Fotografía: Javier Rosa

Qué duda cabe. En esta décima edición, el festival Monkey Week ha alcanzado la mayoría de edad. Las propias necesidades del evento hicieron que hace tres años se trasladara del Puerto de Santa María (Cádiz) a Sevilla, y hoy estamos en condiciones de afirmar que la cita no sólo se halla plenamente consolidada, sino que se establece como ineludible. Más allá de las cifras oficiales, bastaba con darse una vuelta por la emblemática Alameda de Hércules, el espacio en torno al cual se celebra el festival, para dar buena cuenta del interés que este ha suscitado. Salas y teatros abarrotados ha sido la estampa habitual estos días. Además de largas colas en las puertas de algunos recintos que no daban más de sí y que sorprendían a los festivaleros más veteranos.

Había hambre de novedad. Los asistentes han interiorizado la consigna “descubre hoy la música del mañana” y, salvo escasísimas excepciones, las bandas se han visto arropadas por un público desprovisto de prejuicios y con unas ganas infinitas de pasárselo bien.

Y no, estas situaciones no sólo se dieron entre los artistas con mayor poder de convocatoria, como Novedades Carminha o Pony Bravo, sino también con otros grupos emergentes de menor calado. Había hambre de novedad. Los asistentes han interiorizado la consigna descubre hoy la música del mañana” y, salvo escasísimas excepciones, las bandas se han visto arropadas por un público desprovisto de prejuicios y con unas ganas infinitas de pasárselo bien.

Directo impregnado de psicodelia con mucho potencial

La lluvia no dio tregua el jueves, obligando a suspender los cinco conciertos programados en el Escenario DITTO Music del Espacio Santa Clara y poniendo a trabajar a la organización para reubicarlos en fechas posteriores. No les vino mal a los grupos que tocaban en el Escenario Jägermusic (la pista de coches de choque), donde The Magic Mor sacaron su mejor repertorio impregnado de psicodelia para llamar la atención de los presentes. Un directo con mucho potencial que nos dejó la sensación de que no les sería difícil llegar a un público más amplio si decidieran apostar por el español. Tienen las melodías, sólo necesitan ofrecer un texto que corear. Especialmente ahora que Rufus T. Firefly han abierto mucho camino en relación a estos sonidos.

Maria Arnal i Marcel Bagés brillaron, además de por la música, por su sencilla y espectacular puesta en escena

El plato fuerte de este día corrió a cargo de Maria Arnal i Marcel Bagés. Venían a inaugurar el festival y a cerrar la gira del exitoso “45 Cerebros y 1 Corazón” que tantas alegrías les ha dado. No pudieron evitar emocionarse al final de un concierto sofisticado y espléndido que brilló, además de por la música, por su sencilla y espectacular puesta en escena con sus juegos de sombras. Canciones como la homónima “45 Cerebros y 1 Corazón”, “Desmemoria”, la sobrecogedora “No he desitjat mai cap cos com el teu” y la imprescindible “Tú que vienes a rondarme” sonaron junto con otras como “Cançó de Marina Ginestà” y “Cançó del farigoler”, del EP “Verbena”. Correspondería a la optimista “A la vida” la tarea de cerrar un concierto que mantuvo al público expectante y silencioso que contribuyó a que la velada resultara ciertamente memorable.

Fotografía: Javier Rosa

Rock bailable y coreable a cargo de los mexicanos Carmen Costa

El buen tiempo acompañó la jornada del viernes. Los mexicanos Carmen Costa tocaron en el Escenario Ron Contrabando, situado en plena Alameda de Hércules, al aire libre y abierto a todos aquellos transeúntes melómanos, curiosos o despistados con ganas de escuchar buena música en directo. Era la tercera vez que los de Manú Charritton actuaban en el Monkey Week. No terminaron de conectar con un público que escuchaba expectante pero que no se dejó llevar por la música a pesar de los esfuerzos del frontman. No obstante, la banda dio lo mejor de sí ejecutando un repertorio enérgico y variado que, en ocasiones, sorprendía por los giros estilísticos que llevaban a cabo. Incansable, Charritton terminó bajando del escenario e involucrando al público con la desenfadada “Los viejos vinagres”. Rock bailable y coreable con el que dejaron muy buen sabor de boca.

