Alfred García

Alfred García –
1016

La fama siempre es difícil de gestionar, sobre todo a edades tempranas, y más en un show como Operación Triunfo, donde prima el aplauso fácil. Posiblemente, 1016 sea uno de los álbumes con más personalidad que haya salido del formato OT, y eso es una buena noticia. Sin embargo, la sensación que desprende es la de un producto donde se aprecian buenas maneras, pero que deja entrever de forma nítida el influjo de la mano negra del negocio del espectáculo, así como el exceso de ganas del autor por querer ser algo que aún está por llegar.


Es inevitable huir de los ecos mediáticos que provoca la sempiterna industria del entretenimiento de masas. El constante murmullo se agudiza y machaca aún más a quien trata de esquivarlo cuando el formato de turno gira en torno a la pasión de éste. Eso nos pasó a muchos con el regreso en España de Operación Triunfo el año pasado. Un programa que siempre levantó ampollas entre el sector melómano, dando prioridad en su concepción al espectáculo y los números en vez de la creatividad y la innovación.

Todo cambió con el retorno de OT en 2017, pegando fuerte y posicionándose en muy poco tiempo como fenómeno televisivo, principalmente por un matiz que, sin lugar a dudas, era noticia: había creatividad en la academia. Los concursantes tocaban instrumentos (algunos con cierto virtuosismo), componían canciones, y tenían una cultura musical más o menos interesante y sorprendente para su edad. En el plató sonaban “Starman”, “Maldita Dulzura”, “Across The Universe” o “Shake It Out”. El público estaba como loco en sus casas y muchos se vinieron arriba, creyendo atisbar una inminente revolución en la casposa escena de la radiofórmula española.

Pero no.

Las sombras de Gestmusic y Universal todo lo abarcan, y bajo su influjo cayeron la mayoría de triunfitos, sumergiéndose en la gira en comandita de rigor y en proyectos de pseudo-divos que, con suerte, les condenará a ser soportes de singles anuales para Cadena 100 y apariciones en la televisión de fondo en las cenas de Navidad. Adiós a la esperanza de encontrar al nuevo Bunbury, Rosalía o Serrat mediante esta factoría de mediocridad lineal.

Fotografía: Silvia Sánchez

Dos luces esperanzadoras

Amaia y Alfred fueron, en gran medida, los culpables del éxito de la repercusión generada, no tanto en la audiencia del programa, más pendiente del desarrollo del concurso y del aspecto social derivado de la convivencia, sino de los que se habían resignado a encontrar música genuina y de calidad en un espacio como aquel.

La única esperanza dentro de este imparable y continuo bucle residía en dos luces que tintineaban y jugaban, graciosas como las bolas metálicas de los laberintos en el tapón de los frascos de pompas de jabón. Les diferenciaba la pasión y la inquietud por ser algo más que meros productos de asignación masiva, por la firme intención de hacer cosas por ellos mismos con su talento.

Amaia y Alfred fueron, en gran medida, los culpables del éxito de la repercusión generada, no tanto en la audiencia del programa, más pendiente del desarrollo del concurso y del aspecto social derivado de la convivencia, sino de los que se habían resignado a encontrar música genuina y de calidad en un espacio como aquel. A la primera todavía la estamos esperando, con cierta inquietud, vistos sus credenciales y primeros movimientos en libertad (actuación en el Primavera Sound, colaboración con Carolina Durante, lanzamiento de un primer single bastante curioso), pero Alfred García ya está aquí, y esto es lo que nos ofrece.

El debut con más personalidad de la historia de OT

Las continuas referencias a artistas como Nick Cave, David Bowie (al que claramente homenajea en la portada), Bob Dylan o Leonard Cohen resultan bastante paradójicas. Su discurso, que no es más que un vacuo intento por arrancarse de cuajo el sambenito de triunfito (él asegura que OT no ha sido más que un instrumento que ha utilizado para darse a conocer), choca violentamente con la realidad que es su álbum.

