Fotografía: BIKUS

Arrancaba una nueva edición del Festival Gigante, en la que por primera vez el festival alcarreño se aventuraba con tres jornadas (en lugar de las dos que venían conformando el festival hasta el pasado año). La buena disposición y organización del recinto permitía al público disfrutar de la música en hasta cuatro escenarios: los dos principales, en los que los conciertos se iban contrapeando, uno más pequeño con buenas opciones minoritarias situado al lado de los puestos de comida (algo genial, porque hacía que hubiera tránsito de gente por allí en todo momento), y un último escenario situado a la entrada donde varios DJs pinchaban temas que animaban especialmente al público que bebía fuera antes de entrar. En este escenario se sucedían sobre todo temas del indie-pop mainstream estatal (no podía faltar “Club de Fans de John Boy” de Love of Lesbian unas catorce veces), pero también sorpresas, como la música sesentera de Karina o Los Mismos, o propuestas actuales como las de Papa Topo con “Chico de Plutón” y PUTOCHINOMARICÓN con “Gente de Mierda”. En definitiva, la posición de este escenario, que dentro del recinto parecía vacío (a excepción del último día), fue excelente para dar ambiente.

En una ciudad como Guadalajara, en la que la oferta cultural es escasa dado que está completamente absorbida por Madrid, el público ha ido respondiendo mejor cada año al Gigante, siendo esta edición la que ha contado con más público (unos 20.000 asistentes). Esta subida se nota también en el ambiente de la ciudad, en los conciertos y en los bares de la Plaza Mayor y de los alrededores del Palacio del Infantado. Con un cartel centrado en propuestas nacionales aunque con alguna excepción como Ron Gallo, pasamos a desgranar las mejores actuaciones.

Bunbury responde como cabeza de cartel con una hora y media soberbia

Bunbury puede escoger el repertorio que quiera porque el público responderá bien, y el zaragozano lo sabe. Se centró en sus trabajos en solitario, dejando apenas espacio para tres temas de la época Héroes del Silencio: “Héroe De Leyenda”, “Mar Adentro” y “Maldito Duende”. Por el contrario, comenzó con varios temas de “Expectativas” (“La Ceremonia De La Confusión”, “La Actitud Correcta”, “Hijos De Caín” o “Bandeja De Plata”), se inmiscuyó en la etapa de “Pequeño” y “Flamingos” con “Sí”, “Lady Blue”, “Infinito” o “De Mayor”, hizo a todo el recinto corear “Despierta” y nos recordó que es “El Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás”.

Durante una hora y media el zaragozano y su banda Los Santos Inocentes, en la que brilló especialmente el saxo, ofrecieron un espectáculo inmenso, de esos que demuestran por qué después de treinta años de carrera Bunbury sigue siendo relevante tanto por sus álbumes más antiguos como por los más recientes, llegando al público tanto con las letras impregnadas de literatura romántica de sus inicios como con las letras más políticas y críticas con el sistema de la actualidad.

Fotografía: BIKUS

Psicodelia cinéfila a golpe de batería

Rufus T. Firefly han crecido sobremanera desde la publicación de “Magnolia” (2017). La banda de Aranjuez tiene una compenetración y un brillo únicos en el escenario. Llama la atención lo juntos que tocan sus miembros, dejando medio escenario vacío, pero dando una gran sensación de ser una piña. Al contrario de lo que ocurre con Dorian, en el directo de Rufus T. Firefly se distinguen todas y cada una de las cosas que pasan por sus instrumentos. Pero quizá lo más destacable de todo sea la batería de Julia, incombustible desde el primer segundo y otorgando más fuerza si cabe que en las versiones de estudio a “Pulp Fiction”, “Demogorgon”, “Tsukamori” o “Río Wolf”. Especialmente emocionante fue la interpretación de “Nebulosa Jade” mientras el público iluminaba el recinto con bengalas. Sin duda, un gran broche final para la noche del sábado del festival alcarreño.

¿Quién era el cabeza de cartel del viernes: Dorian o La M.O.D.A.?

