Carmen Boza - La Caja Negra

Carmen Boza firma un trabajo valiente, demostrando que no le tiembla el pulso a la hora de ponerse a los mandos en el estudio y que su talento e inquietudes a día de hoy no tienen techo. Tras el maravilloso “La Mansión de los Espejos” (2015), este segundo disco la consagra definitivamente como una de las voces de autor más a tener en cuenta en el panorama nacional. Y esa guitarra dará que hablar, verla en acción es una auténtica brutalidad.

Carmen Boza firma un trabajo valiente, demostrando que no le tiembla el pulso a la hora de ponerse a los mandos en el estudio y que su talento e inquietudes a día de hoy no tienen techo. Tras el maravilloso “La Mansión de los Espejos” (2015), este segundo disco la consagra definitivamente como una de las voces de autor más a tener en cuenta en el panorama nacional. Y esa guitarra dará que hablar, verla en acción es una auténtica brutalidad.

Ganarse la etiqueta de artista de culto no es tarea fácil, categoría que otorga un aura de prestigio dentro del gremio a quien tiene la fortuna de ser encumbrado a tal condición. Con ello se presupone cierto talento, pero sobre todo un magnetismo que, si bien no siempre sirve para convertir al que lo desprende en un fenómeno de masas, sí atrapa a un notable volumen de público que venerará y peleará por él como si fuese una parte más de su propio ser.

Siguiendo esa línea, en los últimos años hemos asistido al nacimiento y progresiva conversión en tótem musical de Carmen Boza, hacedora incansable de canciones que logró publicar su primer disco, “La Mansión de los Espejos” (2015), gracias al apoyo incondicional de unos seguidores que, mediante micromecenazgo financiaron el proyecto, superando con creces las primeras expectativas. Hay pocas cosas más bellas y a la vez justas como que un artista crezca impulsado por su público; nadie sabe mejor que quien escucha, lo que quiere escuchar. De esta manera hoy podemos disfrutar de Carmen, de sus historias y de un torrente de talento que ya fluye y se expande, descubriéndonos una guitarra prodigiosa que quiere progresar y materializar sus inquietudes.

Una artista con las cosas claras

“La Caja Negra” emana directamente del alma de la compositora, sacudida durante el proceso de concepción por una grave crisis personal, y cristaliza los sonidos R&B que ya se apreciaban en sus anteriores temas.

La Caja Negra (2018) emana directamente del alma de la compositora, sacudida durante el proceso de concepción por una grave crisis personal, y cristaliza los sonidos R&B que ya se apreciaban en sus anteriores temas. El álbum da continuidad a su carrera de cantautora, pero esta vez abrazada a una eléctrica y firmando un disco formalmente cuadriculado, constituido por nueve canciones con un minutaje prácticamente homogéneo. Producido y arreglado por ella misma, en ese apartado el resultado ha sido excelso, prescindiendo de recargos innecesarios y plagado de riffs y baterías sincopadas que parecen salidos del “In Rainbows” (2007) de Radiohead.

Fotografía: Promo

Vivir, ser feliz, perder algo de peso

Este álbum da continuidad a su carrera de cantautora, pero esta vez abrazada a una eléctrica y firmando un disco formalmente cuadriculado. Producido y arreglado por ella misma, en ese apartado el resultado ha sido excelso, prescindiendo de recargos innecesarios.

El disco nos recibe con un tenue sonido ambiental de sintetizador que pronto encuentra compañía en la cálida voz de Boza. El eco se encarga de que “Intro” parezca un sueño, una reflexión en una especie de limbo entre etapas vitales donde el bombo y un punteo de guitarra eléctrica se encargan de engalanarla escogiendo con gusto de entre el armario del rock. El preludio funciona como fundamento esencial del nuevo sonido, que va cogiendo forma con el paso de los segundos. “Dámelo” sigue la misma línea minimalista, un sonido rockero pero al detalle que nos mantiene alerta, desvelando en estos primeros asaltos matices que auguran un inminente diluvio torrencial. El desamor es la piedra angular del tema y los sentimientos derivados sirven para ir prendiendo la canción, mezclando la intensidad personal y sonora. Conforme llega el final, el asunto engorda valiéndose de su propio groove, algo en lo que Carmen es especialista, al igual que el flujo de un río en pendiente.

