«El “OK Computer” millennial». BOOM. Y se quedan tan a gusto. Mal, muy mal. Primero porque es injusto comparar de primeras cualquier disco en presente con una Nôtre-Dame de la historia de la música moderna como es el tercer disco de Radiohead. Segundo porque vaya clase de periodismo. Pero tercero y lo peor de todo: porque me predispones, creo, a mí y a cualquier lector, a detestar a la banda a la que se supone pretendes loar. Para más inri, esa banda son The 1975, y yo ya tengo sobre ellos unos prejuicios calentitos bien fundados en sus dos discos pretéritos, así que el escenario en el que me veo antes de darle al play es verdaderamente digno de película de Kill Bill.

¿El enésimo órdago del indie-pop-rock británico a podios históricos que ya no les pertenecen?

“A Brief Inquiry Into Online Relationships” no es un disco magnífico y repite muchos de los vicios plásticos de la banda de Mánchester, pero sí es un salto cualitativo imposible de prever que les catapulta directamente a un nivel superior. Se han comido una y han contado veinte; se han vestido de serpiente y han cogido la escalera de subida.

Así estaremos muchos que consideramos que el cuarteto de Mánchester no dejan de ser el enésimo órdago del indie-pop-rock británico a podios históricos que ya no les pertenecen, pero qué bonito es que te hagan cambiar de opinión con este “A Brief Inquiry Into Online Relationships”.

Con argumentos razonables, además, en forma de decoración sinfónica, de disertación electrónica, de curiosidad que mata a un gato comodón y bien alimentado, de poesía para el relevo generacional. The 1975 ya no piensan en retirarse por todo lo alto, sino que se atemorizan pensando en qué diablos hacen retirándose si es posible que no sean lo suficientemente buenos todavía… “Have we actually done anything?”, le dijo Healy a Readdork hace pocos días. Es un buen punto desde el que empezar.

Fotografía: Magdalena Wosinska

El extraño caso de The 1975

En sólo la intro de “A Brief Inquiry Into Online Relationships” (titulazo, por cierto) pensamos más en Bon Iver y en Steve Reich que en cualquier otro grupo churro que haya querido vender en algún momento la NME.

Y es que del cuchillo en la mano pasas rápido a la cara de sorpresa cuando suena la apertura, de nuevo una “The 1975” que han cogido por costumbre reversionar para comenzar cada uno de sus trabajos y que esta vez muta hasta convertirse en una minimalista balada a piano encolerizada por un vocoder stacatto en la voz de Matt Healy. Pero no es eso lo más interesante, sino los sutiles crepitares, golpes de cuerdas lejanos que generan una suerte de ambientación cósmica que ya no va a abandonar el trabajo en ningún momento. Programaciones que están inspiradas en Steve Reich, lo que le da mucho más sentido a la portada, una preciosidad que me recuerda a sus covers o a otras en general de música concreta. ¿Resumen? Que en sólo la intro de “A Brief Inquiry Into Online Relationships” (titulazo, por cierto, y va otro avance) hemos pensado más en Bon Iver y en Steve Reich que en cualquier otro grupo churro que haya querido vender en algún momento la NME. Y que cuando todo te parece mentira Healy te suelta esto en el trallazo upbeat “Give Yourself a Try”:

Encontré una cana en uno de mis canutos
Como hacen con el contexto en los debates modernos, la quité
El único aparato que necesitas para ser feliz es tu dolor y salir, joder,
Y pillar ETSs a los 27, que tampoco está tan bien

Jane se suicidó a los 16
Era una niña con la caja tatuada en el brazo
Y yo tenía 25 y me daba miedo salir a la calle
Un millennial que le gusta a la generación del Baby-Boom”

No es que The 1975 hayan mejorado, no. Es que parecen una banda diferente. Quizá por la madurez o por el rigor artístico del que puede presumir su líder, que tiene claro por ejemplo que quiere cerrar la que él llama etapa “Music for Cars” de la banda con un doble trabajo del que este “ABIIOR” sería la primera parte y cuya segunda, provisionalmente titulada “Notes On a Conditional Form”, está prevista para junio del año que viene, pero está claro que han pasado cosas en el núcleo de los mancunianos. Que lo que antes sonaba pretencioso ahora suena sincero, que las letras están cargadas de fuerza y resuenan generacionales, un poco en la línea de lo que ocurría con el “Melodrama” de Lorde. Que Matt ha sabido madurar y reflexionar sobre el proceso de hacerlo, bandeando entre adicciones a la cocaína y a la heroína y períodos de rehabilitación, éxito a los dos lados del charco y maratonianas giras internacionales, y lo plasma en líneas como “el whiskey nunca empieza a saberte bien, y ganas un montón de pasta, y es divertido porque te mudas a algún sitio con playa y te enganchas a las drogas” en un tema que supone un refrescante paso hacia delante en esa línea de himnos llenaestadios británicos que puede partir del “Disorder” de Joy Division y terminar, por qué no, en el caleidoscopio guitarrero que es “Hurts Like Heaven” de Coldplay.

