Parcels llevan desde 2016 jugando al despiste con los focos. Huyendo de las mismas expectativas que luego decidían alimentar para volver a desaparecer después, tocando poco pero muy bien (como demostraron en el Vida) y sorprendiendo a propios y extraños con “Overnight”, temazo del verano 2017 que venía con la vitola de la producción de Daft Punk, no precisamente conocidos por colaborar a lo loco con artistas de cualquier clase (entre sus últimas colaboraciones están The Weeknd y Arcade Fire, por ejemplo). Todas las miradas estaban puestas en ellos y ellos se las quitaron de en medio de un plumazo postergando un debut homónimo que todos esperaban en 2017 y que ha terminado saliendo un año después con mucho menos revuelo del que podría haberse previsto.

“Random Access Memories” 2.0

Con referencias dispares y ambiciosas, cualquiera podría pensar que “Parcels” es un disco pretencioso de una banda pretenciosa, pero lo interesante es cómo lo sintetizan todo con naturalidad.

El quinteto australiano, que se mudó hace unos años a Berlín para terminar de cohesionar y encontrar un sonido por el que apostar tras dar bandazos varios de género en género, prefirió encerrarse en el estudio y dar la forma que ellos mismos querían para su disco, recreando sin prejuicios “Random Access Memories” impresionados, imagino, por el resultado de “Overnight” pero bajo su propio libro de estilo, un compendio que bebe tanto del funk de los setenta como del yacht rock o del delicado pop rico en armonías y que sitúa sus coordenadas de viaje entre la elegancia disco de Nueva York, el groove aéreo de Los Ángeles y ese touche especial de París.

Fotografía: Antoine Henault

Un disco excelentemente cohesionado, muy coherente y honesto con sus pretensiones

Un compendio que bebe tanto del funk de los setenta como del yacht rock o del delicado pop rico en armonías y que sitúa sus coordenadas de viaje entre la elegancia disco de Nueva York, el groove aéreo de Los Ángeles y ese touche especial de París.

Con unas referencias tan dispares y a la vez tan ambiciosas, cualquiera podría pensar que “Parcels” es un disco pretencioso de una banda pretenciosa, pero lo más interesante que tienen es quizá cómo lo sintetizan todo con una honesta naturalidad para salirse de la etiqueta o la comparación fácil. Es inevitable pensar en Nile Rodgers cuando empieza a sonar “Parcels”, más escuchando el riff de “Comedown”, igual que lo es pensar en Jungle o en “Get Lucky” durante “Lightenup”. Pero las voces robóticas de Daft Punk no están y sí encontramos armonías vocales más jazzy deudoras del pop clásico; no está el funk salvaje que exudan Jungle y sin embargo sí una reconstrucción ordenada del funk de los setenta, más soft y conectando con el espíritu de los Bee Gees. El paso hacia delante de Parcels lo es realmente hacia atrás, y es eso lo que les hace tan especiales.

Con un groove más melancólico, “Withorwithout” sigue encaminada en “Random Access Memories”, concretamente en una “Instant Crush” a la que también nos llevan el sutil procesamiento vocal o el inflamado solo de sintetizador, y esa pulsión cercana a la electrónica pero con cierta sensación de analógica y de nuevo el regusto vintage que rodea a todo el trabajo de Parcels permanece e incluso se acentúa en “Tape” (especialmente al final), cerrando otra sucesión muy natural en un disco que está excelentemente cohesionado en cuanto a sonido y que, al final, resulta muy coherente y honesto con sus pretensiones.

El retorno de Kitsuné, melancolía bailable para una generación

Las voces robóticas de Daft Punk no están y sí encontramos armonías vocales más jazzy deudoras del pop clásico; no está el funk salvaje que exudan Jungle y sin embargo sí una reconstrucción ordenada del funk de los setenta, más soft y conectando con el espíritu de los Bee Gees. El paso hacia delante de Parcels lo es realmente hacia atrás, y es eso lo que les hace tan especiales.

