Oh Sees
Smote Reverser

40

Todavía puede ser pronto para preguntarlo, 365 días pronto, pero voy a hacerlo: ¿son Oh Sees el grupo de la década? No hablo en términos de impacto mediático, tampoco de influencia artística, ni siquiera de calidad absoluta de sus trabajos, ya que muchos de estos puntos merecerían un amplio debate en el que seguramente saldrían perdiendo. Lo que es obvio es que los sanfranciscanos llevan diez años sacando disco año sí, al año siguiente también, ofreciendo una consistencia contra la que pocos podrían competir y adoptando diferentes sonidos y métricas, resistiendo a olas y modas pasajeras. En este 2018 lo han hecho con un “Smote Reverser” que evidencia la actitud inconformista de los de John Dwyer que, manteniendo la política de mínimos que sustenta su identidad artística intacta, continúan explorando sonidos e influencias del pasado para incorporar a su menú: prog, space-rock, kraut, una psicodelia aún más vaporosa… Cuando muchos esperábamos la definitiva conversión al metal de Oh Sees, John Dwyer ha vuelto a situarse al margen de nuestras expectativas. ¡Brindemos por tenerlos con nosotros en este estado de forma muchos más años!


Robyn
Honey

39

La vuelta de Robyn se ha hecho esperar hasta el punto de hacer brotar el nerviosismo entre sus seguidores, quienes empezaban a dudar si el álbum de regreso de la sueca estaría a la altura de aquel transgresor “Body Talk” (2010). Con “Missing U” despejó todas las dudas: volvía la potencia, el electropop y la música para llorar en discotecas. “Honey” es un viaje emocional a través de los últimos años de Robyn, marcados por el fin de una relación y la muerte de amigos cercanos, lo cual ha llevado a la artista a resguardarse en la cultura de club. La filosofía a lo largo de “Honey” es la misma que la de esos clubs que visitaba: vivir el momento e ignorar lo que nos depara el futuro. Así tenemos un álbum en el que las canciones destacan por diversas progresiones hipnóticas que anticipan un estribillo que nunca llega sobre las cuales fluyen las emociones más primitivas de Robyn: amor, dolor y tristeza a ritmo de bombo a negras y sintetizadores brillantes herederos del house y el pop más clásico.


Soccer Mommy
Clean

38

En pleno apogeo del indie-rock femenino con trazas de folk es de agradecer que las artistas renueven la fórmula y añadan una chispa de emoción a este sonido tan pegado a la languidez acústica. Sophie Allison comenzó sus andaduras como una artista cualquiera: se autodenominó Soccer Mommy en la plataforma Bandcamp y, apegada a su guitarra, entonaba canciones melancólicas dedicadas a amigos, parejas y el paso del instituto a la universidad. En “Clean”, tal vez las tramas principales acaben resultando similares (poco tiempo ha pasado desde la primera maqueta de Allison y este debut en largo), pero en el apartado melódico Soccer Mommy demuestra una evolución de vértigo; se ha desprendido de todo ese lo-fi minimalista para apostar por guitarras eléctricas más punzantes y modeladas con suavidad gracias al uso de pedales y efectos que añaden cierto toque sideral a una propuesta brillante. “Clean” es un producto con el que Sophie Allison pretende (y consigue) trascender al envolver rabia juvenil, romanticismo y melancolía con melodías que fluctúan entre el intimismo (“Still Clean”, “Blossom (Wasting All My Time)”) y la rebeldía (“Your Dog”, “Cool”) con un resultado exquisito.


Binker and Moses
Alive in the East?

