En estos tiempos que corren uno ya no sabe qué sentir cuando uno de tus artistas favoritos, de esos que te llevan acompañando durante mucho tiempo, decide retomar el camino que dejó de recorrer hace años. La respuesta, aunque puede variar, normalmente se reduce a dos puntos de vista: el primero aparece con las expectativas creadas ante la llegada de nuevo material y, el segundo, se adhiere al miedo de que no haga justicia a tiempos pasados. Estas dos visiones tan diferentes y extremas suelen cegarnos a la hora de valorar los productos y desembocan en un amor u odio absolutamente injustificados.

Lo que quiero expresar es que debemos pararnos a contemplar el producto, ser meros observadores, e intentar darle un sentido a la hora de valorar su relevancia y calidad, arrancándonos todo tipo de prejuicios. Porque también hay cabida para obras que cumplan su propósito de hacernos pasar un buen rato sin entrar en los rankings del año. Con esta introducción ya podéis intuir por dónde van los tiros, pero démosle algo de contexto.

Ya se intuía que no es el retorno que algunos esperábamos

Un mix algo heterogéneo de canciones que podrían aparecer en diferentes etapas de su trayectoria. Un batiburrillo que funciona en algunas estructuras y que decae en conjunto, convirtiéndolo en otro disco pasable en su haber.

Después de la inestabilidad consecuente que brota en cualquier banda (quizá demasiado exagerada en los de Chicago), ¿estamos ante la versión definitiva de The Smashing Pumpkins? La reunión de los miembros originales, excepto la bajista D’arcy Wretzky, podría poner en entredicho el legado de uno de los grupos más interesantes de la década de los noventa, siendo un simple cebo para hacer unas cuantas fechas de conciertos aquí y allá. Tener nuevo disco siempre abre nuevas puertas, y es necesario de cuando en cuando lubricar la maquinaria. En esto el señor Billy Corgan es un experto. Pero no, no era necesario volver a la formación original, este no es el aclamado comeback que muchos pedíamos y tampoco van a revolucionar el rock alternativo a estas alturas. Aun así, este “Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun.” puede ser disfrutable en algunos momentos.

Corgan sigue empeñado en crear sagas y aquí nos deja la primera parte de lo que va a ser la serie “Shiny and Oh So Bright. Un EP largo que estaba pensado para ser dos EPs más cortos, y que al final han decidido juntar en un mix algo heterogéneo de canciones que podrían aparecer en diferentes etapas de su trayectoria. Un batiburrillo que funciona en algunas estructuras y que decae en conjunto, convirtiéndolo en otro disco pasable en su haber.

Fotografía: Linda Strawberry

La producción contamina unas canciones ya de por sí no muy interesantes

La limpieza con la que está producido juega en su contra. Los temas más punk pierden toda esa garra que tanto nos gusta y, en cierto modo, los amansa convirtiéndolos en un animal inofensivo. Sin embargo, la vulgaridad es un síntoma claro en las piezas con mayor trabajo de producción. No es sólo que se sientan artificiales, sino que también suenan pretenciosas.

La pomposa “Knights of Malta” define perfectamente la extrema confianza que tienen en su música, pero sentimos decir que quizás deberían replantearse el asunto. En la rama más efectista nos dejamos introducir en un marco de ensueño, con arreglos de cuerdas y coros femeninos. Una carta de presentación mediocre que nos fuerza a someternos a los experimentos sin éxito del cuarteto. A pesar de la facilona melodía y algún remolineo de guitarras revertidas, no podemos evitar sonrojarnos al escuchar el voraz timbre de Corgan entonar unos ridículos “woah-woah-woah” como si de un hit de radio se tratase. Pasado el susto, bajamos al suelo con la centrada “Silvery Sometimes (Ghosts)”. En un tono dream pop similar al de “1979” (ojo a los copia-pega) asistimos a un ejercicio imperante por volver a la esencia que desprendían en los noventa. No es una canción desagradable, pero las comparaciones no son buenas y no llega a despuntar en su atmósfera.

Decir que el trabajo de la batería es uno de los grandes hándicaps de este álbum es obligatorio. Para nosotros, tratada con un enfoque nada satisfactorio y artificial que hace que pongamos el foco en su sonido y que, irremediablemente, hace que nos salgamos fuera de la dirección que toman los tracks. La producción, en la que vuelve a aparecer la figura de Rick Rubin, puede ser la respuesta ante esa búsqueda de una grandilocuencia exacerbada, que para nada funciona en un grupo como este pero que puede ser más asequible para una apertura hacia otro tipo de público.

