Siempre que tengo que afrontar una crítica me propongo no hacer sangre, incluso cuando hablo sobre un disco que no es santo de mi devoción. No me gusta ver los aspectos negativos de un trabajo como una herida en la que hurgar para destrozarlo, sino como aspectos a mejorar por parte de un artista que, entiendo, pone toda su buena intención en hacer algo que le satisfaga y que guste a los oyentes. Y con Muse no va a ser menos. Por mucho que Matt Bellamy se empeñe en que me salte mi protocolo, voy a realizar un sobreesfuerzo por no hacer una crítica totalmente destructiva e incluso intentaré sacarle aspectos positivos a “Simulation Theory”, su nueva y futurista obra.

Los ochenta siguen de moda

Desde “The 2nd Law” el trío ha intentado ceñirse a un concepto mientras experimentan bajo el pretexto de ‘lo que nos define es que nada nos puede definir’, dando lugar a un batiburrillo sin sentido de canciones que en conjunto no funcionan. En “Simulation Theory” vuelve a ocurrir lo mismo, y es que ese intento de unificar todo bajo una capa cyberpunk de sonido synthwave desubica completamente varios de los temas que componen el disco al haber sido escritos anteriormente, sin esa concepción en mente.

Desde que Muse decidieron dejar de contar con productores para sus discos, Matt Bellamy se ha vuelto un caballo desbocado. La megalomanía característica del frontman ha ido creciendo a la par que la popularidad de la banda y ha acabado devorando a un grupo que nos ha ido ofreciendo cada vez discos más dispares e irregulares, con buenas ideas mal ejecutadas y resultados que progresivamente han ido adentrándose más en la autoparodia. En 2015 colaboraban con Robert John ‘Mutt’ Lange para ese intento de vuelta a los orígenes con ramalazos experimentales sin sentido que fue “Drones”, pero ya era demasiado tarde. El grupo hace tiempo que perdió el norte y cualquier mensaje que antes formaba parte de su propia identidad ha acabado perdiendo cualquier sentido.

Así llegamos a “Simulation Theory”, un disco bastante diferente a “Drones” en cuanto a su concepción, pero sin grandes cambios en su resultado. Después de tres álbumes conceptuales seguidos, Muse decidieron escribir su siguiente trabajo canción por canción, entre gira y gira y sin ninguna prisa, llegando a plantearse incluso sacar varios EPs. Así, la composición de estas nuevas canciones comenzó en 2016 (tras finalizar la gira de “Drones”) junto a Mike Elizondo, con quien grabaron “Dig Down”, y continuó después de una gira norteamericana. En ese punto volvieron al estudio con Rich Costey (productor de “Absolution” y “Black Holes and Revelations”) y trabajaron también con Shellback y Timbaland experimentando con cada canción por separado para sacar el máximo potencial de cada una de ellas. Aunque el plan inicial era no centrarse en ninguna idea en concreto, el grupo acabó conduciendo las canciones hacia una rama dominada por la ciencia ficción ochentera, la clásica crisis política y conspirativa de sus anteriores elepés y una clara influencia del synthwave. Todo esto se ve reforzado con videoclips futuristas ambientados en universos distópicos de temática cyberpunk y una carátula a cargo de Kyle Lambert, diseñador de los pósters de Stranger Things.

Fotografía: Jeff Forney

Distinto envoltorio, mismo bombón

Hablando de experimentación, Muse vuelven a no salir muy bien parados. El rollito synth no les queda del todo mal, pero enseguida saltan las costuras. Cuando fuerzan la maquinaria suenan impostados y exageradamente excesivos, incluso siendo Muse. Por contra, cuando tiran por lo clásico resultan repetitivos y anodinos, con unos riffs de guitarra y unas progresiones de acordes que nos llevan hacia los mismos sitios de siempre y con un Matt Bellamy cuya grandilocuencia y cuyos falsetes, lejos de emocionar o de embriagarnos de esa épica grandiosa, cansan.

