En lo musical, 1967 fue un gran año para los Beatles. Con “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” habían concebido un álbum ecléctico, complejo, experimental y vanguardista que rompía cualquier barrera que limitara las posibilidades expresivas del rock. Pero su importancia no se reducía a lo musical, sino que iba mucho más allá. Ya no eran aquellos chicos con traje y corbata que cantaban con inocencia “I Want To Hold Your Hand”. Eran los líderes de la contracultura. Con “All You Need Is Lovecrearon el himno hippie del Verano del Amor y lo estrenaron en primicia en Our World, el programa especial con el que se conectaba por televisión, vía satélite, a veinticuatro países del mundo. Se estima que aquel 25 de junio la retransmisión fue vista nada menos que por cuatrocientos millones de personas. Durante la segunda mitad de aquel año, el cuarteto continuó explorando la senda psicodélica en producciones audiovisuales como la película para televisión Magical Mystery Tour y el doble epé del mismo nombre que conformaba su banda sonora. Ambos publicados en diciembre.

1968, sin embargo, supuso un cambio radical en el estilo del grupo. Siempre inquietos, The Beatles exploraron las diversas posibilidades creativas que les ofrecía el estudio de grabación. Con ayuda de George Martin y Geoff Emerick habían sido capaces de dar forma a todas las locuras que se les pasaron por la cabeza, de manera que, aunque con la perspectiva del tiempo es fácil afirmarlo, resultaba casi lógico que el próximo paso fuese deshacerse de los elementos más artificiosos de su música. Así, el 15 de marzo ponían en el mercado “Lady Madonna”, una pieza de rock and roll inspirada por el estilo de Fats Domino, a través de la cual miraban a sus raíces, a la música que los inspiró en su juventud. En la cara B, “The Inner Light” daba carpetazo a la etapa psicodélica. Cinco meses después llegaba la archiconocida “Hey Jude”, aferrándose para siempre a nuestros oídos y confirmando la nueva apuesta por la sencillez. La calma de esta contrasta con la garra y el fuzz de “Revolution”, la otra cara del single, donde alza la voz un John Lennon comprometido políticamente con las revueltas que se estaban produciendo en el mundo en aquel momento.

El popularmente conocido como “Álbum Blanco” era lanzado el 22 de noviembre de 1968. John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr volvían a sorprender al mundo con una colección de canciones más directas y sobrias, menos sofisticadas que las presentadas en su registro anterior, pero igualmente brillantes. Esta vuelta a lo básico iba más allá de lo musical. Desde la misma portada, completamente en blanco, se expone un marcado contraste en relación a la abundancia de elementos y colores que exhibía “Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band”. Incluso el mismo título del álbum está en sintonía con esta idea de austeridad, pasando de lo rimbombante de aquel a, simplemente, “The Beatles”. Estos aspectos extramusicales fueron ideados por el artista Richard Hamilton, quien también propuso que cada copia estuviese numerada, dándole así un valor único a cada ejemplar. Los cuatro primeros fueron reservados para los Beatles, quedando el número uno en posesión de Ringo Starr (aunque hasta hace relativamente poco se creía que había quedado en posesión de John Lennon).

La mayor virtud del álbum es que se trata de un esfuerzo caótico, extenso y heterogéneo. En las treinta canciones plastificadas en dos discos de vinilo encontramos géneros de lo más dispares. Desde blues-rock hasta la música concreta más vanguardista, pasando por el folk, el rock and roll, el music-hall e, incluso, lo que más tarde sería conocido como hard-rock. Todo esto nos muestra a un grupo con una inventiva infinita, en permanente estado de gracia. Puede parecer una afirmación exagerada, pero atendiendo a la incontestable eficacia de sus primeros discos, más convencionales, y al riesgo de los subsiguientes, de los que siempre salen bien parados, vemos por qué la fama de los Beatles está completamente justificada. Por supuesto, no todos los temas que integran el “White Album” son esenciales, pero sí un porcentaje bastante alto. George Martin siempre sostuvo que el lanzamiento de un álbum sencillo hubiera dado lugar a una obra fantástica. A pesar de todo, son muchos los que consideran este doble álbum como el mejor trabajo de los Beatles dada su extraordinaria versatilidad.

La tormenta

Las sesiones de grabación estuvieron envueltas en un ambiente de tensión. Según apunta Geoff Emerick en “El sonido de Los Beatles: memorias de su ingeniero de grabación”, con el tiempo, Paul hablaría de este trabajo como el “álbum tenso”. Los Beatles estaban irascibles, ya no parecían la unidad de antaño. Algo había cambiado y el grupo encaraba el principio del fin.

