En 1998 Extremoduro vivían un momento de gloria. El incansable Robe Iniesta se había sobrepuesto a las diferentes vicisitudes que se le presentaron desde que fundara la banda en 1987, y encaraba un presente prometedor. No fue fácil, sobre todo por la lírica tosca que trabajaba, pero tras nueve años de esfuerzo y cinco discos en el mercado (contando las dos ediciones de “Rock Transgresivo” como una), el gran público se hacía eco de la existencia de Extremoduro. “Agila” situó a la banda en la primera línea del panorama musical nacional. Éxito impulsado por el hit “So Payaso”, que resultó ser un punto de inflexión en la carrera del grupo. Esta canción mostraba una tendencia melódica de la que carecía el resto de su discografía, pulían su propuesta hardrockera y la presentaba influida por el jazz de Big Band, como ponen de manifiesto sus arreglos de viento metal y piano. Saltó a las radios y el videoclip apareció en programas como La Lista, de TVE, donde se repasaban los éxitos musicales del momento en España. El rock urbano saltaba al mainstream. El año anterior habían contribuido a la banda sonora de la película El día de la bestia, de Alex de la Iglesia, con la canción de título homónimo, que también terminaría plastificada en el álbum.

“Agila” había sido producido por Iñaki ‘Uoho’ Antón, guitarrista y compositor de Platero y Tú, con quien Robe tenía amistad desde 1993, cuando grabaron “Pedrá”. En el verano de 1996, Extremoduro y Platero y Tú se embarcaron en una intensa gira por todo el país que daría lugar al archiconocido “Iros Todos a Tomar por Culo”, el primer y único disco en directo de la banda del placentino. Cosechó un gran éxito, generando grandes expectativas de cara a su próximo movimiento. Canciones Prohibidas llegaba el 28 de septiembre de 1998 con Uoho como nuevo miembro de la formación y mano derecha de Robe. Sin dejar de lado su banda madre, se implicó en la composición musical y produjo el álbum, haciendo gala de una amplitud de miras y una ambición que daría lugar a grandes proyectos en el futuro.

“Canciones Prohibidas”: un nuevo punto de partida

Si bien composiciones como “Buscando una luna” “So Payaso” mostraban un cierto refinamiento y una aproximación a propuestas más melódicas, será en “Canciones Prohibidas” donde ese nuevo enfoque cristalice y se abra a una estética más grandilocuente al incluir arreglos de cuerdas, metales y teclados. Aunque no todo el álbum se engloba bajo estos parámetros. De hecho, este tipo de canciones engalanadas con orquestaciones son escasas, pero consiguen brillar con una fuerza inusitada.

Si bien composiciones como “Buscando una luna” o la mencionada “So Payaso” mostraban un cierto refinamiento y una aproximación a propuestas más melódicas, será en “Canciones Prohibidas” donde ese nuevo enfoque cristalice y se abra a una estética más grandilocuente al incluir arreglos de cuerdas, metales y teclados. Aunque no todo el álbum se engloba bajo estos parámetros. De hecho, este tipo de canciones engalanadas con orquestaciones son escasas, pero consiguen brillar con una fuerza inusitada. Por lo demás, aparte de mostrar un salto cualitativo en lo referente a la calidad de la producción, no ceden un ápice en potencia ni agresividad. En relación a las letras, un aspecto importantísimo en la obra de Extremoduro (Soy poeta antes que rockero. Poeta, siempre poeta”, afirmaba Robe en el acto de presentación del disco), estas se empiezan a alejar de la groserías que se extendían a lo largo de su catálogo. Y aunque hay varias pinceladas aquí y allá, podemos ver cómo los textos, al igual que la música, van sufriendo un ligero proceso depurativo que los harán mucho más accesibles a neófitos y seguidores veteranos en el futuro. Estas características son las que sitúan este registro discográfico como un puente entre los viejos y los nuevos Extremoduro. Un LP de transición al que, ciertamente, le podemos criticar alguna falta de coherencia, pero en el que cada canción es una golosina diferente esperando a ser degustada.

Fotografía: Promo

Un disco puente para Extremoduro

Aparte de mostrar un salto cualitativo en lo referente a la calidad de la producción, no ceden un ápice en potencia ni agresividad. Por su parte, las letras se empiezan a alejar de la groserías que se extendían a lo largo de su catálogo. Y aunque hay varias pinceladas aquí y allá, podemos ver cómo los textos, al igual que la música, van sufriendo un ligero proceso depurativo que los harán mucho más accesibles a neófitos y seguidores veteranos en el futuro.