No nos despegamos de lo irreal que suena la percusión en “Travels”, pero sí nos posicionamos en un punto que continúa de forma efectiva lo que comenzó “Silvery Sometimes (Ghosts)”. Los arpegios distorsionados de la guitarra sirven de guía y dejan espacio para que el brillo de los sintetizadores coloree la pista. El estribillo es pegadizo y fluye con sentido, recordándonos a “Ogilala”, el disco que Corgan lanzó el año pasado en solitario. Aunque tal vez este tercer corte es demasiado extenso para lo que trata de decir, nos mantiene expectantes ante la llegada de “Solara”, sin duda la mejor canción de todo el registro. Ahora sí, el filo grunge llega para hacernos volar por los aires. Se desarrolla poco a poco hasta estallar en unos estribillos muy bien ejecutados con gran presencia guitarrera. Fue concebida como el primer single de esta nueva etapa y desde luego resulta un acierto por toda la fuerza y energía que transmite (aunque hubiese sido más espectacular ejecutada con mayor crudeza). El piano como motor se muestra en “Alienation”, una búsqueda del medio tiempo de rock de estadio. Podemos localizarla en el lado recargado de su propuesta, y es que la melodía de los versos y las partes orquestales son una clara muestra de la capacidad de la banda, pero toda la gracia se diluye en un repetitivo y molesto estribillo.

Entretenimiento si dejamos descansar nuestras expectativas

Los Smashing Pumpkins con sus miembros originales no escapan del tedio que lleva arrastrando el proyecto en los últimos LPs, porque no es una cuestión de quién toca en el grupo; es una sensación de apuntar hacia una dirección errónea, lo cual atribuimos a la cabeza pensante de Billy Corgan. Grandes fragmentos e ideas que no se construyen con buenos cimientos y que se acaban derrumbando por su propio peso.

La limpieza con la que está producido “Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun.” juega en su contra, no sólo en las canciones con más detalles e instrumentación, sino también en las más punk. Estas últimas pierden toda esa garra que tanto nos gusta en una canción de rock y, en cierto modo, la producción las amansa convirtiéndolas en un animal inofensivo. Sin embargo, la vulgaridad es un síntoma claro en las piezas con mayor trabajo de producción. No es sólo que se sientan artificiales, sino que también suenan pretenciosas; como si se quisiera adornar canciones reguleras con un excesivo relleno que no aporta demasiado. Y claramente aquí es donde hay que incidir: los Smashing Pumpkins con sus miembros originales no escapan del tedio que lleva arrastrando el proyecto en los últimos LPs, porque no es una cuestión de quién toca en el grupo; es una sensación de apuntar hacia una dirección errónea, lo cual atribuimos a la cabeza pensante de Billy Corgan. Grandes fragmentos e ideas que no se construyen con buenos cimientos y que se acaban derrumbando por su propio peso.

En el tramo final estamos ante un puzle donde la primera pieza es la guitarrera “Marchin’ On”, en un estilo muy Placebo cuando se contiene y que nos encanta cuando desata su potencial en el puente. La acústica “With Sympathy” sirve de puente y ciertamente es una de las pocas sorpresas que nos encontramos. Con una gran línea de bajo y una melodía vocal muy nostálgica, conecta mejor con nosotros que el resto de los tracks. Es en este punto donde podemos ver que hay unos The Smashing Pumpkins que siguen contando con buenas fórmulas sin caer en el refrito y que son capaces de mantener nuestro interés. Ya por fin, el shoegaze de la penúltima se cierra con la retorcida “Seek and You Shall Destroy”, un final que no sabemos dónde quiere llegar y que confirma la desorientación del grupo.

Para concluir sólo podemos volver a nuestra introducción y preguntarnos si estas reuniones son necesarias o si lo es la publicidad que se invierte en ellas. Este primer volumen de “Shiny and Oh So Bright” no rompe con la reciente tradición que tiene el grupo de componer discos que sólo sirven para hacer bulto. Podemos abstraernos de la importancia que tuvieron en un momento de nuestras vidas, pero ni siquiera eso salva un conjunto de temas variopintos y poco inspirados. Sin embargo, no debemos tomarnos esto como algo necesariamente reprochable; simplemente debemos bajar a nuestros ídolos de su pedestal y entenderlos en un todo. “Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun.” puede entretenernos si dejamos descansar nuestras expectativas. Quizá no es que estén empeorando, sino que nosotros somos mejores.

The Smashing Pumpkins – Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun.

5.7

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Billy Corgan y compañía, esta vez miembros originales, han tomado el camino fácil, configurando así una colección de canciones que intenta recopilar la esencia de los mejores momentos de su carrera. El resultado es bastante cuestionable y peca tanto de falta de inspiración como de una producción fallida. Sin embargo, a estas alturas, no hace daño a nadie.

Up

  • Es divertido de escuchar.
  • Hay buenas ideas en casi todas las canciones.
  • “Solara” y “With Sympathy”.

Down

  • Hay malas ideas en todas las canciones.
  • La producción es artificial y pomposa.
  • Se siente poco inspirado.
  • Vendernos que este es el verdadero regreso del grupo.