Fotografía: Greg Williams

El pasado viernes se publicaba la banda sonora que Thom Yorke ha preparado para el remake de Suspiria, largometraje original de 1977 dirigido por Dario Argento que en este caso ha sido reinterpretado por el célebre Luca Guadagnino. Muchos podrían esperar que tras este pequeño trayecto en solitario Yorke reactivara Radiohead para ir preparando el sucesor de “A Moon Shaped Pool” (2016), pero lo cierto es que el británico tiene unos planes ligeramente diferentes. En una reciente entrevista con el periodista Pablo Gil para El Mundo, Yorke habla sobre su situación personal como eje creativo en dos discos clave para la formación inglesa: “OK Computer” de 1997 (reeditado el pasado año) y “Kid A”, un disco que ha cumplido la mayoría de edad este mismo mes de octubre.

El año pasado se reeditó “OK Computer” por su vigésimo aniversario y pasé mucho tiempo escuchando los archivos de la grabación. Recordaba cómo en aquella primera época de Radiohead me sentía frustrado y cabreado e inseguro de todo lo que hacía. Si algo no salía inmediatamente como yo quería, que era lo habitual, me cabreaba mogollón. Era como un aprendiz de pintor incapaz de trasladar al cuadro las imágenes que había en mi cabeza. Siempre era una pelea.

Con el siguiente disco, “Kid A” (2000), la situación empezó a cambiar. Poco a poco aprendimos a dejar que las cosas sucedieran, a no tener un plan. Fue duro de la hostia, porque no sabíamos lo que íbamos buscando, pero era la primera vez que sentía que había dejado de ser un músico que intentaba llamar la atención y que estaba creando música mejor de mis mejores esperanzas. Empecé a sentirme más cómodo y a disfrutar muchísimo del proceso de crear música.

Un sonido, un tono especial en términos de oscuridad y de atmósfera

Charlando sobre su trabajo con la banda sonora de Suspiria, Yorke destaca cómo ha tenido que cambiar su metodología de trabajo para esta ocasión y cómo el hecho de que cada personaje necesitara un “tema melódico específico” le ha parecido “de locos”:

Me comprometí a hacerlo tras la insistencia de Luca [Guadanigno, director del filme], y comencé un viaje que terminó durando un año. Tuve que aprender a hacer las cosas de un modo distinto. Fue un largo proceso de improvisar mucho y editar lo que hacía, improvisar, editar, improvisar, editar, bla, bla. Lo que más me preocupaba era encontrar un sonido, un tono especial en términos de oscuridad y de atmósfera. Cuando lo logré, Luca y su equipo me empezaron a hablar de que cada personaje necesitaba un tema melódico específico, cosas así. Para mí era de locos.

“No tenía el deseo de hacer música muy política, pero todo lo que hago tiende hacia ello de todos modos”

Sin embargo, lo más interesante queda reservado para el final, cuando el periodista le comenta si le importa que hablen de política y Yorke se muestra encantado por ello, abordando temas como el Brexit, Kanye West (refiriéndose seguramente a su reunión con Donald Trump y sus constantes controversias), etc. Y tirando del hilo confiesa que quiere publicar un nuevo disco en solitario (tercero en total):

No tenía el deseo de hacer música muy política, pero todo lo que hago tiende hacia ello de todos modos. Estoy intentando terminar un disco con Nigel [Godrich, su productor desde hace más de 20 años] y va en esa línea. Es algo que siempre está ahí.

Es muy electrónico, pero distinto a lo que había hecho hasta ahora. El método ha sido lo contrario de depender del ordenador. Es un extraño proceso por el cual construimos una canción en el estudio, la rompemos después, la reconstruimos con una mezcla en directo y sale diferente de nuevo, y entonces eso es lo que grabamos. Hemos improvisado muchos sonidos y efectos. Ha sido una forma muy rara de hacer un disco, lo que es muy emocionante.