Konoyo”, この世 (en japonés, “Esta vida”), es el noveno trabajo en solitario de Tim Hecker, un auténtico maestro de las atmósferas opresivas, repetitivas y alienantes que ha forjado su carrera con álbumes impecablemente cuidados y tan cercanos a la perfección sonora que asustan desde el primer segundo en el que presionamos play. Para los no iniciados, recordemos sus mejores trabajos: “Radio Amor” (2003), “Harmony in Ultraviolet” (2006), “Ravedeath, 1972” (2011) o “Virgins” (2013) son claros ejemplos de la hegemonía musical que ha mantenido Hecker durante su carrera, ocupando el trono de este espectro de la electrónica vanguardista que es el ambient. Entre sus características, composiciones densas y conceptuales basadas en capas de sonido cercanas al drone, el glitch y la clásica moderna conformando así un universo sonoro ominoso y opresivo a la par que liberador de la mente y el espíritu en todos los sentidos.

Un auténtico maestro de las atmósferas opresivas, repetitivas y alienantes

Lejos de andar sobre sus propios pasos, las piezas de “Konoyo” nos abren las puertas a otra vida después de la muerte ante los ojos ciegos de una paz espiritual llena de meditación contemplativa con influencias del Gagaku, música tradicional japonesa caracterizada por sus propios instrumentos de viento y cuerdas que añaden ese matiz sintoísta al conjunto.

Konoyo” es otra de las creaciones de este científico loco del ambient/drone que, lejos de andar sobre sus propios pasos, nos abren las puertas a otra vida después de la muerte ante los ojos ciegos de una paz espiritual llena de meditación contemplativa con influencias del Gagaku, música tradicional japonesa caracterizada por sus propios instrumentos de viento y cuerdas que añaden ese matiz sintoísta al conjunto. Imagino un largo viaje, un periplo lleno de reflexión en el que Tim Hecker ha recorrido lugares mágicos y aislados del continente japonés en busca de la inspiración necesaria; el hueco donde plantar la semilla de sus sintetizadores hirientes y desoladores pero, también, otro hueco para el silencio, para el letargo corporal más profundo y así, uniendo estos dos conceptos llegar a un Nirvana que se alza sobre el oyente cual visión desde el terreno de una majestuosa escultura (se me viene a la mente la imponente estatua de Sardar Vallabhbhai Patel, en la India, aún en construcción, que será oficialmente la estatua más grande del mundo).

Fotografía: Kranky

Un universo sonoro ominoso y opresivo a la par que liberador de la mente y el espíritu

Chirriantes espectros sonoros parecen surgir del vacío junto a melodías basadas en escalas japonesas, llevándonos hacia delante como el viento empuja las hojas a través de un acantilado frío y desértico. Esta es la concepción de la vida para Tim Hecker, tan bella como hiriente, reconfortante dentro de su propia desolación.

“Konoyo” está dividido en siete partes cuyos títulos se unen formando una especie de haiku, realmente siendo sólo uno; una íntegra masa sonora tan estática como escurridiza para nuestros oídos. Comenzando nuestra peregrinación con “This Life nos hace una introducción de más de ocho minutos que sirve como base para todo el conjunto. Nos avisa: agarraos, ‘esta vida’ no es para cualquiera sino para quienes quieran sentir el peso de la gran roca de Sísifo sobre sus hombros. Chirriantes espectros sonoros parecen surgir del vacío junto a melodías basadas en escalas japonesas, llevándonos hacia delante como el viento empuja las hojas a través de un acantilado frío y desértico. Esta es la concepción de la vida para Tim Hecker, tan bella como hiriente, reconfortante dentro de su propia desolación. Sonidos tan deformados y desquiciantes como su portada representa, estrujados, manipulados hasta la saciedad y cuidados hasta el último detalle para que entren directos a nuestras cavidades auditivas. Imposible quedarse indiferente, imposible no sentir cómo nos tocan los extremos neuronales creando sensaciones indescriptibles, sólo posibles en su representación sonora.

In Death Valley” abre otra puerta en la que el glitch más agudo nos punza cual aguja de acupuntura en un valle de sintetizadores de tonos graves, creando una simbiosis entre ellos y dejando un vacío a través del cual el oyente puede pasar sólo si cierra los ojos y se deja llevar por completo. Las percusiones caen sobre el suelo a nuestro alrededor y la melodía se esclarece poco a poco entre el tumulto. Poesía sonora cual pintura descriptiva de un paisaje que vamos descubriendo e integrando en nosotros mismos corte a corte.

Poesía sonora cual pintura descriptiva de un paisaje que vamos descubriendo e integrando

En cierta forma, Tim Hecker extrae un concepto más allá del mero uso artístico de la música, llevándolo a lo estrictamente sensorial para dejar de lado las melodías y transformarlas en efímeras transiciones que se desvanecen a un ritmo indeterminado y que sólo tienen cabida en la mente de este excéntrico artista.

Is A Rose Petal Of The Dying Crimson Light” es el tramo más corto del disco, una especie de interludio donde los teclados electrónicos nos abrazan con sonidos relajantes cual lamento en las profundidades donde ya no llega la luz, desapareciendo poco a poco ante la inmensidad de lo que vendrá a continuación. “Keyed Out” desata la ira de vientos penetrantes, modulaciones de instrumentos como el Sho o el Hichiriki transformados en poderosas armas electrónicas de drones agudos directas a nuestros hemisferios generando sensaciones binaurales que posteriormente son acompañadas de cítaras como el Gakubiwa o el Gakuso, aunque totalmente irreconocibles dado el tratamiento especial de un Tim Hecker que crea nuevos sonidos hasta espectros casi inaudibles para el ser humano. Ya estamos dentro de su shiro (castillo japonés), donde perfectas refracciones de espejos nos saludan desde dentro despertando a los yūrei (fantasmas tradicionales del folklore japonés), que nos dan la mano pero al contacto se deforman y pixelan hasta reducirse a glitches propios de una ilusión inducida por el sonido, desapareciendo en meros ecos que reposan hasta el final de este track.

