La autoestima y la confianza en uno mismo juegan un papel muy importante en el trabajo de un músico. Muchos artistas han desechado o directamente destruido proyectos que no les convencían, se han obsesionado hasta el extremo por sacar lo mejor de sí mismos o incluso algo con lo que sentirse satisfechos y también son muchos los que nunca han alcanzado esa satisfacción a pesar de haber hecho que crítica y público se deshicieran en halagos con sus discos.

Melody Prochet llegó como un rayo, soltó un bombazo y desapareció. La artista francesa debutó en 2012 con un álbum producido por Kevin Parker de Tame Impala, a quien conoció en una gira conjunta allá por 2010 y tras la cual estuvieron saliendo durante un tiempo como pareja. Las buenas críticas recibidas y el apoyo del grupo de psicodelia más grande a nivel mundial en la actualidad nos hicieron pensar que Melody acababa de dar el salto que necesitaba para despegar y que ahora venía lo bueno de verdad. Pero los años pasaban y seguíamos sin noticias de nuevo material… hasta que el año pasado Melody publicó una nueva canción en YouTube que formaría parte de “Bon Voyage” (su segundo LP), el cual finalmente vio la luz en junio de este 2018.

Y en medio de todo, la vida

La música psicodélica siempre ha tenido intrínseca esa sensación de transportarte a otra dimensión, pero tras el revival de esta última década y la multitud de discos que se han ido publicando ese sentimiento se había vuelto demasiado conocido y cada vez se hacía más difícil encontrar un trabajo que ofreciese algo más, algo que de verdad volviese a volarnos la cabeza a través de sus sonidos. En ese sentido, “Bon Voyage” cumple con creces.

Gracias a algunas entrevistas que ha concedido con motivo del lanzamiento de este trabajo, ahora sabemos por qué “Bon Voyage” ha tardado seis años en editarse. No es que Melody no estuviera trabajando en nueva música, sino que hiciera lo que hiciera no conseguía dar con la tecla adecuada para lo que quería. Tras la publicación de aquel debut homónimo comenzó a trabajar en su segundo álbum con Kevin Parker, pero la falta de confianza en su propio trabajo le hacía dudar constantemente. Después vino su ruptura, tras la que intentó retomar el álbum en cuestión con otros artistas y productores, pero obtuvo el mismo resultado. Cansada y frustrada, la artista decidió emprender un viaje a Suecia para dejarse embriagar por el aroma de sus bosques e intentar ver la vida desde otra perspectiva.

Fue entonces cuando consiguió cambiar el chip y afrontar su música de otra manera. Empezó a trabajar de cero en un nuevo disco que reflejase todos esos cambios y ese viaje físico y espiritual al que la francesa se expuso. Así nació el citado “Bon Voyage”. Pero los problemas no acabaron ahí. Poco después de lanzar su primer single, la familia de Melody emitió un comunicado aclarando que la cantante había sufrido un accidente, el cual le provocó la rotura de una vértebra y una aneurisma cerebral. Sin embargo y aunque todo parecía ir en contra, Melody consiguió sobreponerse a todas las dificultades y tras recuperarse por fin ha podido lanzar este elepé.

Creo que lo primero a destacar de este disco es el título, el cual me parece bastante acertado en varios sentidos: como referencia al periodo vivido por la artista y por lo que transmite el álbum en sí. “Bon Voyage” es, tal y como indica, un viaje. La música psicodélica siempre ha tenido intrínseca esa sensación de transportarte a otra dimensión, pero tras el revival de esta última década y la multitud de discos que se han ido publicando ese sentimiento se había vuelto demasiado conocido y cada vez se hacía más difícil encontrar un trabajo que ofreciese algo más, algo que de verdad volviese a volarnos la cabeza a través de sus sonidos. Y creo que en ese sentido cumple con creces.

Fotografía: Diane Sagnier

Entre la realidad y la fantasía

La combinación del trabajo de artesanos del sonido como Reine Fiske de Dungen, Fredrik Swahn de The Amazings y Nicholas Allbrook de Pond ha dado lugar a un álbum muy dinámico y variado que, sin embargo, consigue mantenerse coherente y equilibrado.

