Aliment - Brother

Más crípticos, más complejos, más activistas. Tres años después de “Silverback”, Aliment salen del garaje para regalarnos uno de los mejores discos nacionales de 2018 en forma de cohete cargado de mala leche y melodía.

Más crípticos, más complejos, más activistas. Tres años después de “Silverback”, Aliment salen del garaje para regalarnos uno de los mejores discos nacionales de 2018 en forma de cohete cargado de mala leche y melodía.

Que el post-punk está viviendo una segunda (o tercera, o cuarta) juventud en nuestros días es evidente. Basta echar un ojo a bandas que copan todos los tops internacionales habidos y por haber: Iceage, Preoccupations, Protomartyr, Savages, Ought… El estilo está en boga y los amantes de los guitarrazos incisivos y oscuros podemos congratularnos de ello. Y a nivel estatal no podía ser menos: ahí tenemos a Vulk, a FAVX, a Univers, a Balcanes… Todos ellos en plena forma, pegando más rápido y más fuerte que las bandas originales del género.

Pegando más rápido y más fuerte

En este tercer disco Aliment han virado de su garage original hacia un sonido más cabreado, cercano a ratos a los primeros Parquet Courts. Eso sí, en este camino Aliment no han mutado sus genes más primarios: canciones brevísimas y al mentón, esencia pop mantenida aunque rodeada de más oscuridad, y una producción limpia sobre la que brilla la voz.

Y como no podía ser de otra manera, en este su tercer disco (titulado “Brother”) Aliment han hecho lo propio, virando de su garage original hacia un sonido más cabreado, cercano a ratos a los primeros Parquet Courts, los de “Light Up Gold” y compañía. Sin cowboys pero con la voz de Eduard Bujalance clavando la de Andrew Savage. En este camino Aliment no han mutado sus genes más primarios: canciones brevísimas y al mentón, esencia pop mantenida aunque rodeada de más oscuridad, y una producción limpia sobre la que brilla la voz.

Fotografía: Alex Sardà Fuster-Fabra

Violines y violencia

“Brother” está dedicado al reciente fallecimiento de dos amigos suyos, de donde surge su título. Pop aguerrido, punk con melodía, llámese como quiera, pero disfrútese sin moderación. Sacad los colmillos que vamos directos al pogo.

La impactante portada de este “Brother” es una hostia, o un abrazo, o ambas cosas a la vez, o ninguna. Más o menos como la mayoría de canciones del mismo. Esa fina línea entre la violencia y el amor, sobre la que tan bien han sabido bailar IDLES recientemente, es la que dibujan los temas de los barceloneses. A veces la balanza se inclina hacia el lado melódico y pop (“Maze” o “Blessed Youth”), sin traicionar nunca a la religión de los guitarrazos opresivos, mientras que otras cae hacia la zona más afilada de su sonido (“New Human”, “Sacred Secret”). En realidad, más allá de esos matices, no tiene demasiado sentido hablar individualmente de cada uno de los temas de este álbum. Todos siguen un patrón muy similar, todos duran entre dos y tres minutos escasos y todos te dejen un sabor metálico en la boca.

Justificar por qué este “Brother” es para nosotros uno de los veinte mejores discos nacionales del 2018 es tan fácil como obligar a darle una escucha. Al fin y al cabo, son veintiséis minutos que vuelan como si fueran cinco, y si por alguna patología auditiva desconocida decides que no es lo tuyo, aquí paz y después gloria. Pero si entras en su enrabietado juego, me apostaría la cabeza de Ian MacKaye a que no serás capaz de salir.

Como decían los Biznaga, no hay belleza en lo tibio. Violines y violencia es lo que traen Aliment en su disco más maduro, discúlpese el cliché. Dedicado, por cierto, al reciente fallecimiento de dos amigos suyos, de donde surge su título. Pop aguerrido, punk con melodía, llámese como quiera, pero disfrútese sin moderación. Empieza a sonar el tremendo bajo de Snake Bite y es a la vez un aviso a navegantes y una llamada de urgencia: sacad los colmillos que vamos directos al pogo.

error: ¡Contenido protegido!