Los barceloneses Holy Bouncer son una de esas bandas que tienen un objetivo claro en la vida: dejar huella en la música. Y están decididos a ir a por él dejándose el pellejo. La publicación de su segundo y homónimo álbum, “Holy Bouncer”, es prueba de ello. Sin duda, un ejemplo de esfuerzo y constancia.

Amigos desde el instituto, su pasión por la música los llevó a formarse como banda en 2010 y a partir de ese momento todo fue para arriba. Con dos EPs a sus espaldas, en 2016 vio la luz “Hippie Girl Lover”, su primer larga duración, con el que a golpe de guitarrazos de rock setentero y elementos de la psicodelia de los sesenta consiguieron hacerse un sitio entre las bandas más prometedoras del panorama nacional.

Un tiempo después lanzaron tres temas nuevos, “Coyote”, “Mightly Mad” y “Sunrise”, que ya denotaban un cierto cambio en el estilo de la banda. Así, tras un año marcado por la vorágine de conciertos y la marcha del guitarrista Pol Rendé, el (ahora) cuarteto anunció que volvía a la carga con nuevo material previsto para noviembre de 2018. Previo a ello pudimos probar un cachito con dos singles de adelanto, “Blink of an Eye” y “Mamihlapinatapai”, los cuales terminaron de confirmar la sensación de su evolución estilística.

Menos guitarras, más teclados

Encontramos un sonido más moderno y adaptado a las nuevas tendencias, alejándose del rock añejo de su anterior disco pero manteniendo sus orígenes psicodélicos. Menos rockero, pero más refinado. Ganan presencia los sintetizadores y los ritmos electrónicos.

De este modo llegó “Holy Bouncer”, su segundo LP grabado en los estudios Sol de Sants en Barcelona y mezclado en Los Ángeles por el premiado Darrell Thorp, con el que han dado el paso de banda emergente a consolidada.

En este álbum encontramos un sonido más moderno y adaptado a las nuevas tendencias, alejándose del rock añejo de su anterior disco pero manteniendo sus orígenes psicodélicos. Menos rockero, pero más refinado. Ganan presencia los sintetizadores y los ritmos electrónicos mientras las guitarras pasan a un segundo plano. Además, el cantante Jordi Figueras demuestra poseer una gran amplitud de registros vocales, pasando de la voz desgarrada presente en “Hippie Girl Lover” a exploraciones más suaves y cálidas.

Fotografía: Promo

Sin miedo a experimentar

La banda barcelonesa perfila en su segundo disco once temas de texturas lounge que discurren por multitud de géneros diversos como el dream-pop, la electrónica, el jazz o el soul. Por otro lado, tienen una relevancia especial los beats del R&B estadounidense de los noventa, e incluso en ciertos momentos el carácter ambiental y el tempo tranquilo recuerda al trip-hop de Portishead o Massive Attack.

En “Holy Bouncer” la banda barcelonesa perfila once temas de texturas lounge que discurren por multitud de géneros diversos como el dream-pop, la electrónica, el jazz o el soul. Por otro lado, tienen una relevancia especial los beats del R&B estadounidense de los noventa, e incluso en ciertos momentos el carácter ambiental y el tempo tranquilo recuerda al trip-hop de Portishead o Massive Attack.

La grandeza y originalidad del álbum radica en el uso de una gran variedad de instrumentos y en una experimentación sonora y lírica con pocos límites. Por esta cantidad de matices y detalles es un álbum difícil de clasificar, lo cual lo hace diferente e interesante.

Esta sensación se dispara nada más comenzar con el tema de apertura y segundo sencillo del disco, el extravagante “Mamihlapinatapai”. Considerada la palabra más precisa del mundo según el Guinness World Records, su significado viene a ser “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar”. El uso de los sintetizadores en esta pista próxima al dream-pop ayuda a evocar perfectamente esta emoción humana, trasladándote a un mundo onírico en el que deseas hacer algo pero no tienes el valor necesario de vuelta a la realidad. Por eso el mensaje de la canción es el de lanzarnos sin miedo a las consecuencias y, al fin y al cabo, disfrutar de la vida.

