“Abbey Road” (1969) fue el mejor y el peor de los momentos para The Beatles. Aún hastiados uno del otro, su capacidad para ejecutar melodías y aplicarlas al servicio de algo más edificante y universal que la mera Beatlemania estaba fuera de discusión. Habían pasado dos años desde que el Sargento Pimienta les concedió la inmortalidad y de paso dio vida a lo que entendemos como ‘cultura pop’ y ‘música pop’. El año anterior (todavía con disputas internas crecientes) lograron expandir ese espectro a todo lo que daba con su “White Album”, pero tras encarar el proyecto “Get Back” con la intención de trabajar en un sonido más directo y no tan cargado de trucos raros en el estudio, los ánimos se caldearon por distintos motivos y la convivencia entre John, Paul, George y Ringo era ya insostenible.

El punto de quiebre durante esas sesiones de “Get Back” se dio cuando George Harrison tuvo una discusión con un cada vez más recalcitrante John Lennon. Ante la indiferencia de Paul, que parecía despreciar las contribuciones de Harrison a la banda (si es que no las envidiaba en el fondo), decidió abandonar el estudio durante algunas semanas, pasando el tiempo en su casa con Eric Clapton, prácticamente un hermano del alma con quien ya había colaborado componiendo la canción “Badge” para su banda, Cream, y que pasaba por una situación similar a la suya, pues los egos del power trio ya lo habían condenado a su separación.

Mientras caminaba por el jardín de su casa, Harrison pudo ver un bonito amanecer, de los primeros de la primavera de 1969. Interpretándolo como una señal de que vendrían tiempos mejores ahora que el final de The Beatles se acercaba, pudiendo explotar todo su potencial como solista, y teniendo una de las guitarras de Clapton en la mano, compuso “Here Comes The Sun” en el acto. Tras un tiempo fuera decidió regresar al estudio con sus compañeros, llevando consigo dos novedades claves para el desarrollo del LP: la llegada de Billy Preston para aportar teclados y dos nuevas composiciones.

Teniendo en cuenta que McCartney y Starr aportaron apenas el ritmo y Lennon se encontraba temporalmente ausente de las grabaciones recuperándose de un accidente automovilístico, se trataba en definitiva de una canción solista de Harrison en un disco de The Beatles. Lo referente a la guitarra y el Moog modular que se escucha en la introducción fueron cosa suya, siendo ambos elementos los que permiten darle ese tono tan gentil y acogedor que caracteriza la pieza.

Siendo una de las canciones más celebradas del Fab Four en toda su carrera, tuvo el mismo timing que toda la trayectoria del grupo durante los sesenta. Sí, la banda tenía los días contados. Vietnam, Mayo del 68 y Praga desangraban ideales. La década terminaba, abría paso a tiempos completamente inciertos para la humanidad y sobre todo para aquellos jóvenes que habían crecido con las canciones de esos cuatro chicos de Liverpool y que ahora serían padres. Pero ya llegarían tiempos mejores para todos. Algún día, cuando ese sol tan radiante que Harrison vio, ilumine la horrible pesadilla de la guerra y la represión, podremos continuar buscando esa libertad de hacer y deshacer que los mismos Beatles nos mostraron. Esa que, bajo diferentes contextos, seguimos buscando hoy.

¿Podríamos vivir en un mundo sin The Beatles? ¿Quién sería la guía de toda esa contracultura que ellos contribuyeron a formar en un mundo tan confuso? Las respuestas fueron llegando un tiempo después de ese convulso 1969 y todas remitían, de un modo u otro, a lo concebido por ellos cuatro, ya fuese como punto de referencia o como una reacción en contra. Frente a todo esto, “Here Comes The Sun” es probablemente el ultimo destello de esa facilidad que los Beatles tenían para sacarnos una sonrisa incluso cuando relucía su lado más melancólico. Hasta el mito que los rodea, imponente y omnipresente, relaja su grandeza cuando los dedos de George rozan las cuerdas de la guitarra mientras canta con júbilo y franqueza eso de:

Little darling, I feel that ice is slowly melting”