Canciones de nuestra vida (XXXV): Más de cien mil pasos por la escena de un país

“100k Pasos” fue un poco el primer hito mainstream de una nueva generación y una canción que abriría todo un camino de éxitos para Pucho, quien iba a situarse después en el limbo entre lo underground y lo comercial. El personaje de "Ídolo” ya estaba tomando forma.





En 2012, todo esto de la escena urbana en nuestro país era campo. Tan sólo los Kefta Boys (organizados en torno a la figura de Yung Beef), el todoterreno seminal que es Cecilio G y si acaso Somadamantina o P.A.W.N. Gang avanzaban –hace lo que parece una vida– con los rasgos de eso que luego malentenderíamos por trap: un movimiento que partía del hip-hop y que le daba una vuelta vía la vanguardia underground norteamericana del género, embarruntada en el drug-dealing y el hustling (aquí el «joseo”), la ostentación por la ostentación (frívola y nihilista), el auto-tune y los vocoders, la ruina del barrio, la experimentación electrónica y las máquinas 808. Y que se alejaba radicalmente de la escuela clásica del rap, que en España además se había quedado petrificada en el inmovilismo.

Agorazein, igual que otros grupos pertenecientes a escenas de rap más asentadas en lo viejo como Sevilla, Zaragoza o Madrid, pertenecía de hecho a ese ‘clasicismo’. Crema por entonces rapeaba con Kase.O, Zatu o Mucho Muchacho por referencias y poco podía intuirse de la transformación que tendría lugar cien mil pasos después, pero la escena se abría camino a base de nuevos sonidos y de una apertura y falta de complejo en todos los aspectos brutal, que dejaba entrar influencias más tropicales y latinas, melodías pop, la seda del R&B y del soul, producción electrónica, guitarras, efectos, juegos, y que además se mostraba dúctil con los sonidos locales, asimilándolos, reconvirtiéndolos, reinterpretándolos, reivindicándolos.

Hemos dado muchos pasos desde entonces. Todos. Tantos que estamos donde estamos, ante la (nos reímos pero broma ninguna, el orden mundial del pop ha cambiado rotundamente) invasión del chándal en el Primavera Sound. Y en todos estos años, algunos pasos concretos han sido especialmente fundamentales. El Sónar de PXXR GVNG en el 2015 y su aventurado fichaje por Sony, o el Primavera del 2016; C. Tangana dejando de ser Crema sobre las bases de Drake, introduciendo el sonido OVO en la escena nacional y proponiendo así la alternativa (normal que sea el centro de todos los beefs y algo así como el renegado de prensa y escena, como lo es de alguna manera el canadiense en EEUU por representar el lado de la industria y pese a liderar en streamings), o él mismo personificando la relación de lo urbano con las marcas en “Alligators”, una canción que le valió un contrato con Lacoste y un largo pique con Los Chikos del Maíz, que poco después bajaban las armas en lo que también podríamos considerar un hito de la escena. Pimp Flaco y Kinder Malo. O Agorazein.

“Las cadenas que llevaba en mis pies las cambié por gold chains” representa una de las fallas conceptuales del ‘rap en español’, la falsa modestia o esa humildad derivada de la conciencia de clase y que reprimía la ostentación. La nueva ola movía kilos, derrochaba y vestía marcas de lujo, triunfaba y se jactaba de ello.

Los que empezaron en el rap poco a poco vieron claro el viraje del género y se reconvirtieron. Quizá por influjo del propio Puchito o seguramente más por el vínculo que empezaron a crear con gente de lo que luego sería el colectivo gallego Banana Bahía Music, un Danni Ble que en aquel momento hacía dirty south bajo el nombre Kongo Lacosta y un Royce Rolo que había empezado a producir hacía nada con la mirada más puesta en un hip-hop electrónico, el caso es que Agorazein se montaron ya en 2016 en la ‘nueva ola’. Precisamente con un sencillo producido por Rolo, “Slang”.

Pero la canción más importante de AGZ, el símbolo de su reinvención, fue otra. Una en la que además reconocían ese movimiento, la firma constante de C. Tangana y en el fondo de todos sus compañeros, especialmente Sticky M.A.: “100k Pasos”. Producida también por Royce Rolo, en ella Sticky tiene una barra que concentra toda la esencia de su cambio, esa de que “las cadenas que llevaba en mis pies las cambié por gold chains” y que representa una de las fallas conceptuales del ‘rap en español’, la falsa modestia o esa humildad derivada de la conciencia de clase y que reprimía la ostentación. La nueva ola movía kilos, derrochaba y vestía marcas de lujo, triunfaba y se jactaba de ello.

Fotografía: Javier Ruiz

“100k Pasos” fue un poco el primer hito mainstream de esta nueva generación y una canción que abriría todo un camino de éxitos para un Pucho que iba a situarse después en el limbo entre lo underground y lo comercial. El personaje de «Ídolo” ya estaba tomando forma, y así se evidencia en las letras:

Aunque todo este camino solo haya servido pa’ volver
Aunque tenga que quemar a cada viejo ídolo al que antes veneré
Aunque todo este camino fuera un espejismo a quien creé
Mañana cuando salga el sol serán cien mil un pasos en mis pies”

Aquí seguimos, algunos años después de eso y varios más desde que las cosas empezaran a cambiar. Las cosas han seguido cambiando y seguirán haciéndolo, pero sobre todo seguirá saliendo el sol y seguiremos dando pasos. Y los seguiremos contando.

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