Un hecho sumamente relevante en este punto es la muerte de Brian Epstein el 27 de agosto de 1967 debido a una ingesta accidental de alcohol y barbitúricos. Los Beatles perdían a una pieza esencial de ese equipo ganador que también configuraban George Martin y Geoff Emerick. Atendiendo al extenso e interesantísimo documento que es Anthology, podemos ver cómo John Lennon manifiesta: Sabía que estábamos en apuros. Aparte de lo puramente musical no nos veía capaces de organizarnos. Tuve miedo. Mi impresión era que nos iríamos a la mierda”. George Harrison, por su parte, reflexiona: Había quedado un gran vacío. Nosotros no sabíamos de la parte financiera del negocio. Eso había sido cosa de Brian. Así que supongo que empezó el caos”. El Fab Four decidió tomar las riendas de su propio negocio, pero era un campo que se les escapaba completamente. Ringo lo expresa abiertamente: De pronto éramos como gallinas sin cabeza”.

Con el fin de aligerar la carga fiscal que las grandes fortunas tenían que soportar (ya lo denunciaba George Harrison en “Taxman”), los Beatles decidieron abrir la Apple Boutique, situada en la conocida Baker Street de Londres. Esta tienda en la que vendían discos de música india, ropa psicodélica y libros de filosofía oriental, entre otros artículos, fue inaugurada el 7 de diciembre de 1967. Pero este era un negocio que iba a la deriva. Llegaron a perder 200.000 libras de la época, lo que les llevó a tomar la decisión de cerrar el negocio. Una clausura que se hizo efectiva el 31 de julio de 1968 dando la posibilidad a todo aquel que pasara por la tienda de llevarse un artículo gratis para deshacerse del stock. Apple Boutique formaba parte Apple Corps., un proyecto empresarial ambicioso que integraba la editorial Apple Publishing, la famosa discográfica Apple Records y su división enfocada a la música experimental y vanguardista Zapple Records, la productora cinematográfica Apple Films, la tienda de electrónica Apple Electronic y el estudio de grabación Apple Studio. Nada generaba dinero. Según recoge Brian Southall en el libro “Northern Song: The True Story of The Beatles’ Song Publishing Empire”, a finales de 1968, John Lennon confesaba a Ray Coleman, editor de la revista Disc & Music Echo: Apple está perdiendo dinero cada semana. Si continúa así todos estaremos en quiebra en los próximos seis meses”.

Los Beatles se veían sobrepasados. Había desacuerdos sobre la forma de gestionar el negocio y terminaban llevándose las preocupaciones al estudio. A la par, John Lennon y Paul McCartney estaban renegociando con Dick James y Charles Silver, principales accionistas de Northern Songs Ltd, la empresa que gestionaba los derechos editoriales de sus canciones, los términos de su contrato para intentar tener un mayor control sobre sus creaciones. Unas conversaciones que no llegaron a buen puerto, puesto que en marzo de 1969, James y Silver venderían su parte de la editora a ATV Music Publishing sin ni siquiera informar a los interesados. Por si fuera poco, en esa época John Lennon estaba divorciándose de Cynthia, su primera mujer, mientras ya había iniciado una relación con la artista Yoko Ono. La nueva pareja decidió que querían estar juntos siempre, saltándose el músico la regla no escrita de no llevar a la familia al estudio. El conjunto siempre había trabajado en un ambiente familiar, de confianza. La sala en la que trabajaran en EMI era un lugar vetado a todos aquellos que no estuvieran directamente implicados en el proceso de grabación, incluidos Neil Aspinall y Mal Evans, road managers y asistentes personales del grupo. Que, a partir de entonces, Yoko Ono estuviera siempre allí, omnipresente, ponía nerviosos al resto de los músicos. Era una persona extraña con la que no se sentían a gusto, y eso generaba climas de tensión. Más cuando se tomaba la licencia de opinar sobre las composiciones en las que los Beatles estaban trabajando. Un recelo que inspiraría la agresiva “Everybody’s Got Something to Hide Except Me and My Monkey”.

Los egos constituían otro agente que erosionaba la relación de los cuatro de Liverpool. Por esta razón, principalmente, este álbum contó con un total de treinta canciones. Nadie estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Todas las composiciones eran consideradas por sus autores dignas de ser publicadas. John y Paul tampoco formaban ya la asociación que habían mantenido hasta pocos meses atrás. No se complementaban de la misma manera, como cuando ambos aportaban ideas, mejoraban y remataban las canciones del otro. Ahora componían individualmente mientras el resto tomaba el rol de banda de estudio para acometer la grabación. Es ahí donde se aprecia el distanciamiento entre los Beatles, y no en el hecho de que, en ocasiones, cada miembro estuviera trabajando de forma simultánea en salas separadas. Esto atendía a la necesidad de trabajar a contrarreloj, ya que tenían que cumplir unos plazos de entrega. A este respecto, en Anthology, George Harrison explica: Había una fecha límite y se estaba acabando el tiempo”. Por eso, entre otras cosas, terminaron incluyendo canciones absolutamente prescindibles como “Wild Honey Pie” y “Revolution 9”, entre algunas otras.

