Fotografía: Press

Después de un intenso (y frío) fin de semana ya estamos aquí para contaros con pelos y señales cómo ha sido esta edición del BIME Live, llena de momentos a destacar entre otros pormenores de los que hablaremos a continuación. En términos generales, la organización y distribución del festival ha sido, como siempre, correcta. Casi todas las actuaciones comenzaron a la hora acordada siguiendo un estricto planning que desde las seis y media de la tarde apenas ha tenido solapamientos dada la inmensidad del recinto y sus cinco escenarios (todos dentro del gran armatoste metálico que es el BEC, con más de un kilómetro de largo), en los que se han repartido con equidad los más de treinta artistas citados en el festival.

La sensación general ha sido la de un ‘parque de atracciones musical’ en el que todos los asistentes íbamos de un concierto para otro de manera fluida y donde sólo se ha notado la aglomeración de espectadores en momentos puntuales. El sistema de pago a través de una pulsera recargable ha dejado un poco que desear (nos hacía ir una y otra vez a recargar dinero para poder comprar a precios un pelín disparatados), pero no es nada nuevo en el horizonte de este tipo de festivales. Respecto a la acústica y sonido he de decir que ciertos grupos ‘teloneros’ han sonado relativamente mal ecualizados, marcando diferencias notables respecto a unos cabezas de cartel que no han fallado y que nos han dejado momentos bastante memorables en el desarrollo del festival. Pero, ¿qué diferencia lo que yo llamo ‘un concierto más’ de ‘EL concierto’ de un artista? Digamos que he establecido una serie de parámetros para valorar las intervenciones según su calidad de directo, selección de su repertorio y el ‘factor actitud’ sobre el escenario. Cuando asistimos a un concierto buscamos ver la mejor versión de nuestros artistas favoritos, que se dejen la piel, que toquen las canciones esperadas y que nos generen un buen recuerdo para la posteridad, y precisamente esas sensaciones son las que valoraré y comentaré a continuación. Comenzamos.

El primer día de festival fue el más heterogéneo con diferencia y quizá el plan de conciertos ofrecía demasiados altibajos tanto en géneros (debatiéndonos en ocasiones entre trap/música urbana y el indie más soft) como en calidad de artistas, por lo que los asistentes no tan acostumbrados a escuchar todo tipo de música se vieron un poco perdidos entre escenarios.

Sobre las seis y media de la tarde del viernes el festival empezaba con tímido público y los primeros teloneros se dejaban ver pero sin nada reseñable a la vista. Este primer día de festival fue el más heterogéneo con diferencia y quizá el plan de conciertos ofrecía demasiados altibajos tanto en géneros (debatiéndonos en ocasiones entre trap/música urbana y el indie más soft) como en calidad de artistas, por lo que los asistentes no tan acostumbrados a escuchar todo tipo de música se vieron un poco perdidos entre escenarios. Poco a poco, cada uno encontraba su hueco mientras nos acostumbrábamos al recinto, y digamos que todo empezó a sentirse como un festival de verdad a partir de la actuación de Belako a eso de las ocho de la tarde. El grupo vasco destacó por su fuerza y su actitud en directo sobre los demás, mostrándose como una buena representación de la marca nacional y regional del País Vasco, ejerciendo como pistoletazo de salida y uniendo a todo el público en un concierto intenso y memorable.

Un punto y aparte en la programación fue la ‘fiesta trap’ que se anunció semanas antes del festival en sustitución de M.I.A., en la cual Yung Beef y compañía hicieron de las suyas sobre un escenario alternativo a los otros tres principales. Para los que quieran saber cómo es este personaje en directo sólo comentar que apenas cantó nada (ni siquiera un playback decente), sino que todo fue un show medio improvisado en el que tanto él como Hakim ‘su animador’ pasado de rosca gritaron e incendiaron al público durante aproximadamente media hora más veinte minutos de espera porque, encima, se demoró. El resultado: éxito total de audiencia, y aquí mi reflexión: Lo cutre vende, y empieza a dar un poco de vergüenza que la gente trate esto de ‘postmodernidad’ cuando realmente sólo es un espectáculo de feria barato que, más que una actuación, lo consideraría un interludio anecdótico con el que también confieso por otra parte que me eché unas cuantas risas entre la programación más seria del festival.

El mejor artista de música electrónica a nivel mundial

Mi top de la noche y de esta edición del BIME en general. El británico dio un verdadero recital de la electrónica más experimental y bailable posible. Combinar los dos extremos de una disciplina es el factor principal que hace que Aphex Twin sea reconocido, al menos para mí, como el mejor artista de electrónica del mundo. Y en el BIME lo demostró con una densa actuación llena de techno, IDM marca de la casa, glitch, drum and bass y hasta momentos de puro noise. Con el concepto de una radio estropeada que centrifuga nuestros oídos hasta la saciedad, Aphex no sólo despertó la nostalgia de las raves noventeras sino que actualizó su sonido gracias a sus recientes experimentos, haciendo las delicias de todos sus seguidores y de cualquier amante de la electrónica más hardcore en general.