Comienza el disco con una de las composiciones más emblemáticas, no sólo del grupo, sino de la historia del rock español en general. Un himno celebrado tanto por fans como por melómanos de todo pelaje. Salir muestra desde sus primeros compases un estilo más refinado y melódico. Apreciamos sin esfuerzo cómo Robe y Uoho conceden mayor importancia a los arreglos. La guitarra eléctrica distorsionada deja paso al sintetizador, que tiene bastante presencia. Todo suena limpio, muy cuidado, e incluso Robe canta contenido. Pero no tardamos mucho en regresar a viejos quehaceres, y nos lo hacen saber mediante el tañer agresivo de un bajo metálico que inicia con aspereza Esclarecido. Musicalmente juegan con estructuras complejas, como es habitual en su catálogo, mientras que basan el apartado lírico en una crítica a la religión, funcionarios de prisiones, jueces y críticos musicales. Especialmente estos últimos nunca han sido santos de su devoción, y lo demuestra mediante un pasaje donde la batería con doble bombo potencia un aura amenazante, mientras escuchamos: Crítico, cuando hablas de mí, la boca te tendrías que lavar”.

Érase una Vezarranca apropiadamente con una guitarra eléctrica distorsionada que genera una nebulosa intimidatoria, unas tinieblas aptas para introducirnos en los diferentes cuentos a los que nos acerca Robe a lo largo de esta canción. Historias de personajes que el autor delinea y que, acto seguido, apela al oyente: sigue tú inventando el cuento”. Pronto dejará paso a un riff pegajoso que se extenderá a lo largo del tema. Construida a base de cambios de ritmo y dinámicas extremas, pasamos de unas estrofas más o menos serenas a unos estribillos furiosísimos que dan el salto al hardcore con una batería a doble bombo que le imprime una rabia y un nervio demoledores.

Nueve golosinas de diferente sabor

Este registro discográfico se sitúa como un puente entre los viejos y los nuevos Extremoduro. Un LP de transición al que, ciertamente, le podemos criticar alguna falta de coherencia, pero en el que cada canción es una golosina diferente esperando a ser degustada.

Y de ahí a otra de las creaciones bandera del grupo. En Golfa bajan las revoluciones para desarrollar una canción inspiradísima que entronca con la estética que trazaron en “Salir”. Es elegante y delicada, pero no compromete en ningún momento la garra que define al grupo. Atrapa desde su mismo comienzo con el punteo de guitarra, y pronto sorprende la inclusión de un cuarteto de cuerdas que imprime una sensibilidad y una sofisticación exquisitas. Potenciada, sobre todo, después de la agresividad de la que veníamos. Su letra sencilla de trasfondo críptico hace que se preste a múltiples interpretaciones, y todas válidas. Lo que aporta un extra a la hora de que cada oyente la haga suya al dotarla de un significado específico. Entre estrofas que nos arrojan imágenes concretas y estribillos extremadamente coreables, llegamos en volandas a una coda de sobresaliente factura donde Robe Iniesta y Fito Cabrales alternan y entrelazan sus respectivas melodías para concebir un momento soberbio.

No es esta la primera vez que Fito colaboraba con Extremoduro. Ya lo hizo con la guitarra española en “Tomás”, incluido en “Agila”, y en “Pedrá”, empuñando la guitarra flamenca. Paralelamente a la creación de este “Canciones Prohibidas” surgió también el proyecto Extrechinato y Tú, donde miembros de Extremoduro y Platero y Tú ponían música a las poesías de Manolo Chinato, por el que Robe sentía una profunda admiración. De ahí emergería “Poesía Básica”, publicado en 2001, el cual se presenta también repleto de arreglos de cuerda, viento y cargado de arcos melódicos, por lo que es fácil trazar una comparativa y advertir la encomiable simbiosis de la que se nutrieron ambos proyectos y que hicieron del que nos ocupa un punto destacado en la discografía de Extremoduro. Asimismo, el líder de los futuros Fitipaldis volvería a participar en las grabaciones de Extremoduro prestando su voz a los coros de “Yo, Minoría Absoluta” (2002).

