A estas alturas tengo bastante claro que me encantan las historias de perdedores. Viendo los increíbles datos de audiencia que está cosechando el estreno de la quinta temporada de BoJack Horseman, estoy convencido de que no soy el único que siente debilidad por este tipo de personajes. Seguramente porque representan modelos con los que resulta fácil identificarte si te sientes desgraciado cuando la chica que te gusta no te hace ni caso, o porque tu agonía no lo es tanto si descubres que hay un capullo más miserable que tú capaz de echarlo todo por tierra una y otra vez. El caso es que es inevitable sentir una suerte de alivio fascinante al escuchar las historias de alguien a quien las cosas no le salen como querría y que se siente tan existencialmente abrumado que no sabe cómo conducirse por la vida.

El debut de The Goon Sax nos trajo todos esos sentimientos agridulces contextualizados en la angustia juvenil de tres adolescentes con pinta de ser los pringados de la clase. Aquel delicioso “Up To Anything”, todo un ejercicio de indie-pop acneico y naif, sin duda los situó en el mapa como una de las promesas más seguras del pop venidero. Daba igual que acudieran a influencias tan manidas como las de The Go-Betweens, Beat Happening, The Chills o The Clean y replicaran la formula smithiana de adornar sus preocupaciones con melodías despreocupadas, ya que la frescura e inmediatez de sus canciones te atrapaban como si The Goon Sax fueran lo mejor que podía pasarle a tus oídos.

Una leve maduración de su indie-pop acneico y naif

Los tres miembros de The Goon Sax dicen que han madurado mucho entre los 17 y los 19 años, que ahora son más sofisticados y transmiten sus emociones de una forma diferente. Tras varias escuchas debemos darles la razón; pero no os preocupéis, el encanto y la esencia juvenil de sus canciones siguen intactos.

Dos años después y sin haber concluido los miembros aún su segunda década de vida, el trío australiano quiere demostrarnos que lo suyo no fue una casualidad revalidando la perfecta sencillez de sus canciones en “We’re Not Talking”. Dicen que han madurado mucho entre los 17 y los 19 años, que ahora son más sofisticados y transmiten sus emociones de una forma diferente. Tras varias escuchas, creo que debo darles la razón; pero no os preocupéis, el encanto y la esencia juvenil de sus canciones siguen intactos. Aunque la paleta de sonidos haya aumentado y el trío se acerque al indie-pop de una manera quizá más desacomplejada, “We’re Not Talking” va a seguir desarrollando los sonidos del mejor pop independiente de las antípodas haciendo gala de una herencia que, especialmente para Louis Foster, resulta incluso genética.

Fotografía: Ryan Topaz

Mira, te comento: soy un pringado, pero creo que lo voy aceptando

Aunque la paleta de sonidos haya aumentado y el trío se acerque al indie-pop de una manera quizá más desacomplejada, “We’re Not Talking” va a seguir desarrollando los sonidos del mejor pop independiente de las antípodas haciendo gala de una herencia que, especialmente para Louis Foster, resulta incluso genética. Ante todo, se esfuerzan por no sonar muy monótonos, algo difícil en este género.

La inicial “Make Time 4 Love” nos trae a unos The Goon Sax definitivamente más complejos y orgánicos. En cualquier caso, los arreglos de cuerda y viento, aunque presentes en más piezas del disco, nunca van a ser tan protagonistas como en esta primera canción. Pese a ganar en matices, los australianos se las arreglan para que todo suene tan inmediato como de costumbre y las letras vuelven a remitirnos a la figura del inadaptado que tan bien interpretan: “And then socialize like it’s a competition / Against people without school or girlfriends / In search of a faster way of moving / I give in, I won’t outrun the train”.

