Una de las cosas más interesantes para los que amamos la música, ciertamente, es comprobar cómo un artista va encauzando su carrera y puliendo asperezas poco a poco, encontrando la postura adecuada con la que viajar a gusto y sin secuelas a largo plazo. Resulta duro para un ferviente seguidor, especialmente si está ahí desde el principio, ver cómo su referente inicia derivas inesperadas, obturando ciertas puertas de placer en pos de otras vías que sí permitan dejar fluir sus nuevas inquietudes.

Muchos no comprenden que un artista se dedica al oficio de expresar, no de entretener, y que ese axioma está directamente relacionado con el estado anímico del mismo. Esta certeza lleva a una inevitable unión entre la persona y su obra: los sentimientos y circunstancias personales influirán inevitablemente en el resultado, que puede o no coincidir con lo que busca quien lo toma al otro lado. De ese modo, muchas veces el músico tiene que elegir entre satisfacer a sus feligreses, ávidos de esa droga de la que dependen, o hacer caso a su fuero interno y dar rienda suelta al desahogo por medio de la expresión artística, independientemente de cómo vaya a calar en el resto de almas mortales.

Eso parece sucederle a Ben Howard, cuya breve pero interesante carrera no deja de virar hacia sonidos cada vez más introspectivos. Su debut, “Every Kingdom” (2011), le situó como una de las voces de autor angloparlantes más a tener en cuenta para el futuro, siguiendo la senda de figuras como Bon Iver o José González, y logró la consagración con “I Forget Where We Were” (2014), donde se aprecia una clara apuesta por lo paisajístico, dejando paso a los sintetizadores en detrimento de las guitarras acústicas.

El disco más minimalista de un autor muy personal

La experimentación y los sonidos ambientales copan por completo el espacio, pero sin hacer desaparecer su propia esencia. “Noonday Dream” consigue sumergirnos en un profundo y largo sueño; alejado de la realidad, pero no exento de problemas. Se dibuja a sí mismo en una tesitura donde parece encontrarse aislado en un terreno inhóspito y yermo.

Cuatro años después de su último trabajo llega a nuestros oídos “Noonday Dream”, un tercer álbum donde la experimentación y los sonidos ambientales copan por completo el espacio, pero sin hacer desaparecer la esencia de Howard. Como el propio título indica, el disco consigue sumergirnos en un profundo y largo sueño; alejado de la realidad, pero no exento de problemas. Se dibuja a sí mismo en una tesitura donde parece encontrarse aislado en un terreno inhóspito y yermo, tal y como refleja la portada. Nada puede describir mejor las sensaciones que transmiten las nuevas canciones como la fotografía escogida para decorar el nuevo trabajo. En ella podemos ver a Howard de cuclillas en medio de un paisaje desierto y amplio, donde la inmensidad lo abarca todo y su papel queda relegado al de una mota de polvo más.

Precisamente ahí radica una de las claves del álbum: la inmensidad. Al igual que Hans Zimmer trató de recrear la enormidad del universo en Interstellar mediante potentes y envolventes sintetizadores, “Noonday Dream” nos encoge utilizando la misma técnica, y nos sume en nuestros propios pensamientos mientras flotamos en un vacío cada vez más grande, pese a que en realidad estemos tumbados en nuestra cama con los ojos cerrados.

Fotografía: Promo

El sueño como vía para la reflexión

Nada puede describir mejor las sensaciones que transmiten las nuevas canciones como la fotografía escogida para decorar el nuevo trabajo. En ella podemos ver a Howard de cuclillas en medio de un paisaje desierto y amplio, donde la inmensidad lo abarca todo y su papel queda relegado al de una mota de polvo más.

El disco comienza con un tenue y constante arpegio que va acercándose poco a poco en nuestros oídos, al igual que hace el sueño por la noche. “Nica Libres At Dusk” es la primera estación en este viaje onírico, donde se superponen imágenes inconexas y reflexiones vitales, relatadas sin duda en un clima de paz, y donde el pegadizo estribillo nos rescata en el momento preciso antes de ceder y sumergirnos en puro placer. Tras lograr el objetivo de abstracción en la primera canción, “Towing the Line” hace aparición nuevamente de entre las sombras, esta vez con un solemne piano in crescendo que enseguida da paso a un marcado ritmo de guitarra arropado entre sintetizadores. La nostalgia por las cosas que no se vivirán, uno de los sentimientos que más desasosiego puede llegar a causar, parece ser la línea argumental del tema, donde Howard explora las posibles causas a una fatiga vital que se sufre demasiado pronto.

