Unpopular opinion: cuando salió “APESHIT” mojé los pantalones. Pero es que además me fascina cómo la pareja va tomando más y más decisiones empresariales con su música, cómo va sorteando sus propios obstáculos y cómo consigue que apenas nos demos cuenta. Y de repente vas andando por la estación de Metro de Tribunal, uno de los epicentros suburbanos de la capital, y te encuentras a Yoncé y a Jay-Z recostados en uno de esos divanes maravillosos del Louvre tras un sutilísimo anuncio que reza: ‘The Carters, new album out now’. ¡Eh! ¡Tú! Sí, tú. ¿Que no te habías enterado de que Beyoncé ha sacado nuevo disco? Por si acaso…

Digo Beyoncé pero son The Carters, y es que da igual los esfuerzos que haga el matrimonio por parecer al mismo nivel. Cuando los dos están al máximo sí puede haber un target compartido, el mismo que me imagino disfrutando por separado de una presentación del “Lemonade” por parte de Bey y de otra del “4:44” de Hova, pero seamos realistas: Jay-Z no tiene tantos fans como para girar por estadios de todo el mundo y es ella la que da la excusa, aunque se empeñen en restregarnos innecesariamente el patriarcado por la cara poniéndole a este nuevo contexto el apellido del pater familias y vendiendo la gira con ella por detrás de él a lo Bonnie & Clyde.

El cierre de una trilogía

Todos los movimientos son la limonada extraída de los limones de su crisis matrimonial… La declaración de intenciones que es “Lemonade”, un disco en el que Yoncé aúlla las infidelidades de su marido; la contestación en forma de disculpa sentida que representa “4:44” por parte de Jay-Z y este nuevo “Everything Is Love” en el que se reconcilian poniendo punto final a una interesante trilogía.

Pero, ¿de dónde vienen The Carters? Precisamente aprovechando el anuncio de On The Run II, esta nueva gira conjunta (y los rumores esparcidos por el propio Jay-Z de un disco paralelo que finalmente se hizo realidad y nos ocupa), escribí este artículo repasando todos los movimientos comerciales de la pareja en los últimos años, que han sido fundamentales para volver a poner al rapero neoyorquino en el candelero pero, sobre todo, para amparar la transformación de Beyoncé en una diva unánimamente respetada, seria, madura, madre y mujer empoderada.

Todos esos movimientos son la limonada extraída de los limones de su crisis matrimonial… La declaración de intenciones que es “Lemonade”, un disco en el que Yoncé aúlla las infidelidades de su marido; la contestación en forma de disculpa sentida que representa “4:44” por parte de Jay-Z y este nuevo “Everything Is Love” en el que se reconcilian poniendo punto final a una interesante trilogía.

Love is the new money

Esos movimientos comerciales de la pareja en los últimos años han sido fundamentales para volver a poner al rapero neoyorquino en el candelero pero, sobre todo, para amparar la transformación de Beyoncé en una diva unánimamente respetada, seria, madura, madre y mujer empoderada.

Let’s make love in the summertime, yeah / On the sands, beach sands, make plans / to be in each other’s arms, yeah”, canta Beyoncé para abrirlo en “SUMMER”. Y la atmósfera se va más a la costa californiana, a hacer el amor al calor del verano, en la playa, disfrutando del tiempo libre que da la reconciliación sufragada por un beef de dos discos espectaculares: “Right now inside the place to be with the one Jay-Z and Bey / Slowing down the dance to a different type of speed”.

Es la primera clave de “Everything Is Love”: la bajada de velocidad a la que se ha sometido la pareja, firmando un disco de soul clásico para el siglo XXI que puede ponerse en la estantería al lado de los de Marvin Gaye y Tammi Terrell o Ike y Tina Turner. Sólo contextualmente ya debería tener todo el sentido, más allá de la calidad de las canciones, que sin ser tan sólida tampoco desmerece.

En “Everything Is Love” la pareja baja de revoluciones, firmando un disco de soul clásico para el siglo XXI que puede ponerse en la estantería al lado de los de Marvin Gaye y Tammi Terrell o Ike y Tina Turner. Sólo contextualmente ya debería tener todo el sentido, más allá de la calidad de las canciones, que sin ser tan sólida tampoco desmerece.