Love Lost”, con unos arreglos puramente The Smiths, combina perfectamente la languidez indie y una asertividad que se manifiesta en su sección rítmica con acometidas que les sitúan algo más cerca de The Feelies (aunque no me consta que alguna vez utilizaran castañuelas). Esa contundencia y confianza podrían también reflejarse en unas letras en las que parecen reírse de sí mismos –si es que alguien es capaz de haber llegado a ese punto antes de cumplir 20 años– como si quisieran celebrar, exorcizar y proclamar sin miedo sus miserias y emociones, todo al  mismo tiempo.

And it’s hard to decide what to read
It’s so hard to be who you want me to be
And it’s hard when you feel so alone
It’s so hard to not let your feelings show
But I’m, I’m loved
I’m lost, lost ”

Pese a ganar en matices, los australianos se las arreglan para que todo suene tan inmediato como de costumbre y las letras vuelven a remitirnos a la figura del inadaptado que tan bien interpretan.

De “She Knows” han dicho que quizá sea su canción más triste. En cualquier caso, este sentimiento queda prácticamente mitigado gracias al pulso del proto-punk neoyorkino tan propio de esa versión acelerada de la Velvet en la que tanto se fijaría Julian Casablancas. Siguen alejándose de su zona de confort, esta vez jugando con cajas de ritmos y sintes, en “We Can’t Win” y “Losing Myself”, con la voz de Riley Jones adquieriendo una mayor presencia. La segunda quiso ser, en palabras de la propia banda, “como si Young Marble Giants se pasasen al hip-hop, aunque al final el experimento haya quedado en algo más parecido a un twee pop sugerente y minimalista.

Pero no todo les va a salir bien, y como ejemplos más evidentes están las insulsas “Somewhere in Between” y “Now You Pretend”, de actitud demasiado relajada. Por suerte, al no sumar ni dos minutos y medio entre las dos, son una excepción dentro de un notable álbum. Pero no es cuesión de mantener las revoluciones siempre en un nivel medio-alto: ahí tenemos a “Strange Light”, donde demuestran saber hacer baladas con delicadeza, para evidenciar este punto. Esta vez Riley Jones se adueña por completo de la canción siguiendo la tradición de baterías femeninas –como Maureen Tucker o Georgia Hubley– capaces de sacar lo mejor de un grupo a base de piezas perfectas que, de frágiles que son, amenazan con quebrarse constantemente.

Música simple para sentimientos complejos

“We’re Not Talking” al final no resulta un cambio tan radical como prometía. La banda ha dejado intacto lo que estaba bien, ganando algo de empaque y diversidad rítmica y melódica. Indie-pop de varios quilates y pocas pretensiones perfecto para sobrellevar los primeros días del otoño.

En lo que resta de disco volverán a entregarse a los estribillos pegadizos, las estrofas perfectas y a todo lo que tanto nos gusta de los sonidos de sus antecesores. Así, en “A Few Times Too Many” demostrarán tener bien aprendida la lección de The Go-Betweens (faltaría más), mientras que se acercarán al Dunedin Sound en la soleada y jangly “Get Out” (con sabor a los mejores The Bats) así como en una fantástica “Sleep EZ” en la que acoplan de maravilla al jangle pop los requiebros del post-punk, al más puro estilo The Clean.

Para despedirse se han reservado “Til The End”, desprovista del brío y el desparpajo de las anteriores pistas, pero que, en un formato acústico, nos brinda el mejor dueto vocal de todo el disco, con las voces de Riley y James entrelazándose de manera deliciosa y haciendo lo que mejor saben: poner música simple a sentimientos complejos.

The Goon Sax – We’re Not Talking

7.5

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El segundo disco de The Goon Sax no ofrece un cambio tan radical como promete y precisamente por eso no deberías perdértelo. La banda ha dejado intacto lo que estaba bien, ganando algo de empaque y diversidad rítmica y melódica. Indie-pop de varios quilates y pocas pretensiones perfecto para sobrellevar los primeros días del otoño.

Up

  • Todo lo que nos enamoró de su debut sigue estando ahí.
  • Se esfuerzan por no sonar muy monótonos, algo difícil en este género.

Down

  • Tiene un par de temas que sobran tanto como su portada.