Jugando a la serpiente y la escalera

The 1975 repasan varias de las paradojas más características del mundo moderno: La desconexión, la burbuja de la felicidad que generan los algoritmos, cómo la sociedad occidental encumbra y monetiza la cultura negra y la sofoca en la sombra, la locura colectiva que conduce a Donald Trump… Está claro que han pasado cosas en el núcleo de los mancunianos. Que lo que antes sonaba pretencioso ahora suena sincero, que las letras están cargadas de fuerza y resuenan generacionales. Matt ha sabido madurar y reflexionar sobre el proceso de hacerlo.

En lo que lo asimilas todo se pasa volando “TOOTIMETOOTIMETOOTIME”, un numerito resultón y más naif que recuerda con cierta elegancia al “Purpose” de Justin Bieber, pero la cara de sorpresa sigue ahí y es inevitable no forzarla un poco más al escuchar la metafórica “How To Draw / Petrichor”, una preciosidad experimental y minimalista construida con vocoders y efectos sobre un xilófono y abrigada por cuerdas y alguna trompeta sutil que se transforma en una programación electrónica con trazas de UK garage que vuelve a recordar a Bon Iver y que lo encuentra con Jamie xx para una outro que primero se oscurece para emerger de nuevo buscando la luz.

Después, por si no era suficiente, llega la mejor canción del trabajo: “Love It If We Made It”. Un intento (según Healy contaba a Pitchfork) de recrear la narrativa de “Sign O’ The Times”, arranca in media res con una escena potentísima (“follando en un coche, chutándonos heroína”) y de ahí no se baja, repasando siempre en presente continuo varias de las paradojas más características del mundo moderno, ese que pretenden plasmar The 1975 en su tercer largo. La desconexión, la burbuja de la felicidad que generan los algoritmos, cómo la sociedad occidental encumbra y monetiza la cultura negra y la sofoca en la sombra, la locura colectiva que conduce a Donald Trump. En más ramalazos de inspiración, Healy se corona con líneas como esta:

Descansa en paz, Lil Peep
La poesía está en las calles
Sálvanos, Jesús
La modernidad nos ha fallado”

O como esta otra:

Una casa con siete piscinas que no te corresponde
‘Gracias, Kanye, muy cool’”

De algún modo, después, “Be My Mistake” sirve para cerrar un hipotético primer tramo del álbum con una bajada de revoluciones hasta una marcha más acústica que recuerda melódicamente al “Delicate” de Damien Rice y que empieza a disipar la fantasía de un disco magnífico. “A Brief Inquiry Into Online Relationships” no lo es, y repite muchos de los vicios plásticos de la banda de Mánchester como se verá en las sucesivas canciones, pero sí es un salto cualitativo imposible de prever que les catapulta directamente a un nivel superior. Se han comido una y se han contado veinte; se han vestido de serpiente y han cogido la escalera de subida.

La fantasía de un disco magnífico

The 1975 son una banda de éxito masivo, de esas que pretenden reproducir los logros de U2 y Coldplay sin perder de vista a Radiohead y pensando en menor medida en R.E.M. o en Arcade Fire, con lo cual es normal que tengan que mantener la tensión comercial. A eso parece responder la segunda parte de un trabajo que puede estar en su conjunto teatralizado.

No olvidemos que The 1975 son una banda mainstream, de éxito masivo, de esas que pretenden reproducir los logros de U2 y Coldplay sin perder de vista a Radiohead y pensando en menor medida en R.E.M. o en Arcade Fire, con lo cual es normal que tengan que mantener la tensión comercial, como superventas originario de la Pérfida Albión que son, en Estados Unidos. A eso parece responder la segunda parte de un trabajo que puede estar en su conjunto ligeramente teatralizado, como una especie de ópera rock sobre las relaciones personales en la era de Internet, y que está claro en ese neo-R&B con aires jazzy “Sincerity Is Scary” que le pega tanto al Miguel más pop (una reflexión sobre cómo enmascaramos nuestros sentimientos con ironía, el consumo como forma de vida y la autoestima) o en el repaso a la vertiente más soul del “22, A Million” que es “I Like America & America Likes Me”, un manifiesto contra el uso de armas de fuego en EEUU que busca capturar lo que para Matt es el sonido americano ahora mismo, partiendo de una base de inspiración hip-hop.

