Sharon Van Etten

Sharon Van Etten –
Remind Me Tomorrow

Sharon Van Etten afronta una renovación personal que se traduce musicalmente en un giro copernicano que la aleja del folk-rock de guitarras y potencia su faceta sintética y electrónica, embarcándose en una aventura de sonidos industriales, texturas noise, paisajes cinematográficos y mucha oscuridad que reivindica de paso una forma de heroína moderna de las que tenemos más a mano: madres trabajadoras que siguen encontrando tiempo para perseguir sus pasiones verdaderas.




El que avisa no es traidor, así que nadie puede hacerse el sorprendido ni el agraviado al descubrir que el nuevo disco de Sharon Van Etten ha desplazado casi por completo a las guitarras para embarcarse en una hipnótica y oscura aventura espacial de sintetizadores, efectos y paisajes electrónicos y algunos más industriales que suponen turbulencias violentas pero necesarias en un trayecto sobre la madurez que afronta además el giro copernicano de su autora. Su particular “Reflektor”.

Enfrentando un giro copernicano

Sharon Van Etten reclama el papel protagonista, se despoja de complejos y guitarras y, sin renunciar a la melancolía que la caracteriza ni a su marca de sonido (oscura, reflexiva, resiliente y meditabunda), adopta una renovada actitud rockera y refuerza su personalidad, su liderazgo.

“I Told You Everything”, empieza en este “Remind Me Tomorrow”, advirtiendo a cualquiera que pudiera andar despistado de que ya estaban publicados como sencillos dos manifiestos rotundos del viraje sonoro de la cantautora reconvertida en frontwoman de Nueva Jersey. Y es que tanto el disco-kraut retro “Comeback Kid” (de hecho tan “Reflektor” y a la vez tan Chrissie Hynde) como el synthwave “Jupiter 4”, nombrado así en honor al Roland Jupiter-4 de Michael Cera, con quien Van Etten coincidía en una sala de ensayo mientras componía la banda sonora para Strange Weather (de hecho de la convivencia entre ambos y en torno a ese Jupiter-4 surgió el tema principal del documental “Dina” que Cera estaba musicando también por entonces, Best I Can), y que parece por su parte querer plasmar su experiencia en el mundo audiovisual con su tempo vaporoso en recuerdo a S U R V I V E y su banda sonora para “Stranger Things”, sirven para despejar toda duda: Sharon reclama el papel protagonista, se despoja de complejos y guitarras y, sin renunciar a la melancolía que la caracteriza ni a su marca de sonido (oscura, reflexiva, resiliente y meditabunda), adopta una renovada actitud rockera y refuerza su personalidad, su liderazgo.

Al final todas sus experiencias, digamos, más alejadas del mundo de la música de estos últimos años (en los que aun así la música se ha mantenido como una constante tangencial; ella misma ha explicado bien el tránsito recientemente en esta entrevista con The New York Times) han sido fundamentales para dar forma no sólo a este nuevo disco, sino a la nueva Sharon Van Etten. Renovada, madura, más feliz y segura de sí misma. Ya se lo decía a MondoSonoro en otra entrevista a principios del mes de diciembre: lo más normal es pensar que actuar la haya ayudado a reforzar su personaje, especialmente en directo.

Fotografía: Ryan Pfluger

La renovación personal de Sharon Van Etten

Pero no se queda ahí. Desde 2013 Sharon Van Etten lleva experimentando una completa y profunda renovación personal que empezó con la ruptura de una relación de más de diez años, una consagración en forma de disco para relamerse sádica las heridas y mirar hacia delante y la extenuación que causa girar, apartándola de lo que podía parecer una vida normal. Triunfal pero personalmente derrotada comenzó a dejar de lado los escenarios para retomar y terminar sus estudios de Psicología hasta que, como casi siempre pasa, el viaje se desvió hacia el camino más inesperado cuando le surgió la oportunidad de actuar en la serie de Netflix “The OA” gracias a que uno de los directores de casting la descubriera abriendo un concierto para Nick Cave y se quedara prendado de su intrigante y ennegrecido magnetismo.