John Lennon y Paul McCartney se habían convertido en unos déspotas y las hostilidades no tardaron en tener consecuencias. Los continuos desaires hacia George Martin y Geoff Emerick provocaron que el segundo abandonara las sesiones de grabación en julio, siendo sustituido por Kent Scott. También George Martin decidió tomarse tres semanas de vacaciones en agosto para distanciarse de aquel ambiente. Pero tal vez la huida más sonada fue la de Ringo, cuando comenzó a sentir que no era querido ni valorado y decidió abandonar el grupo a finales de aquel mismo mes: Yo sabía que todos estábamos pasando por una mala racha. No era sólo yo. Todo se estaba viniendo abajo. Lo había dejado, no podía soportarlo más. No había magia y la relación entre nosotros era terrible”. Dos semanas después el resto del grupo se dio cuenta de que el batería hablaba en serio. Se había ido de vacaciones a Cerdeña para olvidarse de todo. Fue entonces cuando le hicieron llegar un telegrama que decía: Eres el mejor batería de rock and roll del mundo. Vuelve a casa, te queremos”. A su vuelta se encontró el estudio decorado con flores y un mensaje en la batería donde se leía: Bienvenido, Ringo”.

Fotografía: Paul Saltzman

Una creatividad sin límites

Más de la mitad de las canciones incluidas en “The Beatles” surgieron en Rishikesh (India), donde el grupo, junto con sus parejas y amigos, pasaron algunas semanas entre febrero y abril de 1968. Habían ido hasta allí buscando las respuestas que el LSD no les había podido proporcionar, de manera que, tal vez, la meditación trascendental fuese el camino. Alentados por George Harrison, el 24 de agosto de 1967 asistieron a una conferencia del gurú Maharishi Mahesh Yogi en Londres. Estuvieron hablando con él y, atraídos por lo que habían escuchado, volaron al día siguiente hacia Bangor (Gales) para iniciar un curso de meditación con el gurú. Fue durante esos días cuando se produjo la muerte de Brian Epstein, un mazazo para el grupo que el Maharishi les ayudó a sobrellevar. Parece que la meditación y el ambiente distendido de la India resultó bastante productivo. Allí coincidieron con otras personalidades como la actriz Mia Farrow y su hermana Prudence, con Mike Love, integrante de los Beach Boys, y el cantante folk Donovan, de quien aprendieron la técnica del fingerpicking (tocar la guitarra con los dedos, sin utilizar una púa) que John Lennon aplicaría en canciones como “Julia” y “Dear Prudence”.

Resulta curioso cómo, deconstruyendo el álbum, podemos ver que esta obra está constituida a partir de un elepé de John Lennon y otro de Paul McCartney, aportando trece y doce canciones, respectivamente; un EP de George Harrison y un single de Ringo Starr, su primera canción original: “Don’t Pass Me By”. En “Back in the U.S.S.R.” McCartney hace un guiño al “Back in the U.S.A.” de Chuck Berry con coros al más puro estilo de los Beach Boys. Hará referencia al artista jamaicano Desmond Dekker en la popular “Ob-La-Di, Ob-La-Da” y, como Lennon, se comprometerá políticamente con la lucha por los derechos civiles en “Blackbird”. En “Honey Pie” seguirá explorando el music-hall que ya pudimos escuchar en otras canciones anteriores como “I’m Sixty-Four” y “Your Mother Should Know”. “I Will” no desentonaría en “Rubber Soul”. Se acerca al blues en “Why Don’t We Do It in the Road?” y al folk en la genial “Rocky Raccoon”, que muestra un piano honky tonk adictivo. Se mostrará más agresivo en “Birthday” y, sobre todo, en “Helter Skelter”, que en su afán por hacer el tema más fuerte y agresivo de cuantos se habían grabado hasta la fecha, se erigirá como una de las primeras canciones hard-rock de la historia.

John Lennon experimenta con las estructuras y los diferentes compases en “Happiness Is A Warm Gun”, inspirada por el titular de una revista sobre armas que le muestra George Martin. Este procedimiento compositivo será el utilizado para desarrollar la segunda mitad del futuro “Abbey Road”. Asimismo, inspirará la celebrada “Paranoid Android” que Radiohead plastificará en el aclamado “OK Computer” (1997). Como hubiera hecho con “Good Morning Good Morning”, en “Cry Baby Cry” trabaja inspirado por un anuncio publicitario que había visto en televisión. En “Julia” escuchamos un corte intimista dedicado a su madre y a Yoko Ono. La única canción de Lennon tocada en solitario en toda la discografía de los Beatles. Aunque interpretada por Ringo, sorprende la delicadeza de “Good Night” y nos descoloca con la agresiva experimentación de “Revolution 9”.

