Por mucho que avanzáramos entre los helechos y las madreselvas, nunca vimos los barrotes. Tenían que estar ahí, sobrecogidos por el grito estentóreo de aves fabulosas y ávidos colores. “Debe ser el paraíso”, alguien exclamó en la algarabía y aún en el silencio, y aunque en su voz había coraje no tuvo pleno acierto, pues los ángeles también tienen sus momentos oscuros y la ambivalencia colma sus fuentes. En esta paz de ruido y espasmo, la atmósfera nos acogió con su manto, y entre maravillosas vocalizaciones del mármol y terciopelo, hallamos un lugar para descansar la cabeza, hartarnos de uvas y expresar nuestro amor. La coherencia brilla por su ausencia, ¿y qué más da? ¿Aún no has escuchado que hay coherencia en todas partes, que lo que se advierte desordenado puede articularse en la cabeza y devolver un tremor más profundo, una visión duradera? Así es. Pero tendremos que volver numerosas veces a la pajarera, y quizá para entonces ya estemos agotados.

Una voz propia, de calidad, experimental y accesible

Una relación fallida con Matt Mondanile, ex-guitarrista de la banda Real Estate, la cual abandonara poco después de la ruptura, no parece haber minado la fortaleza y la independencia de Julia Holter a la hora de alabar el amor. Situado como máxima de su poesía y su búsqueda, enhebra bellísimos y agudos pasajes en un estilo poco convencional, pero muy llamativo.

La cantante agota con su hervidero de ideas, muchas de ellas brillantes. Una relación fallida con Matt Mondanile, ex-guitarrista de la banda Real Estate, la cual abandonara poco después de la ruptura, no parece haber minado la fortaleza y la independencia de Julia Holter a la hora de alabar el amor. Situado como máxima de su poesía y su búsqueda, enhebra bellísimos y agudos pasajes en un estilo poco convencional, pero muy llamativo. El estilo de su música oscila entre el pop de ambiente, género cuyas fronteras extiende, la música de cámara, el jazz y la clásica contemporánea, aunque la poción resultante peque de inocente. Muchos pasajes libres no terminan de conducir a ninguna parte, son excesivamente largos o carecen de una justificación conceptual. Sin embargo, ésta es la base del comportamiento atmosférico. Un gas que se expande, propalando sus ideas. Flotando en un Edén griego, a lo largo de noventa minutos, el genio de Holter no encuentra fronteras, pero tampoco una vertebración absoluta.

Fotografía: Dicky Bahto

El genio de Holter no encuentra fronteras, pero tampoco una vertebración absoluta

El estilo de su música oscila entre el pop de ambiente, género cuyas fronteras extiende, la música de cámara, el jazz y la clásica contemporánea, aunque la poción resultante peque de inocente. Muchos pasajes libres no terminan de conducir a ninguna parte, son excesivamente largos o carecen de una justificación conceptual. Sin embargo, ésta es la base del comportamiento atmosférico. Un gas que se expande, propalando sus ideas.

Como un homenaje al “Spirit of Eden” de Talk Talk, la pajarera abre sus puertas con “Turn the Light On”, una invitación a regresar a su lado. El despliegue de instrumentos de cuerda, percusión y vientos proponen un buen número de fórmulas que advierten al oyente de un caos articulado. Björk hubiera estado orgullosa. Moviéndose en un contexto musical tonal y accesible, algunas concesiones a una armonía más compleja enseñan las alas, pero siempre desde la prudencia.

Tras esta intro, “Whether” explora las posibilidades de la electrónica reverberando la voz de su autora. Las gaitas hacen su primera aparición y su empleo le da un toque de pájaro exótico a la música. Una unión espiritual colma los temas, y la amplitud textural de la voz permite grandes saltos y audacias tras las que se esconde un duro trabajo. “Chaitius” (“cautiva” en latín) sigue la misma tónica, introduciendo células de free jazz de trompetas y vocalizaciones dadaístas tipo Robert Wyatt, flotando en un universo sonoro. El bajo de jazz resultará característico a partir de aquí, recordando a los momentos más atmosféricos de King Crimson. Sin embargo, este segmento tiende a hacerse un poco largo y la explicación no figura por ninguna parte.

Flotando en un Edén griego

Impecable declaración de principios, “Aviary” demuestra la capacidad creativa de una promesa trabajadora y adicta a la experimentación. Muchos de los elementos interventores son prácticamente nuevos, y la calidad lírica de Holter es ejemplar, novedosa y con gancho.

