Que Taburete y Andy y Lucas hayan hecho resurgir el punk español es una afirmación rebuscada y tramposa, pero no por ello falsa. Así, el periodista Xavi Sancho utilizó esta frase como titular de su último artículo para la revista Icon de El País, el cual ha dado para varias conversaciones y debates en las redes sociales. Evidentemente no voy a detenerme en hacer una recensión del artículo y ni siquiera voy a citarlo textualmente, pero creo que la tesis nos viene de lujo para hablar un poco del nuevo álbum de estudio de Taburete. Taburete son uno de los grupos nacionales que más ríos de caracteres han hecho correr en Internet recientemente, y es que, a pesar de que tienen su base de fans, Taburete son la pizza con piña de la música española. Desde todas las aristas de la población son a diario protagonistas de memes (nuevos o reutilizados) que los tachan, normalmente, de ‘pijos’. Pero como esto trata de ser un análisis próximo a algún tipo de objetividad (si es que ésta existe) he de hacerme a mí mismo antes de nada la siguiente pregunta: ¿Decir que Taburete son pijos es un argumento válido para descalificar sus profesiones como músicos? Por ahora voy a decir que no, aunque probablemente acabe cediendo ante el sí.

La pizza con piña de la música española

Diez canciones nada arriesgadas respecto a las ideas que llevan tres años exprimiendo, en algunos casos añadiendo además una producción verdaderamente excesiva, y a las que acompañan una estética e ideología que cada vez nos echa más para atrás.

Taburete no necesitan mucha presentación. Son un grupo madrileño formado allá por 2015, año en el cual ya lanzaron su primer disco autoeditado, titulado “Tres Tequilas”. Poco tardaron en sonar en numerosas salas de la capital hasta su final explosión comercial con la repetitiva “Sirenas”, extraída de su segundo álbum “Dr. Charas” (2016). “Madame Ayahuasca” es su último larga duración hasta la fecha, un disco de treinta y cuatro minutos de duración en el que encontramos diez canciones para nada arriesgadas respecto a las ideas que llevan tres años exprimiendo, en algunos casos añadiendo además una producción verdaderamente excesiva, y a las que acompañan una estética y una ideología que cada vez nos echan más para atrás.

Fotografía: Apple Music

La auto parodia de intentar ser estrellas de rock

Las canciones de Taburete, y concretamente las diez que encontramos en este último trabajo, son manifiestos nihilistas característicos de la juventud neoliberal del siglo XXI, que hablan de la holgazanería, del consumo de alcohol sin control y de ver, en definitiva, la vida pasar.

¿Y qué es lo que ocurre con Taburete? ¿Por qué son tan repudiados debido a argumentos que poco o nada tienen que ver, a priori, con su música? Pues la respuesta es muy compleja, pero podemos intentar resumirla de una manera simple. El problema es que la banda de Willy Bárcenas y Antón Carreño son todo un símbolo enarbolado por la juventud de clase media alta española de derechas. ¿Es toda su base de fans clase media alta, española y de derechas? En absoluto. ¿Son Taburete un grupo que sirve para aglutinar a un grupo social el cual comparte estas características? Desgraciadamente, sí. Y, como la objetividad no existe, somos incapaces de no relacionar a Taburete con su función simbólica. Pero esto sólo tiene que ver con la ideología implícita que transmiten Taburete, aunque también hay una ideología absolutamente explícita en su música. Sus canciones, y concretamente las diez que encontramos en este último trabajo, son manifiestos nihilistas característicos de la juventud neoliberal del siglo XXI, que hablan de la holgazanería, del consumo de alcohol sin control y de ver, en definitiva, la vida pasar.

Y se me podría tachar de hipócrita, ya que cuando me paro a analizar una canción de Yung Beef acerca de las mismas temáticas me veis emocionado, pero cuando hablamos de Taburete mi sistema digestivo entra en ardores. Porque he aquí, de nuevo, la cuestión de la ideología. Cuando Yung Beef habla de andar perdido por Madrid bajo los efectos del Xanax escuchamos a una persona que se ha criado en un mundo de drogas, violencia y paro, en barrios humildes habitados por trabajadores; conectamos con alguien que sabemos que simplemente ha nacido en el lugar inadecuado y para quien las drogas no son más que una vía para escapar de una vida que, en gran parte debido a la condena y el enjaulamiento que sufre por fracciones del resto de la sociedad, se desmorona. Por otro lado, cuando Taburete se refieren a temas similares, como en la homónima “Madame Ayahuasca”, nos encontramos con personas cuyo coqueteo con las drogas se debe simplemente a valores puramente hedonistas, sobre los cuales redactan manifiestos preciosistas a su favor.

