The Blaze – Dancehall

Les conocimos, sobre todo, gracias a las majestuosas piezas visuales de sus primeras canciones; videoclips que nos impactaron tanto como la música que los acompañaba y que les han merecido todo tipo de elogios, como el de Barry Jenkins (director de la oscarizada Moonlight, considerando sus videoclips como la mejor pieza de arte de 2017)Ya en ese momento, The Blaze demostraron que su música traspasaba el house ‘post-clubber’ y se adentraba en un espectro poético, emocional y vivo. Ahondando en la bellísimamente coreografiada emoción del regreso a los orígenes en “Territory” o analizando las crípticas barreras de una masculinidad extrarradial en “Virile”, el dúo francés firmaba temas que podían tanto hacernos bailar como estallar en lágrimas.

Música de baile con un alto contenido sentimental y liberador

El sentimentalismo que desprenden algunos temas de “Dancehall” nos inclina a pensar que los franceses han logrado lo que se proponían al conceptualizar el álbum.

Ellos son Guillaume y Jonathan Alric, dos primos que empezaron a crear música juntos a raíz de un proyecto académico de Jonathan que marcó el inicio de The Blaze, un dúo de electrónica centrado en captar ciertos sentimientos de compleja definición a través de sus beats y cadencias. Ciertamente, en su EP debut “Territory” alcanzaron su objetivo, trasladándonos a paisajes crepusculares, llenos de emoción y catarsis. Con ese “Territory” forjaron su nombre y entraron por la puerta grande a festivales como el Coachella o el pasado Primavera Sound. No ha sido hasta finales de este verano cuando hemos podido adentrarnos en su primer larga duración, titulado “Dancehall” en honor a los célebres ‘halls’ de baile europeos de mediados del siglo XX que triunfaron como válvula de escape tanto en las grandes guerras como en los pesimistas periodos intermedios. De nuevo, regresamos a esta idea tan propia que tienen The Blaze sobre generar música de baile con un alto contenido sentimental y liberador.

Fotografía: Benjamin Loyseau

Un disco entretenido sin cumplir todas las expectativas

The Blaze han tratado de encontrar otras formas diferentes a las que nos habían anticipado en el EP “Territory” para expresar su sentimentalismo: en “Dancehall” encontramos menos estimulación minimalista de subwoofer y sobre todo menos juegos de cadencias.

Entramos, pues, en este “Dancehall” que han construido los franceses con su apertura; un “Opening” que combina una instrumentación clásica como el piano con la hiperbólica modulación de la voz para agravarla y deshacerla entre los beats y los sintetizadores que van apropiándose de la canción a medida que aumenta su pulso. Seguimos con “Heaven”, el que fue primer sencillo del disco y cuyo videoclip ya marcó cierta continuad con los temas anteriores. Aquí funden sus ritmos en una epopeya hacia la felicidad, la libertad y el amor. Este es el “Heaven” al que quieren trasladarnos, un espacio brillante sin fronteras ni miedos. Para ello abandonan los ritmos más duros que habíamos escuchado en “Territory” con el fin de captar una musicalidad mucho más atmosférica. Algo similar pasa en “She”, donde trabajan el sonido de un piano clásico con unas potentes progresiones que nos podrán recordar, incluso, a temas más poperos como el ya mítico “Feel So Close” de Calvin Harris. En “She” notamos cómo The Blaze han querido rodear emociones similares a partir de caminos distintos: si en “Heaven” la sensación general era más liberadora, en “She” es sin duda más explosiva y en otros temas como “Places” mucho más colorida.

Rise”, en cambio, parece un ejercicio menos arriesgado teniendo en cuenta que utilizan unas progresiones similares a los temas anteriores, sin aportar mucho más contexto y dando la sensación de que la pieza no acaba de estallar nunca por la placidez de sus cambios de cadencia. Algo parecido ocurre en “Runaway”, pese a que aquí los sonidos son mucho más profundos y diferenciados del resto del álbum. Sin embargo, otra vez la cima parece no vislumbrarse nunca.

Cierta monotonía en instrumentación y progresiones

Sonando más moderados en su persecución del eterno ‘feeling good’, el dúo francés firma un disco entretenido pero que, sin embargo, nos deja con la sensación de que no han acabado de poner toda la carne en el asador.

Breath” regresa a esa cierta idea celestial que planteaban en “Heaven”; con un sonido parecido al órgano buscan la elevación mediante la ya repetida subida de volumen catártica. No obstante, en “Breath” consiguen que el clímax suene un poco más funcional y vibrante mientras la voz repite “In my whole life / I’ve never felt so free. Parece que The Blaze han encontrado un sonido para describir esa sensación de libertad: los medios tonos de piano, dado que en “Queens” vuelven a hacerlos protagonistas. Quizá a estas alturas del disco nos damos cuenta de que, pese a que el recurso es válido y apoya bien la voluntad uplifting, no acaba de cuajar en el conjunto por la mimetización con los otros temas, funcionando bien como sencillo pero siendo un poco monótono dentro de “Dancehall”.

En “Faces” juegan a rodearnos y envolvernos con unos sintetizadores en los que el dúo se maneja bien, bañándolos en beats y samples vocales que consiguen su cometido, fluyendo con sentimiento e interés a lo largo de la composición. También en “Mount”, donde recuperan ciertas esencias de “Dancehall” para clausurar a modo de tonos atmosféricos y con cierto aire cinematográfico.

The Blaze – Dancehall

6.9

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The Blaze han tratado de encontrar otras formas diferentes a las que nos habían anticipado en “Territory” para expresar su sentimentalismo: en “Dancehall” encontramos menos estimulación minimalista de subwoofer y sobre todo menos juegos de cadencias. Sonando más moderados en su persecución del eterno ‘feeling good’, el dúo francés firma un disco entretenido pero que, sin embargo, nos deja con la sensación de que no han acabado de poner toda la carne en el asador.

Up

  • El sentimentalismo que desprenden algunos temas de “Dancehall” nos inclina a pensar que los franceses han logrado lo que se proponían al conceptualizar el álbum.

Down

  • Las expectativas para el debut de The Blaze estaban muy altas tras su EP de presentación. Ciertamente no han apostado por hacer lo mismo pero se echa mucho de menos los rangos dinámicos y cambios de cadencias que habían destilado en sus primeros singles.
  • Cierta monotonía en todos los temas, ya no sólo en cuanto a instrumentación sino también en progresión.