Everyroad” sirve para cambiar ligeramente de dirección y para dejar uno de los momentos cumbre del disco con una progresión medidamente intensa que nos muestra a Phoenix sobrevolando California en un avión de lujo hasta estallar en un electro mercúrico. “Yourfault”, después, baja de revoluciones (aún más) con un aterrizaje que desploma un poco el vuelo raso y constante del álbum, y “Closetowhy” nos deja un más-de-lo-mismo de la fórmula “R.A.M.” pasado esta vez por el filtro Toto y con alguna guirnalda de electro para decorar.

Su continuación natural es “IknowhowIfeel”, retomando en la rampa de despegue con un disco-funk contundente que otra vez nos acerca al clasicismo de Bee Gees con una frescura muy actual pero que sobre todo invita a rememorar con nostalgia los tiempos de Kitsuné, responsables por ejemplo de lanzar la carrera de Hot Chip y emblema de la explosión indietrónica de mediados de los 2000: la melancolía bailable, los falsetes frágiles entre la súplica y el susurro, los dibujos sencillos, brillantes e insistentes de guitarra, el espíritu dance para una entonces neonata generación alternativa.

Satisfaciendo las expectativas sin proponer ningún elemento rupturista

La película de Parcels es la que ellos mismos se han guisado y se han comido, la que están empezando a revivir al ritmo de las estrellas, entre aviones caros, asientos de cuero beige, ciudades de vicio y lujo, Channel, galmour, Versace, Dry Martini y bolas de discoteca. La fantasía de un pasado idealizado, de un presente interesante y de un futuro prometedor.

Por el mismo camino, cómo no en un disco tan lineal, continúa “Exotica”, trasladada más en rigor al lenguaje Kitsuné y apoyada por un arreglo de cuerdas que remata un pasaje más lounge. Insisto en lo importante que es agradecerles a Parcels el haber vuelto a poner en el mapa al sello francés. La bala para reflotar la recta final del trabajo, más irregular que su inicio, regresa a los dominios de Daft Punk y a los riffs marca Nile Rodgers, una “Tieduprightnow” que viene a cubrir el hueco que ha podido dejar no incluir en el metraje el sencillazo “Overnight” representando una versión de esta más contenida e intensa que, sin embargo, carece de su frescura desenfadada aunque ambas compartan pegamento.

Más clásica, haciendo valer las armonías a cinco bandas que también les hacen hijos del pop de los sesenta, es “Bemyself”, el acto final que precede a una divertida bajada de telón funk sobre la que el MC berlinés Dean Dawson enumera los créditos del álbum. La sintonía de clausura de la propia película de Parcels, la que ellos mismos se han guisado y se han comido, la que están empezando a revivir al ritmo de las estrellas, entre aviones caros, asientos de cuero beige, ciudades de vicio y lujo, Channel, galmour, Versace, Dry Martini y bolas de discoteca. La fantasía de un pasado idealizado, de un presente interesante y de un futuro prometedor.

Parcels – Parcels

7.8

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Parcels debutan por fin satisfaciendo las expectativas con un buen disco que rememora tanto “Random Access Memories” y Nile Rodgers como los mejores tiempos de Kitsuné, ofreciendo una visión honesta y particular del funk de los setenta desde el clasicismo de Bee Gees y la herencia del pop clásico de armonías. Una vintage melancolía bailable que evoca lujo y que se sitúa también entre el disco de Nueva York, el french touch y el sonido soft de Los Ángeles.

Up

  • La coherencia del disco, su linealidad.
  • El valor de haber dejado fuera “Overnight”, ¿su mejor canción?
  • La honestidad con la que Parcels rinden homenaje al “Random Access Memories” de Daft Punk y a la guitarra de Nile Rodgers desde una visión clasicista y prístina del funk de los setenta que también es deudora del pop de armonías de los sesenta y que sabe moverse entre el disco-funk neoyorquino, el french touch y el yatch rock californiano.
  • La reivindicación del sello Kitsuné.

Down

  • Es un disco blandito y conservador, empeñado en mirar hacia atrás sin ira y que no propone ningún elemento rupturista.
  • El error de haber dejado fuera “Overnight”, ¿su mejor canción?