Qué duda cabe. Suede están viviendo una segunda juventud artística desde que en 2013 regresaran con “Bloodsports”, su primer álbum en más de una década. Quién nos iba a decir que cinco años después seguirían al pie del cañón y en pleno estado de forma, como evidencia The Blue Hour, su nuevo trabajo discográfico. Siguiendo las coordenadas marcadas en “Night Thoughts” (2016), los de Brett Anderson deciden doblar la apuesta para hacerlo todo más sombrío, más épico e imponente. Son ambiciosos. Para ellos el elepé es una obra completa y así nos lo hacen ver en esta suerte de musical de sonoridad grandilocuente, cercana a una experiencia cinematográfica, para la que han contado con grandiosos coros y la Orquesta Filarmónica de Praga.

Una suerte de musical de sonoridad grandilocuente

Siguiendo las coordenadas marcadas en “Night Thoughts” (2016), los de Brett Anderson deciden doblar la apuesta en “The Blue Hour” para hacerlo todo más sombrío, más épico e imponente.

“The Blue Hour” es un ejercicio conceptual, aunque resulta curioso que Anderson lo niegue a pesar de afirmar que las canciones insinúan una narración”. Matizando: pero nunca la revelan ni la explican del todo”. No obstante, se aprecia un sentido global visible tanto en sus recursos sonoros y musicales como en los textuales. No es difícil seguir el hilo de la historia a través de las canciones, y un análisis pormenorizado de las letras así lo evidencia. El compositor mira a través de los ojos de un niño que reside en un paraje rural para traernos una visión oscura del mundo, con referencias continuas a carreteras solitarias, pájaros, frío, nieve, árboles y paisajes desolados.

Fotografía: Press

“The Blue Hour”: un trabajo ambicioso que desborda densidad e intensidad

Se aprecia un sentido global visible tanto en sus recursos sonoros y musicales como en los textuales. No es difícil seguir el hilo de la historia a través de las canciones, y un análisis pormenorizado de las letras así lo evidencia. El compositor mira a través de los ojos de un niño que reside en un paraje rural para traernos una visión oscura del mundo, con referencias continuas a carreteras solitarias, pájaros, frío, nieve, árboles y paisajes desolados.

Inicia el disco As Onecon una introducción misteriosa. Solemne y lóbrega, sus arreglos orquestales y coros imponentes y épicos en la línea del “Carmina Burana” nos ponen en situación. Así como la voz dramatizada de Anderson, que narra en primera persona la escapada de un niño solitario hacia una colina. Entretanto, un hombre y una mujer adultos parecen buscarlo mientras las tinieblas se tragan la composición para dejar paso a la más rockera y convencional Wastelands. Estilísticamente cercana a la estética del álbum anterior, será la guitarra eléctrica de Richard Oakes la que se encargue de expresar la soledad y la incertidumbre de la noche con los arpegios que acompañan la reflexión del protagonista, desvelándonos que va a las tierras desoladas cuando tiene miedo porque allí este sentimiento desaparece. Tras un cambio repentino escuchamos la lectura de una frase del libro infantil “El viento en los sauces”, acompañada por una instrumentación fría de carácter desasosegado producida por el piano y un violín. Este recurso asociativo nos dará una idea más clara de la situación por la que está pasando el huido y cerrará la composición: Mole was alone / And far from help / And night was closing in”.

Con Mistressentramos en una balada intensa y podemos empezar a dilucidar el por qué de las acciones del niño. La canción trata sobre la amante de su padre. Quizá el motivo por el que su hijo decide abandonar su casa e irse a las tierras desoladas y cubiertas de nieve. Su madre está ausente. Probablemente ha fallecido y por eso se lamenta: You’re nothing like my mother”; y añade: He doesn’t love you like her / He doesn’t need you like her / You’re not all that he’s got / But you’re all that he wants”. De forma natural, puesto que ambos cortes están conectados, comienza Beyond the Outskirts. Un tema lento pero pujante donde la interpretación vocal de Anderson y la guitarra de Oakes brillan con fuerza mientras el protagonista reflexiona: Oh I lie here staring at the ceiling / And I wonder what’s happening outside / Oh I know you’ve got the same blank feeling / You don’t have to tell me I’m right”.

