazo Nazo”, que es la primera vez que lo hacemos, y está guay porque hasta entonces usábamos el japonés pero sin preocuparnos del significado. Según saliese por la boca, el primer sonido, yo elegía una palabra y las iba juntando.

He leído que queréis hacer que la gente se imagine leyendas, como “Zo No Senaka”, sobre un elefante…

Sí, esa es la interpretación de otro de la banda.

¿Así que cada miembro tiene una visión diferente de la misma canción?

Sí, es como que decimos: esto suena a…, o esta canción que queremos hacer recuerda a cuando estás en unas aguas termales en Japón, es como un cuerpo caliente, pero está nevando y en tu cara y en tu tronco sientes frío, y estás totalmente relajado. Así que es más bien que lo que a veces queremos decir y volcar en la canción es esa clase de sensaciones.

«Cuando escuchas música japonesa, o descubres música española en mi caso, no sólo es sobre la música, sino que te entra curiosidad sobre la cultura y sobre qué está pasando en esos sitios»

Tengo entendido que en Japón no existe cultura de drogas y que es un tabú fuerte. ¿Cómo se entiende esto escuchando vuestra música, que es tan evocadora y tan psicodélica?

Las drogas psicodélicas y las drogas en general no son comunes en Japón. No sabíamos exactamente qué esperar cuando escuchábamos música psicodélica, aunque nos lo podíamos imaginar un poco. O viendo una película, y ese tipo de visuales. Y podíamos plasmar eso en sonido, pero no sabíamos exactamente cómo cuando empezamos.

Y ahora que algunos vivís en Ámsterdam y en cierta manera os habéis acercado a ellas, ¿se ha notado eso en vuestra música?

Pienso que no, porque no estoy en contra pero… No sé cómo expresarlo. Pienso que las drogas sin duda afectan a la cultura y a los géneros musicales. A nosotros, por ejemplo, por supuesto que nos han afectado, porque hemos experimentado, pero en el fondo no tratamos de tocar música drogata. Es más un efecto colateral que un objetivo intencionado.

Por último hablemos de Guruguru Brain [el sello discográfico que ha montado la propia banda]. ¿En qué momento surge esa idea y con qué propósito?

Cuando empezamos a girar nos dimos cuenta de que todo eran bandas estadounidenses y del Reino Unido y Australia, todas de habla inglesa, y unas pocas francesas, españolas, etc., pero muy pequeñas. Y yo me preguntaba por qué, si estamos ya en 2018, gente, necesitamos más culturas diferentes. Pero como tú dijiste antes, es difícil saber qué está pasando en la escena y estar al tanto de todo. Esa es una de las razones por las que nos mudamos a Ámsterdam, para que esas bandas pudiesen venir y usar nuestro backline y quedarse en nuestra casa allí. Y sí, queremos impulsar la escena asiática así. Porque cuando escuchas música japonesa, o descubres música española en mi caso, no sólo es sobre la música, sino que te entra curiosidad sobre la cultura y sobre qué está pasando en esos sitios. De manera que queríamos impulsar eso un poco.

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