Entre tanto, Sharon recuperaba la fe en el amor en los brazos de su batería de gira, Zeke Hutchins (ahora su manager), con quien finalmente tendría a Denver, el hijo que además la ha situado en otra esfera completamente distinta de su vida personal (ser madre). Pero, también, entre tanto avanzaba en los estudios cuando podía y seguía adelante con su pequeña incursión en terrenos audiovisuales: difícil olvidar su impactante aparición en la resurrección de “Twin Peaks” interpretando Tarifa, a lo que habría que sumar también la composición de la mencionada banda sonora para la película de Katherine Dieckmann Strange Weather.

Un empoderamiento desde la asunción de las propias capacidades

Después de reivindicaciones hedonistas de la mujer, políticas o puramente personales, la que un día fuera icono del folk o de la renovación de la tradición vocal norteamericana se pone el mono de trabajo y reivindica la figura de la mujer que todos podemos admirar en nuestras casas: una madre moderna, independiente, trabajadora, empoderada y heroica.

También gracias a la entrevista con MondoSonoro sabemos que el tiempo compartido junto a la directora fue esencial en la forma de enfrentar su madurez, tanto personal como artística, y su importancia queda reflejada en la portada misma, una foto del salón de Dieckmann que le enseñó cuando Sharon le confesó su embarazo y todas las inseguridades que acarreaba su ajetreado modo de vida. Después de tantas reivindicaciones hedonistas de la mujer, o más eminentemente políticas, o puramente personales o sexuales y genéricas, al final la que un día fuera icono de la música folk o de la renovación de la tradición vocal norteamericana se pone el mono de trabajo y reivindica la figura de la mujer que todos podemos admirar en nuestras casas: una madre moderna, independiente, trabajadora, empoderada y heroica que además sirve para recordarnos que gran parte de la contribución masculina al feminismo pasa por asumir cargas familiares que presuponemos tarea suya.

Así las cosas, Sharon Van Etten, asentada y en sintonía con su nuevo contexto (algo que ya ha reconocido en alguna entrevista aprendió de un buen amigo, “si nunca te centras no serás capaz de ver el cuadro completo, y es realmente bello”), se puso a escuchar las pequeñas maquetas que había ido grabando para sí misma durante los años de ajetreo. Con los cascos y en silencio, para no despertar al bebé. Sin poder ampliar nada, se dedicó a escuchar y escuchar, e imaginar detalles y posibilidades para lo que tan sólo eran pequeños esbozos de melodías sobre pequeños sintetizadores, un poco en la línea de algunos detalles más sintéticos del demoledor “Are We There”. Hasta que, un poco en plan Mujer Fantástica, se sintió preparada para volver a enfundarse el traje. Y aunque nada volvería a ser como antes, en el fondo “Remind Me Tomorrow” es una continuación tan natural como la vida misma de la carrera de Van Etten.

Fotografía: Ryan Pfluger

Take a walk on the dark side…

Sharon Van Etten cedió al productor John Congleton una gran parte de los mandos artísticos, poniendo como referencias clave a Suicide, Portishead y el “Skeleton Tree” de Nick Cave para distanciarse lo más posible de su propio sonido y de su zona de confort, exprimiéndose al máximo para sacar lo mejor de esta nueva faceta sintética, más industrial y desde luego alejada de la sensibilidad folk o del preciosismo y la intimidad country en los que podíamos tener encasillada a Van Etten.

Decidida a dar un paso adelante hacia la oscuridad, se puso en manos de John Congleton, famoso por trabajos recientes de Angel Olsen (a la que también puede llegar a recordar “Comeback Kid”, por ejemplo, y otros momentos más de banda contenidos en el quinto disco de la neoyorquina como “Seventeen”), Alvvays o St. Vincent, y le cedió por primera vez en su carrera una gran parte de los mandos artísticos, poniendo como referencias clave a Suicide, Portishead y el “Skeleton Tree” de Nick Cave para distanciarse lo más posible de su propio sonido y de su zona de confort, exprimiéndose al máximo para sacar lo mejor de esta nueva faceta sintética, más industrial y desde luego alejada de la sensibilidad folk o del preciosismo y la intimidad country en los que podíamos tener encasillada a Sharon Van Etten.