Esparto” es una fórmula ganadora en sí misma, combinando un riff adictivo con la personalidad lírica de la autora, haciendo clarividente el mensaje gracias a un fino trabajo de artesanía en metáforas y juegos de palabras. El tono continúa en clave reservada, acompañando el desahogo inicial. En “Mantra” cambiamos por fin de plano, con una introducción que bien parece obra de la Mala Rodríguez, utilizando un fraseo a modo de improvisación de rap sobre una base muy bien construida. Destaca en la canción el efecto que produce el contraste entre el poder sonoro y la debilidad que transmite la letra, transformando lo frágil en fuerza. Y como si “Mantra” funcionase de mecha encendida, en el ecuador entra sin llamar “Astillas”, un corte contundente y reflexivo que explora las sensaciones, a menudo oscuras, que nacen fruto de la incertidumbre. La melodía es uno de los tesoros que guarda el disco, con virajes que logran imprimir gran belleza a la composición.

Influencias que rompen con la nota predominante en la escena alternativa en España

La escucha completa apenas supera la media hora, haciendo de esta experiencia un asunto delicado, ágil y la vez profundo. Esa doble intensidad es el verdadero éxito de “La Caja Negra”, un cofre donde, tras un esfuerzo que se advierte titánico, ha conseguido guardar todo lo malo dentro, señalándonos a los demás con ese gesto, el camino.

Ansiedad de golpe, porrazo en el pecho”. Así comienza la gran canción del disco; la frase es literalmente lo primero que escuchamos, funcionando doblemente como una explícita descripción y como pieza clave del puzzle. El riff más poderoso que ha creado Carmen consigue hacer que todo fluya en “Gran Hermano”, emulando el efecto de la mismísima “There, There” de sus amados Radiohead. La narración, valiéndose del argumento de “1984” de George Orwell, dibuja una realidad donde no se puede actuar con libertad debido a las distintas convenciones sociales que ejercen hoy en día como ente superior y condicionan nuestras conductas, deseos y posibilidades. Como una parte indisoluble de la anterior, “Vida Moderna” es la respuesta al problema planteado en “Gran Hermano”, la autoafirmación de capacidades de cara a la posterior acción. “Sé sincera, eres como eres, no como te gustaría ser. Mantente entera, entiende quién eres, lucha por lo que quieres tener. Poco más deja añadir esta frase para la posteridad, axioma vital que deberíamos llevar todos incrustado en el pecho. Sin perder un ápice de clase, la fuerza de la canción contribuye a destacar el mensaje, sin disolverlo entre la solidez del armazón guitarrero.

Tras el despliegue de aptitudes y contundencia del binomio precedente, “Poetas” nos devuelve al sendero de la calma, al menos en la parte acústica. La crítica ácida a la sociedad actual, a los excedentes de ego y a las ansias de presumir de lo poco que se tiene centra el visor esta vez en su propio terreno creativo, donde parece que cada vez cuesta más encontrarse reflejado de forma menos evidente pero más real. “Mentiras de Verdad” precede al telón en esta “Caja Negra”. Otra canción lineal, sin estribillo pero tremendamente adictiva (ese riff nos transporta directamente a “Paranoid Android”) y que, por novena y última vez, nos atrapa con la mínima pero bien articulada esencia de unas influencias bien elegidas y (mucho) mejor trabajadas.

La escucha completa apenas supera la media hora, haciendo de esta experiencia un asunto delicado, ágil y la vez profundo. Esa doble intensidad es el verdadero éxito de “La Caja Negra”, un cofre donde, tras un esfuerzo que se advierte titánico, ha conseguido guardar todo lo malo dentro, señalándonos a los demás con ese gesto, el camino.

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