Xiu Xiu

Xiu Xiu –
Girl with Basket of Fruit

Xiu Xiu vuelven a situarse a la cabeza de la vanguardia musical actual más rupturista con un nuevo trabajo que ahonda en la violencia y la crueldad y que deja muy poco espacio para luz. Temas tan oscuros como el papel de mujer en el Barroco de Caravaggio, el satanismo, la santería o la persecución a la comunidad negra en Estados Unidos nutren un discurso plagado de sufrimiento, dolor y tortura a partir de martillazos electrónicos, ambientes drone, white noise y ritmos tribales.

Xiu Xiu no es un proyecto musical convencional. Con casi una veintena de referencias a sus espaldas, habría que concederles el privilegio de ser una banda veterana que sabe lo que hace. Su obra y trayectoria obedece a una lógica con puntos en común y de ruptura en cada uno de sus álbumes. Sería imposible quedarte con uno solo, ya que en ellos hay momentos de lucidez extrema en cuanto a forma y contenido, pero también de trampantojo. Todos entre sí guardan un imaginario que con los años han hecho propio. Pero también da lugar al engaño: el histerismo, el afán de querer impresionar o la provocación per se, son algunos de los aspectos negativos que esgrimen sus detractores.

Un imaginario común que con los años han hecho propio

«Girl with Basket of Fruit” es un álbum que pivota en torno al concepto del famoso cuadro del pintor barroco Caravaggio, aderezado con elementos de la santería ritual, el satanismo, la tortura o la brujería.

Sus propuestas hasta la fecha han sido muy arriesgadas a un nivel musical, visual y estético. Incluso, filosófico. Una performance con vibradores de plástico atados a una estatua (Kling Klang), su apología directa del consumo de drogas duras (en los doce volúmenes de música experimental titulados “DRUGS”), la pretensión de versionar al mismísimo David Lynch (“Xiu Xiu plays the music of Twin Peaks), su idolatría del cine clásico o, sin ir más lejos, la ambigua relación que mantienen sus dos ejes creadores, James Stewart y Angela Seo. En este 2019 han vuelto con «Girl with Basket of Fruit, un álbum que pivota en torno al concepto del famoso cuadro del pintor barroco Caravaggio, aderezado con elementos de la santería ritual, el satanismo, la tortura o la brujería. Sin duda, un cocktail original, ambicioso y a simple vista inexplorado, que les vuelve a situar entre la mejor vanguardia musical que existe en la actualidad.

Fotografía: Sharon Van Etten

La feminidad en el Barroco: que corra la sangre

Sin duda, un cocktail original, ambicioso y a simple vista inexplorado, que les vuelve a situar entre la mejor vanguardia musical que existe en la actualidad.

Cuando parecía que después de su anterior largo, «FORGET” (2017), iban a transitar por terrenos más pop o melódicos, vuelven a sorprender a sus fieles con nueve canciones más enfocadas en el apartado rítmico, aunque hay excepciones. Lo podemos ver en los dos adelantos: “Scisssssssors” y “Pumpkin Attack on Mommy and Daddy”. Ambas reúnen los mismos elementos estilísticos y se complementan entre sí. También remiten a uno anterior, basado en una de las canciones más famosas de su discografía: Dear God, I Hate Myself, en la que Seo se mete los dedos para vomitar al lado de un Stewart impasible que disfruta de un helado. De algún modo, existe una pulsión entre ambos por ejercer los roles propios de las prácticas dominante y dominado. La performance siempre ha definido la obra de Xiu Xiu y esta vez no iba a ser la excepción. Angela Seo es denigrada por lo que parece ser un grupo de ángeles vestidos con túnicas blancas transparentes, mientras Stewart preside la ceremonia con una guitarra. Nada más arrancar ya vemos a Seo siendo arrastrada por los suelos. En determinadas partes saltan máscaras demoníacas peruanas, haciendo honor a la retórica del cine de terror clásico. Todo adquiere un halo siniestro a base de humillaciones: baños de agua helada, una sangrienta autoincisión en la lengua con aguja y cordel o un sartenazo en la cabeza seguido de una inhalación de cloroformo que consigue que el cuerpo de Seo se desplome.

Los mártires masculinos casi siempre están llenos de enfermeras, madres, ángeles adoradores y otros discípulos amorosos que envuelven sus cuerpos aplastados en tiras de tela empapadas en hierbas, mientras lloran de éxtasis. Las mártires femeninas se representan casi siempre con la piel desollada, los pechos marcados o arrancados con pinzas o puñales, y siempre están solas”. Este es el motivo principal que aduce el propio James Stewart en un artículo publicado en la revista Talk House para explicar el fondo argumental de este nuevo trabajo. “Nunca hay nadie a su lado que celebre su vida espiritual, sólo personas que se deleitan torturándolas. Es peligroso ser una ‘niña’. Si observas cualquier pintura de protagonista femenina en esta época [el Barroco] se respira tensión. A la mierda con el mundo”. El cuadro de Caravaggio original se titula Boy with a Basket of Fruit, de ahí la inversión crítica que da forma al artwork del disco, compuesto también por símbolos satánicos destinados a invocar demonios, como por ejemplo el que aparece en la portada y que representa al diablo Vetis, the Life Promiser (“El Prometedor de Vida”). El imaginario del que beben las canciones es amplísimo. No hay más que echar un vistazo al gran número de fotografías que James Stewart muestra en el artículo de Talk House con libros, cuadros, máscaras y símbolos.

