James Blake

James Blake –
Assume Form

En su disco más accesible y luminoso hasta la fecha, James Blake pone de manifiesto el buen estado de su relación sentimental y el salto a la primera plana internacional con producciones muy actuales en colaboración con raperos de renombre (Metro Boomin, Travis Scott, André 3000), Moses Sumney y Rosalía. Se echa de menos la frialdad aséptica de sus primeras composiciones, pero es, en definitiva, un buen trabajo de transición con el cual adopta sonoridades más comerciales y pone los cimientos para una incipiente escena 'post-rap'.

I thought I might be better dead but I was wrong”Reconocer esto ha tenido que ser bastante duro para James Blake, pero también algo necesario para curarse y evolucionar. Camuflado entre modulaciones vocales y frías melodías sintéticas todo parecía ir bien. Sin embargo, con la publicación de “The Colour In Anything” (2016) supimos la verdad: era un ser roto. Su tercer larga duración fue un trabajo bañado en melancolía y nacido de la confusión, de verse en el espejo y no reconocerse a sí mismo (recordad su carátula con el garabato de la de “Overgrown” sobre un fondo solitario e invernal). Podríamos decir que en aquella época tocó fondo y, como bien declaró el año pasado, pensó en quitarse de en medio. No disfrutaba de la vida, no sentía, no padecía. No obstante, todo ha cambiado para mejor en su vida y con el verso que mencionábamos al principio lo deja bien claro. Ahora pasa los días con una mujer que le hace feliz y eso es lo que le importa. “Assume Form” es el reflejo de esta nueva etapa vital de James Blake, quien nos entrega su álbum de estudio más luminoso hasta la fecha. ¿Por ende el mejor? Ya veremos.

Quién te ha visto y quién te ve, James Blake

Gracias a sus producciones para Kendrick Lamar, Beyoncé o Travis Scott, James Blake ha abandonado sus elementos más asépticos para caminar sobre territorios urbanos. Eso nos permite hablar de un incipiente ‘post-rap’ donde difumina los límites del género.

Estos tres años en la vida de James Blake han estado marcados por el reconocimiento de un gran público que, hasta entonces, se le antojaba inalcanzable. Ha pasado de ser un artista de nicho admirado por aficionados a la música alternativa y melómanos a ser aclamado por las masas gracias a sus producciones para Kendrick Lamar, Beyoncé o Travis Scott, nombres que han procurado que el británico abandonara los componentes más asépticos de sus composiciones para caminar sobre territorios urbanos con resultados fascinantes.

Eso nos permite hablar de un incipiente ‘post-rap’ donde James Blake difumina los límites del género y retuerce sus elementos característicos para facturar un producto único y fresco.

Fotografía: Amanda Charchian

La música urbana desde la perspectiva post-dubstep de James Blake

James Blake ancla por primera vez uno de sus álbumes al contexto musical imperante en el que nace, eliminando un posible carácter atemporal al incorporar a su fórmula colaboraciones de artistas como Rosalía o Travis Scott. ¿Hablaremos en un futuro de lo bien que ha envejecido “Assume Form” tal y como lo hacemos ahora de su debut? Difícil responder de manera afirmativa.

Así las cosas, “Assume Form” quiere ser una representación de la evolución, tanto musical como vital, de James Blake. Si bien nos encontramos con sus manierismos habituales cuando utiliza quebradizas líneas de piano (en la homónima “Assume Form”) o sintetizadores granulados que nos retrotraen a la belleza de su debut (“Are You in Love?”), estos momentos son simplemente recuerdos de épocas pasadas, ya que el grueso de “Assume Form” está construido a partir de melodías en la línea de ese ‘post-rap’ que mencionaba anteriormente. Un movimiento arriesgado dado que Blake ancla por primera vez uno de sus álbumes al contexto musical imperante en el que nace, eliminando un posible carácter atemporal en el momento que incorpora a su fórmula colaboraciones de artistas como Rosalía o Travis Scott. ¿Hablaremos en un futuro de lo bien que ha envejecido “Assume Form” tal y como lo hacemos ahora de aquel debut homónimo editado en 2011? Difícil responder de manera afirmativa escuchando el resultado.

Una de las primeras líneas que escuchamos es “I will assume form, I’ll leave the ether”, lo cual supone una auténtica declaración de intenciones por parte de un James Blake que rompe la tónica habitual de sus producciones para ofrecernos un producto más contundente gracias a fraseos rapeados que son puro fuego y la aparición de Rosalía. La figura de Blake, otrora borrosa y misteriosa, ahora se muestra más clara y nítida que nunca al dejar entrar luz y apostar a caballo ganador. Pero no todo es igual de brillante en “Assume Form” y basta observar el desequilibrio entre las colaboraciones y sus momentos ‘en solitario’, prueba de la infructuosa batalla que James Blake mantiene consigo mismo por encontrar estabilidad entre su faceta más comercial y la más personal. Esto conduce a un resultado no plenamente satisfactorio.