1016 ha sido uno de los últimos álbumes de 2018 y la puesta en largo del joven músico catalán. El título corresponde al número que lució durante los castings de acceso a Operación Triunfo y, junto con gran parte de su contenido, conforma un homenaje al programa que, como él mismo dice, no ha sido más que un instrumento que ha utilizado para darse a conocer. Suena paradójico, al igual que las continuas referencias a artistas como Nick Cave, David Bowie (al que claramente homenajea en la portada), Bob Dylan o Leonard Cohen (con los que se llega a comparar en esta entrevista). Ese discurso, que no es más que un vacuo intento por arrancarse de cuajo el sambenito de triunfito, choca violentamente con la realidad que es su álbum.

Y la realidad es que 1016 está formado por dieciséis canciones, todas firmadas por Alfred a excepción de “Que nos sigan las luces”, compuesta por Nil Moliner como propuesta para que el susodicho representase en solitario a España en Eurovisión. Sin duda, toda una declaración de intenciones tratándose de un debut, al menos si hablamos de volumen. Cuando uno se pone a escuchar, la cosa cambia.

Fotografía: Silvia Sánchez

Buenas maneras, pero…

La sensación general mejora las vibraciones del tanteo previo. Puede que le pasen factura los singles y las ínfulas de gran artista que ha demostrado tener en varias entrevistas, desviando la atención de detalles de calidad que sí se advierten cuando se ahonda un poco en su trabajo.

Seguí Operación Triunfo 2017 desde lejos, con curiosidad, lo justo para ver alguna actuación de este muchacho. No me gustaba demasiado, pero demostraba tener inquietudes musicales, por lo que cabía un atisbo de luz en la futura tarea de encontrar algo que mereciese la pena en su posterior carrera. El disco abre con “De la Tierra Hasta Marte”. En la primera escucha, nada más abrir la boca, una epifanía: ¡Leiva!. Tiene todos los ingredientes: el armazón pop, los vientos, el estribillo potente y sencillo… hasta la voz es calcada. Sólo se diferencia en una cosa, el estribillo dice tal que así: Quédate conmigo hasta que se caiga el cielo uhohó, cuando no queden días ni para estar contento. Quédate conmigo, no sé cómo acaba el cuento uhohó, cuando no queden días ni para estar contento óh. Gracias, Alfred, por mantener el nivel de Dylan y Cohen, de corazón. A favor de la canción he de decir que es pegadiza, estos días me he sorprendido tarareándola inconscientemente mientras cocinaba o estando en el váter.

Que Nos Sigan Las Luces” continúa en la estela de la pieza anterior. La producción la ha convertido también en otra canción que podría estar firmada por José Miguel Conejo, añadiendo el plus de los coros, el detalle que le faltaba para que el símil sonoro fuese completo. Dicho esto, es una buena canción de pop, directa y con un buen final. “Londres” nos devuelve pronto a la realidad, pues la voz vuelve a recuperar su particular identidad. Es un tema que compuso dentro de la academia, lleno de guiños a la música británica mezclados con sus propias vivencias en la ciudad, y bien arreglado.

En cuarto lugar nos llega una sorpresa. “Wonder” cambia totalmente de tercio, transportándonos con un sonido que recuerda al folk anglosajón de Band of Horses o José González, y no sólo es culpa del cambio de idioma. La responsable es PAVVLA, un cada vez menos desconocido talento nacional que se está haciendo un hueco a base de buenas canciones (acumula tres discos con apenas 23 años) y suya es la culpa de que esta colaboración sea una de las piezas más destacables de todo el disco.

Homenajes a su primer año de fama

1016 es un producto donde se aprecian buenas maneras, pero que deja entrever de forma nítida el influjo de la mano negra del negocio del espectáculo, así como el exceso de ganas del autor por querer ser algo que aún está por llegar.

Volvemos al castellano con una balada a piano y voz, “La Ciudad”, lineal y con un modesto crescendo al final, buscando el contraste con la canción que da título al álbum. “1016” nos devuelve al último líder de Pereza (insisto mucho con esto, pero de verdad que la similitud es brutal, se hace difícil distinguirles). Un tema enérgico que poco más tiene que aportar a su estructura, rellenada con referencias a artistas que da a entender que le ayudaron en su progreso. No podía faltar una canción dedicada a la capital. “Madrid” es el enésimo homenaje que un artista patrio dedica a la Villa, aunque ni por asomo se acerca a las que firman Pereza (vaya… otra vez, aunque que conste que esta vez los menciona él en la canción) o Xoel López.

