Apretamos los labios contra el borde esmaltado de las tazas / e intuimos que esta grasa que flota / en el café logrará que el corazón se nos pare cualquier día”Es una mañana de septiembre. El verano ha pasado de repente y el zumbido de los mosquitos nocturnos ya ha cesado. La nostalgia me transporta a un libro de poemas de Raymond Carver y a un disco en especial: “Trust” (2002), de la banda de Minnesota, Low. Hace ya dieciséis años de este álbum y todos los otoños regresa a mi tocadiscos privado, al igual que Carver, al igual que la lluvia o el café caliente que me conducirá a sufrir un infarto, como dice el propio poema. Hay determinados productos culturales que veo perfectamente hilados en secuencia; cada vez que las estaciones cambian o una nueva época del año se acerca, regreso a ellas de forma obsesiva. Y así todos los años.

Altibajos emocionales, soledades legendarias y placeres sofisticados

Low vuelven tres años después de su última referencia para dar una vuelta de tuerca a su sonido (otra más) y retorcerlo, hacerlo sufrir y someterlo a una cirugía a corazón abierto.

Claro que, también hay grupos y bandas que se quedan contigo toda la vida. Pero el caso de Low es distinto. No es un grupo que necesite escuchar siempre, solamente me acompaña en un momento nostálgico, otoñal y cargado de romanticismo. Un breve momento que desaparecerá para siempre, para así seguir nutriendo esa trillada nostalgia. Por esta razón, quizá, su música está bordada de altibajos emocionales, soledades legendarias o placeres sofisticados aislados en una guitarra acústica. Sin embargo, la apuesta que han llevado a cabo este año parece salir de los esquemas que les encumbraron como una de las mejores bandas de ese género tardío y depresivo nacido a mediados de los noventa llamado slowcore.

El trío formado por Alan Sparhawk, Mimi Parker y Steve Garrington vuelve este 2018 –quién les iba a decir que a comienzos de siglo seguirían haciendo canciones– para dar una vuelta de tuerca a su sonido (otra más) y retorcerlo, hacerlo sufrir y someterlo a una cirugía a corazón abierto. El resultado, titulado “Double Negative”, es sin lugar a dudas su trabajo más experimental hasta la fecha, un álbum en el que llevan hasta sus últimas consecuencias la máxima que ha dirigido a la banda durante casi veinte años: esa alternancia multicolor de dulzura y violencia, luz y oscuridad, bondad y crueldad, creación y destrucción.

Fotografía: Shelly Mosman

Una dualidad peligrosa

“Double Negative” es, sin lugar a dudas, su trabajo más experimental hasta la fecha, un álbum en el que llevan hasta sus últimas consecuencias la máxima que ha dirigido a la banda durante casi veinte años: esa alternancia multicolor de dulzura y violencia, luz y oscuridad, bondad y crueldad, creación y destrucción.

A finales de agosto ya se podían escuchar las tres primeras piezas que conforman este álbum. La tremenda expectación que originaron llegó a todas las conversaciones entre los fans de la banda a pesar de su categoría de banda minoritaria, así como por redes sociales. A decir verdad, son estas tres primeras las que mejor reencarnan, resumen y definen el concepto general del álbum. La apertura del disco es pura distorsión. “Quorum” es aire gélido impactándote en la cara, una sacudida repentina, un impulso nervioso que asciende por tu espina dorsal, un cántico que se tambalea sobre capas de ruido. Una canción que parece inaugurar un nuevo tiempo histórico: la caída de la democracia tal y como está comprendida, el final de la convivencia y del pacto social, la rotura con los valores que antaño promulgamos orgullosos y que ahora sólo son papel mojado y alimento de los nuevos fascismos.

Así arranca este nuevo álbum, bajo este trasfondo social: Quorum’s not the reason / Selfish interest / You’ve got to break the quorum”Tres minutos y medio después llegamos a “Dancing and Blood”, donde por fin entra Mimi Parker como voz principal. Una percusión sorda y rudimentaria nos da la bienvenida. Mucho más definida que la anterior, la melodía que se oye tímidamente al fondo de la sobrecarga electrónica se sitúa a la cabeza como una de las mejores de esta nueva colección. Moviéndose entre lo lírico y ambiental, las voces en eco y los tonos graves nos sorprenden hacia la mitad del tema, generando introspección y ambigüedad musical. Sí, definitivamente estamos ante la obra más experimental de la banda de Minnesota.

El conflicto se resuelve en “Fly”. Las voces graves dejan paso a un falsete que aparece como una canción ochentera.  El ritmo sigue generando confusión y la letra parece esgrimir un anhelo de libertad en medio de un mundo de condena material y espiritual. Las referencias al dinero, al mercado y a los cuerpos se abren paso con una ecualización que suda reverb por los cuatro costados. Si la instrumentación se acompañara de ritmos de guitarra funky, sería un perfecto hit de Daft Punk o LCD Soundsystem, incluso.

Mind-blowing en estado puro

De alguna forma, Low han conseguido establecer una especie de nuevo género a partir del sonido electrónico que asentaron en algunos temas de su último álbum, “Ones and Sixes” (2015).