Melody ha sabido identificar los elementos que la hacían destacar en un debut que compartía bastantes similitudes con Tame Impala y la oleada psicodélica de esta generación y los ha potenciado lo suficiente como para desmarcarse e ir más allá. Sólo hay que escuchar “Cross My Heart” para sentir cómo nos abstraemos totalmente y nos dejamos llevar hacia un lugar totalmente desconocido en el que magia y realidad se entrecruzan constantemente a través de esas guitarras y arreglos de cuerda tan épicos con los que da comienzo el tema y que pronto se pierden en un océano de ritmos, flautas y voces con cierto toque de world music y unos versos en francés que añaden a las composiciones de Melody un aura mucho más exótica.

“Bon Voyage” es un disco en el que no se ha puesto ningún límite a la experimentación, y ha contado además con la colaboración de músicos como Reine Fiske de Dungen, Fredrik Swahn de The Amazings y Nicholas Allbrook de Pond. La combinación del trabajo de estos artesanos del sonido ha dado lugar a un álbum muy dinámico y variado que, sin embargo, consigue mantenerse coherente y equilibrado. “Breathe In, Breathe Out” es el single más evidente, más guitarrero y melodioso, con silbidos incluidos y un pre-estribillo que para en seco y deja una voz ahogada y jadeante para romper en el estribillo, manteniendo esa dicotomía entre la desesperación y la fuerza de voluntad:

Let myself find out there’s more
Let my heart find out there’s more”

Psicodelia de altos vuelos

Pese a ser un trabajo de digestión lenta y que en un principio puede descolocar un poco, la espera ha merecido la pena. Melody Prochet ha sabido reinventarse y dar un paso adelante sin dejar que el miedo se apodere de ella a la hora de experimentar, logrando un trabajo muy consistente en el que lugares, lenguas, sentimientos y sonidos se entremezclan para reflejar ese vaivén constante que es la vida

Los temas más convencionales se alternan con cortes que se dejan llevar totalmente y se pierden entre el misticismo, la melancolía y el anhelo más agridulce, como en una “Desert House” tremendamente personal y experimental en la que encontramos diversos pasajes y cambios constantes de ritmo e intensidad, añadiendo elementos como el autotune, sintetizadores, melodías de carácter más oriental e incluso gritos en sueco, produciendo un caos sonoro que se traduce en un cúmulo de sensaciones. “Van Har Du Vart” es un corte breve y acústico que sirve de coda a este periplo fantástico, conectando sus versos finales con “Breathe In, Breathe Out” mientras repite precisamente esas dos frases. El sonido de la etapa “Innerspeaker” de Tame Impala se apodera completamente de “Quand Les Larmes D’un Ange Font Danser La Neige” y de “Visions of Someone Special, On a Wall of Reflections”, con unas guitarras y una batería híper musculadas, mientras que la pieza de cierre, “Shirim” (que significa “canciones” en hebreo), se mueve más hacia ese sonido propio de “Currents”, con guitarras y ritmos funky y esas melodías de voz llenas de los falsetes y de las letras amargas que caracterizaban el tercer disco de Kevin Parker:

It seems like I’m getting old
Feels like our sun has gone
It seems like you’re almost gone
It feels like it’s all my fault

Pese a ser un trabajo de digestión lenta y que en un principio puede descolocar un poco, la espera ha merecido la pena. Melody Prochet ha sabido reinventarse y dar un paso adelante sin dejar que el miedo se apodere de ella a la hora de experimentar, logrando un trabajo muy consistente en el que lugares, lenguas, sentimientos y sonidos se entremezclan para reflejar ese vaivén constante que es la vida, añadiendo los toques de esoterismo necesarios para deformar nuestra realidad al gusto de ese ser mitológico y fugaz que caracteriza a Melody. Si bien a veces las ideas se acumulan y no terminan de explotarse, su corta duración (los siete temas apenas pasan la media hora) evita que se haga bola y deja a la artista en un punto muy interesante para seguir explorando y labrando su carrera.

Melody’s Echo Chamber – Bon Voyage

7.8

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Tras seis duros años de rupturas amorosas, accidentes y crisis artísticas, Melody Prochet consigue sacar adelante “Bon Voyage”, su segundo álbum de estudio, llevando un paso más allá las características que la hicieron destacar en su debut para entregarnos un disco experimental y muy variado. Psicodelia con todas las letras.

Up

  • Psicodelia en estado puro.
  • La experimentación, la variedad musical, el dinamismo de las canciones.
  • Los temas más convencionales como “Breathe In, Breathe Out” o “Shirim” no se quedan atrás.

Down

  • A veces introduce demasiadas ideas en muy poco tiempo y algunas cuajan mejor que otras.
  • Hay canciones que funcionan peor individualmente.