Ya metidos de lleno en la segunda mitad de 2018 nos disponemos a rescatar el tercer trabajo de los escoceses The Temperance Movement, editado el pasado mes de febrero. Para quien no conozca a este quinteto de Glasgow sólo comentaros que su hard rock con aire sureño les ha llevado a ser una de las nuevas promesas del blues rock desértico. Su corta trayectoria está repleta de grandes canciones donde priman estribillos coreables en estructuras clásicas. Estos últimos años hemos sido testigos de cómo esa función viva y primitiva de la música se ha ido diluyendo en pos de visiones efectistas con una alta importancia de la producción. No es que en “A Deeper Cut” la labor del productor haya sido nula, pero sí que estamos ante un trabajo muy visceral y humano, con pocos alardes más allá de que los que puedan dar guitarra, bajo y batería.

Un trabajo muy visceral y humano

Los doce temas son, ante todo, composiciones orgánicas, directas, con acordes nómadas, perfectas para ver el atardecer desde nuestro coche en una carretera perdida. Pero con el desmelene también hay que dejar claro que el disco no ofrece mucho más: no hay un sentimiento rupturista ni un intento de avanzar musicalmente.

Así nos plantamos frente a un esfuerzo en el que los doce temas son, ante todo, composiciones orgánicas, directas, con acordes nómadas, perfectas para ver el atardecer desde nuestro coche en una carretera perdida. Pero con el desmelene también hay que dejar claro que el disco no ofrece mucho más: no hay un sentimiento rupturista ni un intento de avanzar musicalmente, por lo que en ciertos momentos y a pesar de su calidad sentiremos que lo que suena ya lo hemos escuchado en alguna otra ocasión.

Los problemas que arrastra este inmovilismo sonoro son fuertemente acentuados debido a la disparidad que existe entre el inicio y el desenlace, con una primera parte muy movida que rápidamente baja las revoluciones sin que haya mucha variedad sensitiva, haciéndose algo plano e insulso. A los más exigentes se les hará un poco cuesta arriba, pero bajo esa capa de inmovilismo nos queda un elepé con algunas buenas canciones, idóneas para estos largos viajes de vacaciones.

Fotografía: Rob Blackham

Blues rock sin aliño: nada más que canciones

En ciertos momentos y a pesar de su calidad sentiremos que lo que suena ya lo hemos escuchado en alguna otra ocasión. Los problemas que arrastra este inmovilismo sonoro son fuertemente acentuados debido a la disparidad que existe entre el inicio y el desenlace, con una primera parte muy movida que rápidamente baja las revoluciones sin que haya mucha variedad sensitiva, haciéndose algo plano e insulso.

El riff bailongo de “Caught in the Middle” abre el conjunto irradiando energía. Siendo esta una de las piezas más movidas y pegadizas, supone un arranque perfecto para entrar en materia. La garra del primer corte se mantiene en “Built-In Forgetter”, con ecos a Eddie Vedder y a Pearl Jam en las estrofas. El estribillo, algo más contenido, sigue demostrando la capacidad melódica en el apartado vocal. Su outro bluesero parece gestado de forma improvisada, ofreciendo un poco de desorden dentro de su clasicismo generalizado. Una pequeña escapada para retomar la compostura con el tercer tema.

Dentro de ese estatismo y tomando prestados muchos recursos de bandas míticas de la historia del rock ‘n’ roll, The Temperance Movement dirigen todos sus esfuerzos en construir grandes canciones a la vieja usanza, con mejor o peor resultado. No hay saltos desproporcionados ni intentos de sorprendernos, a veces dando con la fórmula para engancharnos. Esto está claramente representado en “Love and Devotion”, uno de los ejemplos que más nos recuerdan a esas grandes piezas del rock clásico. El quinteto maneja diferentes dinámicas, ofreciendo vertientes en las que nos dan ganas de menearnos sin control y otras donde es necesario que saquemos el mechero para ondearlo con suavidad. Este es el caso de la canción que da nombre al disco, “A Deeper Cut”, un juego de palabras necesario para la primera balada que se nos presenta. Las guitarras acústicas se entrelazan con la dulce melodía de la voz, que contrasta con lo desgarrada y atrevida que ha sido en los primeros tres tracks. Poco a poco toma forma y se acerca gustosamente a Tom Petty, con ese aura de grandiosidad melancólica.