Integrando nuevos recursos que aportan variedad a su catálogo

“The Blue Hour” es un álbum denso e intenso que puede llegar a agotar en las primeras escuchas, pero que se disfruta con agrado una vez nos hemos familiarizado con las nuevas canciones. Suede han confeccionado un trabajo conceptual bastante sugerente.

Un sintetizador lúgubre nos da la bienvenida a Chalk Circles, pieza en la que despliegan recursos tan majestuosos como intimidatorios que evocan el canto de una comunidad elitista y oscura. La banda sonora de un episodio angustioso que puede tornarse trágico, ya que el niño se aventura entre carreteras secundarias y poco transitadas. Más que una canción, se trata de un preludio que nos guía hacia la pieza principal, de manera que, sin darnos apenas cuenta, saltamos al rock de Cold Hands para encontrar uno de los estribillos más destacados del larga duración. Adoptamos la perspectiva del padre, que está buscando a su hijo. Este es lo más importante para él (My life is the hands of a child / The hands of a child”) y lo hace vulnerable (I’m a hare in the cat’s eyes”). Se cree responsable de lo ocurrido y ahora experimenta un gran sentimiento de culpa: And now I want to curl up and die / I’ll curl up and die”. El contraste entre ambas piezas, la naturalidad de la transición y la brillantez de “Cold Hands” hacen de este binomio una pequeña obra maestra en sí misma.

Life Is Goldenes una balada sensiblera con arreglos de cuerda y unos giros vocales en los estribillos que rápidamente nos traen a la mente al camaleónico David Bowie. Se trata de una canción esperanzadora en la que el padre lanza pensamientos a su hijo: You’re never alone. Your life is golden”. El progenitor quiere decirle a su retoño que tiene la luz de su madre y que esta aprueba a su nueva mujer (But you have the light of your mother / She holds her love to her”). Roadkill, por su parte, no es más que un interludio que nos lleva a la pista siguiente. Suena experimental y tenebrosa, especialmente en su segunda mitad, donde un remolino de violines de matiz oriental acompaña a una voz cercana al canto de un mantra. Brett Anderson recurre al spoken word y al vocoder para expresar la turbación del niño al encontrarse un pájaro aplastado por un coche.

Trazas conceptuales y grandes canciones

Brett Anderson y compañía son ambiciosos y conocen bien sus márgenes de maniobra. Han sabido asfaltar el camino para llegar de forma natural hasta el punto en el que nos encontramos desde que regresaran con “Bloodsports”, y nos han hecho ver que no hay un paso más lógico que este después de haber escuchado “Night Thoughts”.

Según se desarrolla, Tidesse vuelva cada vez más solemne y grandiosa, subiendo la épica en el último tercio de la canción, cuando explota. El padre se siente sobrepasado por lo que está viviendo, por haber perdido a su hijo, pero a la vez celebra que el instinto (Anderson habla de ‘la marea’) lo esté llevando a su encuentro: It’s wonderful, it’s wonderful / Pulling me under, pulling me back to you”. Escuchamos a continuación gritos de desesperación por parte del adulto y su nueva mujer. Parecen haber encontrado al pequeño, y así nos topamos con Don’t Be Afraid If Nobody Loves You, el pico más alto del álbum. Como “Wasteland”, sigue la línea de la estética de “Night Thoughs”. A destacar, la sublime guitarra de Oakes en los estribillos. El gancho más efectivo del disco. Asimismo es preciso subrayar el control vocal de Anderson y su cambio de registro cuando canta: So don’t be afraid if / Nobody loves you / Don’t be afraid if / Nobody sees”. Aquí el progenitor anima a su vástago, lo alienta a ser valiente y a no tener miedo. A gestionar sus emociones para que no vuelva a huir. Es una declaración optimista que entronca con Dead Bird, transición donde escuchamos un diálogo entre el padre y su hijo mientras el primero entierra el pájaro muerto que encontró el pequeño en “Roadkill”.