Incursiona en el blues-rock con “Yer Blues”, juega referenciando otras canciones del grupo como “Strawberry Fields Forever”, “I Am the Walrus”, “Lady Madonna”, “The Fool on the Hill” y “Fixing A Hole” en la rockera “Glass Onion”, y se inspira en personas y momentos acontecidos durante el retiro espiritual del grupo en Rishikesh para componer canciones cariñosas como “Dear Prudence” o “The Continuing Story of Bungalow Bill”. Menos cordial se mostró con el Maharishi Mahesh Yogi. Mia Farrow confesó a Lennon que el gurú había intentado seducirla. Más tarde, Magic Alex, un amigo de John que sólo supo aprovecharse de él, hizo circular otro nuevo rumor en la línea del anterior que precipitaría la salida del músico de aquel retiro. Decepcionado, criticaba al guía espiritual en la canción “Sexy Sadie”.

La gran revelación del álbum será George Harrison, que contribuirá con un tema tan sobresaliente como “While My Guitar Gently Weeps”, compuesta a partir del principio chino que rige el ‘I Ching’. Según este, cada pequeña cosa que ocurre tiene una razón de ser. Harrison cogió un libro y escogió dos palabras al azar: “gently” y “weeps”. A partir de ahí construiría la que es, seguramente, la mejor canción del “White Album”. “Piggies” supone una crítica social donde arremete contra las actitudes de las clases altas, siempre preocupados por su dinero sin pensar en las consecuencias que sus acciones pueden tener para el resto de personas. Los arreglos de cuerda dotan a la pieza de un aire aristocrático y burlón que refuerza el sentido de la composición. “Long, Long, Long” evidencia sus inclinaciones religiosas, mientras en “Savoy Truffle” es una trata con humor la afición de su amigo Eric Clapton por los bombones. La canción fue escrita a partir de la cara interior de la tapadera de una caja de bombones de chocolate, lo que genera paralelismos con la forma de componer de John Lennon.

Fotografía: Tom Murray

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Más allá de lo musical, algunos temas de este álbum tuvieron el infame deshonor de inspirar a Charles Manson y su ‘Familia’ para cometer unos crímenes que conmocionaron a la sociedad estadounidense en agosto de 1969. Manson pensaba que los Beatles eran los cuatro jinetes del Apocalipsis y que composiciones como “Helter Skelter, “Piggies” y “Revolution 9” escondían una serie de mensajes ocultos que predecían el levantamiento de la comunidad negra contra los blancos. Una guerra interracial que pretendía adelantar con el asesinato de personas de alta posición social (“Piggies”). Los afroamericanos saldrían victoriosos de la contienda. Sería entonces cuando, incapaces de establecer un nuevo orden social, Manson se establecería como líder y dominaría el mundo. La noche del día 8 La Familia asaltaría la casa del cineasta Roman Polanski para terminar con la vida de su esposa, la actriz Sharon Tate, quien además estaba embarazada de ocho meses, y de cuatro personas más que se encontraban en la vivienda en aquel momento. Al día siguiente acudirían al domicilio del empresario Leno LaBianca para matarlo junto a su mujer Rosemary.

Paul, al rescate

La grabación del “Álbum Blanco” no auguraba buenas perspectivas para el grupo. Sin embargo, Paul McCartney no estaba dispuesto a darse por vencido. Quería recuperar la unidad y la magia que habían perdido. Propone hacer una gira para volver a sentir la emoción de los directos, de tocar en público como una banda. Lennon y Harrison se oponen, pero entonces, con ayuda del cineasta Michael Lindsay-Hogg, encuentra una alternativa que les satisface: grabarían un nuevo álbum, “Get Back”, en condiciones de directo, sin superposiciones que, de alguna manera, alejaran el resultado final de lo que sonaría si lo ejecutaran en concierto. Y todo el proceso sería filmado para elaborar un documental que mostrara al público cómo concebían el nuevo disco. Las cosas no salieron como esperaban. Estar bajo la constante mirada de las cámaras y el tomarse la composición de las nuevas canciones como un trabajo disciplinado, sujeto a un horario, no hizo sino añadir más presión, tensión y apatía. El grupo se desintegraba ante las cámaras, testigos de excepción de los desencuentros del conjunto. La situación era irreconciliable, y así lo pudo ver el mundo el 13 de mayo de 1970, un mes después de la disolución formal de la banda, cuando se estrenó el documental “Let It Be”.