La cultura griega encuentra su máximo en “Voce Simul”, una habitación sin muros. El dadaísmo de las muchas cabezas se une en una escultura exclusiva, alcanzando la paz. Destaca la labor de las mezclas y el uso de teclados imitando a un arpa griega, que recuerda al trabajo del año anterior de Richard Dawson. A través de los orificios del nuevo templo se cuela un viento disonante y cargado de pitidos en “Everyday Is an Emergency”, que llega a conectar con las composiciones más disparatadas del griego Iannis Xenakis. Regresa el conjunto de gaitas y la improvisación tipo jam se dilata en una brillante idea excesivamente desarrollada. Una evolución siniestra que acaba en “Another Dream”. La distinción entre temas no es demasiado clara. El arranque lento, sin contrastes, añade un buen número de sintetizadores al más puro estilo “Kid A”. Una evocación de la naturaleza que concluye en unos bellísimos acordes de órgano. “I Shall Love 2” no conocerá su primera parte hasta más avanzado el álbum, pero de momento la propuesta, escogida como sencillo, propone un planteamiento muy acertado, más tipo canción. A partir de la palabra se construyen unos teclados dulces, oníricos, parientes cercanos del trabajo de Beach House. El coro de “I shall love” empuja una sucesión de Holters para formar un himno tipo U2. Uno de los mayores aciertos del álbum.

Tras una nueva intro de jazz libre, “Underneath the Moon” establece un ritmo y la voz seductora de la cantante va creciendo sobre él. Muchas ideas interesantes quedan propuestas, pero algunas habían sido ya empleadas. Las perversiones jazzísticas regresan y puede dar la impresión, algo que sucede más de una vez en el álbum, de final de jam estirado. Por su parte, “Colligere” propone un preludio de cuerdas muy clásico, ambiental. Su encanto proviene de un ritmo interno descolocado y de los intervalos difíciles de entonar. Los teclados han sido desafinados a propósito y el efecto de las disonancias en su contexto propone un cambio de personalidad cuando Holter arranca con su hilera de palabras. Sin embargo, la intención del poema y su integración en la música no parece del todo convincente. “In Gardens’ Muteness” despliega el romanticismo del piano y remarca la distancia con el amado. Para ello se aleja de la tonalidad, sin romper la estructura de una canción y proponiendo originales sonoridades. Pero el camino a partir de ahí es cada vez más tétrico. “I Would Rather See” toma parte de la letra de la poetisa griega Safo de Mitileno e instaura una estética más llana, contrastante. El acompañamiento atmosférico crece, sin llegar a un clímax, lo que origina una falta de dirección y puede suponer uno de los mayores fallos del elepé.

Adicción a la experimentación

El estilo requiere mayores desarrollos, contrastes y definición. A la manera de un niño grande, funde elementos sin un criterio claro, exponiendo casi todas sus ideas en los primeros minutos de la grabación. Si supera esta carencia, Holter tiene un futuro muy prometedor en el espectro experimental, en la línea de Björk.

No obstante, el movimiento se retoma en “Les Jeux to You”, escrita junto con el bajista de jazz Devin Hoff. Una canción pop muy efectiva basada en el piano, que puede ser uno de los temas más acertados para comenzar con el trabajo. Accesible y original, con un carácter muy festivo. “Words I Heard” es el segundo sencillo extraído y parece una elección menos acertada que el primero, pues aunque destila una atmósfera dulcísima, apoyada en el bajo, puede sonar demasiado lenta y nebulosa. De nuevo los elementos empleados han aparecido con anterioridad y da la impresión de que lo hemos oído antes. La continuación (o spin-off) “I Shall Love 1” llega como una celebración en un pueblo de ángeles, encarnados por la voz de la cantante. El estilo de su antecesora se convierte en un precioso himno que culmina en “Why Sad Song”, con porciones de la letra de un poema de los budistas Choying Drolma y Steve Tibbetts. Del vacío del universo va deambulando con una preciosa letra. Sumamente etérea, hasta la extinción.

Impecable declaración de principios, “Aviary” demuestra la capacidad creativa de una promesa trabajadora y adicta a la experimentación. Sin embargo, el estilo requiere mayores desarrollos, contrastes y definición. Muchos de los elementos interventores son prácticamente nuevos, y la calidad lírica de Holter es ejemplar, novedosa y con gancho.

Julia Holter – Aviary

8.4

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La búsqueda de un estilo da como resultado momentos verdaderamente mágicos y originales. A nivel lírico es toda una proeza, integrando en su universo helénico elementos plenamente contemporáneos. Sin embargo, Holter aún no controla completamente sus capacidades, y a la manera de un niño grande, funde elementos sin un criterio claro, exponiendo casi todas sus ideas en los primeros minutos de la grabación.

Up

  • Unas letras bellísimas y muy originales.
  • Sus composiciones no tienen nada que envidiar a las de cantantes como Amos o Bush.
  • El intento de avanzar es evidente.

Down

  • Holter emplea sus elementos a discreción.
  • La duración es excesiva.
  • Se echan de menos los contrastes y la dirección.