Lucy Dacus
Historian

30

Diferenciarse en un escenario donde las cantautoras tienen ocupados todos los espacios no es nada fácil. Por eso la segunda referencia de la norteamericana ha resultado tan especial, siendo que líricamente ofrece desde la cotidianidad una mirada respetuosa y permeada siempre por su experiencia personal pero no por eso menos inquisidora acerca de cómo ha sido crecer en los Estados Unidos después del 9/11 y vivir hoy con Donald Trump al mando: en medio del escepticismo por las luchas sociales que continúan gestándose y con miedo a ser señalado por uno u otro motivo. Todo esto musicalizado de una forma sublime, siempre jugando con dinámicas lentas y apelando a una mayor o menor intensidad para hacer que fluya el álbum. Podría decirse que eso le resta algo de la contundencia que tuvo su debut tiempo atrás, pero a cambio le ofrece a Dacus la oportunidad de crecer como artista y trascender su fórmula ‘rebuscadamente normal’. “Historian” no es un llamamiento a levantarse, sino más bien una oportunidad para reflexionar alrededor de muchos vaivenes que condicionan la vida en Norteamérica y, por extensión, en muchas partes del globo.


MGMT
Little Dark Age

29

Empeñados en no repetirse y tras un largo hiato y un par de discos dominados por la experimentación, el dúo neoyorquino reconduce con éxito su sonido a través del pop con influencias del synth, el acid, la neo-psicodelia de Tame Impala (imposible no citarlos) y el hypnagogic-pop que caracteriza a Ariel Pink, construyendo un universo decadente y agridulce en el que la sociedad ha sido derrotada por la política y la tecnología. La depresión y el nihilismo se entrecruzan con la euforia momentánea y el absurdo, dando lugar a canciones que consiguen el equilibrio perfecto entre la experimentación, la evolución y el gancho de sus primeros éxitos. Como resultado tenemos «Little Dark Age”, el trabajo mejor cohesionado de su carrera, destacando por encima de otros discos recientes de temática y sonido similares como “The Weather” de Pond o el propio “Currents” de Tame Impala.


Kali Uchis
Isolation

28

Colombiana de Virginia, a Kali Uchis su padre la echó de casa cuando era joven por pasarse saliendo por las noches y por no adoptar una responsabilidad personal que la permitiera valerse por sí misma. Pudo crear un monstruo, pero cualquier basura que caiga derramada sobre la tierra fértil de Kali Uchis echa raíces y se convierte en rosa fresca de tallo duro. Todas las experiencias de la cantante han ido calando y han sido el abono del seguramente debut más destacado del año (con permiso de Soccer Mommy o Tirzah), un disco que ha tardado cuatro años en tomar forma y en el que al final ha conseguido, con la honestidad por bandera o por sábanas de seda, darle una vuelta de campana al pop internacional. La que no pudo darle Camila Cabello, por ejemplo, y a la que han renunciado directamente otras hispanohablantes.

En el mismo año que Rosalía le canta al mal querer en castellano para deleite de los oídos del globo, Kali Uchis suelta un reggaetón alternativo, delicado y feminista en un disco en el que los bajos están mimados por Thundercat, Damon Albarn colabora en un tontikraut muy Gorillaz y Kevin Parker de Tame Impala sube las décimas de fiebre psicodélica, pero en el que también aparece la voz soulera de Jorja Smith y en el que Tyler, the Creator y Bootsy Collins remendan una joya de pura miel y limón. Un disco que parece regresar a aquella ‘Plastic Beach’ años después del cataclismo, un lugar donde Kali Uchis pasa unas vacaciones narcóticas embelesada en la contemplación de las estrellas, que brillan raro por la radiación, mecida por un aire cargado de nebulosas hipnóticas. Puede que aquella playa estuviera en Brasil y en algún momento sonaran allí bossa novas. Ahora es el rincón del pop para el Apocalipsis.