Y siguiendo con el curso que marca el disco, encontramosSu Culo Es Miel, de estética ochentera. Sus cambios de sonoridad y ritmo imprimen un dinamismo a la pieza que la hacen muy liviana, al igual que las estrofas de aroma funky que contrastan con estribillos más melódicos. Arreglos de sintetizador y acompañamientos de instrumentos como la bandurria y el laud serán otros de los recursos sobre los que se sustente una pieza que se extiende hasta los seis minutos desafiando la concisión y repetición de su letra. Y justo cuando pensamos que ya no da más de sí, cambian de tercio, haciendo oscuridad de la luz que impregna el tema para sorprender con una alternancia de sendas naturalezas que nos llevan hasta el final.

El hard rock como eje vertebrador de diversos estilos

Robe es consciente de que se mueve en los márgenes de la sociedad. Se siente un incomprendido. Y esa idea la materializará en el título y la portada del trabajo que sucederá a este: “Yo, Minoría Absoluta”. Donde, además, da muestras de haber sido crucificado. Y sin embargo ahí está, resucitado. Siempre sobreponiéndose a cualquier obstáculo que se le presente.

Siguiendo con letras escuetas encontramos Extraterrestre. Ocho versos en los que el compositor reflexiona sobre quién es: Cada día me doy más cuén / estoy equivocao de planeta”. Robe es consciente de que se mueve en los márgenes de la sociedad, y así lo afirmará de nuevo un par de cortes más tarde. Se siente un incomprendido: Que me voy pa’ Marte”, lo escuchamos decir de fondo. Va a contracorriente, siempre siguiendo la misma dirección. La difícil, la que usa el salmón, que diría Calamaro. Y esa idea la materializará en el título y la portada del trabajo que sucederá a este: “Yo, Minoría Absoluta”. Donde, además, da muestras de haber sido crucificado. Y sin embargo ahí está, resucitado. Siempre sobreponiéndose a cualquier obstáculo que se le presente. Canta con agresividad en una pista repleta, nuevamente, de cambios de ritmo, concediendo una gran importancia a la pesada parte instrumental que, liderada por un bajo metálico, suena solemne y majestuoso ante la gravedad que imponen los golpes de batería.

El momento más interesante del elepé llegará con Autorretrato. Vuelve el Robe más salvaje, ese cuya interpretación vocal sirve de barrera impenetrable para muchos detractores de la banda. El texto remite a las desventuras canallas y barriobajeras que impregnaban sus obras anteriores. Pero más allá del contenido lírico, esta canción tiene un título muy bien traído en lo que a la parte musical respecta, porque Robe y Extremoduro, como demuestran en este álbum y demostrarán en el futuro, son mucho más que hard rock. Y así lo veremos al minuto y cuarenta de canción, cuando la música se presenta como la protagonista más absoluta. Un interludio de guitarra in crescendo que no sabemos hacia dónde nos lleva terminará por desembocar en un lance larguísimo y ambicioso protagonizado por una sección de cuerda, vientos (trombón, trompeta y fliscorno) y un piano que Uoho ejecuta en su línea más clásica. Más allá de estos, como si de una jam se tratase, el bajo, la batería y la guitarra también tendrán sus respectivos solos para hacer la pieza más grande si cabe. Todo suena a diversión, a experimentación. A dar rienda suelta a su libertad creativa para ver hasta dónde son capaces de llegar. En este punto es lógico acordarse de “Pedrá” y resolver una conexión evidente con el trabajo que diez años después publicarían bajo el nombre de “La Ley Innata” (2008). Aparte de disfrutar de canciones tan redondas como “Salir” y “Golfa”, perderse en la vorágine de melodías, timbres y texturas de esta sección es una de las cosas más excitantes que podemos encontrar en este álbum.

El primer paso hacia su madurez creativa

“Canciones Prohibidas” es un cajón de sastre en el que Robe y Uoho comienzan a experimentar, a expandir sus horizontes estilísticos. Visto con perspectiva, se trata de un compendio de lo que habían hecho y lo que estaban por hacer. “Canciones Prohibidas” fue, de alguna manera, el principio de una nueva etapa desprovista de cualquier tipo de restricción creativa. También de formas musicales más accesibles. Delineando todo lo que estaba por venir.