All the Wild Places comienza con una espiral de violines que intenta evocar el amanecer, el inicio de un nuevo día con los primeros rayos de sol, y así nos lo hacen saber cuando escuchamos: Feel the weak sunlight on my skin”. Después entrará la orquesta, haciendo la canción más grande y etérea. Volveremos a escuchar nuevos dejes vocales que nos recuerdan a Bowie, personaje esencial en la constitución del sonido de la banda. The Invisibles se sustenta fundamentalmente en la orquesta. Se trata de un bonito lamento del niño que requiere la atención de su progenitor por la noche, pero este no se preocupa lo suficiente por él: I call my father in and / He sits and hears me sing / But never wonders why / Why do I call out in the night”. Está ahí, pero no lo siente ejerciendo de protector, de guía. El niño se siente solo y echa en falta el cariño de su madrastra. No obstante, promete a su padre que intentará aceptar a su nueva madre. Será educado con ella.

¿En el punto más alto de una segunda juventud artística?

Lo que podría parecer un ejercicio a todas luces pretencioso ha terminado por erigirse como uno de los esfuerzos más destacados de su carrera, confirmando que Suede siguen en un estado de forma envidiable desde que regresaran en 2013 con “Bloodsports”.

Y llegamos al final del disco con Flytipping. Una guitarra eléctrica sobria se encarga de apoyar la voz de Anderson, a los que más tarde se suma la sección de cuerda y el cantante despliega una bonita melodía acolchada con coros angelicales. El niño habla sobre cómo la relación con su madrastra no funciona. Es todo una mentira: What is yours and what is us? / Do we fool ourselves with all those pretty words?”. No obstante, se resigna a llevarse bien con ella: By the nettles, by the roundabout / And I’ll pick you wild roses”. El punto de inflexión llega según nos aproximamos al ecuador de la canción, cuando nos vemos abocados a un pasaje emocionante y poderoso que desemboca en un momento shoegaze donde la distorsión de la guitarra de Oakes lo envuelve todo. Llegamos con una naturalidad pasmosa a un gran coro para terminar con el punteo que escuchábamos en los primeros compases del álbum. Cerrándose así el círculo.

“The Blue Hour” es un álbum denso e intenso que puede llegar a agotar en las primeras escuchas, pero que se disfruta con agrado una vez nos hemos familiarizado con las nuevas canciones. Suede han confeccionado un trabajo conceptual bastante sugerente. Son ambiciosos y conocen bien sus márgenes de maniobra. Han sabido asfaltar el camino para llegar de forma natural hasta el punto en el que nos encontramos desde que regresaran con “Bloodsports”, y nos han hecho ver que no hay un paso más lógico que este después de haber escuchado “Night Thoughts”. Lo que podría parecer un ejercicio a todas luces pretencioso ha terminado por erigirse como uno de los esfuerzos más destacados de su carrera.

Suede – The Blue Hour

8.7

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Si con “Night Thoughts” publicaron un trabajo ampliamente elogiado, con “The Blue Hour” suben la apuesta para entregar un álbum denso, ampuloso y oscuro, de trazas conceptuales y repleto de grandes canciones que confirman que Suede siguen en un estado de forma envidiable desde que regresaran en 2013 con “Bloodsports”. Tres de tres.

Up

  • La ambición bien gestionada. Lejos de dar un salto al vacío, Suede han conseguido que un álbum tan ampuloso como “The Blue Hour” sea visto como la evolución lógica tras “Night Thoughts”.
  • La integración de nuevos recursos que aportan variedad al catálogo de Suede, como el spoken word, el uso de coros y de la orquesta y lecturas dramatizadas que apoyan el concepto.
  • La teatralización del Brett Anderson, que logra con su interpretación vocal trasladarnos a una especie de musical no escenificado.
  • El binomio que componen “Chalk Circles” y “Cold Hands”.

Down

  • La intensidad y la densidad musical por la que han apostado puede llegar a agotar en las primeras escuchas.