Miss Caffeina

Miss Caffeina –
Oh Long Johnson

Oh Long Johnson es, en gran parte, un nostálgico viaje al sonido pop de los noventa que pasa sin pena ni gloria dentro de la carrera de unos Miss Caffeina más preocupados por agrandar su repertorio para el directo que por ofrecer un producto que perdure hasta cierto punto con el paso del tiempo.

El problema de envejecer no es percatarse de que uno empieza a tener hechuras de señor mayor, sino más bien comprobar cómo al intentar adaptarse a las nuevas tendencias acabas cayendo en lo evidente: las nuevas lenguas sólo se balbucean, tal y como cantan Hazte Lapón en su álbum final. Y ese es el problema fundamental de Miss Caffeina con Oh Long Johnson, ya que vuelven a intentar rejuvenecer su propuesta para seguir adaptándose al público más joven pero, aquí, el resultado nos deja del todo indiferentes por lo confuso de su ejecución.

Radicalizando la propuesta de Detroit

Si Detroit ponía la mirada en los ochenta con sus arreglos ligeramente disco y sus teclados brillantes, Oh Long Johnson expone un ligero viraje hacia los noventa debido a la inclusión de cierta rebeldía en comunión con melodías de carácter clubbero.

Hace tres años, Miss Caffeina nos sorprendieron gratamente con aquel Detroit (2016) que logró equilibrar fantásticamente bien las maneras ‘rockeras’ de sus inicios con el pop electrónico que empezaba a marcar las propuestas de otros grupos coetáneos como Love of Lesbian, Varry Brava, etc. En ese disco, el cuarteto se reinventó a nivel estético, musical y lírico para conseguir un producto repleto de sintetizadores ochenteros e himnos altamente pegadizos (“Mira Cómo Vuelo”, “Ácido”…).

La producción de Max Dingel permitió a Miss Caffeina alejarse de la grandilocuencia sentimental de formaciones como Izal o Vetusta Morla y, a cambio, obtuvimos caramelitos mucho más pop que funcionaron sorprendentemente bien y se hicieron con un hueco imprescindible dentro de su repertorio en directo. Por desgracia y a pesar de haber contado tanto con el mismo productor como con prácticamente los mismos ingredientes, Oh Long Johnson resulta francamente anodino y no se aproxima ni de lejos al nivel de Detroit. ¿El motivo? La necesidad de engrosar a toda costa su repertorio con canciones que acaban perdiéndose en un homogéneo mar sonoro.

Fotografía: Press

Perdidos en un mar sonoro

En Oh Long Johnson, Miss Caffeina se entregan totalmente a los teclados y a las cajas de ritmos, relegando el papel de las guitarras a algunos solos finales. De este modo, la mayoría de canciones acaban perdiéndose en un homogéneo mar sonoro.

Merlí”, el primer adelanto que conocimos de este trabajo, dejó bien claras las bases sobre las que se sustenta el álbum al completo: protagonismo total de los teclados y las cajas de ritmos, relegando el papel de las guitarras a algunos solos al final de las canciones, además de referencias a la actualidad social en las letras y reminiscencias musicales a décadas pasadas. Ahora bien, si Detroit, con sus arreglos ligeramente disco y sus teclados brillantes, ponía la mirada en los ochenta, Oh Long Johnson expone un ligero viraje hacia los noventa debido a la inclusión de cierta rebeldía en comunión con melodías de carácter clubbero (“Calambre”).

Los temas que funcionan como bisagra entre su anterior Detroit y este disco, además de la homónima “Oh Long Johnson” (un tema refrescante con ritmos muy marcados y sintetizadores luminosos) o “Planta de Interior” (de regusto funky), son claramente los highlights de este cuarto larga duración de los madrileños. El resto de canciones de Oh Long Johnson intentan poner toda la carne en el asador incorporando trazas urbanas (“Prende”), mirando al pop discotequero de hace veinte años (“Fiesta Nacional” o “Cola de Pez – Fuego”) y sin darnos un solo respiro hasta el final.

Las revoluciones comienzan a bajar en “Bitácora” hasta llegar al bonito y melancólico cierre de “Ausentes Presentes”. Fijaos que, sobre el papel, Oh Long Johnson cuenta con bastantes singularidades como para ser trabajo destacado. Entonces, ¿por qué finalmente resulta tan plano?

Producto de consumo rápido y fácilmente olvidable

Da la sensación de que Miss Caffeina mutilan su ambición artística con el fin de conseguir un producto directo, fácil, digerible y regido por las tendencias del mercado actual a cambio de triunfar en las listas de ventas y en directo.

Miss Caffeina parecen haber cometido el mismo error que Varry Brava en Furor (2018). Con el objetivo de conseguir un álbum que sea sinónimo de fiesta se han olvidado de concebir momentos que realmente sobresalgan del conjunto y pasen a formar, de algún modo, parte del imaginario colectivo. ¿Alguien podría decir qué resulta memorable en este álbum? Uno puede recordar fácilmente “Capitán”, “Venimos” o la más reciente “Mira Cómo Vuelo” con la que presentaron al mundo Detroit, pero, ¿vamos a recordar dentro de unos años “Merlí” o “Prende”? Oh Long Johnson parece diseñado como un producto de consumo rápido y regido por las tendencias del mercado actual a cambio de triunfar en las listas de ventas y en directo, un precio que Miss Caffeina están dispuestos a pagar. La gira de Detroit les ha permitido comprobar que temas como “Ácido” funcionan excelentemente entre el público, así que, ¿por qué no un disco entero en esa línea?

Oh Long Johnson muestra todos los vicios y virtudes de cualquier grupo que aspira a lograr el récord de público en el festival de turno. Tenemos baile, melodías desinhibidas, alguna composición de carácter más social y multitud de versos vacíos que son carne de merchandising (tampoco pueden faltar improperios como “Joder” o “Puta vida”). La única excepción es “Reina”, con una letra autobiográfica digna de mención, pero que no es más que un oasis rodeado de versos pueriles. Varios ejemplos:

“Contigo sabe mejor el lado oscuro” — “Oh Long Johnson”

“Crece en mí tu pequeño caos”, “Vamos a ser héroes de la noche” — “Prende”

“Pensarte es tocar arena en el viento” — “Ausentes Presentes”

Miss Caffeina han intentado conseguir un álbum de madurez que abrace sin reparos el pop contemporáneo, pero da la sensación de que al final fracasan al mutilar su ambición artística con el fin de conseguir un producto directo, fácil y digerible. Oh Long Johnson gira temáticamente en torno al carácter superficial de las personas de nuestra sociedad actual desde, irónicamente, la superficie. Las letras plantean algunas ideas interesantes que no llegan a desarrollarse y, las que poseen mayor profundidad, aparecen envueltas en lentejuelas y bajo luces de neón que desvían nuestra atención hacia el envoltorio en vez de hacia el contenido. ¿Acaso es este es el futuro de Miss Caffeina? ¿Ser un mero producto vacío y prêt-à-porter?

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