Con “In Mother Earth Phase” otra abstracta forma se perfila con más sonidos propios del Gagaku. Melodías altamente espirituales se cuelan entre la electrónica ambiental, ganando peso lentamente pero de manera segura hasta despertarnos en la fase terrenal con oscilantes sonidos que me recuerdan a los bizarros inicios de la electrónica; ese Space Age Pop de principios de los sesenta surgido de la experimentación de unos pocos pioneros quienes, más allá de lo musical, pensaban en la electrónica como algo curativo y aplicable a la medicina, la relajación corporal y mental de sus pacientes. En cierta forma, Tim Hecker extrae un concepto más allá del mero uso artístico de la música, llevándolo a lo estrictamente sensorial para dejar de lado las melodías y transformarlas en efímeras transiciones que se desvanecen a un ritmo indeterminado y que sólo tienen cabida en la mente de este excéntrico artista. Hasta el final de estos diez minutos de abstracción no vuelven de nuevo los sonidos más naturales del Gagaku tradicional, los cuales cierran un tema redondo y de lo más destacable de este viaje sensorial.

Un momento paralizado entre las gélidas fauces de esta electrónica tan absorbente como espesa

La escucha de “Konoyo” representa algo único para cada persona, sin forzar a establecer un mood predeterminado más que el de lanzarnos al vacío. Un esfuerzo admirable por parte de Tim Hecker, que vuelve a darlo todo en un LP único y original que logra lo que se propone: hacernos sentir en cada ápice de nuestros sentidos hasta la gratificante paz interior.

Across To Anoyo” busca seguir erizándonos el vello de nuestras extremidades con un ritmo repetitivo, el primero que se puede discernir completamente en esta obra a partir del cual sonidos más electrónicos propios del IDM se despiertan sin forma aparente, como si estuvieran buscando una melodía inexistente y persiguiendo algo que se escapa constantemente a su entendimiento. ¿Casualidad? Están en la misma situación que nosotros, los oyentes. Porque la base de toda experimentación artística es estimular esa búsqueda de lo coherente donde nada lo es, forzar al espectador a encontrar formas reconocibles en espacios totalmente deformados, creando ideas distintas para cada individuo; así, la escucha de “Konoyo” representa algo único para cada persona, sin forzar a establecer un mood predeterminado más que el de lanzarnos al vacío. Por ello, este corte, el más extenso de todos, tiene ese nombre caracterizado por la transición, ‘cruzando hacia otro mundo’ y este es el otro mundo para Tim Hecker, belleza retorcida basada en lo inesperado, sorprendiéndonos constantemente con cada introducción de sonidos que parecen ser tan delicados como densos a nuestra percepción. Al final, todo se va uniendo e hilando en una sola frecuencia que nos evoca la levitación. Tenemos que levitar para apreciar esta gigante estatua en toda su extensión y llegar a su tramo final donde alcanzar su cabeza y, frente a frente, mirarnos a los ojos con ella.

A Sodium Codec Haze” cierra el círculo transformando el gigante en algo ínfimo, reduciéndolo a una partícula de sodio, ya sin sonidos perdidos, encontrando la dirección en un solo chirrido incesante que sube y baja en frecuencia, con unos ‘bongs’ de trasfondo que marcan el ritmo lento de los arpegios policromáticos que se expanden, implosionan y vuelven a eclosionar en armonías. El viaje nos ha dejado agotados, ha sacado todo lo que podía de nosotros en estos casi sesenta minutos de extenuación sonora y su único destino (no podía ser otro) es el de desvanecerse hasta el silencio sepulcral de nuestra mente. Con esto acaba “Konoyo”, esta vida, nuestra vida, un esfuerzo admirable por parte de Tim Hecker, que vuelve a darlo todo en un LP único y original que logra lo que se propone: hacernos sentir en cada ápice de nuestros sentidos hasta la gratificante paz interior.

Tim Hecker – Konoyo

9.2

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“Konoyo” es, ante todo, un acto impersonal que no se parece en nada a lo expuesto por Tim Hecker anteriormente, alzándose como un ente superior, una vida creada a manos de este científico loco de la música que ni por asomo va a dejar de impresionarnos continuamente en su trayectoria. “Konoyo” representa una idea flotante, un momento paralizado entre las gélidas fauces de esta electrónica tan absorbente como espesa en todo su esplendor.

Up

  • Las atmósferas y sonidos tintineantes, las capas de sonido que llegan hasta donde otros tipos de música jamás podrían llegarte.
  • El concepto espiritual. La influencia del Gagaku japonés combina perfectamente con esta electrónica glitcheada creando un nuevo género de música que fusiona aspectos tan tradicionales como futurísticos.
  • Despierta tus sentidos y te hace reflexionar, dejando que el oyente imagine y trabaje sobre su imaginación. Un auténtico álbum inspirador.

Down

  • Debes prepararte antes de reproducir este álbum. Exige una concentración completa por parte del oyente o se quedará en nada.
  • Entrar en el mundo de Tim Hecker no es fácil. No es el disco más recomendable para empezar con el artista, ya que requiere bastantes escuchas y amplia disposición para ser captado en su totalidad.