Renovarse o morir. Es una de las consignas que más se manifiestan en la sociedad actual y cuya práctica cada vez exige un ritmo más y más alto, llegando a ser completamente exhaustivo y enormemente difícil de cumplir. ¿Qué papel pueden jugar entonces los movimientos más puramente revival en un panorama así? ¿Cuánto pueden estirar el chicle antes de dejar de caer en gracia a la crítica y al público? Leon Bridges, uno de los mayores exponentes del soul y del blues de las primeras décadas del siglo XX demostró hace unos años tener el talento suficiente como para no necesitar ajustarse a los sonidos más modernos ni experimentar demasiado para brillar. Sin embargo, en esta ocasión se enfrentaba al difícil reto del segundo disco, para lo cual ser un artista tan encajonado en géneros tan añejos no ayudaba a la hora de mantener la frescura y la atención de la gente. ¿Ha conseguido estar a la altura con “Good Thing”?

Quien mucho abarca…

Lejos de entregar un trabajo continuista Leon pega un pequeño volantazo en lo musical (no se deshace del soul ni de su faceta de crooner pero incorpora sonidos más modernos y prueba estilos más diversos) y respecto a la producción. Ricky Reed (Meghan Trainor, Jason Derulo) ha intentado modernizarla para adaptarse al sonido con el cual Bridges ha coqueteado en este segundo álbum.

El debut de Leon Bridges no fue para nada un trabajo innovador ni revolucionario, pero tenía muchas cosas a su favor. Lo primero y más importante: grandes canciones. Lo segundo: un cantante con una voz de las que enamoran. Lo tercero: una banda de músicos extraordinaria. Y lo último: una producción que hacía confluir todos esos elementos de manera brillante, confeccionando así un disco con un sonido muy cálido y cercano, como las grandes obras de los años cincuenta, sólo que con los niveles de producción actuales.

No obstante, llega el segundo álbum y lejos de entregar un trabajo continuista (tal y como cabría esperar de un artista de este perfil) Leon pega un pequeño volantazo en más de un sentido. El primero de ellos es el musical. No es que se haya deshecho del soul ni de su faceta de crooner, sino que esta vez ha decidido incorporar un puñado de décadas posteriores y probar estilos más diversos que en su primer álbum. En comparación con aquel, este disco tiene un aire más moderno, más cercano a la música de Curtis Harding que a la de otros cantautores revivalistas como Jake Bugg.

Fotografía: The Bowery Presents

“Good Thing” y otras cosas no tan buenas

El disco entra en una dicotomía constante entre su intento por sonar moderno y mantener el perfil de un artista cuya mayor baza es ese romanticismo reminiscente de la primera mitad del siglo XX. Pese a todo, las buenas canciones y la intención por llevar un paso más allá las capacidades del músico están ahí: la variedad de estilos es más rica, los temas se sienten más adultos y las baladas siguen interponiéndose como el punto fuerte de Bridges.

Esta actualización en lo musical viene acompañada de una producción por parte de Ricky Reed (habitual de Meghan Trainor y Jason Derulo, entre otros), que también ha intentado modernizarse para adaptarse al sonido con el que el de Texas ha coqueteado en este segundo álbum. No nos engañemos: la calidad sonora de este disco es impecable, y esos dos primeros temas que lo abren, “Bet Ain’t Worth the Hand” y “Bad Bad News”, un baladón soul y un jazz-funk muy original respectivamente, entran como un guante, llegando a sorprender por su madurez con respecto al debut.

El problema es que enseguida se nota un abuso excesivo de la producción, lo que hace que temas delicados como “Shy” suenen demasiado artificiales y arrebaten esa calidez que caracteriza a la voz de Leon Bridges. Así, el disco entra en una dicotomía constante entre su intento por sonar moderno y mantener el perfil de un artista cuya mayor baza es ese romanticismo reminiscente de la primera mitad del siglo XX, obteniendo un resultado irregular y desequilibrado.

Resultado irregular y desequilibrado

Al final “Good Thing” deja la sensación de ser un disco en el que se ha intentado forzar la maquinaria más de lo necesario para sonar a algo que en el fondo no es, convirtiéndolo en un producto que probablemente en unos pocos años acabe envejeciendo peor de lo que podría haberlo hecho si se hubiera mantenido fiel a la naturaleza de sus canciones.

Se supone que el estudio tiene que intentar reflejar y en todo caso enfatizar las bondades de un artista. Siempre tiene que sumar y, por desgracia, en este trabajo resta hasta el punto de resultar molesto en más de una ocasión, tal y como ocurre en “Forgive You” o en temas más descafeinados como “Lions”. Incluso canciones con tanto groove como “If It Feels Good (Then It Must Be)” o “You Don’t Know”  se acaban pasando de rosca y saturan la instrumentación más de la cuenta, especialmente las guitarras. Es una pena porque “Good Thing” tiene buenas melodías e ideas (aunque hay otras que tampoco parecen muy inspiradas), pero ese revestimiento electrónico te acaba impidiendo disfrutar de lo que esconde. A pesar de ello, “Beyond” consigue brillar y hacernos recordar al Leon Bridges más clásico y dulce, mientras que “Georgia to Texas” nos deja un baladón más comedido y oscuro en el cual el saxofón hace un trabajo excelente. Y es que es innegable que los músicos de los que se rodea el artista tejano son auténticos profesionales en lo suyo.

Al final “Good Thing” deja la sensación de ser un disco en el que se ha intentado forzar la maquinaria más de lo necesario para sonar a algo que en el fondo no es, convirtiéndolo en un producto que probablemente en unos pocos años acabe envejeciendo peor de lo que podría haberlo hecho si se hubiera mantenido fiel a la naturaleza de sus composiciones. Pese a todo, las buenas canciones y la intención por llevar un paso más allá las capacidades del músico están ahí: la variedad de estilos es más rica, los temas se sienten más adultos y maduros y las baladas siguen interponiéndose como el punto fuerte de Leon Bridges, cuyo manejo del falsete se hace muy patente también en este trabajo. Una lástima que Ricky Reed no haya permitido que lo escuchemos con la claridad y calidez que transmitía el debut.

Leon Bridges – Good Thing

5.8

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Leon Bridges cambia de tercio e intenta modernizarse en “Good Thing” (su segundo trabajo de estudio) de la mano de Ricky Reed, productor de Maroon 5. Sin embargo, el lavado de cara no le sienta tan bien como cabría esperar, entregándonos un trabajo con grandes canciones pero cuya producción lo hace sonar encorsetado y artificial.

Up

  • Hay canciones realmente buenas, como “Bet Ain’t Worth the Hand”, “Bad Bad Things”, “Beyond” o “Georgia to Texas”.
  • El disco es más maduro musicalmente, más variado y Leon demuestra ser capaz de dominar diferentes estilos, mejorando además su actuación vocal.

Down

  • La producción ensucia demasiado varios temas.
  • Algunas canciones poco inspiradas como “Forgive You” o “Lions”.