Barcelona” también tiene su canción en esta fiesta. La letra está en inglés, y parece que cuando se produce este cambio, los temas suenan distinto. Esta vez recuerda al Ed Sheeran de + (quien, curiosamente, también tiene una canción con el mismo nombre). En “Et Vull Veure” formó dúo con Amaia, la que por entonces era su pareja sentimental, para dar forma a una balada en catalán que gana en belleza con la voz de la pamplonica (como suele pasar con todo lo que toca). “Volver a Empezar” actúa como contrapartida después de la simbiosis anterior, pues se trata de una canción de desamor, con referencias bastante claras a la colaboradora precedente.

De urbes va la cosa. Esta vez le llega el turno a “Sevilla”, aunque no menciona en ningún momento ningún detalle explícito de la ciudad, por lo que únicamente se supone que la experiencia narrada tiene lugar en la capital andaluza. En “No Cuentes Conmigo” Alfred colabora con Carlos Sadness para añadir otro tema olvidable al disco. Un medio tiempo que pide un despegue que nunca llega, y donde lo único destacable es el arreglo de guitarra. Y en esta escalada que a cada paso se hace más cuesta arriba nos topamos con “Lo Que Puedo Dar”. Uno esperaba algún refugio para descansar, pero lo que se presenta aquí es una maldita cencellada. A estas alturas el rollo mestizo escuece, y más si lo que hace es volver a contarte su vida, Manu Chao mediante. Únicamente lo que puede dar así es la vara.

Un disco donde discernir la paja del grano se antoja difícil

Sacar un disco de dieciséis canciones con veintiún años tiene bastante mérito y, sobre todo, demuestra las ganas por dar a conocer sus aptitudes y comerse el mundo, al margen de la calidad general o de lo pesado que pueda resultar tal aglutinamiento en un mismo LP. Habrá que darle una oportunidad de cara al futuro, y ver cómo le van puliendo los años y la carretera.

Por Si Te Hace Falta” es una de las canciones más apreciadas por los fans, ya que fue uno de los momentos más especiales de OT 2017 cuando la compuso como homenaje a sus compañeros, y provocó el llanto de varios de ellos al tocársela por primera vez. La canción es, al igual que “La Ciudad”, una balada a piano y voz exclusivamente, logrando cierta belleza y personalidad. La última colaboración del disco llega de la mano de Santi Balmes en “Let Me Go”, un tema bailable al más puro estilo Daft Punk, con un ritmo marcado de guitarra que guía el resto de la instrumentación. Con una duración de más de siete minutos, curiosamente es la canción que más corta se hace, volviendo a coincidir también el uso del inglés con la mejora de la fluidez y facilitando la inmersión.

Quince canciones después, el disco cierra con “Himno del Prat”, una conclusión que constituye el enésimo homenaje a una ciudad, esta vez a su lugar de nacimiento. Compuesta apropiadamente en catalán y, como bien se indica en el título, en forma de himno, funciona bien como epitafio, cantada a varias voces, con unos coros bastante previsibles pero que cumplen su labor de acompañamiento en el ascenso sonoro.

Llegados a este punto y viéndolo con perspectiva, la sensación general mejora las vibraciones del tanteo previo. Puede que le pasen factura los singles y las ínfulas de gran artista que ha demostrado tener en varias entrevistas, desviando la atención de detalles de calidad que sí se advierten cuando se ahonda un poco en su trabajo. Sacar un disco de dieciséis canciones con veintiún años tiene bastante mérito y, sobre todo, demuestra las ganas por dar a conocer sus aptitudes y comerse el mundo, al margen de la calidad general o de lo pesado que pueda resultar tal aglutinamiento en un mismo LP. Habrá que darle una oportunidad de cara al futuro, y ver cómo le van puliendo los años y la carretera.

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