De la dirección de Congleton surge todo el elenco de colaboradores que han trabajado en su quinto trabajo de estudio (con la única excepción de Heather Woods Broderick, que lleva largo tiempo incorporada a la banda de acompañamiento de la de Nueva Jersey) y que han contribuido cada uno a su manera a su nueva dirección: Jamie Stewart de Xiu Xiu, encargado de la programación del disco y de conseguir la ambientación oscura e industrial; Zach Dawes, bajo, también con The Last Shadow Puppets; Joey Waronker (R.E.M., Atoms for Peace), Brian Reitzell (ex Redd Kross) y Stella Mozgawa de Warpaint a las baterías, pesadas, percutivas y algo difuminadas; y Luke Reynolds, con quien por entonces estaba trabajando Congleton en algunas sesiones adicionales para la grabación del nuevo disco de Guster (también más enfocado a la efervescencia sintética), a las pocas guitarras que hay y a la programación adicional.

Más sintética, más industrial, más oscura, madura y controlada

Van Etten muestra la esperanza propia de alguien que ha aprendido a convivir con el dolor, con el fracaso, con la pérdida o con el pasado y de todo ha encontrado salida pero no puede evitar pensar que es posible que todo vuelva a suceder. Recuérdame mañana, cuando todo vuelva a ir mal, cuando no haya calmas sino tempestades y tengamos que lidiarlas.

Con ellos y enfrentando por primera vez la responsabilidad de comandar una banda sin llevar ella el control total acomete Sharon su transformación, y queda patente ya de forma definitiva con la programación electrónica que sustenta la industrial “No One’s Easy to Love”, una canción sobre cargas emocionales y cómo enfrentamos el amor de formas diferentes según van cambiando las circunstancias que también tiene tiempo para encerrar la reivindicación del poder de cada uno para al menos tratar de perseguir sus objetivos, en la línea de todo el trabajo: “Don’t look back, my dear, just say you tried”.

En esa bruma industrial pero también melancólica, ciertamente ácida y ligeramente opresiva, sigue “Memorial Day”, con una oscuridad más funeral y un fondo más drone recorrido por efectos, distorsiones y crepitares, rubricando este nuevo rumbo que con las ya desveladas “Comeback Kid” y “Jupiter 4” se convierte en una palpable realidad.

Tras los singles se revela la gran baza del disco, “Seventeen”, un trallazo ochentero de propulsión motórika escrito junto a la joven compositora Kate Davis sobre el choque generacional que se produce cuando caes en la cuenta de que te has hecho demasiado mayor y denostas el cambio que antes te estimulaba identificado con el hecho de vivirlo en una ciudad, un poco en la línea de aquella magnífica “Half Light II” de Arcade Fire. Unos Arcade Fire totalmente retratados en “Seventeen”, por cierto, como también lo están Cyndi  Lauper, Angel Olsen o Bruce Springsteen en un inteligente cruce temporal entre el rock, el pop, la electrónica y la tradición norteamericana que igualmente bebe de The National (especialmente la entrada al puente, que resuena a “Bloodbuzz Ohio”) a través de esas baterías percutivas, gruesas e insistentes o de la adopción del frío paisaje electrónico que emplearon los hermanos Dessner en la producción del último disco de la banda de Ohio.

En caída libre hacia la oscuridad

En el fondo, Sharon Van Etten no ha cambiado ni un ápice, si acaso en la forma en que se acepta a sí misma y es capaz de emplear y potenciar sus capacidades. Simplemente ha puesto con autoridad una muesca más en una trayectoria que dibuja una deriva natural hacia la oscuridad, siempre una constante reflejada en una visión pesimista que asume los avatares de la vida con resiliencia y que, sin embargo, no renuncia a la creencia honesta y madura en una cierta esperanza.