37

El jazz ha comenzado en los últimos años a dar tímidos pasos hacia la recuperación de los sonidos africanos, y varias agrupaciones o artistas han perseguido alcanzar un estrato superior a través de una nueva propuesta de jazz espiritual. Mientras muchos proyectos se limitan a adaptar estándares clásicos o a imitar el estilo del jazz primitivo, otros han tenido el arrojo de probar algo nuevo, aunque no de manera radical. En este sentido, Binker and Moses elaboran un trabajo grabado íntegramente en directo pero con material completamente nuevo en el que desglosan por primera vez el Génesis de su universo. En lugar de integrar otras esferas como Kamasi Washington, el dúo investiga en las raíces del continente y produce un estilo decisivo entre lo tribal y lo nuevo, subiendo a un escenario y grabando con la valía que ello conlleva. La habilidad de ambos músicos no tiene parangón, así como el dominio de instrumentación africana y su variedad. Improvisación y free jazz amalgaman con estructuras concretas y recreaciones de un mundo primitivo. La sección melódica queda algo al margen en este huracán percusivo, pero el estilo claramente definido avanza con inteligencia y promete un interesante futuro. Pocas bandas pueden ofrecer hoy día algo así.


Janelle Monáe
Dirty Computer

36

Las cartas de presentación de la Janelle Monáe de 2019 son rotundas, claras. Sobre un tapete en el que ya se habían jugado partidas brillantes como las de “The Archandroid” y “The Electric Lady”, la cantante de Atlanta ha desplegado esta vez una baraja mucho más personal, se ha quitado la careta de Cindi Mayweather y se ha puesto en las botas de una especie de heroína destinada a reivindicar las cosas esenciales de la vida y a atacar el incontrolable curso político de los acontecimientos del mundo. Primero levantó el caballo de su pansexualidad, después hizo dobles parejas con Prince en el “Kiss” 2.0 que es “Make Me Feel” y siguió exponiendo sus propios miedos, sus propias limitaciones… los comentarios que genera por su éxito, el color de su piel o simplemente su sexo o sus preferencias sexuales. Liberada, tira un all-in a sus oponentes, el conservadurismo, la misoginia, el machismo, el racismo, la violencia y la pérdida de solidaridad, y entrega un disco comprometido, vibrante, colorido y disfrutable que a su vez es su alto en el camino más eminentemente pop, en la línea del “MASSEDUCTION” de St. Vincent.

Desde la alegórica oda al coño que es “Pynk”, el momento ecuatorial de empoderamiento personal (y femenino) de “Django Jane” o los bajos hedonistas y llenos de vida que aporta Thundercat en “Crazy, Classic, Life” hasta la autoafirmación dionisíaca de “I Like That” o la comunión rock que es “Americans”, Janelle Monáe iza muchas banderas para reinar en 2018, pero sobre todo las que recuerdan a Prince: sexo, política, amor. Nostalgia. En un mundo que se queda sin héroes y sin la capacidad de crear los suyos propios, Monáe al menos presenta una candidatura y, aunque queda demasiado enmascarada en sus propios miedos o en la contemplación idealista del pasado, lucha por cambiarlo. Con sus propias manos.


Courtney Barnett
Tell Me How You Really Feel

35

Parece increíble, pero aquel debut como un cañonazo de rock desenfadado y sencillo y una colaboración acústica y adorable con otro miembro de esta lista como Kurt Vile eran hasta hace poco las únicas credenciales que exhibía Courtney Barnett. Y sin embargo le han bastado y sobrado para despuntar como una de las grandes promesas, en el presente y en el futuro, del guitarreo melódico. Y es que a Courtney le salen por los poros los himnos tristes que parecen alegres, o melancólicos que parecen enrabietados, u optimistas que parecen cínicos, o todo ello al revés. Y de eso sigue lleno su segundo disco en solitario.

Pese a ello, su nueva dirección supone un soplo de aire fresco frente a un estilo que podía empezar a resultar predecible, pero manteniendo la actitud que la caracteriza. Así, “Tell Me How You Really Feel” es una continuación lógica y más seria de su irrupción slacker hace unos años, y asimismo la consolidación de una mujer destinada a mantener la llama del rock viva durante muchos años.


