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“Venice Bitch” es un tema un tanto experimental con sustancia y buenas ideas, y, aunque puede hacerse derivativo a partir de cierto punto, se disfruta mejor como música de ambiente de fin de verano. Durante casi diez minutos Lana Del Rey vuelve a echar mano de los tropos habituales (la sensación de algo que termina, referencias a nichos culturales estadounidenses…), pero envueltos en un halo más misterioso y sutil de lo común. Estamos más que satisfechos (y gratamente sorprendidos) con el rumbo que está tomando su estilo.

A mediados de este mes de septiembre, Lana Del Rey nos sorprendía lanzando “Mariners Apartment Complex”, nuevo tema que marca una evolución en su carrera hacia algo más honesto y sincero, algo que la artista sin duda necesitaba tras el artificio, la incoherencia y la sobreproducción de “Lust For Life” (2017), su anterior trabajo de larga duración. Apenas una semana después la artista dio en una entrevista algunos detalles acerca de su próximo álbum, “Norman Fucking Rockwell”, acompañando el anuncio con un segundo y más que llamativo adelanto titulado “Venice Bitch”, el cual ha dejado con la boca abierta a más de uno, porque francamente no había forma de verlo venir.

Si con “Mariners Apartment Complex” quedaba patente que Lana estaba arriesgando en la búsqueda de un nuevo estilo más depurado sin perder personalidad, en “Venice Bitch” ha puesto toda la carne en el asador de la experimentación. Probablemente el productor Jack Antonoff (Lorde, St. Vincent…) tenga algo que decir sobre la nueva faceta de su sonido, pero sin duda ella es quien está tomando las decisiones complicadas, como la de decirle a sus mánagers que quería sacar como single un tema de diez minutos con un título como ese. El motivo que arguyó fue decir que “en el final del verano alguna gente sólo quiere conducir durante diez minutos y perderse en guitarras eléctricas”, y el espíritu de la canción es más o menos ese. Lana Del Rey vuelve a echar mano de los tropos habituales (la sensación de algo que termina, referencias a nichos culturales estadounidenses…) pero envueltos en un halo más misterioso y sutil de lo común, sobre todo en comparación con la claridad y sinceridad de “Mariners Apartment Complex”.

Esto, sin embargo, no le quita interés al apartado lírico, sino que permite que no nos centremos tanto en él sino en cómo su estructura se diluye al son de los interludios instrumentales. Antonoff, en este sentido, ahonda en los arreglos vintage de guitarras elegantes y sutiles que empezó a mostrar en el tema previo, pero a partir de los dos primeros minutos, más convencionales, el tono pasa a estar dirigido por los sintetizadores. La estructura puede, cierto es, resultar un tanto desorganizada, pero varía entre pasajes lo suficiente como para que el tema no resulte aburrido, hasta el punto de permitirse un par de post-estribillos muy al estilo The Beatles (un gusanillo que ya empezó a picarle en la gran balada “Tomorrow Never Came” de su anterior trabajo) que hacen pensar que Lana tiene más ases escondidos en la manga de los que parece a la hora de enriquecer sus canciones.

“Venice Bitch” es un tema con sustancia y buenas ideas, y aunque puede hacerse derivativo a partir de cierto punto, se disfruta mejor como música de ambiente de fin de verano. Cómo sonará esto cuando “Norman Fucking Rockwell” salga a la luz es otra cuestión, pero por el momento estamos más que satisfechos (y gratamente sorprendidos) con el rumbo que está tomando el estilo de Lana Del Rey. Así pues, aunque la duración asuste, invitamos encarecidamente a su escucha.