Panda Bear

Panda Bear – 
Buoys

Tras dos décadas mezclando capas y capas de sonidos asombrosamente marcianos tanto en solitario como con Animal Collective, Noah Lennox vuelve con un disco mucho más intimista y minimalista. Nueve canciones que nos invitan a un plácido viaje a la deriva y sin rumbo fijo, pero con mucho por explorar.

Por mucho que intentes estirar un chicle, llega un punto en que se rompe. Aunque parezca que puede seguir dando de sí, todo tiene un límite. Noah Lennox tiene aprendida la lección y, tras dos décadas haciendo música en solitario o junto a sus compañeros de Animal Collective, ha decidido emprender un nuevo rumbo con “Buoys”, su nuevo álbum de estudio.

Derribando los antiguos muros de sonido

“Buoys” mantiene en gran medida esa sonoridad sumergida y esa atmósfera mucho menos recargada del “Tangerine Reef” (2018) de Animal Collective. Panda Bear ha grabado las pistas acústicas de guitarra, ha puesto la voz en un primer plano mucho más explícito y ha utilizado apenas un puñado de samples para darle cuerpo y músculo a los temas (influenciado por el trap), pero lleva todo a un terreno completamente distinto del habitual.

La carrera de Animal Collective alcanzó su cenit hace diez años con el aclamado “Merriweather Post Pavilion” (2009), al cual supieron dar una continuación notable con “Centipede Hz” (2012). Sin embargo, “Painting With” (2016) ya mostró severos signos de agotamiento y consiguió que un disco de Animal Collective fuera algo que jamás imaginaríamos: aburrido. El trío de Baltimore abusó del sonido que les definió y encumbró en su momento, del mismo modo que Noah Lennox con su “Panda Bear Meets the Grim Reaper” (2015). No es que fuera un mal disco, pero se antojaba difícil seguir por ese camino. Recientemente y con “Tangerine Reef” (2018), Animal Collective intentaron algo bastante diferente que, independientemente de su resultado, parece haber sido el punto de partida de Noah para su nuevo trabajo en solitario. El propio músico ha declarado que su intención con este disco es marcar una nueva hoja de ruta y abrir nuevos horizontes que explorar gracias en parte a la ayuda e influencia de Rusty Santos (co-productor del disco) y de DJ Liz (quien colabora en varias canciones).

Lo cierto es que “Buoys” es un trabajo bastante rompedor con lo que el músico había hecho hasta ahora. Si ya has escuchado “Tangerine Reef” no te sorprenderá tanto, pero la principal diferencia entre aquella última referencia de Animal Collective y este álbum es que Noah ha conseguido una obra bastante más consistente y satisfactoria. “Buoys” mantiene en gran medida esa sonoridad sumergida y esa atmósfera mucho menos recargada, con Noah grabando pistas acústicas de guitarra, poniendo la voz en un primer plano mucho más explícito y utilizando apenas un puñado de samples para darle cuerpo y músculo a los temas (influenciado por el trap), pero lleva todo a un terreno completamente distinto del habitual.

Fotografía: Fernanda Pereira

Un apacible paseo a la deriva

“Buoys” es un álbum para momentos concretos, para relajarse y dejarse llevar. Sus canciones te arrastran con delicadeza y te mecen sin levantar nunca la voz, lo que puede chocar con la concepción que teníamos de la música de Noah. Aquí no vamos a encontrar los muros de sonido, los miles de detalles (que los hay, pero no tantos ni tan escondidos) habituales ni los juegos de voces y progresiones sonoras de “Person Pitch” (2007).

El resultado de “Buoys” recuerda a una mezcla entre “Plastic Beach” (2010) y “The Fall” (2010) de Gorillaz, con atmósferas y sonidos más cercanos al primero pero desde una perspectiva minimalista e íntima más propia de “The Fall”. Canciones como “Dolphin” consiguen con muy pocos ingredientes crear una sensación de vaivén, como de estar flotando en medio del océano, gracias a unas guitarras que no paran de moverse y que contrastan con la voz de Noah, quien estira cada sílaba hasta exprimir al máximo la capacidad melódica de cada nota. Todo sin olvidar el constante sonido del goteo de agua. Es una canción que asienta perfectamente el carácter tranquilo del disco, lo cual, a su vez, es lo que puede sentenciarlo para mucha gente desde un primer momento.

“Buoys” es un álbum para momentos concretos, para relajarse y dejarse llevar con él. Sus canciones te arrastran con delicadeza y te mecen sin levantar nunca la voz, lo que puede chocar con la concepción que teníamos de la música de Noah. Aquí no vamos a encontrar los muros de sonido, los miles de detalles (que los hay, pero no tantos ni tan escondidos) habituales ni los juegos de voces y progresiones sonoras de “Person Pitch” (2007). Aquí el de Baltimore se muestra mucho más cercano, como si Kevin Parker dejase a un lado los miles de cachivaches y recursos que utiliza para sus discos y se quedara únicamente con lo indispensable. Y la verdad es que, cuando funciona, lo hace muy bien. “Cranked”, “Token” (la comparación con Tame Impala venía porque la voz de Noah me recuerda especialmente a la de Kevin Parker aquí) o “Buoys” son claros ejemplos de ello. Temas amenos (la brevedad del disco aporta muchos puntos a su favor) que ganan con cada escucha y que acaban resultando incluso divertidos, igual que esa “Inner Monologue” tan experimental en la que DJ Liz solloza y Noah construye una pieza melancólica más cercana al folk de Mount Eerie.

Recursos finitos

Al final, “Buoys” se queda bastante lejos de lo que fue “Person Pitch” y ese mayor reposo de las canciones puede hacer que resulte anodino, pero ante todo consigue soltar un poco de lastre después de dos trabajos de Animal Collective algo decepcionantes y, además, abre una vía nueva a explorar. Una piscina de canciones imperfectas en la que, a pesar de todo, apetece nadar de vez en cuando.

Es una pena que la inspiración no acompañe en todos los temas y los recursos se agoten tan rápido, pues cuando llega “Crescendo” uno ya tiene la sensación de estar escuchando lo mismo de hace un par de canciones pero más descafeinado, no tanto por la calidad de las melodías sino por la repetición constante del mismo patrón en la guitarra. “I Know I Don’t Know” tampoco consigue llevar a buen puerto ese beat mucho más bailable, lo cual en un disco de apenas media hora resulta llamativo y acaba restando más de lo habitual a pesar de un cierre tan gratificante como “Home Free”, canción que nos invita amablemente a darle otra escucha y a continuar a la deriva.

Es cierto que, al final, “Buoys” se queda bastante lejos de lo que fue “Person Pitch” y que ese mayor reposo de las canciones puede hacer que resulte anodino, pero creo que ante todo consigue soltar un poco de lastre después de dos trabajos de Animal Collective algo decepcionantes y que, además, abre una vía nueva a explorar. Por si fuera poco, también nos deja una piscina de canciones imperfectas en la que, a pesar de todo, apetece nadar de vez en cuando.

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