Kurt Vile siempre ha estado rodeado de un aura a medio camino entre el costumbrismo casero y la pachorra que recorre tanto su figura como su obra, con todas esas canciones de apenas un par de acordes o riffs en bucle mientras suelta algún que otro guitarrazo y nos embarca en esa especie de realismo mágico que mezcla lo mundano con lo fantasioso y alucinógeno.

Son ese desparpajo y esa apariencia dispersa los elementos que dotan al artista de un perfil tan definido y único a su manera. En ocasiones, resulta difícil acercarse a él de primeras debido a la longitud de sus trabajos y a su poco interés por el mundo que le rodea cuando la música lo posee, pero es reconfortante y acogedor como pocos cuando nos atrevemos a dar el paso. Tras la publicación de “Bottle It In”, su último larga duración en el que ha tocado todos los palos posibles y ha contado con el apoyo de nombres tan importantes como Kim Gordon, hemos charlado con él acerca de este trabajo, su disco colaborativo con Courtney Barnett y su vida como músico.

El año pasado lanzaste aquel maravilloso disco “Lotta Sea Lice” con Courtney Barnett. ¿Te gustaría repetir la experiencia de grabar otro álbum juntos o salir de gira con ella?

Estoy seguro de que algún día volveré a trabajar con Courtney. No te puedo decir si será otro disco completo o tan sólo un par de canciones, pero no me imagino mi vida sin volver a colaborar con ella. Es una gran amiga y una artista muy talentosa. Nunca sabes lo que te deparará el futuro, pero algo haremos en algún momento.

Empezaste a trabajar en “Bottle It In” antes de colaborar con Courtney. ¿Crees que “Lotta Sea Lice” tuvo alguna influencia a posteriori en tu nuevo disco?

Bueno, he escrito este disco durante tres años, ya que siempre estoy entrando y saliendo del estudio mientras doy conciertos y estoy de gira. Durante estos tres años a veces estaba en el estudio con los Violators, otras en Nashville con otros proyectos y la colaboración con Courtney llegó a raíz de un verano en Australia que me inspiró a querer hacer un disco con ella rápidamente, algo que ya tenía en mente de por sí. Normalmente me tomo mucho tiempo, hay más canciones que no han entrado en este álbum y creo que todo lo vivido durante ese tiempo forma parte del disco de algún modo. Creo que todas las experiencias que vives se reflejan en tu trabajo, ya sea de forma directa o subliminal.

La única regla que tengo es conseguir que cuando escucho una canción mi cabeza no piense en nada más. Si dejo de prestar atención y mi mente se va inconscientemente hacia otros sitios es que algo falla.

¿Por qué elegiste “Bottle It In” como título del disco? ¿Qué crees que representa dentro del álbum?

Es la pieza central del disco y no quería que se pasara por alto como un tema más, ya que dura diez minutos y es bastante arty y experimental, con alguna parte más orquestal y otras más extravagantes. Es el mismo motivo por el que puse “Smoke Ring for My Halo” como título a otro de mis discos; son canciones muy sutiles (a su manera) con muchas cosas que se podrían pasar por alto si no prestas atención. “Bottle It In” sólo son dos acordes pero tiene mucho más que eso, es puro movimiento y reacción humanos; no es como una canción pop, es… como la vida misma.

Eres bastante dado a escribir canciones muy largas que parece que podrían durar para siempre. ¿Cómo decides dónde cortar cada tema?

Normalmente lo determina el final de la grabación, porque, claro, no puedes seguir para siempre [Risas]. Dentro de la grabación es donde decido si lo dejo como está o si añado cosas, porque a veces hay momentos que una vez los escuchas no te convencen e intentas cambiarlos o añadirles algo para hacerlos interesantes. No hay reglas en realidad, la única regla que tengo es conseguir que cuando escucho una canción mi cabeza no piense en nada más. Si dejo de prestar atención y mi mente se va inconscientemente hacia otros sitios es que algo falla.

¿Podrías hablarnos un poco del proceso de grabación de este disco? Hay canciones como “Check Baby” que tienen un sonido muy limpio y unas guitarras muy gruesas, como si hubieran sido grabadas en espacios abiertos. Mientras, otras como “Cold Was the Wind” tienen un sonido más lo-fi, con un aire retro.

Bueno, el sonido lo-fi viene principalmente de los teclados que uso. Tengo un equipo muy antiguo y en las grabaciones se producen esos ruidos característicos de los vinilos antiguos, algo que se mantiene incluso aunque las guitarras sean más limpias, y por eso hay canciones que tienen ese toque retro. Realmente no me gusta tener un único sonido o algo demasiado característico, me gusta experimentar y abarcar tantos sonidos como sea posible.

Mucha gente ha colaborado en este disco, músicos como Kim Gordon o Cass McCombs. ¿Sientes este trabajo como una especie de celebración de la música que te gusta y que haces?