Tim Hecker
Konoyo

27

«Konoyo”, この世 (en japonés, “Esta vida”), es el noveno trabajo en solitario de Tim Hecker, un auténtico maestro de las atmósferas opresivas, repetitivas y alienantes que ha forjado su carrera con álbumes impecablemente cuidados y tan cercanos a la perfección sonora que asustan desde el primer segundo en el que presionamos play.

«Konoyo” es otra de las creaciones de este científico loco del ambient/drone que, lejos de andar sobre sus propios pasos, nos abre las puertas a otra vida después de la muerte ante los ojos ciegos de una paz espiritual llena de meditación contemplativa con influencias del Gagaku, música tradicional japonesa caracterizada por sus propios instrumentos de viento y cuerdas que añaden ese matiz sintoísta al conjunto. Imaginemos un largo viaje, un periplo lleno de reflexión en el que Tim Hecker ha recorrido lugares mágicos y aislados del continente japonés en busca de la inspiración necesaria.


Yves Tumor
Safe in the Hands of Love

26

Desde 2013 lleva Sean Bowie poniéndose distintas máscaras para dar rienda suelta a todas sus inquietudes musicales, desde el R&B más glamuroso hasta el noise más estridente y pasando por opresoras atmósferas drone, IDM más canónico, ambient intelectivo, hip-hop experimental y hasta funk y grooves más dance y temas más cantables. Esos ingredientes iban y venían mientras la personalidad de Bowie ejercía como hilo conductor reinvención tras reinvención en mínimos espacios de tiempo y siempre con intención subversiva y provocadora, aludiendo directamente a la ruptura de los roles de género, la ambigüedad sexual y la violencia desde el misterio. Pues bien, todo encuentra sentido (y sensibilidad) en “Safe in the Hands of Love”. La experiencia heredada de PAN, con esos bajos protuberantes y la hondura post-R&B, sus propios experimentos en el ambient de enfoque club y hasta el alt-rock noventero para un core paradójico que dispara estribillos coreables contra tormentas de arena electrónica, todo adquiere un cuerpo unificado bajo el manto de tech-noise industrial tan característico del sello en que debuta el proyecto Yves Tumor: Warp Records.

Es en su primer disco para el mítico sello de electrónica experimental donde Sean Bowie sintetiza todos sus avances deslavazados en distintos campos y logra un rotundo conjunto que plantea a nivel conceptual un transepto desde la ansiedad y la angustia (vital, social, sentimental) hasta la esperanza recelosa del amor que culmina siempre en autoafirmación catártica y defensa de la libertad personal, entroncando así con Arca pero en una exteriorización mucho más contenida. Es en el amor propio donde Yves Tumor se siente indestructible. Donde puede ser quien quiere ser y sonar como quiere sonar. Cavernoso, vanguardista, brutal, visceral, apocalíptico y tenebrista, pero extremadamente sensible, hiperestésico y emocional. Como la orquídea.


Sleep
The Sciences

25

El sector metalero de El Quinto Beatle sólo hemos conseguido colar dos álbumes verdaderamente heavies en esta lista (trataremos de enmendarlo próximamente), pero vaya dos discos. Para empezar, difícil sonar más puramente heavy metal que Matt Pike, Al Cisneros y Jason Roeder; esto es, Sleep.

En resumen: Sleep es, para los profanos al género, la banda definitiva y reverenciada hasta la saciedad por cualquier amante de los sonidos más lentos y pesados del género. Popes absolutos del stoner y el doom metal, el trío decidió sacar por sorpresa (nada menos que el día de la marihuana y vía Third Man Records, el sello de Jack White) su cuarto trabajo, el primero después de quince años (la hierba es lo que tiene). En cuanto a «The Sciences”, poco podemos añadir que no sea perceptible por cualquier persona sin problemas de audición. Riffs gordos como oleoductos, una base rítmica aplastante cual ariete medieval y por encima de ella Cisneros narrando leyendas de ciencia ficción sobre sus adorados Black Sabbath y su más adorado aún cannabis. ¿Podría pintar mejor un disco tan sólo leyendo esa última frase? Obviamente, no.


