Canciones de amor directas”. Así describe su propio trabajo Tirzah Mastin, el rostro pálido de pelo rizado y mirada congestionada que se esconde tras la portada de su álbum debut, “Devotion”. Ello implica su vuelta al estudio después de cinco largos años y un EP de baladas titulado “I’m Not Dancing”. El resultado sin duda es gratificante y positivo, un soplo de aire fresco en este año que se acaba y que sin duda se recordará por el salto femenino a los géneros urbanos y a los podios de la música internacional.

Minimalismo vanguardista en un collage musical

A través de once canciones Tirzah ha escrito un testamento basado en un pop minimalista con aspiraciones vanguardistas de los sonidos de la calle, pero totalmente depurado y afectado, en el que prefiere mostrar sus debilidades y flaquezas que esgrimir un discurso poderoso, algo con lo que parece distanciarse de sus contemporáneas. Al fin y al cabo, da la impresión de que se trata de canciones escritas por una chica corriente de clase media a la que le seduce la idea de transmitir emociones con melodías potentes pero ensimismadas.

Y ‘urbano’ podría ser el adjetivo que mejor le viene a Tirzah, quien a través de once canciones ha escrito un testamento basado en un pop minimalista con aspiraciones vanguardistas de los sonidos de la calle, pero totalmente depurado y afectado, en el que prefiere mostrar sus debilidades y flaquezas que esgrimir un discurso poderoso, algo con lo que parece distanciarse de sus contemporáneas. Al fin y al cabo, da la impresión de que se trata de canciones escritas por una chica corriente de clase media a la que le seduce la idea de transmitir emociones con melodías potentes pero ensimismadas, que cuelgan en el vacío de un fondo musical a veces impersonal y lánguido, pero también agitado y turbulento.

Para esta ocasión, la compositora británica ha contado con unos padrinos de lujo: la artista multidisciplinar Mica Levi (a.k.a. Micachu) y el productor Kwes, famoso por sus trabajos con bandas como la propia Micachu, Damon Albarn o Bobby Womack. Ambos confieren al resultado un halo vanguardista e hipnótico, con cierta predilección por las líneas de piano simples y percusiones sencillas y parcas. Pero lo más interesante aflora en las tripas del disco: sirenas callejeras, tráfico, pistas que aparecen y se desvanecen de inmediato, líneas de sintetizador absorbentes y repeticiones acompasadas con cierto aire enfermizo, errático, como si la máquina de grabación se hubiera estropeado y realizara combinaciones aleatorias o sin sentido.

Fotografía: Clare Shilland

Tirzah Mastin: la renovación del R&B

La compositora británica ha contado con unos padrinos de lujo: la artista multidisciplinar Mica Levi (a.k.a. Micachu) y el productor Kwes, famoso por sus trabajos con bandas como la propia Micachu, Damon Albarn o Bobby Womack. Ambos confieren al resultado un halo vanguardista e hipnótico, con cierta predilección por las líneas de piano simples y percusiones sencillas y parcas.

De esta forma se despliega esta devoción visceral y carente de afecto. Y eso que el arranque del disco no es óptimo. Canciones como “Fine Again” o “Do You Know” no terminan de enganchar, aunque sí ejercen de pequeños ágapes de lo que nos encontraremos después. El golpetazo en la mesa lo produce “Gladly”, en la que podemos ver en todavía pequeñas pinceladas la sensibilidad R&B que despide la compositora. Unos teclados congestionados de modulador con aires lo-fi y retro. Le sigue de cerca la siguiente, “Holding On”, quizás la canción más positiva de la colección. De nuevo, el teclado y la percusión hacen pensar en un bedroom pop pasado por el R&B.

Así llegamos al bloque pesado del disco. Después de cuatro canciones que tampoco terminan de convencer, llega “Affection”, seguramente una de las piezas más inspiradas y emocionantes de este año. Una base de piano minimalista y repetitiva da paso a la voz, que tos de por medio se deja manipular con un tono pasivo. El tema produce una agradable sensación de leve mareo al jugar con elementos muy reducidos que van alternándose de un altavoz a otro, diferentes registros vocales se alternan y solapan unos a otros, como un collage musical a partir de detalles que conquistan en la primera escucha.