Seguimos con los sensuales aires funky de “Love & Hate”, un corte más animado y bailable, con una melodía pegadiza y un riff de guitarra cargado de groove que se apoya en los sintetizadores, verdaderos protagonistas que conducen el track. De los ritmos negroides de “Love & Hate” pasamos al que fue el primer sencillo del disco, “Blink of an Eye”, el cual podríamos considerar de alguna forma el ‘hit’ (sin llegar a la categoría) del elepé, dominado por una poderosa línea de bajo y unas guitarras que nos remiten a los últimos Arctic Monkeys, sin olvidar los teclados y la enérgica batería que acompañan toda la canción.

Un álbum colorido y heterogéneo

Al final, nos damos cuenta tanto de la minuciosa producción que hay detrás para conseguir la armonía perfecta entre sonidos actuales y clásicos como de la mejora notable respecto al primer trabajo en cuanto a arreglos instrumentales.

En el siguiente tramo el disco adquiere un tono más calmado con “Has Been Too Long”, una balada pop melosa y suave con cierta cadencia cercana al soul pero con regusto a música de sala de espera. En la misma línea de tempo desacelerado se encuentra “Run from Me”, una pieza con ecos al R&B estadounidense de los noventa que mencionábamos antes e incluso con sutiles reminiscencias al rock progresivo gracias a esa magnífica combinación de sintetizadores y teclados electrónicos que crean sonidos espaciales.

En “Here in the Streets” apreciamos cómo Holy Bouncer incorporan una sección de vientos que otorga al tema cierto toque jazzístico, manteniendo el uso de los teclados como característica invariable a lo largo de todo el álbum. Mientras, Wednesday Sunset” es un hermoso crossover de sintetizadores neopsicodélicos a lo Tame Impala y guitarras a lo Radiohead que nos hace tener la sensación de flotar en un universo lisérgico de lujo mientras el estribillo repite This could be the perfect evening with drink champagne in plastic cups”.

Con la fantasmagórica “Last Night’s Last Call” encaramos la recta final del álbum, seguida por la interesante fusión de trip-hop y ritmos ambientales de “Being Exposed to Death”, el frenesí instrumental de “Joint Smoker” y la estupenda balada a piano “9th Gate”, con un tierno y elegante solo de saxofón, para clausurar.

Sensación de no haber escuchado todo de ellos

El grupo catalán ha firmado un buen elepé que no para de mutar a través de sus once temas y que sorprende con cada nueva escucha. Supone un salto cualitativo y van por buen camino, todavía les falta publicar ese álbum que lance su carrera definitivamente.

Al final, nos damos cuenta tanto de la minuciosa producción que hay detrás para conseguir la armonía perfecta entre sonidos actuales y clásicos como de la mejora notable respecto al primer trabajo en cuanto a arreglos instrumentales. Sin embargo, cabe recalcar que “Holy Bouncer” no tiene ese temazo festivalero, ese hit que lo coree hasta el apuntador.

El grupo catalán ha firmado solventemente un buen elepé que no para de mutar a través de los once temas que lo componen y que sorprende con cada nueva escucha. Y si bien es cierto que ha supuesto un salto cualitativo para la banda y van por buen camino, seguramente todavía les falta publicar ese álbum que lance su carrera definitivamente.

Holy Bouncer son, por tanto, un grupo que ha evolucionado. Y han evolucionado bien, demostrando sus inquietudes musicales y la necesidad constante de innovar en su sonido. La juventud y el talento de sus integrantes dan para mucho. En definitiva, una banda con muchas cosas que decir y que no dejará de sorprendernos.

Holy Bouncer – Holy Bouncer

7.5

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En un ejercicio de reinvención, Holy Bouncer publican un disco consistente con una evidente transformación estilística, adaptando su sonido a una corriente más actual. El sonido de raíces rockeras de su anterior trabajo reduce el tempo y se torna más reflexivo, adquiriendo tintes más pop y electrónicos. Este segundo álbum supone un punto de inflexión en la carrera de la banda y podemos pronosticar que, tal vez, marcará la línea de desarrollo de sus futuros trabajos. El tiempo lo dirá.

Up

  • Clara mejora en la producción y en la mezcla gracias al reputado Darrell Thorp.
  • El disco no cae en la monotonía y su variedad de géneros lo hace atractivo y poco convencional.
  • El hecho de haber dado una vuelta de tuerca a su música pone de manifiesto que es una banda en continua búsqueda de nuevas sonoridades.

Down

  • Falta de madurez y dispersión en algunos aspectos musicales.
  • El disco tiene buenos temas pero le falta esa gran canción que reconozca a la banda.

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