Una banda versátil y rica instrumentalmente, pero con una propuesta vacía, sin significado ni profundidad

Lo mejor que tienen Willy, Antón y compañía son, desde luego, sus generalizadas influencias, pero siguen encerrados en una artificialidad nada creíble. Taburete, más que un cambio de dirección estilística o una maduración de su propuesta, han buscado en este su tercer disco aunar todos los palos y géneros que han ido tocando hasta el momento e incluso incorporar alguna que otra nueva referencia.

Baila y sueña mientras puedas, niña; que tus ojos, aunque lloren, no destiñan” en “Las Palabras” es otra frase que nos produce, nuevamente, ese mismo tipo de rechazo. El problema es que sabemos que la persona que ha compuesto esta canción procede de un donde no hay restricciones económicas ni sociales, cosa no banal en estos tiempos que vivimos. Lo que ocurre cuando el autor, que además se queja de que su padre haya sido condenado a treinta y tres años de cárcel por delitos fiscales, me pide que baile y sueñe mientras pueda o me dice que la solución a cualquier problema es “beberse tres tragos de ron y disfrutar del carnaval toda la noche” (“Carnaval”) es que, por supuesto, se me revuelve el estómago. En “Madame Ayahuasca” encontramos poco más allá de repetidas alusiones a las drogas, a disfrutar de la vida pase lo que pase y a las mujeres. Eso sí, con la peste a rancio que les caracteriza, como en Yo mataría por estar entre tus piernas, bailando un tango, fumando al viento, pensando en volver” de “Entre Tus Piernas”, una canción que tal y como se envuelve recuerda a los Café Quijano más casposos. Parece que, según se empeñan en demostrarnos una y otra vez, no hay más aspectos vitales que preocupen a estos chicos ya imbuidos de lleno en la cultura de la celebridad.

Y ahora hablemos de la música que acompaña a estas grandes letras. Tras una primera escucha Taburete no causan tanta indignación como la que pueden provocar otros grupos del pop-rock más comercial, pero siguen encerrados en una artificialidad nada creíble. Aun así, lo mejor que tienen Willy, Antón y compañía son, desde luego, sus generalizadas influencias, y eso es verificable a partir del hecho de que saben componer canciones muy versátiles respecto al género, pues están llenas de aspectos de estilos dispares como el bolero (“Grillos”), el soul (“Las Palabras”) e incluso la cumbia (“Por Lo Que Pueda Pasar”). Taburete, más que un cambio de dirección estilística o una maduración de su propuesta, han buscado en este su tercer disco aunar todos los palos y géneros que han ido tocando hasta el momento e incluso incorporar alguna que otra nueva referencia. La idea, tal y como la llevan a cabo, perjudica la escucha de “Madame Ayahuasca”, ya que se convierte en un paseo a través de diez canciones poco o nada conectadas entre sí que quieren gustar al máximo público posible (el tufo a La Pulquería en la mencionada “Grillos”, a Juanes/Ricky Martin en “Por Lo Que Pueda Pasar”, el pop/rock canónico y prescindible de “Belerofón”…). Sin duda, la mitad instrumental que caracteriza a las canciones como forma musical es la que puede salvar un poco la música de Taburete, pero ‘un poco’ sigue siendo sólo ‘un poco’.

Taburete – Madame Ayahuasca

4.3

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Taburete publican su tercera referencia discográfica, “Madame Ayahuasca”, un álbum vacío, sin ningún tipo de significado ni profundidad, que se erige como un puro manifiesto de la juventud neoliberal de clase media alta del siglo XXI. Musicalmente se muestran como una banda versátil y más rica instrumentalmente que cualquier otro grupo de pop del panorama musical, pero ni siquiera eso es capaz de salvar su propuesta.

Up

  • El dinamismo que aporta el hecho de que trabajen distintos géneros para distintas canciones.
  • Las risas.

Down

  • Mensajes llenos de hedonismo vacío.
  • ¿Jóvenes ricos hablando de perseguir tus sueños?
  • Que no se hayan cansado ya de dar la lata.
  • Sus fans.