Al final, “Simulation Theory” arrastra todos y cada uno de los problemas con los que el grupo lleva lidiando como mínimo desde “The 2nd Law” (2012). Sin embargo, para no empezar por los aspectos negativos, diré que (casualmente) la mayoría de las canciones co-producidas por Rich Costey son lo mejor del disco. El arranque synth con los arreglos de cuerda en “Algorithm”, la clásica “The Dark Side” (que en un principio me espantó pero ahora suena más coherente y sólida) o la divertida “Pressure” (con un par de riffs bastante contagiosos y desenfadados) no funcionan nada mal. Siguen sin ser suficiente, pero se pueden llegar a disfrutar casi casi sin tener la imagen de Matt Bellamy en la cabeza repitiéndote constantemente: “Mírame, joder, ¿a que molo muchísimo?”.

Pero los problemas no tardan en aparecer, tanto en el conjunto del álbum como en el núcleo individual de las propias composiciones. El primero y más grave es la falta de cohesión entre las canciones. Llegados a este punto, siento decir que a Muse no se les da bien hacer discos conceptuales. Desde “The 2nd Law” el trío de Devon ha intentado ceñirse a un concepto mientras experimentan bajo el pretexto de ‘lo que nos define es que nada nos puede definir’, dando lugar a un batiburrillo sin sentido de canciones que en conjunto no funcionan. En “Simulation Theory” vuelve a ocurrir lo mismo, y es que ese intento de unificar todo bajo una capa cyberpunk de sonido synthwave desubica completamente varios de los temas que componen el disco al haber sido escritos anteriormente, sin esa concepción en mente.

Y hablando de experimentación, Muse vuelven –una vez más– a no salir muy bien parados. El rollito synth no les queda del todo mal, pero enseguida saltan las costuras. Cuando fuerzan la maquinaria suenan impostados y exageradamente excesivos, incluso siendo Muse. Por contra, cuando tiran por lo clásico resultan repetitivos y anodinos, con unos riffs de guitarra y unas progresiones de acordes que nos llevan hacia los mismos sitios de siempre y con un Matt Bellamy cuya grandilocuencia y cuyos falsetes, lejos de emocionar o de embriagarnos de esa épica grandiosa, cansan. Ahí quedan “Propaganda” (cuyo vocoder suena a pastiche con una estrofa que parece una “Supermassive Black Hole” descafeinada), “Break It to Me” (con unos riffs y scratches que me traen a la mente a Linkin Park, lo cual no puede significar nada bueno) o “Blockades” (que sencillamente suena a algo que ya hemos escuchado, pero peor). Y lo más triste es que hay buenas ideas e intenciones, pero parece que no saben qué hacer con ellas o incluso que las ponen por poner o porque están de moda para automáticamente olvidarse de ellas en el siguiente disco, como cuando ‘apostaron’ por el dubstep en “The 2nd Law” y nunca más volvimos a saber de ello.

Señor Bellamy, no me encuentro bien…

Si hay algo peor que el Matt Bellamy político-conspiranoico es el Matt Bellamy enamorado. El británico todavía no ha superado su crisis de mediana edad y sus letras cada vez rozan más la vergüenza ajena, por no mencionar lo cínico que suena a estas alturas que un multimillonario acomodado te inste a luchar, a cambiar el mundo y a todas esas cosas de la burguesía políticamente comprometida. Por otro lado, “Simulation Theory” deja claro que si hay algo más espeluznante que Imagine Dragons es Muse intentando sonar como Imagine Dragons (“Thought Contagion”).

De este disco me quedo, sobre todo, con tres ideas generales: la primera es que Matt Bellamy todavía no ha superado su crisis de mediana edad, con unas letras que cada vez rozan más la vergüenza ajena, por no mencionar lo cínico que suena a estas alturas que un multimillonario acomodado te inste a luchar, a cambiar el mundo y a todas esas cosas de la burguesía políticamente comprometida. La segunda de ellas es que si hay algo peor que el Matt Bellamy político-conspiranoico es el Matt Bellamy enamorado. Dejando a un lado el plagio a “Every Breath You Take”, “Something Human” es quizá uno de los peores temas que recuerdo en toda la trayectoria de Muse, con una mezcla de pop y AOR rancio que no sé por dónde coger. Pero, sin duda, el track que se lleva la palma es “Get Up and Fight”, que mezcla la vertiente política con la romántica para ofrecer una especie de balada con espíritu teenager en colaboración con Tove Lo, sacándonos completamente del disco y obligándonos a preguntarnos cómo alguien que compuso “New Born” hace más de quince años ha acabado aquí. Y lo último, pero no por ello menos importante, es que si hay algo más espeluznante que Imagine Dragons es Muse intentando sonar como Imagine Dragons. Y si no, dadle una escucha a “Thought Contagion”. No sé si me da más escalofríos escuchar a Bellamy semi-rapeando, escuchar el drum machine haciendo un ritmo de trap que probablemente nunca volverán a utilizar o el estribillo a lo “Radioactive”.