De este momento más pausado pasamos a otro que comienza engañándonos con una delicada introducción a piano que pronto se transforma en un alegre cántico sureño. De un curioso color country, “Blackwater Zoo” no despunta demasiado por ningún lado, haciéndose algo melosa. Aunque sigue manteniendo ese rastro bastante pegadizo, no conseguimos ver a dónde nos quiere llevar y deja un regusto algo descafeinado.

Sonido puramente americano

Uno de los handicaps que encontramos al escuchar “A Deeper Cut” es la sucesión continua de baladas y medios tiempos desde la mitad hasta casi el final. Si hemos empezado al pie del cañón, ¿por qué no alternar entre estas canciones más sosegadas y algún que otro banger? Una decisión arriesgada que podría haberse llevado de mejor forma.

Uno de los handicaps que encontramos es la sucesión continua de baladas y medios tiempos desde la mitad hasta casi el final. Una pequeña caída libre que rompe con el ritmo y que separa el LP en dos partes excesivamente diferenciadas. Si hemos empezado al pie del cañón, ¿por qué no alternar entre estas canciones más sosegadas y algún que otro banger? Una decisión arriesgada que podría haberse llevado de mejor forma.

A esta monotonía se une “Another Spiral”, la cual sin ser tan decadente como la anterior quedaría mucho mejor después de algo más cañero. Por su parte, “Beast Nation” sigue el mismo camino, con un estribillo popero que la hace destacar como carne de radiofórmula. Y ahora dejamos atrás el hit para dar paso a algo más movidito. Sacada de un bar de Nueva Orleans llega la divertida “The Way It Was and the Way It Is Now”, que sirve para despertarnos –un poco– después de nuestro letargo. No es que tenga el encanto vigoroso de los primeros tres cortes, pero aporta otros matices entre la uniformidad.

A pesar de sus altibajos, es admirable cómo una banda del norte de Reino Unido es capaz de ofrecer un sonido tan americano. Con escucharlo tan sólo una vez podemos viajar a las grandes explanadas y los campos de cultivo del sur de Estados Unidos, algo extraño que viene bien recalcar ahora que está tan de moda eso de la apropiación cultural. En ningún caso lo planteamos como algo peyorativo, ya que los escoceses han echado raíces en este contexto y los frutos obtenidos son de un resultado impresionante. Un trabajo arduo en composición y producción que cristaliza en un minucioso homenaje al blues rock americano.

El tramo final queda a merced de “Higher Than the Sun”, un luminoso y cálido track que nos mece hasta la balada “Children”, protagonizada por un piano y una suave percusión donde la emoción recae en las labores vocales. Los patrones se repiten y a veces suenan un poco a refrito, confirmando nuevamente los problemas que recorren “A Deeper Cut”. Sin embargo, mucho mejor se muestra “There’s Still Time”, una composición con un barniz The Eagles con grandísimas partes cantadas a coro por varios intérpretes y un hook que debería ser obligatorio dada la sencillez que envuelve los temas. El cierre pone los pelos de punta y se desliza con clase sobre la conclusión, “The Wonders We’ve Seen”, la pieza que faltaba para rematar la jugada pero que, siendo sinceros, no necesitábamos.

Tras nuestro exótico road trip hay que plantearnos si hemos escogido el camino correcto. El disco sufre de una estructura que no le favorece y, aunque cuenta con varias canciones que son muy buenas, éstas acaban diluidas si miramos el conjunto. Es cierto que logra evocar casi siempre las atmósferas que busca, pero necesitaba algo más para embaucarnos, un contrapunto que hiciera retumbar nuestros cimientos.

The Temperance Movement – A Deeper Cut

6.3

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Rock sureño hecho con mimo por cinco escoceses. Resulta algo plano y con una estructura disfuncional, lo que hace de “A Deeper Cut” un hueso duro de roer. Cuenta con varias buenas composiciones para cantar a pleno pulmón, pero éstas no salvan el esfuerzo global.

Up

  • El rango vocal de Phil Campbell.
  • Melodías pegadizas.
  • El inicio tan potente.
  • “There’s Still Time”.

Down

  • La estructura. Empieza bien, pero luego se vuelve excesivamente lento.
  • No alterna apenas sus dinámicas. No sorprende.
  • A veces nos suena a refrito.
  • Demasiado meloso en algunos puntos.