The Man Who Married a Robot / Love Theme” sirve como interesante interludio y narra en la voz masculina de Siri la historia de un hombre solitario que murió con la única compañía de su smartphone, con el que era capaz de satisfacer de forma ficcional todas sus necesidades sociales. Los vientos embriagan el final y coquetean con las cuerdas mientras el piano camina sigiloso por el fondo cósmico, y tintinean las campanas y vibran los metales en un precioso arreglo sinfónico que supone otro de los grandes avances de The 1975 en “ABIIOR”. Que vuelve a quedarse en fantasía por el desplome que supone la pastelosa balada “Inside Your Mind”, en la que hasta el apartado lírico se ve afectado. Y a estas alturas del disco ya se han sucedido en trazas demasiados géneros, demasiadas referencias, demasiados bajones innecesarios e incoherencias en la sucesión de las canciones que empiezan a dar más sensación de collage que de compendio sólido.

Music for the new wave of masses

Se suceden en trazas demasiados géneros, demasiadas referencias, demasiados bajones innecesarios e incoherencias en la sucesión de las canciones que al final dan más sensación de collage y de batiburrillo descentrado que de compendio sólido. El sabor es agridulce. Porque, paradójicamente, “A Brief Inquiry Into Online Relationships” peca en parte de lo mismo que critica: la desconexión emocional en la era de la sobreinformación.

Aunque el vuelo remonte un poco gracias a “It’s Not Living (If It’s Not With You)”, con un no-sé-qué a los mejores Duran Duran o a Fleetwood Mac y graciosa sobre todo por poner en un estribillo coreable y casi tontorrón una declaración de amor a la heroína (“And all I do is sit and think about you / If I knew what you’d do / Collapse my veins, wearing beautiful shoes / It’s not living if it’s not with you”), lo cierto es que el resto del metraje, pese a destellos de calidad en el standard jazz “Mine” o en la final “I Always Wanna Die (Sometimes)”, una suerte de Radiohead meets The Verve que habla el lenguaje del britpop, pierde muchísimo sentido y consistencia.

No funciona la folkie “Surrounded by Heads and Bodies”, una de esas joyitas arriesgadas que sólo le salen redondas a grupos como Wilco, Eels o Arcade Fire, ni el góspel soul de “I Couldn’t Be More in Love” que suena a cliché de colofón para redondear el pastiche en el que se convierte el último tramo, y la sensación que queda al final es de batiburrillo descentrado. El sabor, agridulce. Porque, paradójicamente, “A Brief Inquiry Into Online Relationships” peca en parte de lo mismo que critica: la desconexión emocional en la era de la sobreinformación.

The 1975 – A Brief Inquiry Into Online Relationships

7.7

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En una proeza con pocos precedentes, The 1975 suben de nivel con “A Brief Inquiry Into Online Relationships”. Incluyendo arreglos orquestales, programaciones electrónicas y bebiendo de la influencia de Steve Reich, Bon Iver o el rap americano, mejoran su paleta sonora sin renunciar a la épica pop para las masas y logran así firmar su mejor trabajo. Una historia algo destartalada en clave de pop honesto sobre las relaciones personales en la era digital que, además, presenta una mejora sustancial en el apartado lírico. Lástima que se deslavace al final.

Up

  • Lo que sería el primer acto, desde la apertura experimental de “The 1975” hasta la generacional “Love It If We Made It”, piedra angular del trabajo.
  • Las letras, sinceras, inusualmente pretenciosas y cargadas de potentes imágenes.
  • El factor sorpresa, ya que el nivel del cuarteto de Mánchester dejaba bastante que desear.
  • El packaging: título, portada, concepto. Incluso el susurro tecnológico que rodea todo el trabajo.

Down

  • Que se pasan de metraje, con canciones de relleno como “Surrounded by Heads and Bodies”, “Inside Your Mind” o “I Couldn’t Be More in Love”. Así quizá hubiera quedado mejor.
  • El final, dubitativo e incoherente, un pastiche de colores jazz, britpop, arreglos orquestales, balada acústica, góspel, soul…
  • La ambición atrapalotodo, muy relacionada con su vocación masiva y aunque esta vez lleguen a cuestionarse a ellos mismos (“a millennial that baby-boomers like”).