Como ya he dicho, no todo en este álbum es terrible. Las canciones que más se ciñen al concepto del disco funcionan medianamente bien. Al menos en lo que a sonido se refiere. El problema viene porque son la minoría, y el resto acaban siendo preferiblemente olvidables. Quizás salvaría también “Dig Down”, que, sin ser una maravilla, tiene un estribillo pegadizo y consigue sonar épica sin el barroquismo característico del grupo, brillando especialmente en su versión acústica de la edición Deluxe con un coro góspel que le sienta como un guante.

La autoparodia inconsciente

La sensación con los discos de Muse en esta última década es la misma que con un episodio nuevo de Los Simpson. Por fuera son los mismos, ahora con mejor calidad de imagen, pero por dentro hace tiempo que dejaron de sonar honestos y tener razón de ser. Sus intentos de experimentación son poco ambiciosos, más por cumplir que por querer innovar realmente. Muse se quedan a medio gas, añadiendo una capa de chapa y pintura a su sonido pero sin cambiar el armazón, y el resultado acaba siendo insostenible.

La sensación que tengo con los discos de Muse en esta última década es la misma que tengo cuando veo un episodio nuevo de Los Simpson. Por fuera son los mismos, ahora con mejor calidad de imagen, pero por dentro hace tiempo que dejaron de sonar honestos y tener razón de ser. Sus intentos de experimentación me parecen poco ambiciosos, más por cumplir que por querer innovar realmente. Hemos tenido varios discos últimamente que también han coqueteado con la ciencia ficción o que han creado un imaginario ficticio para reflejar la realidad con muchos mejores resultados, véase el caso de Arctic Monkeys con su “Tranquility Base Hotel & Casino” (2018) o incluso Father John Misty con su “Pure Comedy” (2017). No obstante, Muse se quedan a medio gas, añadiendo una capa de chapa y pintura a su sonido pero sin cambiar el armazón, y el resultado acaba siendo insostenible.

Cada vez que el trío británico lanza un nuevo disco revisito sus primeros trabajos para comprobar si realmente son mis prejuicios o no, y siempre me doy de bruces con un “Origin of Symmetry” (2001) que todavía me sigue volando la cabeza. Esta vez he ido más allá y me he preguntado lo siguiente: si asistiera a un concierto de Muse, ¿me gustaría que sacrificaran canciones como “Stockholm Syndrome”, “Bliss” o cualquiera de sus tres/cuatro primeros discos por alguna de “Simulation Theory”? Mi respuesta, lamentablemente, está más clara que el agua.

Muse – Simulation Theory

3.6

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Muse acuden puntuales a su cita para ofrecernos las últimas teorías conspirativas de Matt Bellamy y compañía, esta vez bajo una capa de synthwave y estética cyberpunk que desgraciadamente se queda en poco más que eso: estética. Si algunos ya habíais abandonado el barco con sus últimos trabajos sentimos anunciar que este “Simulation Theory” no hará que volváis a adorarlos.

Up

  • “Algorithm” está bastante bien como introducción.
  • Las canciones producidas por Rich Costey mantienen cierta cohesión sonora.
  • “Pressure” y “Dig Down” son divertidas.

Down

  • Batiburrillo de estilos, pastiche sonoro, elementos que parecen colocados al azar…
  • Vuelve a cometer los mismos errores que sus dos trabajos anteriores: hay buenas ideas, pero su ejecución deja mucho que desear.
  • Ni los temas de corte más clásico consiguen levantar cabeza.
  • La sensación de autoparodia aumenta con cada trabajo.
  • “Something Human” y “Get Up and Fight” son probablemente los momentos más bajos en toda la trayectoria del grupo en cuanto a composición.