Un domingo 25 de junio del 2000 Bowie aparecía en el famoso festival de Glastonbury para dar el do de pecho. Fue su pistoletazo de salida para llegar a una nueva generación que lo tenía en el olvido. Cierto que venía de unos años en los que había pasado desapercibido para la prensa y los medios especializados.

Pero llegó Glastonbury y mandó callar. Un festival que empezó en los setenta, organizado por el jipitroski de Michael Eavis, y que llevaba ya décadas consolidado. Por eso, para este del 2000 –el primer año del nuevo siglo– quiso traer la pata negra del pasado y el presente y, por ende, el futuro de la música. Pero en ese magistral listado, elementalmente, faltaba Bowie.

Lo necesitaban. Había estado presente en ese mismo evento allá por 1971 y fue un trallazo. Por tanto, para Eavis era imprescindible volver a tenerlo; su música era referencia obligada para grupos que lo estaban petando en ese momento y con los que también contaba en su cartel. A Bowie le costó decir que sí. En realidad ya andaba un poco quitándose del medio de todo y, tras su fulgurante vida social, cultural y musical de los setenta, en los ochenta frenó un poco y en los noventa anduvo que si colaboraciones y discos con la Tin Machine, remezclas y discos de grandes éxitos; nada nuevo bajo el sol. Pero entrábamos en una década nueva y Bowie tenía mucho que decir.

Queremos contar contigo, David Robert Jones

Años 2000. El festival estaba más que consolidado y era considerado el más multitudinario del mundo. Pero la expectación estaba en la presencia de Bowie, alejado de los focos tanto musical como social. Para los organizadores era esencial contar con él y tanto lo persiguieron, telefonearon a mánager, casa discográfica y entorno que el Duque dijo sí. Dijo sí y luego se marcó uno de los conciertos más recordados de su historia.

Si hablas de festivales más míticos del mundo, el de Glastonbury está en el top de los tops. Incluso si quieres profundizar y preguntas a entendidos del mismo te dirán que recuerdan con fuerza el del 2000, con el otrora Ziggy Stardust a la cabeza. Sí, señores, esta actuación es considerada el mejor concierto de la historia de este festival.

Y ahora, por primera vez, podremos disfrutarlo. Desde el 30 de noviembre está a la venta el recopilatorio con los veintiún temas que sonaron en aquel directo, incluidos “Life on Mars?”, “Let’s Dance”, “Under Pressure” o “Heroes”, además de un DVD con el espectáculo íntegro en alta resolución, nunca antes vistos. Y aunque podrán decir que sí lo han visto, repito NO; lo único que ronda por ahí son treinta y siete minutejos que retransmitió la BBC.

Hasta sus impresiones más íntimas

En la edición se incluye un diario en el que Bowie plasmó, a su forma genial y genialoide, cómo preparó esta actuación. Dice cosas como:

A partir de 1990 me pasé el resto del siglo XX sin tener que hacer un solo concierto con las canciones más populares. Sí, sí, sé que toqué cuatro o cinco hits en los últimos shows, pero resistí bastante bien. Luego pensé que… grandes y conocidas canciones llenarían el campo en Glastonbury este año. Bueno, con un par de caprichos, por supuesto.

En el mismo diario también se recogen las palabras de Emily Eavis, la hija del creador del festival, que dice con orgullo:

A menudo me preguntan cuál es el mejor set que he visto aquí en Glastonbury, y tengo que reconocer que la actuación de Bowie en 2000 es siempre la primera en la que pienso. Fue fascinante; él tenía una multitud absolutamente enorme paralizada. Creo que Bowie tuvo una relación muy profunda con este lugar y contó algunas historias maravillosas sobre su primera vez en el festival en 1971, cuando se quedó en la granja y tocó a las 6 de la mañana cuando salió el sol. Realmente fue un espectáculo muy especial y emotivo.

El audio se ha masterizado recientemente y lo pueden disfrutar en vinilo –3 LP concretamente– y como un conjunto 2CD (sin el DVD). Y en todos ellos podrán encontrar ilustraciones de Jonathan Barnbrook y notas de Caitlin Moran.

Fotografía: Reuters

Genio y figura hasta la sepultura. Y más allá

Si no han seguido mucho al Duque Blanco cuando vean el DVD podrán comprobar por qué tenía ese magnetismo; la elegancia que emanaba sobre el escenario, vestido por Alexander McQueen, era inmensa y encima conjugando sus clásicos de una manera magistral ante, ni más ni menos, que 250.000 personas. Casi ná.

Tras aquel concierto, Bowie sólo saldría de gira en otras dos ocasiones: en 2002 como parte de la promoción del álbum “Heathen” y un año después cuando “Reality” bajo el brazo. Ya en 2006 anunció una retirada temporal de los escenarios que terminaría siendo definitiva tras su muerte una década después (sniff).

Por estos lares de la Tierra se le echa de menos. Y mucho. Para quien esto escribe es uno de los artistas más icónicos de la historia pues siempre supo estar a la vanguardia y sin ir presumiendo de ello. Él era la vanguardia. Vendió más de 140 millones de álbumes en toda su carrera. Pero como uno es grande hasta para decir adiós, escuchen enterico “Blackstar” (2016); nunca antes nadie había dejado un epitafio musical tan imponente:

“In the villa of Ormen
In the villa of Ormen
Stands a solitary candle
In the centre of it all
In the centre of it all
Your eyes”