Los visuales fueron lisérgicos y repetitivos, añadiendo desde grabaciones modificadas entre el público hasta caras conocidas del famoseo español. Desde La Veneno, Bisbal o Kiko Matamoros hasta Aznar, ZP o Pablo Iglesias aparecieron en las pantallas del escenario Thunder Bitch, obviamente todo con un aspecto satirizado y distorsionado fusionado con simbologías religiosas y satánicas. Así, durante casi dos horas Aphex Twin marcó un auténtico espectáculo de la rave más oscura y caótica que no será recordado sólo como  ‘un concierto más de Aphex Twin en España’, sino como ‘EL concierto de Aphex Twin en España’. No sabemos si se repetirá en el futuro, por lo que nos hizo sentirnos prácticamente unos privilegiados por presenciarlo.

Slowdive, referentes en esto del dream pop

Mi segundo pick de la noche. Era de esperar que Slowdive en directo no defraudaran, pero siempre queda esa duda que te sugiere la edad y el paso del tiempo en sus integrantes. Afortunadamente, este no fue el caso. Slowdive suenan tan cuidados y metódicos en directo como en estudio, capaces de conseguir ese clic, ese sonido envolvente que abraza a su público y despierta los sentimientos tanto de fans como primerizos en el sonido de la banda. Tocaron antiguos clásicos y de su último disco homónimo a partes iguales, conformando un setlist bastante completo y demostrando por qué aún tantos años después siguen siendo los referentes en esto del dream pop (con perdón de sus dignos herederos actuales, Beach House).

Un showman post-punk

Una locura de directo. Cuando en el aviso de prensa vi que no se podían sacar fotos ni vídeos de sus actuaciones ya advertí que John Maus no es lo que parece en estudio, ni mucho menos. Una explosión de energía al más puro estilo ochentero es lo que este ‘Raphael wannabe’ nos demostró en su actuación. Sólo él. Darle ‘play’ a los instrumentales de sus temas y ale: yo me lo guiso yo me lo como. John Maus es insano, un torbellino de headbanging y coros apoteósicos en un medley de canciones de no más de dos minutos que nos agitaron y nos hicieron gritar con él. Un showman post-punk que sonó como una versión mucho más potente y mejorada de lo que propone en sus discos, dejando entrever una rabia punk contenida que algunos oyentes no imaginábamos que poseía. Agradable sorpresa y directo recomendado.

Damien Jurado: demostración de madurez

Damien Jurado hizo una demostración de madurez en el escenario. A dúo de guitarras repasó su repertorio con una fuerza más country de la que deja ver en sus trabajos de estudio. Voz como siempre impecable y presencia escénica. Una velada de esas que te agarran el corazón y no lo sueltan. Tema tras tema, te los supieras o no, la voz de este hombre transmite sin dejar respirar y por ello es mi cuarto pick de este primer día.

El sábado fue el día con el itinerario más variado y conocido del festival. Después de un intenso viernes, el sábado tenía el listón bastante alto y vaya si cumplió. Desde las siete de la tarde ya estábamos disfrutando de grupos top del panorama indie-rock actual. Para entonces ya nos habíamos hecho a la distribución del festival y todo fue mucho más fluido, pero realmente fue en este día cuando la acumulación de ‘población’ (porque aquello empezaba a parecer un pequeño pueblo nocturno dentro de una gran masa de acero) empezó a notarse para mal hacia la noche. Tampoco podíamos pedir más, el resto estuvo bastante bien planificado y era de esperar que la afluencia de público creciera de un momento a otro, notándose especialmente en el escenario más íntimo del festival (con José González, por ejemplo). Por lo demás, intensas sensaciones en cada intervención. De este día destaco especialmente que cada grupo parecía querer hacer más locuras que el anterior, desde crowdsurfing, juegos con la guitarra, decorados absurdos y salidas de tono de escenario a escenario.

Un cierre genial para este festival fue la sesión trasnochadora que nos tenía preparados Four Tet en el escenario alternativo llamado ‘Gaua’, donde actuaron todos los artistas de electrónica y DJs que se dieron cita. Ni el mal tiempo en el exterior ni la mala previsión de transporte (falta de taxis a la salida) nos aguaron una fiesta que se alargó hasta altas horas de la noche para hacer las delicias de todo fan del clubbing, techno, IDM y outsider house. Como siempre, algunas actuaciones evidentemente sorprendieron más que otras, pero he de decir que por primera vez en un festival sólo me sorprendieron para bien, lo cual ya es algo bastante positivo visto lo visto.

