Rival Sons

Rival Sons –
Feral Roots

Ni Caín y Abel, ni Pau y Marc, ni Diego y Gabi Milito. Los verdaderos hijos rivales de nuestro tiempo son norteamericanos y acaban de regalarnos otro discazo (y ya llevan media docena). Esta vez, con extra de boogie y mejorando la fórmula de "Hollow Bones" (2016).

Regocijaos, amantes del rock, pues hemos sido bendecidos con un nuevo disco de los legítimos herederos del trono de riffs zeppelianos. Y no, no hablo de unos chavalines con buena intención y mucha maquinaria promocional detrás, sino de la verdadera banda de rock and roll de nuestros días, entre mucha y estimable competencia: los hijos rivales.

Estos primogénitos enfrentados son además bastardos de bandas azkeneras de blues y de rock clásico, como una amalgama de The Cult, The Black Crowes o Union Carbide Productions. En otras ramas de su árbol genealógico se puede encontrar un tío abuelo metalero y prometedores primos pequeños como los Blackberry Smoke o Svartanatt. Pero Rival Sons ya son una banda de sobra madura como para referenciarla en base a otras, y su sonido limpio y clásico, donde destacan la voz de su frontman Jay Buchanan y la guitarra de Scott Holiday, es ya sinónimo de buen hacer.

Tocando el techo del rock

Libres de la presión de mantener viva la llama del rock, impedir que éste muera o convertirse en ‘the next big thing’, los de Long Beach pueden desplegar todas sus cualidades y entregarnos un disco de rock que roza la perfección.

Aunque personalmente no me suelo fijar en los videoclips, basta echar un ojo al de “Do Your Worst”, que abre este sexto álbum de estudio titulado «Feral Roots”, para entender por qué Rival Sons han crecido hasta estar donde están. Y aunque el comentario más repetido en todos los vídeos, publicaciones y artículos que los mencionan es ‘¿por qué estos tíos no son más conocidos/mainstream/suenan en la radio?’, creo que Rival Sons han llegado más lejos de lo que podían aspirar.

Que no se me malinterprete, esto no quiere decir que crea que estén limitados por sus propias condiciones, sino por las circunstancias de nuestro tiempo. Una banda de rock, con claro tono revival, puede crecer en 2019 hasta cierto punto, pero no va a rozar las cotas mainstream de cualquiera de las décadas entre los cincuenta y los noventa del siglo pasado. Y la culpa de ello, además del cambio en las modas y gustos de la gente, me gustaría echársela mayormente a los propios ‘rockeros’ de palo que se han estancado desde hace lustros en bandas cuyos tiempos de gloria ya hace mucho que pasaron. Pero tan inútil es pretender que hoy en día suene rock actual por la radio comercial como ponerse a buscar culpables de ello, así que como hacen Buchanan y los suyos lo mejor es aceptar lo que hay y tirar para adelante disfrutando el viaje. De esta forma y libres de la presión de mantener viva la llama del rock, impedir que éste muera o convertirse en ‘the next big thing’, los de Long Beach pueden desplegar todas sus cualidades y entregarnos un disco de rock que roza la perfección.

Fotografía: Jimmy Fontaine

Volver a las raíces para continuar reinando

“Feral Roots” tiene un giro más de raíces americanas, hundido en estilos anteriores al rock. También el toque soul e incluso góspel que aparecía esporádicamente en su anterior trabajo parece haber llegado para quedarse, si bien es cierto que se entremezcla tan bien con el pulso rockero de la banda que se transforma en algo más sutil, algo que parece haberse incorporado a la personalidad musical de Rival Sons de manera permanente e imposible de desligar.

Rock que como no podía ser de otra manera proviniendo de los de Long Beach exuda blues por todos sus poros, como demuestra especialmente la tríada que da comienzo al álbum. “Do Your Worst”, “Sugar on the Bone” y la espectacular “Back in the Woods” (por lo visto Jay se ha mudado recientemente a los bosques de Tennessee) rezuman el añejo poso guitarrero que ha coronado a los californianos. “Look Away” tarda en carburar como un diésel pero enseguida se muestra como el muscle car que es, mientras que “Feral Roots” fusiona “el lado oscuro del bluegrass con el lado montañoso del country” (según las certeras palabras del propio Buchanan) en un tema delicioso de folk hillbilly de los Apalaches.

Y es que, a pesar de la grandilocuencia y epicidad de la fantástica “Too Bad”, “Feral Roots” tiene un giro más de raíces americanas, hundido en estilos anteriores al rock. También el toque soul e incluso góspel que aparecía esporádicamente en su anterior trabajo (en “Black Coffee” era más evidente) parece haber llegado para quedarse, si bien es cierto que se entremezcla tan bien con el pulso rockero de la banda que se transforma en otra cosa. Algo más sutil, más difícil de definir, que parece haberse incorporado a la personalidad musical de Rival Sons de manera permanente e imposible de desligar, dándole una vuelta de tuerca más a la ecuación. Una vuelta necesaria para no convertirse en el típico grupo que saca discos dignos cada pocos años y va sobreviviendo mientras se necrosa lentamente. Ya nos lo dijo en su día Scott y su majestuoso bigote cuando le entrevistamos:

Cada vez que vas al estudio es para hacerlo mejor, más profundo, más poderoso o más relevante”.

Mejor, más profundo, más poderoso

Rival Sons le han dado una vuelta de tuerca más a su propia ecuación. Una vuelta necesaria para no convertirse en el típico grupo que saca discos dignos cada pocos años y va sobreviviendo mientras se necrosa lentamente.

Y así suenan Stood By Me, afro (coro femenino incluido) e irresistible, o Imperial Joy, como un coto privado en el que Jay se puede explayar a gusto con ese vozarrón que Dios o el diablo le han dado. EnAll Directions se ponen espirituales, como por otra parte son ellos, y es quizás esa ambición de volar demasiado alto la que la convierte en la costura más floja del traje. Pero no hay por qué preocuparse, pues enseguida llega End of Forever y resuelve la papeleta.

Finalmente, Shooting Stars cierra el círculo como un postre perfecto en el que el coro femenino por fin sale de las sombras y escuda a Buchanan mientras éste se pone el traje de ganador de La Voz Edición Mundial, trascendiendo el hard rock o el rock a secas para convertirse en algo más grande y transversal. Una de esas canciones que no desentonarían en una boda, una primera cita o la celebración de una victoria deportiva. Una canción para hinchar el pecho, soltar la lagrimita y vocear desde el estómago. Una canción como este disco, o como esta banda, que ha alcanzado los límites de la industria y ahí seguirá viviendo y deleitándonos hasta que nosotros o ellos (más probablemente) se aburran de hacer rock de categoría.

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