Claro. Quiero decir, estoy muy contento de poder haber contado con toda esta gente. En la mayoría de casos fue algo que surgió sobre todo al coincidir en el estudio. Con Kim fue ella quien me preguntó si quería que me echara una mano, por ejemplo, a lo que dije que sí. Siempre estoy abierto a que algún compañero participe en mis discos, es una suerte poder ser amigo de personas a las que admiro sin importar si sus nombres son más o menos conocidos. Tienes a Joe Kennedy, por ejemplo, que toca el teclado en la banda de Ariel Pink; es un músico genial y toca en muchas canciones de este disco. No sé, siempre estoy predispuesto a ello.

¿Hay alguien con quien te gustaría colaborar?

Claro. Neil Young, John Prine, Terry Allen… Cualquier persona que te imagines.

En «b’lieve i’m goin down…” (2015) experimentaste mucho con el piano. Sin embargo, “Bottle It In” vuelve a ser más guitarrero. ¿Por qué decidiste dejar el piano en un segundo plano esta vez?

No ha sido algo realmente intencionado, hay bastante piano en este disco también, pero quizás tiene menos presencia porque las guitarras son muy potentes o porque perdió un poco de fuerza en la mezcla. Adoro el piano, pero nunca ha sido mi instrumento principal. Cuando era más joven tenía uno en casa y en esa época muchos de mis compositores favoritos tocaban el piano, como Terry Allen, Randy Newman, Donald Fagen, Jerry Lee Lewis… Era lo que más escuchaba entonces y fui aprendiendo. Nunca he sido muy bueno con el piano, pero creo que cuando estoy en casa compongo más con él; a veces me gusta sacar un puñado de acordes y luego coger la trompeta y hacer algo sobre esa progresión. Me gusta coger inspiración de muchos instrumentos diferentes.

«Bottle It In” es la pieza central del disco y no quería que se pasara por alto como un tema más, ya que dura diez minutos y es bastante arty y experimental, con alguna parte más orquestal y otras más extravagantes.

¿Cuándo empezaste a tocar? He leído sobre tus primeros contactos con el banjo y la guitarra, pero no sobre el piano.

Cuando era adolescente aprendí a tocar lo típico, acordes y demás. Siempre he tocado de manera casual y he incorporado teclados en mis trabajos, desde “Constant Hitmaker”. Con “b’lieve i’m goin down…” me aventuré un poco más pero realmente no soy muy habilidoso. No me importaría recibir clases, ya que soy mucho más fluido con la guitarra.

Hablando de las letras, ¿sueles empezar con ellas antes de la música o primero creas una progresión o un riff y a partir de ahí sacas la letra?

De todo un poco. A veces vienen primero las letras, otras la música y en otras ocasiones vienen a la vez. No hay reglas a seguir, la tendencia general tira más a sacar primero acordes y luego escribir algo, pero depende.

Fotografía: Marina Chávez
Vi aquel vídeo de ‘What’s In My Bag?’ en el que Courtney y tú os recomendabais música el uno al otro y me sorprendió la cantidad de músicos de décadas pasadas que conoces. ¿Podrías mencionar cosas que estés escuchando actualmente?

Claro, me encanta el nuevo disco de Beach House, por ejemplo, me encantan todos sus trabajos en general. El disco “Juarez” de Terry Allen, “Honky Tonk Heroes” de Waylon Jennings… y el de Courtney, claro.

Cambiando de tema, ¿es difícil para ti compaginar la vida de artista con la de padre?

Sí, bueno, ya me he acostumbrado a ello. Siempre es una locura cuando acabas de sacar un nuevo trabajo y tienes que salir de gira; el primer fin de semana siempre es duro, pero creo que al final es el pago que haces por lo que viene después. Quiero decir, si me dedicase a otra cosa probablemente tendría que trabajar todos los días y estar yendo constantemente de casa al trabajo, mientras que de esta manera, cuando llego a casa, me quedo en casa, ¿sabes? Puedo hacer excursiones o pasar todo el tiempo en casa con mi familia, y para mí definitivamente es mejor así.

Realmente no me gusta tener un único sonido o algo demasiado característico, me gusta experimentar y abarcar tantos sonidos como sea posible.

¿Tus hijas escuchan tu música? ¿Les gusta lo que haces?

Sí, la verdad es que les encanta y siempre me piden más.

¿Prefieres tocar en festivales y sitios abiertos o en salas más pequeñas? ¿En qué países o lugares te gusta más tocar?

Antes era más de salas, pero le he acabado cogiendo el gusto a los festivales también, depende del día. Ambos sitios te dan noches para el recuerdo y otras que mejor olvidar. Si tuviera que elegir un sitio favorito probablemente diría Australia, pero también me encantan Nueva Zelanda, Japón… Del mismo modo, Barcelona es un sitio muy agradable, me encanta el Primavera Sound. En general, me gusta tocar en cuantos más sitios mejor.