Mi mayor deseo, el afán desnudo de mi alma, no lo ha alcanzado la fama o el dinero (y he precisado una vida para entenderlo), pues añoro sin remedio el entorno en el que nací, el molino, el río, los niños, el traqueteo del tren o las tardes de cielo despejado entre las montañas. Este tópico Rosebud, que ha caracterizado a empresarios y millonarios del mundo del arte, alcanzó a las figuras del rock más populares (sin llegar a los excesos económicos de los magnates del film) y en especial a aquellas que por las condiciones de sus miembros, como criarse en un pueblo, disponer de la infrecuente admiración por la naturaleza o valorar el trabajo personal, pudieron disfrutar de una infancia plena y un significado para muchos oculto de la vida. Muswell Hill es una ciudad inglesa al norte de Londres lo suficientemente arbolada e integrada en el medio rural para justificar este aspecto, que destaca como máxima en la sincera, inteligente y original labor de los Kinks.

Otra forma de componer pop distinta a la de los Beatles, e igualmente imprescindible

En los albores del álbum conceptual, Ray Davies y compañía decidieron lanzar una serie de fábulas, anécdotas que contuvieran en sí un significado particular, y aún pudieran perseverar en una idea de conjunto, como cualquier poema sinfónico. La estética de las canciones nunca se alejaba demasiado del epicentro y, sin embargo, todas sonaban diferentes.

En los albores del álbum conceptual, Ray Davies y compañía decidieron lanzar una serie de fábulas, anécdotas que contuvieran en sí un significado particular, y aún pudieran perseverar en una idea de conjunto, como cualquier poema sinfónico. La estética de las canciones nunca se alejaba demasiado del epicentro y, sin embargo, todas sonaban diferentes. Esa nostalgia la comparten pocos trabajos, y son aquellos capaces de trasladarte a disfrutar de una época con la que nunca conviviste. En este sentido, “The Kinks Are the Village Green Preservation Society” se lleva la palma. Funciona en cualquier contexto, pasando por los tramos más experimentales con la ligereza de un aeroplano que va contando reses de ganado, o surcando los pasajes más enigmáticos sin que puedas evitar esbozar una sonrisa. Un disco para compartir, de los que conviene memorizar las letras. En los cincuenta años de su estreno queremos rendir homenaje a un clásico que todavía hoy requiere ser reivindicado, pues mientras nombres como The Rolling Stones, The Doors o The Who persisten en la cabeza de todo interesado por el rock, los Kinks permanecen aún ocultos a los oídos de muchos, cuando nada tienen que envidiar a dichas bandas.

Fotografía: Barrie Wentzell

Una oda a la memoria, de esos escasos ejemplos que logran revivir una época con la que no hemos convivido

“The Kinks Are the Village Green Preservation Society” funciona en cualquier contexto, pasando por los tramos más experimentales con la ligereza de un aeroplano que va contando reses de ganado, o surcando los pasajes más enigmáticos sin que puedas evitar esbozar una sonrisa. Un disco para compartir, de los que conviene memorizar las letras.

La réplica contra un mundo cambiante e irrespetuoso comienza con la dócil “The Village Green Preservation Society”, donde las instituciones se hunden, y con el escaso empleo de instrumentos electrónicos se logra un instrumental folclórico que casi revuelve el establo sin salir de los estándares de una canción. Hemos venido a defender lo que es bueno y puro, la variedad, por encima de las máquinas y la especulación, incluidos los dibujos animados de nuestra infancia. Aunque nunca figurara como sencillo, probablemente se trate de uno de los cortes más conocidos del álbum. Un buen lugar para empezar por el disco, como a veces olvidamos que debe ser la apertura de éste. “Do You Remember Walter?” regresa a un tono nostálgico al recordar a un amigo y lo cambiado que se le encuentra, la de olvido que ha bañado sus ojos. Estamos ante un desconocido. El sonido otoñal que caracterizó a la banda hace acto de presencia, y en un reflejo nulamente meloso de The Beach Boys remata con la frase: “La gente cambia, pero los recuerdos de la gente permanecen”.

La divertida “Picture Book” desgaja los eventos en fotografías tomadas por tus padres y resiste dentro del contexto de la memoria. Muy buenos ratos se pueden escenificar detrás de sus rimas. La ofrenda al chico malo y su estilo de vida alternativo toma forma desde un maduro punto de vista en “Johnny Thunder”, nacido para estrellarse a gran velocidad. Con voz pausada pero determinante, Ray Davies marca los pasos de Johnny y los rezos que a él destina la pobre Helenna, confiada de que en el fondo es una buena persona. Desde su vitrina un tren nos narra sus oficios y su deseo de salir del museo en una parodia a otro de los tópicos de los sesenta. “Last of the Steam-Powered Trains” conduce armónica en mano hacia su liberación en los apenas cuatro minutos que componen el segmento más largo del álbum. Finalmente, el aceleramiento de la música nos demuestra que logra su objetivo.

