Noname

Noname –
Room 25

El segundo trabajo de Noname pule las virtudes ofrecidas en Telefone y nos muestra a una artista muy consciente de sí misma, sin miedo a ofrecer todo lo que puede dar de sí y mostrando una evolución lógica en la que las bases jazzeras y el neo-soul se entrelazan con versos muy ingeniosos que nos revelan las inquietudes sociopolíticas y personales que rondan la cabeza de la de Chicago.

Noname es una de esas artistas con la suerte de haber sido bendecida con, llámalo magia, aura o simplemente un don. Su figura está rodeada por un aura de misticismo que la hace muy interesante, algo con lo que no muchos artistas cuentan (y menos con una carrera tan breve). Puede que se deba a su experiencia previa en el mundo de la poesía o a conocer perfectamente sus virtudes y haber conjugado desde el principio un perfil con una personalidad muy marcada y que le sienta como un guante, pero el caso es que Noname te atrapa desde el primer momento, sin apenas esfuerzo y sin arrastrar a nadie, ya que más bien somos nosotros quienes, una vez la conocemos, nos adentramos a toda velocidad en su mundo.

Una identidad muy marcada

Room 25 es un disco de gran belleza pero que se descubre poco a poco, con un carácter poético que facilita su acceso en comparación con la agresividad característica de muchos artistas de hip-hop y con un montón de detalles.

Telefone, la mixtape con la que debutó Fatimah Warner hace un par de años, estaba concebida como una conversación telefónica con esa persona que te gusta y a la que todavía te da vergüenza acercarte. En Room 25 a Fatimah ya no le avergüenza iniciar una conversación o expresarse, y lo hace a sabiendas de que, en el momento en que empiece a hablar, nos pararemos a escuchar todo lo que tiene que decir, dejándolo claro desde el principio con los versos que introducen el álbum:

Maybe this the album you listen to in your car
When you driving home late at night”

Fotografía: Mark Horton (Getty Images)

Costumbrismo mágico

La música es una parte indispensable en el microuniverso de Noname, creando la atmósfera adecuada para cada momento y dando músculo a una voz que no duda en apoyarse en la instrumentación.

En Self” Noname toma conciencia de sí misma y nos sumerge en el mood del disco, con esa especie de monólogo a medio caballo entre el rapeo y la poesía recitada a partir de una base instrumental jazzera muy acorde con la voz de la artista.

Y es que la música es una parte indispensable en el microuniverso de Noname, creando la atmósfera adecuada para cada momento y dando músculo a una voz que no duda en apoyarse en la instrumentación. Así logra un equilibrio que funciona muy bien en temas como “Blaxploitation”, con una base mucho más funky y unas letras que indagan en los estereotipos de la población negra y los traumas que estos les causan, o en “Don’t Forget About Me”, una pieza con arreglos de cuerda y mucho más intimista en la que Noname reflexiona sobre su rol como artista y figura pública, el miedo a ser olvidada por sus seres queridos y la soledad que siente al llegar a tanta gente a través de su música pero sin tener a nadie en quien apoyarse realmente:

“You title email “Noname thank you for your sweet Telefone
It saves lives”
The secret is I’m actually broken”

Intimismo social

El discurso de Noname mezcla temas sociales como el racismo, la política y la religión con cuestiones personales como el amor, el sexo, la soledad y el deseo a través de metáforas, analogías y juegos de palabras realmente ingeniosos.

De este modo, el discurso de Noname mezcla temas sociales como el racismo, la política y la religión con cuestiones personales como el amor, el sexo, la soledad y el deseo a través de metáforas, analogías y juegos de palabras realmente ingeniosos que invitan a adentrarse en ellos y darles más de una lectura. “Prayer Song” se mueve entre un jazz y un soul algo más ácidos, al igual que “Window”. Esta última muestra además influencias de la música africana y relata a través de una instrumentación muy sutil el impacto que tuvo perder la virginidad con alguien que realmente no la quería.

La segunda parte del disco cede gran peso a las colaboraciones, teniendo versos de Saba y Samino en “Ace”, de Ravyn Lenae en “Montego Bae” o de Benjamin Earl Turner y el propio Phoelix (productor habitual de la americana) en “Part of Me”, composiciones en las que incorpora elementos del R&B. “With You” y “no name”, las piezas que cierran el elepé, vuelven a adentrarse en terrenos neo-soul cercanos a la propuesta de Blood Orange en su más reciente Negro Swan. En ellas, Fatimah mira con perspectiva y de manera introspectiva su posición actual en el mundo de la música y nos recuerda por qué eligió la ausencia de nombre como identidad artística.

Esperamos que haya disfrutado de su estancia

El trabajo de Noname es un arma de doble filo. Por un lado, consigue atrapar con gran facilidad gracias al equilibrio de su instrumentación. No obstante, su minimalismo y ese carácter de monólogo pueden hacer que, una vez entremos en el disco, se nos escapen muchos detalles.

Este álbum y en general todo el trabajo de Noname son un arma de doble filo. Por un lado, consigue atrapar con gran facilidad gracias al equilibrio de su instrumentación, rica y variada pero que se mantiene sutil y minimalista hasta cierto punto, sin llegar nunca a recargar ni saturar. No obstante, son ese minimalismo y ese carácter de monólogo los que pueden hacer que, una vez entremos en el disco, se nos escapen muchos detalles y versos que requieren más de una escucha para ser apreciados.

Room 25 es un disco de gran belleza pero que se descubre poco a poco, con un carácter poético que facilita su acceso en comparación con la agresividad característica de muchos artistas de hip-hop y con un montón de detalles que sirven como recompensa a todo aquel que, además de entrar en esa habitación, decida alargar su estancia durante un tiempo.

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