Debilidad emocional y necesidad de atención

Lo más interesante aflora en las tripas del disco: sirenas callejeras, tráfico, pistas que aparecen y se desvanecen, sintetizadores absorbentes y repeticiones acompasadas con cierto aire enfermizo, errático, como si la máquina de grabación se hubiera estropeado.

En Basic Need”, la artista deja de lado la pasividad vocal para internarse en sus primeros agudos en una perfecta melodía pop con aroma soul. La característica principal de este tema es que la instrumentación parece aparcada en segundo plano, compuesta tan sólo por unos acordes muteados y una percusión ínfima. Esto nos da pistas para suponer el gran esmero puesto en la producción, con las ondas de los acordes del teclado tratadas para producir este curioso efecto armónico. “Guilty” se vuelve más áspera, con la única distorsión que oiremos en todo el disco, aunque pronto regresa piano. El autotune aparece y es inevitable pensar en la estética trap, sobre todo en el estribillo, una entonación vulnerable embadurnada de este maligno efecto.

Devotion” hace sobrados méritos para ser el título del álbum. El minimalismo no está reñido con la experimentación, al contrario: aquí ambas están integradas y la sensación de que estamos escuchando una especie de collage musical se acentúa. Bien podría reunir los temas argumentales de los que se nutre el concepto del álbum: la debilidad emocional (“You can come to me with all your charms”) o una necesidad de atención desbordante (“I need all your attention / Yeah, I want your arms, your kisses, your devotion”). Nos queda la duda de si se trata de una crítica a la noción de amor/pareja o más bien una representación sincera y dolorosa de las funestas relaciones amorosas.

Un fondo musical a veces impersonal y lánguido, pero también agitado y turbulento

Tirzah busca un punto de unión entre una producción lo-fi, el ambient pop (con pasajes espaciales, repetitivos y el uso del collage) y, sobre todo, el carácter: una identidad artística débil, errática, neurótica y sempiternamente afectada. Un conjunto de elementos y sensaciones que conquistan y, a la vez, repelen.

Las tres últimas canciones del álbum se acercan más al R&B, sobre todo en “Go Now”, una sobresaliente interpretación vocal de soul acolchada en un fondo rítmico de palmas. Un teclado synth hace las veces de guitarra y sumerge al oyente en una especie de paz que remite a la ciudad y a lo contemporáneo. “Say When” destaca por ser la composición más desnuda de todo el conjunto. Un piano que nos retrotrae a aquella pieza inmortal de Gary Jules, “Mad World”, pero con una intención totalmente distinta.

En definitiva, el propósito de Tirzah con este trabajo (no sabemos si manifiesto o indirecto) es tomar distancia respecto al resto de personalidades del género (podemos pensar en Rihanna, Alicia Keys, Justin Timberlake o Mariah Carey) y darle una nueva perspectiva partiendo del minimalismo musical y la experimentación. Buscar un punto de unión entre una producción lo-fi (muy contraria a las hipertrofiadas composiciones de estos artistas), el ambient pop (con pasajes espaciales, repetitivos y el uso del collage) y, sobre todo, el carácter: una identidad artística débil, errática, neurótica y sempiternamente afectada. Un conjunto de elementos y sensaciones que conquistan y, a la vez, repelen.

Tirzah – Devotion

7.8

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El álbum de debut de Tirzah responde a un esmerado trabajo de producción musical en el que la intención principal es conmover al oyente. Minimalista, áspero, errático y desesperadamente emocional. Una obra que refleja sentimientos contradictorios, prisiones afectivas y anhelos vagos. El lamento vital de una joven que apunta a la experimentación y el buen uso de los recursos.

Up

  • Un gran debut discográfico que destaca por su afán experimental en un género tan marcado como el R&B.
  • “Affection”, “Basic Need” y “Devotion”.
  • La producción musical abordada por Micachu y Kwes. Su capacidad para conseguir un estilo íntimo, errático, neurótico y emocional.

Down

  • Aunque el álbum en sí goza de cohesión, el principio y el final no convencen lo suficiente como para pensar en un trabajo redondo.
  • El desconcertante (y molesto) uso del autotune en “Guilty”.
  • Las letras y el fondo argumental del disco: demasiado millennial.

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