Pogos y contundencia para Biznaga, LA FIESTA con Novedades Carminha

Algo más tarde llegó el turno de Biznaga en el Teatro Alameda, donde canciones como “Fiebre”, “Máquinas blandas”, “Las brigadas enfadadas”, “Una ciudad cualquiera” y “Héroes del no” favorecieron la creación de pogos e impulsaron algunos saltos desde el escenario por parte de los fans más atrevidos. Siempre contundentes, supieron llevar al público a su terreno desde el primer momento. No dieron tregua. Y terminaron por todo lo alto con el hit “Mediocridad y confort”. LA FIESTA, así, en mayúsculas, llegó justo a continuación de la mano de Novedades Carminha. Con el teatro lleno hasta la bandera y un público completamente entregado que bailó y cantó cada una de las canciones, los gallegos interpretaron éxitos tales como “Caprichito de Santiago”, “Antigua pero moderna”, “Quiero verte bailar”, “Que Dios reparta fuerte” y “La mejor de Europa”, entre otros. Pero los dos puntos álgidos llegarían con “Cariñito” y “Lento”, ambas incluidas en “Campeones del Mundo”, su trabajo más reciente.

Fotografía: Javier Rosa

Alien Tango: recital de poses, estilos, explosiones sonoras y diversos chascarrillos

El sábado por la tarde comparecieron en el Vinilo Rock Bar los murcianos Alien Tango. Se presentaron con un el comienzo va a conciertar”, y a partir de ahí todo fue sobre ruedas. Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos la banda dio todo un recital de poses, estilos, explosiones sonoras y diversos chascarrillos que conformaron un gran espectáculo. Aitite se reveló como un excelente maestro de ceremonias. Tiene buena presencia en el escenario, es un artista carismático y va sobrado de actitud. Oso Peligroso, al bajo, y El Verdadero, en la batería, parecían estar disfrutando tanto como el público al que tenían entregado. Sin embargo, fue Guardabosques quien llamó la atención de algunos dada su actitud impasible. Estaba en cuerpo, pero el grupo de personas que tenía a mi derecha dudaban que estuviera también en mente. Aunque tal embelesamiento no supuso obstáculo alguno para el correcto desempeño de sus funciones. Los espectadores, entusiasmados, se quedaron con ganas de más.

Los Estanques: lección de maestría instrumental

Los Estanques llegaron al escenario Ron Contrabando de la Alameda dispuestos a resarcirse del pase que habían ofrecido la noche anterior en la Sala Fun Club, donde problemas técnicos no les permitieron desarrollar de manera satisfactoria un concierto que el sábado sí resulto demoledor. Comandados por Íñigo Bregel, el cuarteto dio toda una lección de maestría instrumental que inevitablemente terminó conquistando a la audiencia. Entre temas como “Percal”, “Viento en pompa”, “Efeméride” y “Todo lo que tú dejaste atrás”, presentaron otros todavía inéditos que verán la luz con la publicación de su tercer álbum, previsto para el próximo mes de febrero. La locura llegó con “Vietnam”, que fue la encargada de cerrar el espectáculo. Con un control excelente de los tiempos y jugando con las expectativas del público, Bregel se reveló como un animal escénico que terminó encandilando al respetable, además de por su pericia técnica, por su actitud en el escenario. Concluyendo la demostración con el teclado por los suelos. Rock and Roll Actitud.

Fotografía: Javier Rosa

“Buenas noches, soy Rosalía”

Y hablando de actitud. Tomando el relevo a Los Estanques se personaban Los Jaguares de la Bahía con el genuino Paco Loco al frente. El grupo vino a presentar su álbum “Canciones para el Discman”, pero pronto los propios temas pasaron a un segundo plano. El sentido del espectáculo de Paco Loco es genuino. Unas pocas canciones le bastaron para acaparar la atención de la Alameda de Hércules y ponerla patas arriba. Paco es un showman, y me atrevería a decir que es lo más punk que ha visto este país en mucho tiempo. Se presentó en el escenario con un Buenas noches, soy Rosalía”, y a partir de ahí desplegó todo un abanico de recursos que terminaron con un Paco Loco creando el pogo de su propio concierto. Por supuesto, la banda no descuidó la música en ningún momento. Son unos veteranos tremendamente solventes que cumplieron a la perfección.

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba: unos Triana más hardrockeros y psicodélicos

Acto seguido se subían al escenario los sevillanos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. El debut de este sexteto llegará en enero y, a tenor de lo visto y oído, recomendamos encarecidamente no perderlos de vista. Un manillar de bicicleta unido al pie de micro, un teclista enmascarado y un cantante que estéticamente nos recuerda al mismísimo Robert Plant. Tienen buenas canciones, se muestran comodísimos en el escenario y hacen gala de una técnica muy pulida. Suenan como unos Led Zeppelin andaluces con querencia por la psicodelia. O como unos Triana más hardrockeros y psicodélicos, si se prefiere. Son dinámicos, se mostraron muy cercanos con el público y ya soltaron alguna perla coreable con visos de himno.

Fina orfebrería pop

Por su parte, Sierra se encontraron con una Sala X abarrotada y muchas ganas de cantar las canciones que integran “A Ninguna Parte”, el debut de su proyecto en solitario. Con un material como ese, de fina orfebrería pop, el disfrute estaba garantizado, y por supuesto la banda cumplió con las expectativas.