The Twilight Sad

The Twilight Sad –
It Won/T Be Like This All the Time

The Twilight Sad se atreven a mirar cara a cara a sus raíces y consiguen crear una obra repleta de buenas canciones. Los escoceses serpentean entre su lado más pegadizo y su contrapunto experimental, obteniendo como resultado un equilibrio de lo más atractivo. Oscuro y luminoso a la vez.


La última vez que The Cure se pasaron por nuestro país fue la primera ocasión en la que oí hablar de The Twilight Sad. Una joven banda escocesa que superó con creces mis expectativas y que sirvió de contrapunto ante la mirada más delicada de Robert Smith y los suyos. The Twilight Sad venían ofreciendo un producto un tanto añejo, pero a la vez contundente y afilado, con innumerables capas que abordaban desde el post-punk a la electrónica y siempre bajo una lupa shoegazing que me transportaba al mundo de los sueños. Su vocalista me impactó enormemente dado su carácter, entre Morrissey e Ian Curtis, y por momentos me hizo retroceder a una época en la que yo no había nacido y que siempre ha sido fundamental en mi vida.

Respeto por las influencias, pero sin caer en el puro revival

The Twilight Sad han desarrollado su propia fórmula, respetando con devoción y cariño el movimiento post-punk, pero siempre mirando hacia delante, ofreciendo canciones muy frescas y pegadizas.

Años más tarde y conociendo mejor su trayectoria, no puedo estar más emocionado por el trabajo que han realizado en este su quinto elepé, titulado «It Won/T Be Like This All the Time”. Apadrinados por el bueno de Robert (con razón), The Twilight Sad han desarrollado su propia fórmula, respetando con devoción y cariño el movimiento post-punk, pero siempre mirando hacia delante, ofreciendo canciones muy frescas y pegadizas.

Fotografía: Debi Del Grande

Un disco imprescindible de principio a fin

La música de los escoceses es, sobre todo, evocadora. Construyen imágenes que se materializan ante nosotros como si estuviésemos leyendo un libro de cuentos góticos o viendo El Gabinete del Doctor Caligari. Esos paisajes oscuros, escondidos entre una niebla densa, aparecen como espejismos y son perfectos para evadirnos y perdernos ante su inmensidad.

Para empezar metidos de lleno en el meollo, qué mejor manera de entrar que con una base de sintetizadores que van calentando el ambiente poco a poco. “[10 Good Reasons for Modern Drugs]” se presenta como la antesala de un viaje inolvidable, con un comienzo muy controlado que necesariamente se transforma en un arma blanca directa al corazón. Es en esos momentos cuando demuestran su sinergia con el punk-rock, sobre todo marcada por la violencia y expresividad que se gasta el vocalista James Graham. El cierre de la canción nos reconforta ante la tensión de su primera parte y fluye limpiamente hacia “Shooting Dennis Hopper Shooting”. Aquí optan por las guitarras y resulta más certera en su índole pop. Es más: con una simple escucha nos bastará para tararearla.

La música de los escoceses es, sobre todo, evocadora. Construyen imágenes que se materializan ante nosotros como si estuviésemos leyendo un libro de cuentos góticos o viendo El Gabinete del Doctor Caligari. Esos paisajes oscuros, escondidos entre una niebla densa, aparecen como espejismos y son perfectos para evadirnos y perdernos ante su inmensidad. De esta forma, “The Arbor” nos somete ante sus leyes físicas, por lo que acabamos sintiendo flashbacks que habitan en lo más profundo de nuestro cerebro. En este tema el bajo marca las pautas a seguir y, de nuevo, la influencia de The Cure se plasma de forma más directa que en otras piezas. Mientras, “VTr” es otro desvío hacia una zona más melódica, quizá con reminiscencias del “There Is a Light That Never Goes Out” de los Smiths. Siguen con su oscuridad característica, pero los estribillos son cañonazos de fácil absorción. El juego entre lo vocal y la contramelodía de los sintetizadores es un verdadero alarde de composición.

Sonido muy envolvente

Las piezas que se van sucediendo muestran diferentes aristas de la misma banda, pero sin perder su esencia. No sólo es una obra valiente por su narrativa como conjunto, sino que cada canción es un componente que se articula por sí solo y acaba configurando una misma idea.

Uno de los factores a destacar de The Twilight Sad es la magnífica interpretación vocal de James Graham. Para mí, absolutamente imprescindible. No sólo por su registro heterogéneo; es su forma de pronunciar con un marcado inglés escocés lo que acaba por transformar el conjunto, otorgando un punto exótico y de otro tiempo en el que las leyendas se contaban de unos pueblos a otros y el terror provenía de lo más oscuro del bosque. Otros grupos escoceses optan por un inglés más estandarizado a la hora de cantar, pero creo que esta variedad aporta una gran personalidad al grupo.

Sunday Day13” desciende peldaño a peldaño, suavemente. Es la primera bajada real del álbum y se recrea en sí misma con una belleza siniestra. Como un péndulo, nos hipnotiza sin remordimiento y acaba controlando nuestra voluntad con su tensa calma. Para poder volver en sí llega “I/m Not Here [missing face]”, que apuesta por una base electrónica y grandilocuente que llega a su clímax en un estribillo puramente New Order o Depeche Mode. Un verdadero acierto situarla tras “Sunday Day13”, demostrando un manejo total de la experiencia global del trabajo que desemboca en un constante intento de no perder el hilo. Y eso es algo que consiguen con un éxito rotundo. Seguidamente, vemos otra vez su cara más punk-rocker con “Auge/Maschine”. Las piezas que se van sucediendo muestran diferentes aristas de la misma banda, pero sin perder su esencia. No sólo es una obra valiente por su narrativa como conjunto, sino que cada canción es un componente que se articula por sí solo y acaba configurando una misma idea.

Un justo punto medio entre su lado más atmosférico y el más pop

Podría haberse utilizado una producción más puramente shoegaze para difuminar el producto, pero los detalles se hubieran emborronado y no se les habría podido sacar tanto jugo. Por eso se puede presenciar un gran equilibrio entre su visión más experimental y abrupta y la más asequible.

Sumergiéndonos en el final nos tropezamos con “Keep It All to Myself”, un enfoque diferente de los recursos liberados anteriormente. Es una pista con una propuesta más cercana al show de estadio y casi se convierte en un opuesto de “Girl Chewing Gum”. A pesar de tener uno de los estribillos más disfrutables de todo el registro, es una bola de demolición post-punk. Supone, incluso, un leve coqueteo con el noise-rock… ¡Benditas disonancias!

Para concluir, es necesario destacar la labor de producción y mezcla. El trabajo realizado por el propio guitarrista Andy MacFarlane y Chris Coady (Yeah Yeah Yeahs, Slowdive) es una delicia, logrando que cada instrumento y cada efecto utilizado brille con nitidez sin que se pierda un ápice de la calidad del sonido. Podría haberse utilizado una producción más puramente shoegaze para difuminar el producto, pero los detalles se hubieran emborronado y no se les habría podido sacar tanto jugo. Por eso se puede presenciar un gran equilibrio entre su visión más experimental y abrupta y la más asequible.

La despedida llega con “Let/s Get Lost” y “Videograms”. La primera se desliza tras una lúgubre sombra de ruido que saca a relucir una incomodidad latente, mientras que el último corte dispone del espacio suficiente como para tomar una bocanada de aire. No obstante y en general, ambas composiciones se sienten bastante opresivas. Globalmente, la segunda mitad del disco es más angustiosa que una primera con momentos más cercanos.

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