Una de las dudas de la noche del viernes era saber quién tiene en 2018 más fuerza como cabeza de cartel: la trayectoria de Dorian o el fenómeno actual de La M.O.D.A. Tras ver ambos conciertos no hubo ningún tipo de duda: los burgaleses. Dorian interpretaron un repertorio predecible (que no por eso malo), basado en singles de álbumes anteriores como “La Tormenta de Arena”, “Verte Amanecer”, “El Temblor” o “A Cualquier Otra Parte” y algunos de los cortes más destacados de su reciente “Justicia Universal”, como la que da título al álbum, “Duele” o “Noches Blancas”. ¿El problema de Dorian? El de siempre, el que les sigue persiguiendo después de tantos años en esto de la música: el resultado global es un batiburrillo en el que no se acaban de distinguir las líneas de ninguno de los instrumentos y la voz de Marc queda bastante tapada (a excepción de los momentos más acústicos) por ese conjunto. Personalmente, la música de Dorian me interesa mucho más que la de La M.O.D.A., pero mientras el directo de los catalanes apenas roza el aprobado el de los burgaleses es de diez. Todo aquello de lo que adolecen Dorian brilla en La M.O.D.A. Las líneas instrumentales están perfectamente definidas en todo momento, cada músico tiene una importancia equilibrada en el grupo y eso se traduce en un público terriblemente entregado que se desgañita la garganta para acompañar a la voz rasgada de David, su cantante, en temas como “Vasos Vacíos”, “Nómadas”, “Hay Un Fuego” o la melancólica “Héroes del Sábado” que puso fin al concierto más aplaudido de la noche.

Fotografía: BIKUS

Punk desde Galicia hasta La Alcarria

Como sucede en cada uno de sus directos, Novedades Carminha hicieron vibrar y bailar como campeones del mundo con temas de toda su trayectoria. La hora que estuvieron sobre el escenario fueron una apisonadora en la que se ganaron absolutamente a todo el mundo. Entre los más coreados estuvieron “Jódete y Baila”, “Juventud Infinita”, “De Vuelta De Todo”, “Fiesta Tropical”, y la unión de “Cariñito” y “Lento” (en una versión acelerada).

Una gran sorpresa folk desde Valencia

A pesar de las ganas que tenía de ver el rock pegajoso que Ron Gallo traía desde Philadelphia, el show fue plano y soso hasta caer en lo aburrido. Después de aproximadamente media hora de concierto decidí ir a ver qué había en el escenario CocaCola, y allí me llevé una grata sorpresa con Badlands, una banda de Valencia que practica un country folk melódico a base de guitarra, banjo, contrabajo, violín, batería y la gran voz de su frontwoman, May. A pesar de la extrema pesadez del batería, quien decidió dirigirse al público en inglés durante todo el show (diciendo repetidas veces “Guadalajara” con discutible acento británico y refiriéndose más de una vez a su discurso como su “English Class” en un alarde extremo de pedantería), la buena música y el buen rollo que desprendían temas como “Call Me Fire” hizo que, por sorpresa, el de la banda valenciana fuera en mi opinión el mejor concierto del jueves.

El shoegaze cala en el gran público de la mano de Viva Suecia

Junto con Rufus T. Firefly y Carolina Durante, probablemente Viva Suecia completa la terna de los grupos que más han multiplicado su público en los últimos dos años. Los murcianos se han convertido en uno de los nombres que no pueden faltar en cada cita festivalera, gracias a su rock oscuro y cerrado, de guitarras distorsionadas y perfectamente encuadradas. Aunque me faltaron en el repertorio algunas de las más intimistas, como “Efe Efe” o “La Estrella de David”, fueron unos de los grandes triunfadores del festival gracias a temazos como “Piedad”, “A Dónde Ir”, “Permiso o Perdón” o la potente “Todo Lo Que Importa” (acercándose en el directo a la versión mezclada por Elyella). Destacó el buen humor de Rafa (vocalista) al final del show cuando el público se equivocó con la entrada del sencillo estribillo de “Hemos Ganado Tiempo”, algo que permitió superar con una sonrisa el bache para acabar donde ellos querían: coreando el “hemos aprendido a ser violentos.

La nostalgia no es para este par

Más que correcto fue el concierto que se marcaron dos viejos conocidos de la escena rock española: Rubén Pozo y Lichis. Ambos fueron contraponiendo temas de uno y de otro, intercambiándose el rol principal sobre el escenario y siempre acompañados de una banda que ofreció algo más de una hora de muy buen rock. Es muy loable que los dos hayan decidido centrarse en los temas que a día de hoy les representan como músicos en lugar de vivir de épocas pasadas en las que gozaron de una mayor popularidad gracias a la radiofórmula. Quizá esto reduzca el interés por parte de cierto sector del público, pero demuestra que son dos músicos que creen en lo que hacen ahora mismo y que todavía tienen mucho que ofrecer. Bravo por ellos.