La Estrella de David

La Estrella de David –
Consagración

David Rodríguez presenta con "Consagración" un trabajo a su más puro estilo, donde mezcla electrónica, kraut y su personalísima visión de la canción de autor en algunos cortes brillantes y otros más prescindibles que hacen que esté un peldaño por debajo de su anterior álbum.


«Consagración”, el tercer disco de La Estrella de David, es la segunda parte de un libro que nos deslumbró allá por 2011. Un libro que sirve de perfecta biografía para ese antihéroe de lo cotidiano que es David Rodríguez. Allí nos contaba su visión de la democracia o del problema catalán y tenía tiempo para lanzar algunas sublimes canciones de amor, todo ello sazonado con una pátina, a veces de pop, a veces de flamenco, a veces de krautrock, pero siempre con su inimitable y hastiada voz presente.

Antihéroe de lo cotidiano

En «Maracaibo” (2011) David Rodríguez nos contaba su visión de la democracia o del problema catalán y tenía tiempo para lanzar algunas sublimes canciones de amor, todo ello sazonado con una pátina, a veces de pop, a veces de flamenco, a veces de krautrock, pero siempre con su inimitable y hastiada voz presente. «Consagración” sigue la misma línea.

El artista ha seguido con esa vieja costumbre de sacar los discos cuando le viene en gana sin preocuparse por nada más. Ya ocurrió con la espera de su segundo trabajo, «Maracaibo” (2011), que vio la luz cinco años después de su primer álbum homónimo. En este tiempo, el productor y pareja de Ana Fernández a.k.a. La Bien Querida (profesional y personal) ha estado más centrado en ese proyecto, pero nunca ha dejado de crear canciones.

Fotografía: Promo

La continuación lógica de «Maracaibo”

La portada ya nos avisa de lo que vamos a encontrar: a David Rodríguez bajando la basura. Esto es, a un productor que pasa sus días haciendo música y que cada cinco, seis o siete años decide quitarse un peso de encima sacando lustre a sus miserias. O mostrando las cosas que le hacen feliz.

Ahora, este ‘cantautor’ regresa con un disco que sigue las mismas líneas maestras de su anterior LP, eso sí, con menor brillantez que en el pasado. Donde antes estaba la excelsa rumbita “Decathlon”, ahora aparece “Erosky”, que nada tiene que ver más allá del nombre de ese lugar de compras. Donde estuvo “La Carretera” como canción de amor de espera pero con un punto de esperanza en la mirada, ahora surge la tierna y cálida “Aceite”.

Sin embargo, en «Consagración” también hay espacio para cortes más entretenidos como “Me Ha Parecido Que Estuvo en Mi Cabeza”, donde se rodea de su producida habitual, La Bien Querida, o la electrónica “Cariño”, en la cual se nota especialmente la mano de David como productor y su querencia por los sintetizadores y las texturas.

Sin duda, lo mejor de este disco está en ese adelanto que nos conquistó hace tiempo, “Noches de Blanco Satán”, donde brillan como estrellas todas las virtudes de este artista tan ecléctico: una letra con una historia que podría haberle pasado una noche en un bar, una base electrónica que aguanta toda la canción y un estribillo con una batería demoledora. Un tema que aumenta ese aura de personaje perdedor que no sólo no quiere quitarse sino que enarbola con orgullo y, del mismo modo, tanto uno de los mejores momentos del disco como probablemente una de las piezas más acertadas que ha compuesto hasta la fecha.

Mismas líneas maestras con menor brillantez

El título también tiene su miga. David decidió llamarlo así porque le hacía gracia que un artista como él, que lleva tanto tiempo en esto (primero en Beef y luego con su proyecto en solitario), por fin lance su disco de ‘consagración’, el que todo el mundo aclamará cuando se vaya.

La otra, probablemente, sea “La Canción Protesta”. Un corte potente y ácido en el que se queja con ironía y mala baba de la situación de algunos músicos o bandas privilegiadas de este país y de las protestas que tienen algunos ‘artistas’ a los que les sobreviene la fama (y de paso las exigencias extravagantes). Bien sabe David lo que hay que tragar para estar ahí, después de algunos encontronazos como el que tuvo, él y su equipo management de entonces de Elefant Records, con la desastrosa organización del Sonorama en 2009. Algo bastante lejano, sí, pero que viene al caso al mencionar esta canción que acumula versos de odio como “la canción protesta y el cantante también, porque sólo tiene tres estrellas su hotel” y otros problemas del “primer mundo” de la música, como pedirle a tu manager que eche a un bajista que no te gusta.

El resto del disco, en cambio, carece de la magia que tenía su segundo larga duración, aunque sigue siendo igualmente interesante para los fans del espíritu bukowskiano del de Sant Feliú de Llobregat. Por ejemplo, en “La Primera Piedra” nos cuenta la dura vida de ese productor al que invitan a todas las fiestas a las que no quiere acudir, pero que terminan definiendo su vida, quiera o no, como si de un personaje de novela se tratara. Lo mismo le ocurre en “Amor Sin Fin”, donde directamente se autodestruye alegando que el personaje que ha creado es demasiado “flojito”.

Bajando la basura siete años después

Las canciones, salvo honrosas excepciones, no se acercan al nivel de «Maracaibo”. Un gran precedente que no ha logrado superar. No obstante, sigue siendo interesante para los fans del espíritu bukowskiano del de Sant Feliú de Llobregat.

Y es que desde la portada ya nos avisa de lo que vamos a encontrar: a David Rodríguez bajando la basura. Esto es, a un productor que pasa sus días haciendo música y que cada cinco, seis o siete años decide quitarse un peso de encima sacando lustre a sus miserias. O mostrando las cosas que le hacen feliz. Lo que hace cualquier músico auténtico que se precie, vamos.

El título también tiene su miga. David decidió llamarlo así porque le hacía gracia que un artista como él, que lleva tanto tiempo en esto (primero en Beef y luego con su proyecto en solitario), por fin lance su disco de ‘consagración’, el que todo el mundo aclamará cuando se vaya. Lamentablemente, he de discrepar y decir que no creo que ese disco sea este.

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