Pura vanguardia

Cuando parecía que después de su anterior largo, «FORGET” (2017), iban a transitar por terrenos más pop o melódicos, vuelven a sorprender a sus fieles con nueve canciones más enfocadas en el apartado rítmico, aunque hay excepciones.

Una batidora de sonidos sobre un fondo de percusión tribal marca el inicio del álbum. Las dos primeras canciones (“Girl with Basket of Fruit” y “It Comes Out as a Joke”) podrían funcionar como una sola, o como primera y segunda parte. La producción musical, a cargo de Greg Saunier (Deerhoof) (y de Thor Harris (Swans), según informan algunos foros), es desde todo punto de vista excesiva. Los exabruptos vocales de Stewart se hacen paso entre varias capas de ruidos electrónicos y una percusión tribal que progresa en torrente. Aquí podemos ver influencias directas de pioneros en el género experimental y la música industrial, como los ingleses This Heat y su álbum “Deceit” (1981), o los berlineses Einstürzende Neubauten. Un estilo que predominará también en “Ice Cream Truck”, sobre la que parece emerger el famoso “Vuelo del Moscardón” del autor ruso Rimski-Kórsakov.

Claro, que, también hay espacio para el descanso. Es lo que sucede en la críptica “Amargi ve Moo”, la cual arranca con instrumentos de cuerda que son intervenidos por onomatopeyas y surrealistas gestos vocales, como si estuvieran babeando al micrófono o reproduciendo los gimoteos de un endemoniado. La canción gana en intensidad a medida que prosigue hasta entrar de lleno en el terreno de la locura, creando una especie de ritual neurótico, como una ópera desquiciada en honor a Satanás. Todo lo contrario sucede en “The Wrong Thing”, donde Xiu Xiu se decantan por los ambientes drone en los que Stewart, fuera de sí, alterna graves y agudos. Angela Seo recita un spoken word que dialoga con tímidas e inspiradas líneas de cuerda. Un momento hermoso y paisajístico en medio de toda la marabunta de ruido. La última canción, un destello pop que se desvanece tan pronto como arranca y que aparece titulada con el irónico nombre de “Normal Love”. La mayor sorpresa del álbum es una de esas grandes baladas de los más clásicos Xiu Xiu, que os remite a grandes y emotivos momentos de su discografía como “Fabulous Muscles”.  “I think I have shown / I don’t need it to be fair / I think I have shown you / I don’t need you to be kind / Just let me pretend”, repite, en una tragicómica representación de la culpa, o bien del orgullo del torturado(r).

El linchamiento de Mary Turner

Temas tan oscuros como el papel de mujer en el Barroco de Caravaggio, el satanismo, la santería o la persecución a la comunidad negra en Estados Unidos nutren un discurso plagado de sufrimiento, dolor y tortura a partir de martillazos electrónicos, ambientes drone, white noise y ritmos tribales.

En el videoclip de “Pumpkin Attack on Mommy and Daddy” aparece un efebo afroamericano engalanado con oros y joyas que mira a la cámara de reojo, con sonrisa siniestra y un cierto halo de venganza. Este detalle no es baladí, ya que otro de los mensajes de Xiu Xiu en este álbum (y por ende, en toda su discografía) es la denuncia de las violaciones de los derechos civiles de la comunidad afroamericana. La canción que mejor lo refleja esMary Turner Mary Turner”, la cual narra la terrible historia de dos personas negras que contraen matrimonio a comienzos del siglo XX, en pleno apogeo de los linchamientos populares del supremacismo blanco contra las minorías. “She is captured / Captured at Folsom Bridge / Gasoline and motor oil smeared on her clothes / She is hung up by her ankles from the tree / A match is struck and she is set ablaze”, canta Stewart con la voz distorsionada por el vocoder. Una irritante pieza con incursiones de white noise que recuerdan a su amigo Merzbow.

Hazel ‘Hayes’ y Mary Turner estaban casados y esperaban un hijo en el condado de Lowndes, Georgia. Pero a los ocho meses de gestación, el futuro padre fue linchado por una turba al ser acusado de asesino. Mary denunció el homicidio de su marido, y luego hicieron lo mismo con ella, pero de forma mucho más cruel. Como se explica en la canción, le ataron una soga a los tobillos y la colgaron de la rama de un árbol. Luego rociaron gasolina sobre sus ropas. Antes de que muriese quemada viva, le arrancaron el niño que llevaba en su vientre y también le mataron. “Fuck your guns / Fuck your war / Fuck your truck / Fuck your flag”, recita al final Stewart en el silencio más hondo de todo el disco. Este macabro suceso, de un nivel de crueldad inimaginable, pone de manifiesto no sólo la gran persecución que desde hace tan solo un siglo (sí, tan sólo un siglo) sufren los afroamericanos en Estados Unidos, si no muy especialmente las mujeres racializadas.

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