Desequilibrio entre colaboraciones y momentos ‘en solitario’

Todas las colaboraciones de “Assume Form” se constituyen como piezas brillantes y altamente reseñables con las que James Blake explora un interesante abanico de sensaciones y donde se reconoce la compleja producción y el savoir faire del británico. No obstante, si bien sus temas ‘en solitario’ suponen los momentos más loables del álbum por su temática romántica, también son los que peor gestiona al poner sobre la mesa buenas ideas cuya ejecución no alcanza las cotas de excelencia que esperamos.

Pero pasemos a las canciones para ver de qué estamos hablando concretamente. Hablemos de Rosalía y de “Barefoot in the Park”. La catalana debía aparecer en este álbum para dejar dos cuestiones bastante claras. Por un lado, la fuerza con la que la autora de “El Mal Querer” (2018) ha asaltado la industria musical a nivel mundial. Por otro, la estrategia de James Blake para mantenerse en el candelero: colaborando con artistas e intérpretes que están en boga. Por suerte, ni ésta ni ninguna de las otras colaboraciones son víctimas del hype ni de la necesidad imperiosa de gustar. Es más bien al contrario, ya que se constituyen como piezas brillantes y altamente reseñables con las que Blake explora un interesante abanico de sensaciones.

Pasamos de la elegancia y delicadeza de la colaboración con Rosalía a la sensualidad nocturna de las piezas con Metro Boomin (en “Mile High” está acompañado por Travis Scott y en “Tell Them” escuchamos a Moses Sumney) para culminar con la fiereza y locura de “Where’s the Catch?”. Blake logra aquí, con la participación vocal de André 3000, una de sus producciones más destacadas incorporando lo mejor de sí mismo: toques de guitarra distorsionada, un piano disonante y sus características percusiones contundentes. Pura exquisitez.

Un reflejo de su evolución vital y musical

James Blake ha preferido incorporar luz y ritmos urbanos en vez de priorizar por conseguir un producto con mayor trascendencia, y así tenemos un disco donde no existe apenas equilibrio entre su faceta más accesible/comercial y la más misteriosa/personal. Por suerte, a la hora de manifestar su felicidad actual cumple sobremanera. Sabemos que habrá –y llegarán– álbumes mejores, pero épocas como la que está viviendo actualmente, pocas. Dejémosle disfrutar.

Ciertamente, James Blake juega sobre seguro al apostar por este tipo de sonoridades que sabe han funcionado anteriormente (recordemos lo bien recibidas que fueron “King’s Dead” con Kendrick Lamar y “STOP TRYING TO BE GOD” con Travis Scott), pero también hemos de reconocer la compleja producción y savoir faire del británico en esta colección de colaboraciones, algo que no está presente en el resto de composiciones. Si bien son los momentos más loables del álbum por su temática romántica, también son los que peor gestiona al poner sobre la mesa buenas ideas cuya ejecución no alcanza las cotas de excelencia que esperamos del británico. Uno podría salvar por su frescura cortes como “Into the Red” (donde incorpora violines y teclados brillantes à la Arca colaborando con Björk) o “Don’t Miss It” (un perfecto resumen donde se mezcla mensaje y música en un exquisito juego de piano y modulaciones vocales), pero el resto de piezas no terminan de destacar más que por detalles en la producción que ya conocemos; es el caso de “Lullaby for My Insomniac” (su juego vocal emociona pero no sorprende). Desde luego, es interesante ver al británico facturar canciones de amor como la cinemática “I’ll Come Too” o “Can’t Believe the Way We Flow”, pero, ¿alguien las recordará cuando pase el tiempo? Por desgracia, seguramente no del mismo modo que “I Never Leant To Share”, “Retrograde”, “Radio Silence” y un largo etcétera.

James Blake ha preferido incorporar luz y ritmos urbanos en vez de priorizar por conseguir un producto con mayor trascendencia, y así tenemos un disco donde no existe apenas equilibrio entre su faceta más accesible/comercial y la más misteriosa/personal. Por suerte, a la hora de manifestar su felicidad actual cumple sobremanera: “Let’s go home and talk shit about everyone” le dice Blake a Jameela Jamil en “Power On”, demostrando que al final del día todo le da igual. Sabemos que habrá –y llegarán– álbumes mejores, pero épocas como la que está viviendo actualmente, pocas. Dejémosle disfrutar y confiemos en que llegue la magia de nuevo.

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