Deerhunter

Deerhunter –
Why Hasn’t Everything Already Disappeared?

Tras abrazar el pop en “Fading Frontier”, Deerhunter llevan su propuesta un paso más allá al quitarle peso a la guitarra y explorar las posibilidades sonoras de otros instrumentos como el saxofón, el piano, el clave, la marimba, el xilófono o la mandolina para acompañar un canto desesperanzado sobre el mundo. No les ha quedado nada mal la apuesta.


El mundo está patas arriba y no parece que haya perspectivas de que vaya a mejorar, debido a lo cual Bradford Cox se pregunta por qué no ha desaparecido todo ya en el que es el octavo álbum de estudio de Deerhunter. Más de tres años después desde que lanzaran su notable “Fading Frontier”, los de Atlanta están de vuelta con un disco que retrata una sociedad al borde del colapso. Cox se muestra preocupado por el devenir del ser humano y del planeta. El pesimismo existencial, la violencia y la desesperanza son los temas en torno a los cuales se articula este nuevo esfuerzo.

Preocupados por el devenir del ser humano y del planeta

Deerhunter retratan una sociedad al borde del colapso. El pesimismo existencial, la violencia y la desesperanza son los temas en torno a los cuales se articula este nuevo esfuerzo.

Fieles a la filosofía del proyecto, en Why Hasn’t Everything Already Disappeared? continúan con la exploración sonora que define el perfil de Deerhunter. Siguen trabajando en el pop que abrazaron en su registro anterior, pero en esta ocasión se lo llevan a un terreno más experimental. La guitarra pierde hegemonía en pos de indagar en las posibilidades creativas de otros instrumentos como el saxofón, el piano, el clave, la marimba, el xilófono o la mandolina, lo que da lugar a una propuesta sofisticada. Cox se ha interesado en los últimos años por la música académica contemporánea, y trabajar en el estudio con la cantautora galesa Cate Le Bon ha sido determinante para llevar la música del grupo, de nuevo, un paso más allá.  

Fotografía: Promo

Entre la esperanza y la sofisticación

Aunque han desaparecido las grandes melodías que se extendían a lo largo de “Fading Frontier”, la variedad de instrumentos que han utilizado Deerhunter les ayuda a alejarse de los convencionalismos que rigen la música pop.

Comienza el álbum conDeath in Midsummer, una pieza hipnótica que brilla por el sonido punzante y desenfadado del clave mientras Bradford Cox expone su angustia vital al hablar de la finitud de la existencia humana. Más tarde se sumará una percusión vigorosa que dota al tema de gran empaque y que termina por explotar en el solo de guitarra saturada que ejecuta Lockett Pundt. Buena primera acometida. No obstante, se encargarán de subir la apuesta en No One’s Sleeping, donde Cox habla sobre la violencia inspirado por el asesinato de la militante del Partido Laborista Jo Cox a manos de un neonazi en 2016. La base instrumental, sin embargo, suena desenfadada e incluso exultante en su segunda mitad, provocando un llamativo contraste.

Menos sugerente resulta Greenpoint Gothic, una pieza instrumental dominada por un sintetizador que construye una atmósfera espacial en la que también integran una marimba para darle un toque exótico. Funciona bien al principio, pero termina agotándose con las escuchas. La idea es sencilla y repetitiva. Casi parece que estuviésemos ante un planteamiento musical solvente que no terminaron desarrollando. Más atractiva se descubre Element, donde escuchamos pasajes que van de lo inquietante y frívolo de las estrofas a la melancolía de los estribillos, respaldados por una sección de cuerdas sencilla y altamente efectiva.

Una perspectiva más experimental y menos contagiosa

Deerhunter siguen trabajando en el pop que abrazaron en su registro anterior, pero en esta ocasión se lo llevan a un terreno más experimental. La guitarra pierde hegemonía en pos de indagar en las posibilidades creativas de otros instrumentos como el saxofón, el piano, el clave, la marimba, el xilófono o la mandolina, lo que da lugar a una propuesta sofisticada.

What Happens to People? se construye a partir de una base de piano ágil y pegadiza que contrasta con la calma que promueve el sintetizador en los estribillos, cuando Cox canta con gran delicadeza. Atendiendo al apartado lírico, descubrimos que el autor retrata y critica la actual desesperanza de las personas, apelando a aquellos sujetos que dejan de luchar por aquello que quieren o les conviene, abandonándose al hastío: What happens to people? / They quit holding on / What happens to people? / Their dreams turn to dark”.

Mientras, “Détournement será la encargada de abrir la segunda parte del disco. Cox recurre al spoken word y al vocoder para saludar al mundo acompañado de una base instrumental obstinada en la que la aportación de cada instrumento está reducida a su mínima expresión. La premisa de reflejar musicalmente el tedio que provocan las giras constantes es interesantísima. Y desde luego cumple su función a la perfección. No tanto si la miramos desde la perspectiva del disfrute estético por parte del oyente, que probablemente termine completamente aburrido.

Necesitamos más bandas como Deerhunter

Las descargas eléctricas de “Monomania” quedan a años luz de este trabajo en el que Bradford Cox y los suyos siguen explorando diferentes posibilidades sonoras y artísticas. Quizá en esta ocasión echamos en falta canciones más redondas, sobre todo en la segunda mitad del álbum, pero el esfuerzo sigue siendo loable.

El dinamismo vuelve con Futurism, aunque ningún elemento de esta resulta particularmente destacable. Parece que el futurismo de Cox pasa por trabajar la más absoluta convencionalidad. Un corte absolutamente prescindible. Tarnung, por su parte, lleva la firma del guitarrista Lockett Pundt. Una pieza solemne a la que ponen voz el propio Pundt y Le Bon mientras se acompañan de un xilófono inquietante y un saxofón que dota a la composición de un carácter fúnebre ciertamente sugestivo. Uno de los puntales del presente registro discográfico lo encontramos en Plains, inspirada por Gigante, la última película que grabó el actor James Dean. De reminiscencias funky en las estrofas y sonidos expansivos en los estribillos, este corte de poco más de dos minutos de duración se pasa en un suspiro y, antes de que nos demos cuenta, ya estamos encarando la recta final del álbum con Nocturne, cuya base sintetizada y una voz intencionadamente errática dejarán paso a un juego de texturas configuradas por el piano, el sintetizador, una sección de violas en pizzicato, un contrabajo, el clave y la batería.

Con “Why Hasn’t Everything Already Disappeared?” Deerhunter siguen ahondando en el terreno pop que ya comenzaron a transitar en “Fading Frontier”, su elepé anterior, aunque ahora desde una perspectiva más experimental y menos contagiosa. La guitarra cede protagonismo a otros instrumentos de viento, cuerda y percusión. Las descargas eléctricas de “Monomania” quedan a años luz de este trabajo en el que Bradford Cox y los suyos siguen explorando diferentes posibilidades sonoras y artísticas. Quizá en esta ocasión echamos en falta canciones más redondas, sobre todo en la segunda mitad del álbum, pero el esfuerzo sigue siendo loable. Necesitamos más bandas como Deerhunter.

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