Uno de los secretos mejor guardados del festival

Jon Hopkins ‘Live’ era otro de los secretos mejor guardados del festival. Hacia las dos de la madrugada comenzó un impresionante despliegue de visuales e iluminación que acompañó a la música de este reconocido artista que defendió su posición de cabeza de cartel totalmente merecida. Quizá no sorprendió tanto como la parafernalia presentada por Aphex Twin la noche anterior, pero sí se notó más receptivo para el público usando la mejor arma posible: su propia música. Sin hacer mucho remix de sus temas y explotando su progresividad, Jon Hopkins fue a lo seguro y acertó, ya que las luces y visuales acompañaban perfectamente a todo el conjunto, haciendo que bailáramos hasta las partes más lentas. ¿Hace falta decir más?

MGMT: un directo completo y satisfactorio

La sensación general con MGMT fue la más cercana que podríamos vivir en 2018 de un revival de los grandes conciertos indie de la primera década de siglo. Con una estrafalaria imaginería (incluyendo un muñeco gigante con la cara de su nuevo disco, una pantalla gigante dividida en dos dimensiones, luces y atrezzos varios) el dúo revivió ese feeling festivalero total de aquellos años, con el ambiente tropical y psicodélico que les caracteriza. No faltó ningún temazo de antes ni de ahora (a destacar ese impresionante final con “Siberian Breaks” completa). “Kids”, “Electric Feel” y las canciones del reciente “Little Dark Age” completaron un setlist que supo dosificar su timing dentro del festival. MGMT demostraron que no han dejado de ser un clásico de los festivales, lo que me hace pensar en lo importante que es adaptar un buen escenario, crear un repertorio consistente y en definitiva ofrecer un show en este tipo de eventos, donde apenas tienes una hora para impresionar a un público que está pidiendo ver lo mejor de ti. Un directo completo y satisfactorio que no creo que defraudara a ninguno de los asistentes.

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Una renovación artística constante

La actuación de la UMO en este BIME Live 2018 fue la que me confirmó que definitivamente en este festival los artistas estaban viendo quién ‘daba más la nota’ en el buen sentido de la expresión. El crowdsurfing que se marcó su guitarrista y vocalista principal de un lado a otro del recinto fue para enmarcar, seguido de sus solos ‘a lo Hendrix’ y la espectacular fuerza vocal que siempre le acompaña hicieron que Unknown Mortal Orchestra se alejaran de los suaves sonidos de sus inicios para mostrar su versión más alocada y psicodélica hasta la fecha. Añadieron jams jazzeras al final de los temas que complementaron muy bien con sus nuevos cortes más disco-funk del último disco. Resumiendo, una renovación artística constante es la que demuestra este grupo tanto en estudio como en directo, y es que si hay algo que no se les puede reprochar es la variedad y voluntad puesta en este show.

Dos grandes ídolos de los noventa…

Uno a Sun Kil Moon y Stephen Malkmus porque son grandes ídolos de los noventa que dejaron sus grupos iniciales para seguir en solitario durante este milenio (con sus más y sus menos) y a la vez también representaron su esencia en el tiempo que pudieron dentro del festival. “Sólo me quedan seis minutos y todas mis canciones son de veinte, así que intentaré adaptar” decía Sun Kil Moon en una de las cuotas de la noche, seguidas por guiños en medio de sus canciones a un Kurt Vile que tocaba en el escenario anexo. Mark Kozelek es un poeta vanguardista total en directo, donde pasaba hojas y hojas de sus canciones mientras las recitaba con su característico estilo. Hipnotizante es la palabra que mejor lo definiría, acompañado obviamente por dos grandes artistas a la guitarra acústica y piano.

Por otra parte, Stephen Malkmus hizo de las suyas en el escenario Heineken, donde parecía un malabarista con su guitarra mientras tocaba como si nada. Malkmus hace que llamarnos motherfuckers suene hasta cool, porque esa es la magia de este señor, terminando con un “Stereo” que nos voló los sesos mientras nos dejaba con la sensación agridulce de que no hubiera tocado más clásicos de Pavement.

Y dos joyas en materia alternativa

Rolling Blackouts Coastal Fever dieron un auténtico repaso al indie-rock más clásico entre sus aires a Bruce Springsteen y los primeros Strokes. Lo que sentí al verles –pese a ser una banda joven– fue nostalgia, lo cual es genial porque representan ese nicho que se ha perdido en el rock actual. Los australianos mezclaron las voces de sus cantantes sin quedar claro quien es el principal y haciendo que su breve setlist (obviamente no tienes mucho donde elegir cuando sólo tienes un disco y un par de EPs) pareciese lo suficientemente diverso para no flaquear en ningún momento. José González, por otra parte, fue quien llenó el escenario alternativo. El sueco es un artista con una larga trayectoria en directo y sabía lo que hacía de principio a fin, cerrando a lo seguro con una “Heartbeats” que recomendaría escuchar a cualquiera por lo menos una vez en la vida.