Porque retomo: cuando salió “APESHIT” mojé los pantalones. ¿Beyoncé y Jay-Z repasando por el Louvre la historia de la plasmación cultural de la esclavitud en la iconografía occidental, raising the black power bajo la mirada de una victoria sin cabeza del mundo griego, con Queen B enredada en las sábanas pulcrísimas del mundo blanco y sobre un salvaje y grotesco beat de trap aderezado con los adlibs de Quavo?

Era posible, y una sorpresa mayúscula. La canción parte de una original de Migos y es uno de esos típicos ejemplos de soylapollismo del hip-hop, pero el hecho de que una superestrella del pop como Beyoncé, aunque sea bajo otro nombre y los streamings estén bien claramente separados en Spotify, se lance tan directamente al trap sucio y pueble de adlibs un disco es una de esas cosas que marcan un antes y un después en lo que sería desplazar el horizonte de expectativas.

Hablando de Spotify, Beyoncé sigue resentida con ellos, pero curiosamente sólo en lo que respecta a su unánimemente considerado mejor disco, “Lemonade” (una salva para “BEYONCÉ” desde aquí), y es que el nuevo, tras una semana disponible sólo en TIDAL, la plataforma del matrimonio, sí puede disfrutarse en streaming como el resto de sus discos. En “NICE”, de hecho, una de las canciones más flojas de este, aparte de venir a mantener el barco de Pharrel Williams y Jay-Z a flote, reprocha: “Patiently waiting for my demise / ‘cause my success can’t be quantified / If I gave two fucks, two fucks about streaming numbers / would have put Lemonade up on Spotify”.

Beyon-Z van por delante a cualquier velocidad

Todo este discurso, el poderío del matrimonio en casi cualquier aventura que emprenden, la forma en que lo demuestran o esconden las fallas, el regreso de la paz y el amor a las aguas matrimoniales, la familia y cómo ellos la conciben, corre en el disco a dos velocidades: la de un trap más agresivo y la de un sonido más soul, suave y californiano, una forma de representar la turbulencia de los últimos acontecimientos.

Todo este discurso, el poderío del matrimonio en casi cualquier aventura que emprenden, la forma en que lo demuestran o esconden las fallas (manejándose como una marca perfecta que ha de funcionar de forma inseparable tan bien como funciona de forma autónoma), la reconciliación y el regreso de la paz y el amor a las aguas matrimoniales, la familia y cómo ellos la conciben, corre en el disco a dos velocidades: la de un trap más agresivo y la de un sonido más soul, suave y californiano, una forma de representar la turbulencia de los últimos acontecimientos atravesados por un lado y la mudanza de la familia a Los Ángeles por otro.

Y en las dos facetas ambos parecen siempre triunfadores. Da igual que hablen de la familia, Jay-Z puede soltar una frase como “Over here we measure success by how many people successful next to you / Here we say you broke if everybody is broke except for you” (en “BOSS”, un descarte de Ty Dolla $ign) y estar hablando todo el rato de lo mucho que manejan.

Esa humildad se respira en todo el álbum, y es quizá lo más interesante. La que obviamos de Beyoncé al ser capaz de perdonar a su marido, la que podemos deducir de que muchas de las canciones estén hechas sobre descartes originales y demos de amigos o de todas las referencias que hace (Erykah Badu, Kanye West, Common, Dr. Dre, Justin Timberlake…), la que exuda “LOVEHAPPY”, una canción en la que ambos entrelazan sus versos repasando todos los reproches de estos años y dándoles una sana y pública lavación.

Incluso, como digo, en las canciones en las que sólo se dedican a fardar como buenas superestrellas del hip-hop y de la industria. A su propia velocidad, con sus tiempos y a su ritmo, el que ellos pueden imponer en cualquier momento. Como en las ya comentadas “APHESHIT”, “BOSS” y “NICE”, o en “HEARD ABOUT US”, la excepción que confirma la regla del disco con un número de neo soul G-funk que recuerda tanto a Kanye como a Blood Orange.