Entramos en la recta final del disco con el tremendo arreglo orquestal, órganos sintéticos, teclados inundados en luz y vientos cobrizos mediante de “Malibu”, dibujado al pastel grueso sobre un lienzo electrónico y con afonías rugosas y una gravedad casi cacofónica. La misma que infecta los bajos sintetizados de “You Shadow”, ácidos y corrosivos en un tema que paradójicamente presenta la melodía más brillante del disco, con la voz de Sharon producida entre coros eclesiales al estilo de la Florence Welch más flemática. Y es que en ese equilibrio entre exceso controlado y madurez sin frenos se mueve en general “Remind Me Tomorrow”.

El pulso industrial regresa a lo bestia, arañando con crujidos y noise de guitarras y sintes, en “Hands” y en torno a un loop de bajo que guiña sutilmente al “Shadowplay” de Joy Division. Su instrumental iracunda y tenebrosa, a veces fantasmagórica y siempre reptil, choca de nuevo con la voz de Van Etten, un lamento de sirena en plena tormenta, rugiendo en el epicentro de un naufragio electrónico. Entre Fever Ray y Nine Inch Nails, parece mentira que detrás de “Remind Me Tomorrow” esté la misma persona que ha servido como estrella guía para toda una talentosa generación de cantautoras folk femeninas, tanto en Norteamérica como en el resto del mundo. O no es tan raro, realmente, si uno atiende a algunos momentos de “Tramp” como la sombría “Serpents”, o a sus participaciones televisivas, un drama de intriga, misterio y ciencia ficción como es “The OA” y la surrealista, lúgubre e incomparable “Twin Peaks” de David Lynch. No es tan raro que en este disco la neoyorquina se despida con “Stay” entre The National, Lana Del Rey o Radiohead, o PJ Harvey, cuya sombra (vamos a decirlo de una vez) pende sobre todo el trabajo, sobre todo en la época de “To Bring You My Love”.

La forma cambia, la esencia permanece

Es madre, mantiene una relación, sigue componiendo bandas sonoras y seguramente la seguiremos viendo en la pequeña (o gran) pantalla, y se va a embarcar en una extensa gira mundial para defender como se merece un disco que, en fin, lo que hace es demostrar y reivindicar que se puede. Perseguir tus pasiones. Todas. Y lograrlas con tenacidad, con esfuerzo y la capacidad de aprender a mirar fuera de la caja. Sí, se puede. Por supuesto que se puede.

Porque, en el fondo, que es donde importan de verdad las cosas, Sharon Van Etten no ha cambiado ni un ápice, si acaso en la forma en que se acepta a sí misma y es capaz de emplear y potenciar sus capacidades. Simplemente ha puesto con autoridad una muesca más en una trayectoria que dibuja una deriva natural hacia la oscuridad, siempre una constante reflejada en una visión pesimista que asume los avatares de la vida con resiliencia y que, sin embargo, no renuncia a la creencia honesta y madura en una cierta esperanza. La propia de alguien que ha aprendido a convivir con el dolor, con el fracaso, con la pérdida o con el pasado y de todo ha encontrado salida pero no puede evitar pensar que es posible que todo vuelva a suceder.

Recuérdame mañana, cuando todo vuelva a ir mal, cuando no haya calmas sino tempestades y tengamos que lidiarlas, parece rugir libre “Remind Me Tomorrow”… Si todo ha ido bien, a día de hoy Sharon Van Etten ya estará graduada en Psicología, uno de los objetivos que se marcó hace ya casi cuatro años y por el que ha seguido luchando durante su particular vorágine de cambios. Es madre, mantiene una relación, sigue componiendo bandas sonoras y seguramente la seguiremos viendo en la pequeña (o gran) pantalla, y se va a embarcar en una extensa gira mundial para defender como se merece un disco que, en fin, lo que hace es demostrar y reivindicar que se puede. Perseguir tus pasiones. Todas. Y lograrlas con tenacidad, con esfuerzo y la capacidad de aprender a mirar fuera de la caja. Sí, se puede. Por supuesto que se puede.

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