A Boat To an Island On the Wall” aborda el miedo desde la perspectiva de tomar decisiones, de esa falta de decisión fruto de la inseguridad que provoca no poder ver con claridad el espacio hacia el que queremos avanzar. Hacia la mitad de la canción, el segundo estribillo nos saca del letargo mediante un fuerte acompañamiento de guitarra eléctrica y sintetizador, introduciendo así un nuevo sonido con distorsión al discurso. En “What the Moon Does”, Howard se vuelca en su pareja para lograr sobreponerse a la presión del desconocimiento y la incertidumbre. Es interesante el uso de la marcada percusión electrónica conforme el tema se acerca al final, mientras la canción entera, voz e instrumentos, se van descomponiendo.

Viaje al centro de la nada

Al igual que Hans Zimmer trató de recrear la enormidad del universo en Interstellar mediante potentes y envolventes sintetizadores, “Noonday Dream” nos encoge utilizando la misma técnica, y nos sume en nuestros propios pensamientos mientras flotamos en un vacío cada vez más grande, pese a que en realidad estemos tumbados en nuestra cama con los ojos cerrados.

En el núcleo del disco nos encontramos con una versión más rítmica de “How To Disappear Completely”, de Radiohead. “Someone In the Doorway” es un alegato en favor de la soledad, narrado con el habitual lenguaje críptico del autor. Pese a la belleza del acompañamiento de cuerdas en el cierre, la canción transmite una sensación de agobio, jugando con el mensaje introspectivo de la música en contraste con la letra, que no deja de hacer alusión a la gente que nos rodea y de la cual no podemos escapar.

Tras el interludio que es “All Down the Mines” se posiciona “The Defeat”, sin duda el tema más explícito del disco. A diferencia del resto de canciones, un potente sintetizador acompaña a la canción desde el principio, y no es casual si atendemos a la letra. Sin perder un ápice de estética, nos encontramos con un desahogo, un grito hermoso pero innato, fruto de la necesidad de liberar tensiones. El mismo Howard admite en la canción que no está bien sucumbir a los impulsos negativos, pero que tampoco puede fingir y expresar lo que piensa de los demás. Es de justicia destacar que lo haga con insultos de una clase difícilmente superable: “You’re an endless cartoon, no bridge in your song(“Eres una caricatura sin final, no hay puente en tu canción”).

Acercándonos a nosotros mismos

“Noonday Dream” funciona como terapia individual, sumergiéndonos en un estado de paz donde diseccionar ideas, identificar sentimientos y poner en orden todos nuestros pensamientos.

A Boat To an Island, Pt. 2/ Agatha’s Song” es una canción instrumental, exceptuando una única estrofa en medio del oasis paisajístico de cinco minutos, donde hemos de buscar la conexión con “A Boat To an Island On the Wall”, ya que en el plano musical, a priori, no parece haber relación. Precediendo al final nos encontramos con “There’s Your Man”, otra de las canciones que aporta frescor al álbum, con un sonido bien distinto a la línea general hasta ahora. Howard introduce aquí un tema mucho más pop, con un interesante ritmo de batería y un fraseo que recuerda a los mejores The National. Ben aborda la posición del hombre real en una relación, desde su propio caso. Utilizando como recurso un diálogo con una mujer, realmente se está diciendo a sí mismo cuáles son sus virtudes y defectos en relación con su pareja.

El álbum cierra con “Murmurations”, última conversación de Howard consigo mismo. Sin salirse de la línea ambiental del disco, esta vez la voz se presenta nítida, sin ningún tipo de eco o edulcorante, prácticamente a capela entre los jugueteos electrónicos y, también siguiendo un patrón dominante, despega a mitad de canción introduciendo percusión e intensificando los sintes.

Es importante a la hora de valorar este álbum reincidir en la idea abordada al principio de este artículo: no es un disco para todo el mundo. Ben Howard es un artista distinto, cuyas inquietudes personales le han llevado por un camino minimalista y ambiental. Una vez asumido eso, y escuchando el disco desde una perspectiva intimista, el producto gana enteros.

Ben Howard – Noonday Dream

7.6

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“Noonday Dream” funciona como terapia individual, sumergiéndonos en un estado de paz donde diseccionar ideas, identificar sentimientos y poner en orden todos nuestros pensamientos. Un disco para escuchar en soledad, tumbados por la noche en nuestra cama o viajando abstraídos en el paisaje.

Up

  • Logra ser una experiencia intensa, ayudando a acercarnos a nosotros mismos.
  • Gran cuidado de los detalles en el plano sonoro, la belleza desborda.
  • Dosis necesarias de sinceridad, que funcionan como terapia de autoaceptación.

Down

  • Puede que muchos oyentes no se encuentren con lo esperado (incluso los propios seguidores del autor).
  • Al tratarse de un disco denso, son necesarias varias escuchas para asumirlo y conectar, por completo, con el mensaje.