Para todos aquellos perezosos, que viven a cámara lenta, discípulos de Paul Lafargue, que ven el motor del cambio en el gesto espontáneo y sencillo, que se creen poseedores del derecho a no hacer nada, que vigilan el mundo desde el sofá y se empachan de ver el techo todos los domingos. Bienvenidos al sedante mundo de Connan Mockasin.

Su obra más consolidada hasta la fecha

“Jassbusters” es una suerte de viaje hipnótico y bucólico por las entrañas del jazz, funky y soul de baja fidelidad, perfecto para vivir de forma pausada y tomarse un segundo para respirar en medio de este momento histórico que nos engulle sin tiempo para procesar nada.

Tras cinco años de espera después de su fulgurante “Caramel” regresa a la actualidad con Jassbusters”, una suerte de viaje hipnótico y bucólico por las entrañas del jazz, funky y soul de baja fidelidad, perfecto para vivir de forma pausada y tomarse un segundo para respirar en medio de este momento histórico que nos engulle sin tiempo para procesar nada.

Música ligera para curar el alma. Música ligera para ir más despacio, dejar pasar trenes y confiar en que algún día nos entenderemos más, nos amaremos mejor. Guitarras constipadas de chorus en punteos efímeros y directos al tuétano, como un Mark Knopfler nadando en una inmensa piscina codeína, revival de la psicodelia setentera y ritmos perfectos para coger un coche y recorrer la ciudad al amanecer otoñal.

Fotografía: Apple Music

“Jassbusters”: guitarras constipadas, pop revival y un amanecer otoñal

Música ligera para curar el alma. Música ligera para ir más despacio, dejar pasar trenes y confiar en que algún día nos entenderemos más, nos amaremos mejor. Guitarras constipadas de chorus en punteos efímeros y directos al tuétano, como un Mark Knopfler nadando en una inmensa piscina codeína, revival de la psicodelia setentera y ritmos perfectos para coger un coche y recorrer la ciudad al amanecer otoñal.

Connan Tant Hosford, este esperpéntico compositor neozelandés, sorprendió al mundo en 2011 con un tema de inspiración pacifista y marina,“Forever Dolphin Love”, una colección larga y opiácea de canciones con voces robotizadas, suaves cadencias pop y guitarras lounge. Además, durante ese tiempo giró con artistas tan importantes como Charlotte Gainsbourg o bandas como Radiohead. De alguna forma, encontró su camino dentro de la música independiente, se hizo un nombre y una estética reconocibles. Y lo demás, ya solo estaba por venir.

Así, Connan Mockasin habla del tanga de Charlotte durante nueve minutos de puro opio (Charlotte’s Thong”) en un pulso de batería adictivo sobre una guitarra en continuo bending. Un breve destello y cambio de registro (“Momo’s”) que recuerda a uno de sus contemporáneos, James Blake, o bien a un pionero ya experimentado del falsete, como Antony Hegarty, más conocido por estar al frente de los Johnsons. La voz se vuelve a transformar en la siguiente pieza, “Last Night”, un cruce entre el Tom Waits del fabuloso e inmortal “Blue Valentine” y el Michael Jackson más dulce. Una especie de West Side Story en pleno siglo XXI.

La bucólica sensación de no haber dormido demasiado

Connan Mockasin entrega su trabajo más consolidado hasta la fecha, un álbum homogéneo, adictivo, hipnótico e intimista, perfecto para una noche perezosa al calor de la manta y el sofá. Además, se reivindica como un músico de estudio con clara predilección por la instrumentación lounge y con aspiración soul. Vivir lento, sentir despacio.

En “You Can Do Anything”, una especie de interludio entre la primera y segunda parte del álbum, el ambiente ‘groovie’ regresa con más fuerza que nunca y una frase de guitarra con exceso de bendings se aposenta bajo una capa de percusión ‘dub’. Entonces, con una voz grave que destaca del resto de temas de este nuevo disco, Mockasin dice: “You can do anything to get good grades / anything”,lo que hace suponer que el fondo argumental de “Jassbusters” no es más que la relación culpable de un estudiante con su profesor o profesora.

Con Conn Was Impatientretoma el aire instrumental y vocal puramente ochentero, vaporwave. Nada más arrancar B’nD regresa el estilo jazzy con ligaduras a lo Knopfler, y es inevitable acordarse de los grandes éxitos de los Dire Straits. El ambiente retro preside la narración musical con, de nuevo, la a veces bucólica sensación de no haber dormido demasiado, en un fraseo similar a “Caramel”, la canción más adictiva de todo su repertorio. Sin embargo, la voz adquiere colores graves en forma de spoken word, recordando a los álbumes de poemas recitados de Jim Morrison y aquella obra maestra titulada The Ghost Song.

El final de este “Jassbusters” emerge tan intenso y diluido como el inicio. Las ligaduras de guitarra y la voz acaramelada vertebran una emocionante interpretación de lo que podría ser un clásico de los ochenta (“Sexy Man”), mientras que una paradisíaca combinación de acordes bañada en coros oníricos sirve la coda (“Les Be Honest”). En ambos temas podemos ver una clara influencia local de uno de sus maestros, Thom Yorke, aunque la voz de Mockasin suena más enferma y dulce, con un vaivén melódico que hace perder rematadamente la consciencia.

Connan Mockasin – Jassbusters

7.6

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Connan Mockasin entrega su trabajo más consolidado hasta la fecha. Después de los excesos experimentales de “Forever Dolphin Love” y “Caramel”, el neozelandés sorprende con un álbum homogéneo, adictivo, hipnótico e intimista, perfecto para una noche perezosa al calor de la manta y el sofá. Además, se reivindica como un músico de estudio con clara predilección por la instrumentación lounge y con aspiración soul. Vivir lento, sentir despacio.

Up

  • Perfecto para los corazones románticos y mentes perezosas, así como para los días nublados.
  • Los nueve placenteros minutos de “Charlotte’s Thong”. Pura delicia sonora.
  • Las cuidadas y oníricas líneas de guitarra, una sobredosis de chorus y bendings.
  • El autor se reivindica después de cinco largos años con la que parece ser su obra definitiva.

Down

  • Música no recomendada para los oídos más cañeros.
  • No será uno de los discos del año, y seguramente pase inadvertido.