Se inicia a continuación Enemigo. El track más agitado del largo. Hard rock descontrolado que incursiona en el heavy con un doble bombo desbocado y una guitarra que echa fuego en el solo. Suena caótico. Las estrofas son casi un acercamiento a la locura. Como en “Extraterrestre”, Robe se ve al margen de la sociedad, y escupe: Soy, por fin me he dado cuenta, un enemigo de la humanidad / Mugas, razas, religiones… me la suda todo por igual”. Y, sin embargo, no pierde la melodía, catapultada a nuestros oídos una vez llegamos a los estribillos. Momento para tomarnos un respiro necesario ante la avalancha sonora que nos han echado encima. Con todo, hablamos del tema más corto del conjunto.

Cierra el disco el Villancico del Rey de Extremadura, donde regresa el bueno de Manué con un episodio hilarante en el que Uoho no puede contener la risa mientras dialoga con Robe. Ya en “Agila” terminaban con el tal Manué a la guitarra haciendo el cafre en “Me estoy quitando”. Y así lo volverán a hacer en “La vieja (canción sórdida)” de “Yo, Minoria Absoluta”. Le harán un guiño en “Coda Flamenca (Otra Realidad)”, incluido en “La Ley Innata”; y lo recuperarán en su disco más reciente hasta la fecha, “Para todos los públicos”, con “Manué IV”. Los diálogos con este personaje ficticio son ya un clásico dentro de la discografía de Extremoduro, y en el caso que nos ocupa precede a una introducción de aire latino que recuerda a Santana para, acto seguido, toparnos con la reescritura más punkarra que podíamos encontrar del villancico “Noche de paz”. Una extravagancia que termina por convertirse en un temazo a pesar de todo el cachondeo del que hace gala: Y no me importa que los reyes ya no vengan / para mí con que vengan los camellos soy, bastardos, más feliz”.

“Canciones Prohibidas” es un cajón de sastre en el que Robe y Uoho comienzan a experimentar, a expandir sus horizontes estilísticos. Aunque no de forma radical. Mantienen la dureza de sus inicios, pero ahora se permiten alternarlas con otras formas más pulidas. Visto con perspectiva, se trata de un compendio de lo que habían hecho y lo que estaban por hacer. El primer paso hacia su madurez creativa. Las líneas vocales, más melódicas, se van asentando con su siguiente álbum, “Yo, Minoría Absoluta”, a pesar de que este permanece anclado a la crudeza hardrockera. Algunos ejemplos evidentes los encontramos en clásicos como “A Fuego”, “La Vereda de la Puerta de Atrás” o “Stand By”. Por su parte, el gusto por la riqueza instrumental y los arreglos orquestales alcanzarán su máximo esplendor en “La Ley Innata”. Pero también tendrán presencia en obras como “Material Defectuoso” y “Para todos los públicos”. Una tendencia que continúa en los álbumes que Robe publica como artista en solitario: “Lo que aletea en nuestras cabezas” (2015) y “Destrozares. Canciones para el final de los tiempos” (2016). “Canciones Prohibidas” fue, de alguna manera, el principio de una nueva etapa desprovista de cualquier tipo de restricción creativa. También de formas musicales más accesibles. Delineando todo lo que estaba por venir.

Extremoduro – Canciones Prohibidas

8.3

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Extremoduro publican “Canciones Prohibidas” en 1998 establecidos como banda de éxito. Este nuevo álbum recoge nueve grandes canciones con las que encaran una nueva etapa definida, principalmente, por la libertad creativa. La escala de grises es amplia. Un cajón de sastre que se sitúa como el germen de lo que será la producción del grupo, y de Robe en solitario, con la llegada del siglo XXI.

Up

  • La libertad creativa. Con el hard rock como eje vertebrador, coexisten desde episodios hardcore y momentos delicados provistos por un cuarteto de cuerda, con otros más punk, guitarras de carácter latino en la tradición de Santana y otros de aroma funky.
  • Presenta melodías y arreglos más trabajados que en lanzamientos previos.
  • Mantienen los cambios de ritmos y estructuras complejas que dinamizan y aportan interés a las composiciones.
  • El disco contiene “Salir” y “Golfa”, que se establecen como piezas clave en el catálogo del grupo.
  • La ambición de “Autorretrato”.

Down

  • Los contrastes tan marcados hacen que echemos en falta cierta uniformidad, siendo el disco un cajón de sastre donde aglutinar  las ideas más variopintas.