Quince cuentos unidos por la creatividad, sinceridad y el espíritu luchador de Ray Davies

Más allá de la calidad de su música, los Kinks han sabido burlar a la censura y parodiar el sistema desde el filtro más inocente, y por ello su labor debe remarcarse en todos los círculos de la historia de la música como una de las expresiones más fructíferas e influyentes. La inteligencia de Ray Davies destaca en letras aparentemente inocentes y experimentos sonoros que no escapan del margen del pop de los sesenta. ¡Lástima que los valores que defiende hayan quedado tan desperdigados!

Una de las más brillantes odas figura en “Big Sky”, donde una materialización de la divinidad es “demasiado grande para ver o llorar”. La sátira habla con naturalidad y en un estilo a veces narrado y otras cantando cómo al cielo le gustaría intervenir pero no puede. “Sitting by the Riverside” pone fin a la primera cara del disco y, aunque resulte más convencional a nivel lírico (una persona sentada junto a su enamorada y observando el horizonte), contiene elementos siniestros, amparados por el mellotron y el piano, sumando teclados y ruido, que le dan un toque muy característico.

La temática de la granja a la par que su sonido regresa con “Animal Farm”, en otra especie de locus amoenus acústico. La compañía de los animales, como sucedería más adelante con “Animal” de Pearl Jam, resulta plenamente placentera para el cantante, y preferible en ocasiones a la de ciertos humanos. La brigada de instrumentos clásicos aparece con plenitud y perfectamente ensamblada en “Village Green”, la nostalgia en manos del oboe y las cuerdas. Aparece directamente la añoranza por el pueblo y sus elementos, y destaca una de las facetas más llamativas de la banda: producir una sensación agridulce por medio de una melodía triste. Más comercial resulta el desapercibido sencillo “Starstruck”, y aun así entra en una tónica perfecta con el resto, amena y juguetona, reflejando la vida en colores y dibujos de una pobre muchacha que disfruta exclusivamente con el alcohol.

Sonido único e inconfundible

Mientras nombres como The Rolling Stones, The Doors o The Who persisten en la cabeza de todo interesado por el rock, los Kinks permanecen aún ocultos a los oídos de muchos, cuando nada tienen que envidiar a dichas bandas.

Al igual que hicieran Pink Floyd con su “Lucifer Sam” del primer LP, los Kinks retratan el cuadro de un gato gordo que disfruta de su propia compañía en la rama de un árbol. En “Phenomenal Cat”, medieval y tranquila, distorsionando la voz de sus intérpretes, la psicodelia avanza para culminar en un extraño desenlace. Por contraposición, la tronchante “All of My Friends Were There” narra entre acrobacias una historia acaecida por culpa de los efectos del alcohol, y “Wicked Annabella” revela probablemente el lado más sombrío de la banda. Una bruja la protagoniza, originando males entre las personas que se atreven a penetrar en el bosque. La voz de Davies resulta intrigante, arrastrada y muy maligna.

Monica” podría pasar desapercibida con sus ritmos latinos, pero se adentra en el conjunto gracias al inconfundible lenguaje de los Kinks y propone la nueva historia de una mujer fatal, todo ello en un tono festivo. Pero el mayor ataque, inintencionado, a nuestra época lo propina el último corte. “People Take Pictures of Each Other” transmite el mensaje de que los hechos se demuestran y no se promulgan en fotos. El “Village Green” pertenece a una época en la que no existía el tiempo, y aún hoy, al escucharlo, el polvo mágico se desprende de sus contornos.

En total quince cuentos que nada tienen que ver unos con otros aparte de la estética musical de sus colaboradores y, en especial, de la creatividad, sinceridad y el espíritu luchador de Ray Davies. Más allá de la calidad de su música, los Kinks han sabido burlar a la censura y parodiar el sistema desde el filtro más inocente, y por ello su labor debe remarcarse en todos los círculos de la historia de la música como una de las expresiones más fructíferas e influyentes.

The Kinks Are the Village Green Preservation Society

10

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Después del ya brillante “Something Else by The Kinks” llega la devastadora trilogía, casi conceptual, encabezada por este “Village Green”. Canciones que funcionan por separado y en conjunto, originalísimas y con un trasfondo muchas veces superior al de la controversia de artistas de hoy día. La inteligencia de Ray Davies destaca en letras aparentemente inocentes y experimentos sonoros que no escapan del margen del pop de los sesenta. ¡Lástima que los valores que defiende hayan quedado tan desperdigados!

Up

  • Canciones diversas y magistralmente compuestas.
  • El ingenio y la sátira inteligentísimos de Ray Davies.
  • El sonido único e inconfundible.

Down

  • No hay ningún sencillo ampliamente conocido dentro del álbum.