Ha caído por sorpresa, justo antes de un descanso más que merecido. A falta de un mes para el que será, con toda seguridad, uno de los conciertos más especiales de su carrera (en el WiZink Center de Madrid el próximo 1 de diciembre), La Maravillosa Orquesta del Alcohol nos regalan tres nuevas canciones, coincidiendo prácticamente con el primer aniversario de “Salvavida (de las balas perdidas)” (2017), su tercer álbum de estudio en castellano.

Al contrario que sus dos predecesores, “¿Quién nos va a salvar?” (2013) y “La Primavera del Invierno” (2015), el disco del año pasado no alcanzó la unanimidad a la hora de los elogios, y su público se bifurcó en simpatizantes y detractores. La fecha de lanzamiento puede llevarnos a interpretar el EP como un eco del anterior disco, una prórroga para mantener prendida la llama; o bien como una ventana a lo que se avecina antes del parón. O puede que ambas cosas, como veremos al desgranar los temas.

Todo parece indicar que se avecinan cambios

Podemos interpretar el EP como un eco del anterior disco, una prórroga para mantener prendida la llama; o bien como una ventana a lo que se avecina antes del parón. O puede que sea ambas cosas, ya que este tríptico sonoro, si bien recuerda en muchos aspectos a la época anterior al último álbum, también contiene nuevos matices que advierten un futuro viraje en lo musical.

7:47 (Ni Un Minuto Más)”. Así es el título que David Ruiz y los suyos han dado a este tríptico sonoro que, si bien recuerda en muchos aspectos a la época anterior al último álbum, también contiene nuevos matices que advierten un futuro viraje en lo musical. Como se puede intuir, el título responde a la duración completa del disco, que da como resultado una media de menos de tres minutos por canción, signo claro de un mensaje mucho más directo que introspectivo.

El gran culpable de esta novedad, al margen de las nuevas inquietudes del grupo, es Steve Albini, ingeniero de sonido cuyo currículum acumula trabajos con bandas como Nirvana, Pixies, PJ Harvey o Mogwai. El septeto de Burgos aprovechó su visita a las Américas para grabar en su mítico estudio Electrical Audio de Chicago, y así comprobar como casa su esencia dentro de una envoltura mucho más rock.

Fotografía: Juan Pérez-Fajardo

Un mensaje mucho más directo que introspectivo

El título responde a la duración completa del disco, que da como resultado una media de menos de tres minutos por canción, signo claro de un mensaje mucho más directo que introspectivo. El gran culpable de esta novedad, al margen de las nuevas inquietudes del grupo, es Steve Albini. El septeto de Burgos aprovechó su visita a las Américas para grabar en su mítico estudio Electrical Audio de Chicago, y así comprobar como casa su esencia dentro de una envoltura mucho más rock

La puerta la abre “El Camino”, primer tema de este EP, con unos arpegios de guitarra que al instante se disuelven en la característica catarsis conjunta que son esta orquesta cuando suenan al unísono. La estructura de la canción es una especialidad de la casa, devolviéndonos a sus primeros coletazos gracias a un ritmo acelerado y constante, donde la voz de David cabalga en estrofas separadas por un estribillo instrumental que nos lleva de la mano por el recorrido incierto pero bello que es la vida. Todo ello desemboca en un potente alegato final, concentrando toda la emoción contenida de la canción, como ya nos mostraron en el pasado con “Catedrales” o “Las Flores del Mal”.

Altamira” es, sin lugar a dudas, una sorpresa mayúscula. El tema entra en nuestros oídos como un puñetazo, con una potente línea de bajo que lo abarca todo y que abandera el sonido de los grupos producidos por Albini. La base sonora sirve de soporte para una letra materializada en forma de disertación, un formato también característico de la obra de la banda. En este caso, los gritos responden a una necesidad de desahogo ante la incomprensión del mundo actual y la falta de respuestas ante lo que nos sucede al formar parte de él. En esta ocasión, David está arropado por sus compañeros, quienes le acompañan en coro gritando ¡Ni un minuto más!”, dotando de un nuevo sentido al título del EP.

La esencia de siempre envuelta en sonido grunge

En líneas generales, “7:47 (Ni un Minuto Más)” contiene tres canciones concebidas como experimento sonoro, pero que funcionan bien y contribuyen a engrosar el setlist de una banda que, pese a ahondar en nosotros mediante reflexiones profundas siempre ha transmitido mucha energía en directo. Este nuevo aire, desde luego, nos deja los dientes largos de cara a lo que está por venir.

Por último, “Colgados del Sol” funciona como despedida, siendo la canción más densa en cuanto a duración, letra e instrumentación. Una canción muy interesante en cuanto a estructura, aunque no deja de recordar a clásicos himnos de la banda como “Héroes del Sábado” o “La Inmensidad”. Cuando el órgano y el saxo callan para ceder su sitio a la voz de David, se puede percibir la exquisita base grunge que dota de personalidad a la canción, y marca las estrofas antes de romper en los estribillos instrumentales que preparan al oyente para la catarsis final.

“Colgados del Sol” condensa un sentimiento que, no por haberlo explotado en exceso, pierde vigencia. Se trata, una vez más, de la angustia vital, pero centrada esta vez en la relación con los demás y la insatisfacción que produce no encontrar más que hipocresía y vacíos existenciales. También tiene cabida la inseguridad, no tanto por no dar la talla y encajar, sino por descubrirse a uno mismo como parte de ese entramado social criticado y que no consigue llenar.

En líneas generales, “7:47 (Ni un Minuto Más)” contiene tres canciones concebidas como experimento sonoro, pero que funcionan bien y contribuyen a engrosar el setlist de una banda que, pese a ahondar en nosotros mediante reflexiones profundas siempre ha transmitido mucha energía en directo. No sería osado aventurar que no tardarán en ser coreadas y reconocidas por su público en los próximos conciertos.

La M.O.D.A. – 7:47 (Ni un Minuto Más)

7.3

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El nuevo trabajo de La M.O.D.A. llega en el momento adecuado. Recién cumplido un año del lanzamiento de su último disco, estas tres canciones suponen un refuerzo emocional para sus seguidores, aportando nuevas letras que pregonar a voz en grito y dejando entrever nuevos matices en su sonido. Este nuevo aire, desde luego, nos deja los dientes largos de cara a lo que está por venir.

Up

  • Las tres canciones rebosan energía, y se posicionan como futuros himnos.
  • La producción de Steve Albini ha sido un acierto, les sienta bien el toque grunge.
  • Gran maniobra de cara a mantener el interés tras un último disco que no gustó a todo el mundo.

Down

  • La duración es extremadamente corta. Además de ser solo tres canciones, éstas apenas llegan a los tres minutos.
  • “Altamira” puede desconcertar en su primera escucha.