Pero el aparente jolgorio no dura demasiado, ya que llega de nuevo el abatimiento en “Tempest”, una suerte de doom ambiental donde las capas de sonido se hacen más y más opresivas. La voz, completamente distorsionada, luce entrecortada y saboteada. De alguna forma, Low han conseguido establecer una especie de nuevo género a partir del sonido electrónico que asentaron en algunos temas de su último álbum, “Ones and Sixes” (2015). Un inmersivo solo de guitarra sirve de contrapunto a esta canción intervenida múltiples veces por el ruido. “Always Up es todo lo contrario. Un órgano celestial amanece al comienzo de la canción y la voz de Sparhawk comienza a cantar una melodía cien por cien Low. La instrumentación recuerda en parte a los últimos discos de Nick Cave, y el tono solemne y preciosista prima sobre el resto de las piezas de este “Double Negative”.

Estamos sin duda ante un juego de contrastes. Esta es precisamente la (doble) intención del álbum, sin salir de los cánones fijos de la banda, que, como de costumbre, sigue cantándole a los sentimientos contradictorios y a la pertinaz desilusión humana, como ese tema de fondo lánguido y triste que se cuela a modo de maldición en cualquier momento de su discografía. Low en estado puro. Always Trying to Work It Outpersigue ese clima absorbente que la prensa inglesa denominaría a la perfección bajo el término ‘mind-blowing’. Podríamos hablar de space rock hilado desde el fondo de la balada o bien de canciones folk con bajos sobrecargados hasta el exceso. Ya poca gente se acuerda de géneros como el dubstep electrónico, que irrumpió hace unos seis años y desapareció sin que nadie se percatara. Este nuevo álbum del trío de Minnesota, antagónicos a este tipo de estilos más propios del polígono industrial, del botellón y de la sociedad antes de la llegada del trap, rescata técnicas presentes en aquellos años, como es el caso de los bajos hundidos y sobredimensionados.

Cuando el slowcore pasó a ser slowdubstep

A muchos les parecerá una boutade, pero “Double Negative” suena en algunos momentos como una resaca mal llevada de dubstep, ralentizada al máximo, bajo capas de melodías folk que confieren al sonido un halo siniestro. Una empresa imposible de imaginar y que sólo Low podían realizar. Una combinación explosiva de contrastes sonoros y conceptuales que asombran al oído más entrenado y perfilado. Aquí la única premisa es dejarse llevar.

A muchos les parecerá una boutade, pero “Double Negative” suena en algunos momentos como una resaca mal llevada de dubstep, ralentizada al máximo, bajo capas de melodías folk que confieren al sonido un halo siniestro. Una empresa imposible de imaginar y que sólo Low podían realizar. Una combinación explosiva de contrastes sonoros y conceptuales que asombran al oído más entrenado y perfilado. The Son, The Sun marca el interludio ambiental del disco. Hemos llegado a la mitad, en la que unos coros sepulcrales invaden el espacio de una forma similar a la trágica balada “The Bed”, del “Berlin” de Lou Reed. “Dancing and Fire” es la canción más convencional de todo el conjunto, en la que el trío vuelve a sus raíces de slowcore clásico barnizado con guitarras lentas, pesadas y soñadoras.

Poor Sucker, sin embargo, vuelve a incidir en los exabruptos instrumentales. Aunque la melodía se sostiene, diversos efectos vanguardistas entran y salen a lo largo de los casi cuatro minutos que dura la canción. Una línea de piano perfora el silencio y la electrónica se cuela para adornar la pieza. Rome (Always in the Dark) es la canción con tono épico que siempre ha estado presente en todo buen disco de Low. Los efectos industriales se cuelan y dan forma a la canción como, por ejemplo, en algunos temas clásicos de Xiu Xiu. La producción nos hace sospechar que previamente fue grabada con una instrumentación normal para luego pasar a ser intervenida con ruido. Los bajos, completamente absorbentes, confieren aún más impulso a la enorme fuerza que demuestra este penúltimo tema que termina para dar paso a Dissarray”, una grotesca canción que atrae y desconcierta a partes iguales. El percutir mecánico que despide este “Double Negative” se sostiene mediante una gran melodía que hipnotiza como los grandes clásicos de la banda, presentes desde el ya añejo “Things We Lost in the Fire” (2001) o el más reciente “C’mon” (2011).

Low – Double Negative

8.5

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Low entregan el álbum más radical y experimental de toda su carrera. Una apuesta por un sonido extremo que se aparta de todo lo conocido anteriormente. Su dilatada experiencia les avala, y sin perder un ápice de sus señas de identidad entregan once canciones intervenidas por bajos abismales, estruendos sonoros y efectos espectaculares. Aquí la única premisa es dejarse llevar.

Up

  • Después de casi un cuarto de siglo juntos, su carrera merece un proyecto musical de semejante envergadura. Y eso se agradece muchísimo.
  • Una férrea voluntad de investigar nuevos sonidos sin renunciar al espíritu primigenio de la banda.
  • La habilidad para destruir sus canciones pop de toda la vida pero no como mera e insulsa experimentación, sino con la firme intención de descubrir algo nuevo después de todo. Un artefacto musical revolucionario.
  • Un disco para escuchar de principio a fin sin pausa. Quizás, las mejores sean “Quorum”, “Dancing and Blood”, “Tempest” o “Rome (Always in the Dark)”.
  • Seguramente dentro de unos cuantos años se considere una auténtica obra maestra.

Down

  • Un álbum que posiblemente no guste a muchos.