Mitski
Be the Cowboy

24

Lo que ha conseguido Mitski con “Be the Cowboy” es increíble. Por un lado, mantiene el elogio de una crítica especializada que se postró ante ella gracias a aquel ejercicio de eclecticismo y madurez titulado “Puberty 2” (2016). Pero, además, finalmente logra el favor del gran público gracias a juegos melódicos más sencillos que suponen otro acierto en su trayectoria. En “Be the Cowboy”, no obstante, nos encontramos con la misma Mitski de siempre; cabalga mientras cuenta una historia llena de altibajos donde observamos la dualidad de una mujer poderosa y empoderada pero también frágil y manipulable, mensajes que ya exploró en anteriores referencias pero que ahora penetran más en el oyente gracias a lo accesible de sus melodías. El lavado de cara en la fórmula de Mitski, obteniendo producciones algo más grandilocuentes y lejanas del lo-fi despreocupado de “Puberty 2”, no juega en detrimento de la artista; al contrario, Mitski potencia su sonido aportando un brillo único y descubriéndonos facetas jamás vistas hasta ahora en su carrera.


Jon Hopkins
Singularity

23

Han tenido que pasar quince años para que Jon Hopkins culmine un disco que desde el principio fue conceptualizado como si de una película se tratase y en el que las canciones fluyen como una secuencia estelar. Tras escuchar “Singularity” uno puede situarse más cerca de esa abstracción y estimulación mental con la que resulta imposible no sentirse flotando en un firmamento nocturno, un paisaje o el vacío mientras resuenan temas como “Recovery”, “Feel First Life” o “Emerald Rush”. El recorrido que plantea Hopkins en su cinemático viaje al universo es una construcción de imágenes a partir de una fusión magistral de auténticos torbellinos de ritmo, con momentos livianos y melódicos. Pese a todo, “Singularity” es uno de esos discos que hay que escuchar del tirón, con buenos auriculares y con poca luz.


Deafheaven
Ordinary Corrupt Human Love

22

Tras consagrarse internacionalmente con “New Bermuda” (2015) y poner definitivamente en circulación el blackgaze entre unos cuantos neófitos y melómanos, Deafheaven han decidido ponerse más progresivos y melódicos en “Ordinary Corrupt Human Love”. No es exactamente una ruptura, pero sí revela una faceta muy diferente de la banda en el sentido de que los pasajes estridentes que tanto nos conquistaron en el pasado se ven limitados a los sencillos “Honeycomb” y “Canary Yellow”. Fuera de eso, vemos a una agrupación más preocupada por hacer que todo suene prolijo, más cercano si se quiere al post-rock y al progresivo propio de grupos como Porcupine Tree, tal vez con el fin de probar que pueden trascender el blackgaze que contribuyeron a popularizar. Ahí tenemos ejemplos como “You Without End” o “Glint”. Afortunadamente, George Clarke sigue mostrando que su garganta alimentada por fuego negro sigue igual de afilada y eso puede aportar tanto tranquilidad a los fans como ese elemento que le permite a “Ordinary Corrupt Human Love” establecer una mínima continuidad con relación a sus predecesores.


BROCKHAMPTON
iridescence

21

Tras un año lleno de complicaciones y tragedias que han obligado al grupo a retrasar el lanzamiento de su nuevo trabajo en varias ocasiones, BROCKHAMPTON estrenan su nueva trilogía con «iridescence”, su primer disco sin Ameer Vann. Grabado en apenas diez días en los estudios de Abbey Road, «iridescence” plasma las consecuencias de «SATURATION”, mostrando a un colectivo que se plantea constantemente si la fama y el reconocimiento merecían tanto la pena, enfrentándose a sus demonios internos en cada canción y logrando por ello un álbum más maduro, serio y agresivo, con una mayor cohesión entre las distintas personalidades de cada miembro sin perder por ello el sello de cada uno. «iridescence” deja de confiar en los estribillos pegadizos para dar pie a una mayor experimentación y una dinámica constante que hace que las canciones no paren de avanzar hacia distintos lugares, utilizando la vulnerabilidad y la sinceridad como armas para construir un disco muy transparente y emocionante.