Iceage
Beyondless

34

Una palabra clave para definir a Iceage es ‘instinto’, y el que predomina en cada disco de la agrupación danesa es el de Elias Bender Rønnenfelt. Espoleado por los triunfos creativos alcanzados en los dos discos grabados con Marching Church, la sensibilidad jazz y soul permeó el post-punk espeso que les hizo ganar un lugar en el panorama indie con “Plowing Into the Field of Love” (2014). El resultado es “Beyondless”, un crisol de ambas miradas que termina dando vida a un repertorio donde la victoria y la derrota son siempre formas de expresar vulnerabilidad. La voz de Elias parece regodearse ante esa posibilidad y se impone en la mayoría de las ocasiones de forma fría pero incisiva, mientras el rol del guitarrista Johan Surrballe Wieth es decisivo para armar momentos estridentes que sea por adrenalina pura y dura como en “Hurrah” o “The Day That Music Dies” o por establecer momentos turbios e hipnóticos como los de “Catch It”. Queda la sensación tras escucharlo que aún no llega la obra cumbre de Iceage, pero han dado varios pasos en esa dirección con esta obra, sin duda la más accesible de sus carrerass a pesar de no ser por ello menos inquietante.


Snail Mail
Lush

33

Lindsey Jordan pisa con fuerza y sin dudar, entregándonos uno de los debuts más destacados y de los mejores discos de indie-rock puro de 2018. Las canciones de Lindsey se sienten mucho más maduras que las de alguien que acaba de entrar en la mayoría de edad, tanto en sus cualidades líricas como en sus capacidades como músico, con melodías y riffs muy trabajados y letras que giran en torno a conflictos amorosos. Lo que a priori pudiera parecer un disco de hits como “Pristine” y “Heat Wave” esconde auténticas joyas como “Golden Dreams”, “Full Control” o “Let’s Find an Out”, que la acercan a grupos y artistas como Wilco o Kurt Vile. Con un largo camino aún por delante, “Lush” es mucho más que una toma de contacto, erigiéndose como un esfuerzo muy sólido que desde el primer momento nos presenta a una artista muy a tener en cuenta.


Nine Inch Nails
Bad Witch

32

Trent Reznor está viviendo tiempos convulsos a nivel creativo. Su transformación como creador ha sido evidente, desde Pretty Hate Machine al núcleo de su carrera y luego derivando hacia terrenos mucho más electrónicos y hacia texturas menos rugosas y más ambient herencia de sus pinitos (unos pinitos de Oscar, ya sabemos cómo se las gasta Reznor) en el cine y en el mundo de las bandas sonoras. Es ahí donde ha encontrado a su álter ego creativo, a su media naranja moderna, con el que ha sabido superar la muerte de Bowie y junto al que le ha encontrado un nuevo sentido a la banda que comanda: Atticus Ross. Con él ya plenamente integrado en las maquinarias de Nine Inch Nails, la banda ofrece un mini-álbum que mira hacia atrás, hacia el pasado del grupo y sus mejores momentos en el rock industrial, sin dejar de estar irremediablemente ligado al presente, a la experimentación tecnológica y al discurso electrónico como pizarra en blanco. Respirar para coger carrerilla, para replantear el futuro de NIN o, al menos, para volver a engrasar las calderas y salir a dar los que siguen siendo algunos de los mejores conciertos que verás en tu vida.


Mid-Air Thief
Crumbling

31

Literalmente ‘ladrón en pleno vuelo’, la banda coreana explora los sonidos electrónicos como su visión de un universo etéreo. Desde Slowdive o My Bloody Valentine el género noise ha avanzado mucho, volviéndose a los temas más abstractos con la aparición del post-rock y la evolución del indie. Entre las muchas propuestas que pretenden renovarlo destaca “Crumbling”, una bossa nova lisérgica que entrelaza las complejas polifonías de las voces y las agrupa en accesibles temas pop. La cultura del vaporwave, los colores chillones y lo extemporáneo se desprende de esa cobertura en ocasiones ridícula y el resultado es perfectamente creíble, e incluso trascendente. Una radio en medio de una playa desierta, una explosión de aves costeras de colores, pero todo envuelto en un marco sereno, alucinógeno, que va conduciendo al oyente sin exigirle nada a cambio, proponiendo costosas sugerencias a los más analíticos. Claros herederos de los Fishmans, la propuesta se ve mejorada por la inclusión de grabaciones y distorsión computerizada, que toma contacto con el folk e incluso el progresivo de Yes. Sin embargo, no resulta antinatural ni forzado. ¡Lástima la dificultad de traducir las letras del coreano!

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