Humildad y amor van de la mano

Esa humildad se respira en todo el álbum, y es quizá lo más interesante. La que obviamos de Beyoncé al ser capaz de perdonar a su marido, la que podemos deducir de que muchas de las canciones estén hechas sobre descartes originales y demos de amigos o de todas las referencias que hace (Erykah Badu, Kanye West, Common, Dr. Dre, Justin Timberlake…). La efervescencia de esta historia, una de las más apasionantes de la historia musical moderna, llega a su fin. Empieza una nueva era, la de la madurez.

Lo importante del disco es el alma, eso que según el speech del arranque de “BLACK EFFECT”, una canción sobre la posición del matrimonio como negros de éxito nivel lista Forbes que samplea el clásico de 1973 Broken Strings de la banda japonesa Flower Travellin’ Band, es común a todas las formas de amor.

Ese alma es lo que da alas a “FRIENDS”, una de las grandes canciones del disco. Primero porque, de nuevo, está hecha sobre un descarte, esta vez del rapero canadiense NAV, y segundo por cómo la pareja agradece a sus amigos, sus colaboradores y su círculo cercano, referenciándolos explícitamente incluso (Ty Ty, Emory Jones, Breezy, Juan, High, Chaka, Law, Dez, Kwanna…), que estén ahí en todo momento, que sean su apoyo, y a los que reconocen que gracias a ellos “podemos seguir sacando a pasear ese Mercedes”.

Y da alas también a la que es otra de las mejores canciones de “Everything Is Love”, su eje central (una posición que además es últimamente muy importante para los discos en los que trabaja Jay-Z): “713”. Una declaración de amor del rapero a su mujer, de ahí que el título haga referencia al código postal de Houston en el que nació Beyoncé, pero también una rendición en nombre de todos los hombres hacia todas las mujeres, personificada en Yoncé misma: “To all the good girls that love hustlers / To the mothers that put up with us / To all the babies that suffered ‘cause us / We only know love because of ya / America’s a motherfucka to us, lock us up, shoot us / Shoot our self-esteem down, we don’t deserve true love / Black queen, you rescued us, you rescued us, rescued us”.

Desde luego, Beyoncé ha rescatado a Jay-Z. ¿Lo siguiente? Sólo podemos suponerlo con el final de “Black Effect”…

I know I’ve only come half the way
but looking the mirror I see an older me
not realizing all the years that passed away
but I know I’ve only come half the way”

La efervescencia de esta historia, una de las más apasionantes de la historia musical moderna, llega a su fin. Empieza una nueva era, la de la madurez. Empieza una nueva etapa para Jay-Z y Beyoncé.

THE CARTERS – EVERYTHING IS LOVE

7.6

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Beyoncé y Jay-Z ponen fin a la trilogía sobre su crisis matrimonial con un disco conjunto en el que escenifican su reconciliación con humildad, poniendo al amor por encima de todo y situándose musicalmente en torno a dos velocidades, un trap agresivo símbolo de sus tribulaciones y un neo soul relajado y californiano que lleva al nuevo contexto de la pareja en Los Ángeles.

Up

  • La humildad. Cómo la pareja suelta números fardando de éxito pero sigue manteniéndose cercana y sincera en su tratamiento de sus ¿problemas? personales.
  • Cómo el matrimonio maneja los avatares de su relación sentimental, infidelidad, arrepentimiento y reconciliación (en tres actos perfectos, además), para crear un producto artístico y de consumo masivo. O cómo finge una escenificación, si quiere uno ser malpensado al respecto. El hecho es que como concepto está perfectamente diseñado.
  • Que han querido hacer un disco que, pese a esa velocidad tempestuosa de los cortes más trap, remita más bien a los grandes clásicos de dúos del soul.
  • Que Beyoncé haga trap del sucio y que sus adlibs estén esparcidos por todo el disco. Unos inventan puertas, ella abre caminos.
  • “Apeshit”, “713”, “Friends”.

Down

  • Que pese a todo lo excepcional del concepto el disco musicalmente se queda algo corto.
  • Hay pocas ideas originales y casi todo son canciones descartadas de otros raperos como Migos, Ty Dolla $ign o NAV.
  • Es corto y algo desenfocado, aunque sus letras sean en general poderosas.
  • “Nice”.