Abrimos plano. Anna von Hausswolff camina lenta pero segura por una pasarela rodeada de lonas de color burdeos como si de un escenario de Twin Peaks se tratase. Levanta una de las cortinas y deja entrever un ritual de voodoo oscuro en el que una muñeca con mirada siniestra es incendiada sobre un trono hecho de huesos, aunque nunca parece consumirse. A los lados, diablillos maléficos danzan y ríen mientras la figura de Anna se acerca a la muñeca, poniendo su mano sobre ella sin quemarse. La muñeca empieza a elevarse guiada por una resplandeciente luz cenital, Anna también levita con ella, intentando seguirla estirando el brazo. Los diablillos miran desde el suelo y las veneran, paran de bailar y comienzan a rezar. Anna alcanza la muñeca y la toca, dejando ésta de arder repentinamente. Entonces, las dos siluetas se unen a contraluz formando una sola mancha negra entre la poderosa luz blanquecina. Se hace la oscuridad total.

Anna aparece en un territorio volcánico e inhóspito. La muñeca parece tener vida y le da la mano, acompañándola a través del valle de ceniza. Los pies descalzos de Anna tocan el magma mientras canta en semejanza a una especie de cántico ritual. Los ojos de Anna parecen buscar algo, sus pupilas blancas le hacen parecer ciega pero quizás sea la única que ve algo a su alrededor. La muñeca se para y se da la vuelta hacia Anna mientras un inmenso dolmen negro se levanta detrás de ella. La muñeca se despide con su pequeño bracito y desaparece en una nube de humo negro como el tizón. Huesos, calaveras y trozos parciales de esqueletos múltiples comienzan entonces a salir de la tierra y se arrastran por la superficie, cerrando el círculo hacia el dolmen como atraídos por una especie de poderosa gravedad. La voz de Anna se transforma en un eco ominoso que atrae todo lo que hay a su alrededor. Los huesos empiezan a fijarse al dolmen, como si de un imán para ellos se tratase. Anna vuelve a levitar y esta vez unos poderosos vientos la elevan mientras la actividad volcánica estalla. La lava empieza a correr inundando toda la tierra entre ellos, creando un mar de magma. Sólo los huesos que han quedado adheridos al dolmen y Anna permanecen intactos. Las calaveras tiemblan y emiten ruidos, haciendo de percusión para ella. Anna llega entonces hasta la cima del dolmen y se sienta en un improvisado trono nuevamente formado por huesos. Su mirada es ahora negra, y su boca también, abierta de par en par. Una visión grotesca parece haberla parado en el tiempo sobre su trono. La lava comienza a elevarse en pilares de llamas a su alrededor y la catarsis se vislumbra en el horizonte perdido de su lamento.

Fotografía: Press

Una bola gigante en el aire empieza a formarse con la lava del suelo. Poco a poco, va tomando la forma de una especie de ojo, su pupila se va generando con la ceniza negra y mira directamente a Anna. Su gigantesca forma parece imponente e indómita, pero a la vez estática. Bajo el ojo, un gran cráter se ha formado de tierra negra. Cuando la última gota de lava se ha adherido, el ojo entonces empieza a acercarse a Anna, que levanta uno de sus brazos. La mano de Anna se entierra en la pupila del ojo. Su cuerpo entero se entierra mientras el ojo se acerca cada vez más, destruyendo el dolmen que se desmorona. Dentro del ojo de lava, Anna levita inconsciente en posición fetal. Gira en el aire hasta el centro de la esfera, donde su cuerpo parece tomar equilibrio.

Del centro de Anna una luz blanca y pura comienza a brotar en todas las direcciones, tomando la forma de los nervios del ojo entre la lava. Los nervios llegan al exterior del ojo y colorean su superficie, formando una capa de luz blanca entre el oscuro paisaje volcánico. Cuando el ojo se completa, Anna vuelve a tomar consciencia y camina lentamente sobre una pasarela de luz hacia la parte trasera de la pupila del ojo. Anna retoma su cántico, y de su boca brotan almas grisáceas hacia todas las zonas donde debería estar el iris del ojo. Las almas giran en torno a Anna, fluyendo y tomando formas cada vez más humanas que las diferencian entre sí mientras sus gritos se vuelven cada vez más estremecedores, acompañando el canto in crescendo. Anna continúa su camino y llega hasta la pupila, tocándola. Su canto parece de repente perderse en el vacío, volviéndose a fundir en un negro absoluto. Se amplia la imagen del ojo desde fuera. Es el ojo de la muñeca que Anna lleva en su regazo mientras camina de nuevo por el pasillo de lonas burdeos. “Dead Magic”.

Anna von Hausswolff – Dead Magic

8.3

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Anna von Hausswolff crea con “Dead Magic” una solemnidad musical que va más allá de los géneros convencionales. Neoclassical Darkwave moderno con un ambiente oscuro, ritualístico y etéreo. Trazas de drone en ritmos lentos y pesados acompañan la voz de Anna, que dibuja una escalada vocal progresiva en cada corte. “Dead Magic” es su mejor disco hasta la fecha y un estamento más para concretar su estilo, que sin duda aumenta en complejidad y concepto.

Up

  • La atmósfera general planteada por la instrumentación del disco.
    El concepto y la progresión vocal de Anna en cada corte.
  • La originalidad, no tener realmente un género concreto y la libre experimentación que se toma Anna son aspectos admirables en tiempos como estos.

Down

  • Se puede hacer pesado en algunas partes e incluso monótono en su recta final.
  • Si no eres fan del post-punk, la música gótica o alguna de sus variantes no creo que esta sea tu mejor introducción.